Alimentación de Lechones

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MVZ Pedro González Añover
Departamento Técnico Miavit
e-mail: ventas.comsa@yahoo. com.mx

Dietas para lechones

a) Ingredientes Proteicos:

Las fuentes proteicas deben ser de la máxima digestibilidad posible, buscando evitar la fracción indigestible de sustrato que permita la proliferación bacteriana, e igualmente se ha de buscar reducir los factores antigénicos que dañan la mucosa y penalizan la digestión de un modo general.

En función del precio, las posibilidades del fabricante de utilizar materias primas de origen animal y los criterios individuales de formulación, todos estos productos se pueden encontrar en las dietas de lechones recién destetados.

  • Proteínas de origen lácteo
  • Proteína de huevo
  • Proteína de sangre o plasma
  • Concentrados solubles de pescado
  • Proteína de pescado L.T.
  • Proteína de patata
  • Gluten de Trigo
  • Concentrados de proteína de soya
  • Proteína de soya
  • Hidrolizados de mucosa intestinal.

Se recomienda incluir la proteína de soya a un bajo porcentaje debido a la presencia de numerosos factores antinutricionales y antigénicos que provocan inflamación del endotelio intestinal y así permtir un acostumbramiento paulatino a estas proteínas inmunógenas de la soya (Tokach et al, 2003).

b) Ingredientes Energéticos:

Las dietas de lechones están formuladas con altos niveles de energía, pero tan importante como la concentración energética del pienso es la elección de ingredientes y su tasa de incorporación, por su estrecha relación con el nivel de ingesta.

El mayor porcentaje de energía se obtiene a partir de los carbohidratos procedentes de cereales, considerados hoy como la primera fuente de energía (almidones) en alimentos de lechones. Estos cereales pueden ser procesados térmicamente, en los cuales se rompen, gelatinizan e hidrolizan los gránulos de almidón, constituyendo en la materia prima (cereal procesado) un porcentaje mucho más elevado el almidón rápidamente digestible. De este modo se ve favorecida la acción de la amilasa, la absorción del almidón y se reduce la proliferación bacteriana. También se liberan azúcares (glucosa) con un ligero efecto edulcorante en el alimento.

Como hemos comentado, los alimentos de lechones requieren elevados niveles de energía, siendo las grasas las fuentes más prácticas y económicas para maximizar la concentración energética de la ración. La digestibilidad de éstas las convierte en un ingrediente crítico en las dietas de lechones, siendo más interesantes las que incorporan ácidos grasos insaturados y de cadena corta, dado que poseen una mejor digestibilidad (coco, palma, soya). La utilización de emolientes y surfactantes para reducir la tensión superficial, favorece la emulsión de la grasa en fase acuosa, transformándose en finas partículas de fácil ataque enzimático y absorción intestinal.

c) Minerales

La tasa de inclusión de minerales debe ser evaluada además de desde el punto de vista de los requerimientos del animal (niveles a administrar para no penalizar la productividad), también desde el punto de vista de capacidad tampón del alimento, ya que éste es un elemento más a tener en cuenta en formulación. Cuanto más elevada es la capacidad tampón del alimento, más ácido clorhídrico necesita producir el lechón para acidificarlo, lo cual supone un gasto energético y un empeoramiento de los parámetros productivos. Los piensos con alta capacidad tampón favorecen que el pH gástrico sea algo más elevado, lo cual penaliza el pico de actividad de la pepsina, que es la mayor protejas gástrica y se encuentra situado entre 2 y 3,5 (Kidder y Manners, 1978), esta disminuación de actividad de la pepsina favorecería la llegada de sustrato sin digerir a intestino y la consecuente aparición de problemas digestivos.

c) Niveles de Vitaminas y Elementos Traza

Existe gran disparidad de criterios debido a la escasez de estudios independientes y modernos. Los requerimientos actuales de vitaminas para porcino del NRC en 1998, por ejemplo, están basados en estudios muy antiguos. Para lechones, las estimaciones en los requerimientos de vitaminas del grupo B, proceden casi todas de estudios que datan de entre 1940 y 1968, con la excepción del ácido fólico. Estos niveles que recomienda el NRC, se encuentran sólo en algunos casos a distancia de los niveles utilizados por la industria a nivel comercial. Por otro lado, se ha de tener en cuenta que han aparecido grandes cambios en la producción porcina en las últimas décadas: las nuevas líneas genéticas tienen una mayor capacidad de crecimiento, fundamentalmente basada en una mayor capacidad de deposición de magro.

A esto podemos añadir la aparición de prácticas habituales hoy en producción como los manejos TD/TF que reducen notablemente el desafío a nivel inmunológico al que se ven sometidos los animales y por tanto una mejora sustancial de los resultados productivos. El resultado final: se ha pasado de crecimientos de entre 4 y 9 gramos/día por kg de peso metabólico de grasa más magro en las líneas utilizadas en los años 50 a una deposición proteica por unidad de peso metabólico de 12 a 18 g en líneas actuales con un bajo desafío inmunitario (Stahly et al, 2007). Sólo este hecho debería llevarnos a replantearnos los niveles de vitaminas del complejo B utilizados en los alimentos, que actúan como coenzimas y cofactores en muchos procesos metabólicos relacionados con la síntesis, degradación y obtención de energía a partir de azúcares o grasas; o en puntos clave del metabolismo proteico.

Artículo publicado en
Los Porcicultores y su Entorno 92