La Remodelación

olegario

Un gran rejuego se ve en la granja de Olegario. Tiraron bardas, levantaron techos y hasta pusieron un patio ¿anda arreglando destetes? ¿O será maternidades? Ya mucha falta le hacía mejorar instalaciones, sobre todo los destetes, ya perecían un cedazo; las jaulas de maternidad se están cayendo a pedazos, seguido se atoran puercos o se pierden por el caño. Las engordas ni se diga, ya se han caído los techos, los comederos no sirven, tienen muchos agujeros; ya era justo que Olegario arreglara todo esto.

Pero, un momento señores, todo este rejuego, no es pa beneficio de puercos, lo que pasa es que Olegario, de pronto ha dado un gran salto, quiere que todo su esfuerzo ya tenga una recompensa, puro trabajar no es bueno, el trabajo no se acaba y cuando la gente muere, al fin no se lleva nada; se tenía que dar un gusto ¡él ya se lo merecía! Servirá de distracción, dará más categoría.

¿Pues qué es lo que trae en jaque a Olegario en estos días? Un caballo que compró ¡ya tiempo que lo quería! Lo soñaba y se miraba montando por el camino, con su sombrero de charro, sintiendo el viento en su cara ¡gozando con su retinto! Y con gusto exclamaba ¡mi caballo! El indio tiene por nombre, cruza de cuarto de milla, el color es muy bonito y todo el pelo le brilla, es un cromo el animal; pero hay que hacerlo a la rienda, hay que caparlo también ¡Olegario desconfía!

¿Quién le va a dar de comer? Casildo el de las engordas.

¿Quién le barrera el pesebre? Salustia la que limpia la oficina.

¿Quién lo sacará a pasear? Vaya pregunta tan tonta, el único de experiencia; el molinero Aristeo, llega a trabajar en burro y hasta monta en bicicleta.

Ya con el paso del tiempo el brete se ha ido pasando, el caballo en su pesebre, Olegario no ha montado y el trabajo de la granja, cada día se ha complicado y, como dice Aristeo ora sí que la chingamos; el patrón se da sus gustos y nosotros los pagamos.

Los puercos siguen igual, pues son animales nobles, si hace frío o hace calor ¡que se aguanten los cabrones! Lo primero es lo primero.

Artículo publicado en
Los Porcicultores y su Entorno 117