Breve Introducción a la Fisiología del Lechón Alrededor del Destete

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MVZ. MIRIAM MONSERRAT MÁRQUEZ ESCALONA.
Soporte Técnico Miavit.

MC. MARI NANCY SÁNCHEZ VELASCO.
Soporte Técnico Miavit.

Llegado el momento del destete acontecen una serie de cambios trascendentales para el lechón, siendo el más importante de todos ellos, al menos a nivel nutricional, el paso a una dieta sólida, menos apetente y muy distinta a la leche que recibía de su madre.

Esto implica que el lechón durante al menos una semana post-destete no consuma pienso al mismo nivel que hacía mientras permanecía con su madre. Ver Gráfica número 1.

Los cerdos al destete poseen entre un 15-18% de grasa corporal, necesaria para afrontar el estrés que supone dicho momento. Reservas que sufrirán una importante reducción en los días posteriores al mismo, debido a que el lechón se ve obligado a generar energía a partir de ellas. De aquí procede parte de la explicación a los IC próximos o por debajo de 1 que se obtienen en producción en esa primera semana (ver gráfica 1).

GRÁFICA 1. Perfil de consumo de materia seca (rojo – Brooks y Tsourgiannis, 2003) y evolución del peso vivo (azul – Bark et al, 1986) en lechones destetados a 21 días de vida.

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Tras el destete se sucede la destrucción de los enterocitos intestinales, que vuelven a formarse en 1 – 2 semanas. Esta destrucción sucede siempre, aunque en mayor o menor medida dependiendo de las materias primas que ingiera el lechón, de su poder antigénico y digestibilidad. Esta destrucción de las vellosidades implica una crítica utilización de los nutrientes (reducción de la actividad enzimática) y riesgo de diarreas.

El lechón, además, viene acostumbrado a consumir leche de la cerda (la cual posee unas características muy específicas y bastante diferentes a lo que posteriormente constituirá la dieta pre-starter del lechón). Esta leche contiene un nivel más elevado de aminoácidos y grasa que los ingredientes usuales del pienso y adecuado a las condiciones fisiológicas y metabólicas del lechón.

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Entre otros aspectos a tener en cuenta, el lechón lactante utiliza los aportes constantes de lactosa a través de la flora del estómago (lactobacillus), para productir la acidificación del contenido gástrico y así impedir el desarrollo microbiano, además de llevar a cabo una activación enzimática y facilitar la solubilización de la materia mineral. Sin embargo, el lechón ya destetado posee dificultades de acidifiacción debido a que recibe menos lactosa en el pienso que en la leche de la cerda, el poder tampón de los ingredientes proteicos y minerales presentes en el pienso y su incapacidad para producir ácido clorhídrico. Acostumbrado a digerir lactosa, proteínas lácteas y grasas homogéneas bien dispersas, el lechón tras el destete debe comenzar a digerir, fundamentalmente, almidones, grasas y proteínas para las que su dotación enzimática todavía no es la adecuada.

Dada la composición de la leche materna, el lechón posee una excelente capacidad enzimática para utilizar grasa, lactosa y proteínas lácteas, pero posee dificultades para digerir otros nutrientes. La modificación del sistema enzimático del lechón se comienza a producir a partir de la 3a semana de vida, y es dependiente del tipo de dieta suministrada (Kidder y Manners, 1978). Tras el destete (o algo antes en caso de recibir alimentación bajo la madre), el lechón comenzará a digerir ciertos niveles de grasas, proteína vegetales y almidones crudos, motivo por el cual modifica paulatinamente (entre 7-10 días) su paquete enzimático y lo adapta al contenido de la dieta. (Ver gráfica 2).

GRÁFICA 2. Evolución de la actividad enzimática del lechón, previa y posteriormente al destete. Lindemann et al, 1985.

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Como se puede observar en la gráfica 2, en el momento del destete la actividad enzimática de amilasa, lipasa y proteasa es muy baja, por lo que la dieta debe aportar almidón, grasa y proteína de la mayor digestibilidad posible. Existen además más motivos por los que la digestibilidad de la dieta que se suministre a los lechones tras el destete ha de ser muy elevada.

  • La colecistoquinina (CCK) se libera sólo cuando los productos de digestión (ya monoglicéridos, disacáridos o pequeños pépticos) son absorbidos en yeyuno.
  • La CCK se libera por la mucosa intestinal y estimula la producción pancreática de todo el grueso de enzimas (tripsinas, amilasas, lipasas, lecitinasas…) que permititán mejorar la digestibilidad global del pienso. Se establece de este modo una retroalimentación positiva.

En las primeras semanas, la actividad de la lactasa permanece alta, por lo que es una buena estrategia aportar parte de la energía en forma de lactosa, que igualmente proporcionará cierto efecto acidificante. Siendo la fuente más frecuentemente utilizada de lactosa, los diferentes tipos de sueros lácteos.

En la dieta en lechones la fuentes proteicas deben ser de máxima digestibilidad posible, buscando evitar la fracción indigestible de sustrato que permita la proliferación bacteriana, e igualmente se ha de buscar reducir los factores antigénicos que dañan la mucosa y penalizan la digestión de un modo general.

En función del precio, las posibilidades del fabricante de utilizar materias primas de origen animal y los criterios individuales de formulación, todos estos productos se pueden encontrar en las dietas de lechones recién destetados.

  • Proteínas de origen lácteo.
  • Proteína de patata.
  • Proteína de huevo.
  • Gluten de Trigo.
  • Proteína de sangre o plasma.
  • Concentrados de proteína de soja.
  • Concentrados solubles de pescado.
  • Proteína de soja.
  • Proteína de pescado L.T.
  • Hidrolizados de mucosa intestinal.

Se recomienda incluir la proteína de soja a un bajo porcentaje debido a la presencia de numerosos factores antinutricionales y antigénicos que provocan inflamación del endotelio intestinal y así permtir un acostumbramiento paulatino a estas proteínas inmunógenas de la soja (Tokach et al, 2003).

Las dietas de lechones están formuladas con altos niveles de energía, pero tan importante como la concentración energética del pienso es la elección de ingredientes y su tasa de incorporación, por su estrecha relación con el nivel de ingesta.

El mayor porcentaje de energía se obtiene a partir de los carbohidratos procedentes de cereales, considerados hoy como la primera fuente de energía (almidones) en piensos de lechones. Estos cereales pueden ser procesados térmicamente, en los cuales se rompen, gelatinizan e hidrolizan los gránulos de almidón, constituyendo en la materia prima (cereal procesado) un porcentaje mucho más elevado el almidón rápidamente digestible. De este modo se ve favorecida la acción de la amilasa, la absorción del almidón y se reduce la proliferación bacteriana. También se liberan azúcares (glucosa) con un ligero efecto edulcorante en el alimento.

Como hemos comentado, los piensos de lechones requieren elevados niveles de energía, siendo las grasas las fuentes más prácticas y económicas para maximizar la concentración energética de la ración. La digestibilidad de éstas las convierte en un ingrediente crítico en las dietas de lechones, siendo más interesantes las que incorporan ácidos grasos insaturados y de cadena corta, dado que poseen una mejor digestibilidad (coco, palma, soja). La utilización de emolientes y surfactantes para reducir la tensión superficial, favorece la emulsión de la grasa en fase acuosa, transformándose en finas partículas de fácil ataque enzimático y absorción intestinal.

La tasa de inclusión de minerales debe ser evaluada además de desde el punto de vista de los requerimientos del animal (niveles a administrar para no penalizar la productividad), también desde el punto de vista de capacidad tampón del pienso, ya que éste es un elemento más a tener en cuenta en formulación. Cuanto más elevada es la capacidad tampón del alimento, más ácido clorhídrico necesita producir el lechón para acidificarlo, lo cual supone un gasto energético y un empeoramiento de los parámetros productivos. Los piensos con alta capacidad tampón favorecen que el pH gástrico sea algo más elevado, lo cual penaliza el pico de actividad de la pepsina, que es la mayor protejas gástrica y se encuentra situado entre 2 y 3,5 (Kidder y Manners, 1978), esta disminución de actividad de la pepsina favorecería la llegada de sustra- to sin digerir a intestino y la consecuente aparición de problemas digestivos.

En cuanto a los niveles de vitaminas y elementos traza existe gran disparidad de criterios debido a la escasez de estudios independientes y modernos. Los requerimientos actuales de vitaminas para porcino del NRC en 1998, por ejemplo, están basados en estudios muy antiguos. Para lechones, las estimaciones en los requerimientos de vitaminas del grupo B, proceden casi todas de estudios que datan de entre 1940 y 1968, con la excepción del ácido fólico. Estos niveles que recomienda el NRC, se encuentran sólo en algunos casos a distancia de los niveles utilizados por la industria a nivel comercial.

Por otro lado, se ha de tener en cuenta que han aparecido grandes cambios en la produc- ción porcina en las últimas décadas: las nuevas líneas genéticas tienen una mayor capacidad de crecimiento, fundamentalmente basada en una mayor capacidad de deposición de magro. A esto podemos añadir la aparición de prácticas habituales hoy en producción como los manejos TD/TF que reducen notablemente el desafío a nivel inmunológico al que se ven sometidos los animales y por tanto una mejora sustancial de los resultados productivos. El resultado final: se ha pasado de crecimientos de entre 4 y 9 gramos/día por kg de peso metabólico de grasa más magro en las líneas utilizadas en los años 50 a una deposición proteica por unidad de peso metabólico de 12 a 18 g en líneas actuales con un bajo desafío inmunitario (Stahly et al, 2007). Sólo este hecho debería llevarnos a replantearnos los niveles de vitaminas del complejo B utilizados en los piensos, que actúan como coenzimas y cofactores en muchos procesos metabólicos relacionados con la síntesis, degradación y obtención de energía a partir de azúcares o grasas; o en puntos clave del metabolismo proteico.

Artículo publicado en
Los Porcicultores y su Entorno 109