Dr. Alejandro Córdova Izquierdo
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Departamento de Producción Agrícola y Animal. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco.

A. Emmanuel Iglesias Reyes
Departamento de Producción Agrícola y Animal. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco

INTRODUCCIÓN

A pesar de que la cerda doméstica es poliéstrica no estacional con ciclos sexuales que se repiten cada 21 días como media (18-24) y que sólo se ven interrumpidos durante la gestación, la lactación (al menos en los primeros 30 días de la misma) o ante determinadas alteraciones endocrinas; sin embargo, es evidente que hay una tendencia de las cerdas a presentar unos ciclos más irregulares en los meses de verano y principio del otoño. En efecto, las altas temperaturas y la disminución de las horas de luz tienen sus efectos negativos sobre la esfera reproductiva, alterándose la producción de hormonas.

Todo ello provoca el denominado Síndrome de Infertilidad Estacional (SIE), el cual se puede definir como la disminución de la función reproductora de la cerda (retraso de la pubertad en nulíparas, interrupción temprana de la gestación, alargamiento del intervalo destete-celo y disminución de la fertilidad) en una época determinada del año (verano-principio de otoño). Esta influencia estacional es mucho más acusada en cerdas nulíparas que en multíparas (Quiles, 2008).

En verano, debido a las altas temperaturas, disminuye el consumo de alimento y con ello la ingesta de energía suficiente para llevar a cabo los procesos reproductivos.

La hembra en lactancia, al disminuir su consumo de alimento, moviliza sus reservas de grasa para poder producir leche a su camada, empeorando su condición corporal al momento de ser nuevamente cubierta.

Asimismo, el bajo confort térmico produce un desequilibrio en las hormonas reproductivas, alterando su correcta funcionalidad.

En otoño, al disminuir la luz ambiental disminuye la actividad metabólica, produciendo el “fotoperiodo decreciente”, donde las hembras al no recibir suficientes horas de luz por día (12 a 16 horas) inician un proceso de inactividad ovárica. Por ello se dan los fenómenos de anestro y aborto otoñal, sobre todo en la segunda mitad de la gestación (Falceto et al., 2008).

FACTORES RELACIONADOS CON LA NUTRICIÓN Y ALIMENTACIÓN

Uno de los aspectos de más difícil solución en la explotación porcina es la alimentación, y no existen dudas de su íntima relación con la reproducción, la alimentación ocupa un lugar primordial en todos los procesos de la reproducción (Espinosa et al., 2012).

Carbohidratos:

Los carbohidratos junto con las fibras de los cereales determinan el volumen de la ración. Una ración balanceada para cerdas debe contener alrededor de 2,5-3 Mcal/ kg de alimento seco.

Ha sido demostrado que niveles altos de energía pueden tener efecto en la ovulación si se suministra antes del celo o durante éste, sin embargo, tiene un efecto adverso si se suministra durante los primeros días de gestación, pudiendo provocar mortalidad embrionaria. Los estudios han demostrado que las cerdas prepúberes sometidas a una abundante alimentación alcanzan la pubertad más tarde que las deficientemente alimentadas, esto indica que el excesivo engrasamiento puede afectar la presentación de la edad púber.

Aunque grupos bien alimentados tienen mayor porcentaje de ovulaciones que los deficientemente nutridos, el número de embriones supervivientes llega a ser más bajo en los primeros, lo que parece indicar mayor porcentaje de embriones conservados mediante un régimen constante de alimentación restringida, éste compensa la menor ovulación que lleva asociada (Espinosa et al., 2012).

Proteína:

Niveles muy bajos de proteínas en cerdas gestantes pueden presentar efectos catastróficos, incluyendo el peso de la camada al nacimiento que será muy bajo.
Generalmente la aparición del celo y la concepción se ven notablemente afectadas, los efectos de la reducción de proteínas en las dietas se aprecia de forma más promovida en los cerdos jóvenes.

La suplementación con forraje verde, plantea que aunque el cerdo no es un animal herbívoro y no dispone de un aparato digestivo adaptado para la alimentación a base de forrajes exclusivamente, es indudable que éstos son muy apetecibles para el animal y constituye una ración nutritiva y digestible, aditivamente rica en minerales y carbohidratos que estimulan la presentación del celo, consideran que la restricción de energía disminuye la función endocrina post-destete en la cerda, lo cual se traduce en trastornos del comportamiento como son: baja incidencia del celo y la disminución de la fertilidad. Se comprobó que en cerdas comerciales 50% Yorkshire y 50% Landrace en una unidad de crías en la empresa porcina de Camagüey, se halló un aumento de la eficiencia reproductiva sobre todo en la efectividad cuando agregaron forraje verde troceado en la dieta (Espinosa et al., 2012).

Vitaminas:

Los cerdos, animales monogástricos tienen limitaciones para sintetizar en su propio cuerpo las vitaminas en cantidades suficientemente grande para satisfacer sus necesidades, por lo que cuando se crían de forma intensiva es necesario suplementarlas, sin tener en consideración el posible aporte de los alimentos.

Las vitaminas son factores muy sutiles que pueden afectar el comportamiento de los cerdos.
En muchas ocasiones se puede presentar “casi deficiencia” (hipovitaminosis) de cualquier vitamina, sin que se observen los síntomas conocidos y típicos de las distintas vitaminosis.

En las condiciones normales de explotación del cerdo, generalmente se observan variados síntomas de deficiencias de vitaminas y no de una sola.

Por ejemplo. Los cerdos pueden transformar el caroteno en vitamina A en la pared intestinal, pero las dietas porcinas son casi siempre deficitarias en caroteno y más en vitamina A propiamente. De ahí la necesidad de suplementar esta vitamina, aun cuando se conoce que se puede almacenar por largo período de tiempo en el hígado, por lo que es una de las vitaminas más importantes en la reproducción, tanto del macho como de la hembra.

En los animales afectados suele observarse una reducción a la resistencia a las infecciones asociados con metaplasia e inflamación de las membranas mucosas que incluyen el aparato reproductor (Fuentes et al., 2006).

Ocasionalmente pueden aparecer trastornos endocrinos, pero son raros, no obstante cuando la deficiencia es severa provoca un atraso en el arribo de la pubertad, en la concepción y el mantenimiento de la gestación.

Los lechones requieren una concentración de 2200 – 1750 UI de vitamina A /kg de pienso.
Los adultos 1300 UI /kg de alimento, los reproductores necesitan cerca de 4000 UI/kg de alimentos.

ÁCIDO PANTOTÉNICO: En cerdas sometidas a la deficiencia de esta vitamina en la dieta se comprobó que la concepción y la gestación fueron normales, sin embargo se observó que los animales presentaron incoordinación motora. Los cerditos con deficiencia del Ácido Pantoténico muestran debilidad muscular, incoordinación motora, diarrea y sangramiento por el recto. El peso al nacimiento es bajo y el 50% de los nacidos mueren en las dos primeras semanas (Fuentes et al., 2006).

Minerales:

Los elementos minerales desempeñan importantes funciones en el organismo animal. La deficiencia de éstos en las dietas puede causar diversos síntomas; en primer lugar, ocurre una disminución en la intensidad de la ganancia de peso vivo y un empeoramiento del índice de conversión alimenticia, también puede ocurrir inapetencia, deformaciones óseas, aspecto deslucido, pelo sin brillo, depilaciones, parálisis, irregularidad en la aparición y manifestación del celo, disminución en la producción láctea y otros muchos trastornos (Campabadal, 2007).

El Calcio y el Fósforo son los minerales que se requieren en mayores cantidades. Estos dos elementos no sólo tienen que satisfacer los requerimientos de los animales, sino también tienen que guardar una relación adecuada uno con otro, y por otra parte su utilización tiene relación con la presencia de vitamina D, por ejemplo se ha comprobado que en diferentes investigaciones realizadas una deficiencia de Calcio y Fósforo provoca partos anormales y fallos en la lactancia, también la muerte alrededor del parto suelen ser frecuentes en las camadas procedentes de cerdas que han sido alimentadas deficientemente.

Durante la gestación las necesidades de Calcio no se incrementan como el caso de la lactancia en las cerdas, donde puede concluir hasta la osteomalacia, defectos en el esqueleto y fracturas espontáneas (Campabadal, 2007).

Por otra parte las dietas con exceso de Calcio provocan interferencia de otros minerales como el Fe y Zn. Su deficiencia en las camadas produce la llamada Anemia Ferropriva del cerdito. La deficiencia de este mineral también puede provocar anemia en cerdos adultos, los estados carenciales pueden provocar un incremento en la mortalidad en el parto, camadas poco numerosas y una alta presencia de mortalidad embrionaria. Por su parte el Zinc es también conocida su deficiencia, provocando la Paraqueratosis del cerdo en crecimiento.

Pero los efectos en la reproducción han sido pocos estudiados y no está del todo esclarecido el papel de este elemento. No obstante se reportan camadas poco numerosas y débiles atribuibles a la deficiencia de este elemento (Fuentes et al., 2006).

ALIMENTACIÓN INSUFICIENTE Y EXCESIVA

Al trabajar con hembras en estado de preñez, se deben considerar dos aspectos:

  • Alimentación insuficiente.
  • Alimentación excesiva.

La madre asegura los elementos nutritivos para un normal desarrollo fetal.

Si la hembra está sometida a una sub-alimentación por largo tiempo se produce disminución de la resistencia biológica del feto y el mismo se hace más sensible a los factores nocivos, por el contrario una alimentación excesiva provoca un engorde exagerado en los animales, creándose perturbaciones metabólicas que repercuten negativamente en la esfera sexual, lo que constituye un factor predisponente para el aborto.

Las deficiencias nutricionales están ligadas a problemas de reabsorciones, infertilidad, abortos y muerte neonatal. Una deficiencia de proteína ocasiona disturbios en el desenvolvimiento y desarrollo embrionario y fetal, las cerdas con un insuficiente aporte de proteína pueden abortar en la segunda etapa de la gestación.

Una alimentación pobre de proteína en cerdas conduce a un aborto completo o al desarrollo de momificaciones en los fetos.

Los abortos por insuficiencia de proteínas transcurren sin complicaciones pero si se le añade infecciones pueden ocurrir complicaciones que se desarrollan después del aborto como son retenciones placentarias y metritis, cuadros que repercuten en la salud de las madres.

La alimentación excesiva durante la gestación, produce un efecto negativo en los rendimientos reproductivos de la cerda. Las cerdas que son sobrealimentadas después de la monta y durante la gestación presentan una mayor mortalidad embrionaria y producen camadas menores que las cerdas alimentadas correctamente. Además, las cerdas sobrealimentadas en la gestación y que llegan gordas al parto, sufren de una depresión en el consumo de alimento durante la lactación, resultando en una mayor pérdida de peso y grasa dorsal (Espinosa et al., 2012).

El cuadro 1 muestra las necesidades nutricionales de los cerdos que deben ser consumidas diariamente en cuanto a proteínas, energía, fibra, grasa y minerales para obtener el peso deseado.

CUADRO 1. Requerimientos nutritivos del cerdo.

CONDICIÓN CORPORAL

La condición corporal viene definida, en general, por los parámetros de peso magro, grasa corporal y de su ratio peso magro: grasa corporal, siendo necesarios niveles mínimos de dichos parámetros para que se dé la pubertad en la nulípara (Martín, 2014).

La nutrición y la condición corporal juegan un papel fundamental en la salida en celo después del destete. No hay que olvidar que durante el verano existen en las cerdas alteraciones metabólicas que dependen de una ingestión menor y de una mayor pérdida de peso, apareciendo una mala condición corporal que puede determinar disfunciones endocrinas. La variabilidad del estado metabólico después del destete parece ser un factor limitante de la fertilidad (Fuentes et al., 2006).

A esto tenemos que añadir que la genética ha evolucionado desde fenotipos grasos y poco productivos hasta los actuales, cerdas magras y muy productivas, lo que acarrea un gran deterioro corporal (Campabadal, 2007).

Una gran pérdida de peso durante la lactación alarga el intervalo destete-salida en celo (Martín H. D., 2014). La recuperación de los niveles de LH durante la lactación está relacionada con la ingestión de energía y proteína (Campabadal, 2007), por lo que la alimentación previa al destete ejerce una notable influencia sobre la secreción de la LH. Fuentes et al., (2006) han encontrado concentraciones reducidas de insulina en cerdas con retraso en su salida en celo.

Los niveles de insulina influyen sobre los niveles de glucosa en el cerebro y éstos favorecen la liberación de la hormona LH necesaria para la maduración folicular y la ovulación, encontraron un aumento de la secreción pulsátil de LH tras inyecciones de insulina de acción prolongada. Los animales que se encuentran en estado catabólico en el momento del destete presentan concentraciones de insulina y factor de crecimiento insulínico-I (IGF-I) mínimas, y por lo tanto no se equilibra la frecuencia y amplitud de liberación de LH.

La insulina disminuye la atresia folicular permitiendo que un mayor número de folículos lleguen a ovulación. La IGF-1 es necesaria para la maduración nuclear de los ovocitos y su producción es inhibida por la restricción alimentaria.

Las dietas ricas en almidón favorecen la liberación del LH y la rápida salida en celo en comparación con dietas isoenergéticas ricas en grasa (Campabadal, 2007).

No se debe formular dietas cuyo nivel de energía esté basado exclusivamente en la grasa, sino promover la secreción de insulina mediante la utilización de glucosa e hidratos de carbono.

También la dopamina y la serotonina pueden favorecer la liberación de LH. Estos neurotransmisores tienen como precursores la tirosina y el triptófano respectivamente, por lo que las concentraciones de estos aminoácidos en la dieta influirán en la ciclicidad ovárica.

La restricción de proteína (lisina) durante la lactación altera los niveles hormonales de somatotropas e insulina (Quiles, 2008). En condiciones de consumo energético no limitante se ha demostrado que un consumo insuficiente de aminoá
idos afecta negativamente al intervalo destete-celo, debido a la menor secreción de LH. Si la pérdida durante la lactación no es inferior al 9-12% de la masa proteica de la cerda durante el parto, la funcionalidad ovárica puede ser normal.

FACTORES AMBIENTALES

Fotoperiodo

En la cerda salvaje, la variación del fotoperiodo a lo largo del año ejerce una influencia sobre la actividad ovárica, mostrando la cerda un comportamiento reproductivo diferente en los meses de verano.

La mayoría de los mamíferos con reproducción estacional muestran un patrón estacional de producción de prolactina con valores máximos en primavera y verano influenciados por el fotoperiodo, tal como ocurre en el jabalí (Falceto et al., 2008), por lo que cabría pensar que, en la cerda, la menor eficacia reproductora observada durante el verano sea debida a una hiperprolactinemia.

Los periodos de días cortos (8 horas de luz y 16 de oscuridad por día) y largos (16 horas de luz y 8 de oscuridad por día) son peores que los periodos de luz intermedios o equinoccio (12 horas de luz y 12 horas de oscuridad por día), no habiéndose confirmado con seguridad un fotoperiodo ascendente o descendente como positivo. Aunque la recuperación de las reproductoras coincide con el periodo de luz decreciente, se considera más un efecto de la disminución de la temperatura que del fotoperiodo (Falceto et al., 2006).

Sin embargo, al analizar la influencia del fotoperiodo sobre la actividad reproductora en cerdas explotadas en ambiente controlado, los resultados aportados por los diferentes autores se muestran, a veces, contradictorios y confusos. Parece asumirse que la ausencia de un efecto claro de la duración de la luz sobre la secreción de las gonadotropinas y sobre la actividad ovárica, en condiciones de ambiente controlado, es debida a la escasa intensidad lumínica y/o a que los patrones de variación de la longitud del día no son adecuados para mantener estables los ritmos de melatonina, y, por lo tanto, poder influir en el eje hipotálamo-hipófisis-ovarios. En efecto, los ritmos de melatonina originados por el fotoperiodo, en el caso de las cerdas, requieren una intensidad lumínica más alta que otras especies, siendo insuficiente la intensidad lumínica presente en las granjas de porcino para inducir el modelo diurno de melatonina (Quiles, 2008).

Todavía no está claro si el fotoperiodo, la glándula pineal y la melatonina pueden estar involucrados en la estacionalidad de la cerda doméstica, al igual que ocurre en la hembra de jabalí (Quiles, 2008).

Se sugirió que la intensidad lumínica mínima debería situarse entre 20 y 30 lux a nivel del ojo. Por el contrario, se detectó que la intensidad de la luz no juega un papel fundamental en el mecanismo de control de las actividades reproductivas estacionales.

Se demostró que las horas de luz a lo largo del día, durante la fase de lactancia, ejercen una influencia positiva sobre el retorno al celo post-destete, en el sentido que cuanto más largo es el fotoperiodo menor es el intervalo destete-celo; concluyendo que cerdas expuestas a 16 horas de luz/día durante la lactación, dan lugar a celos más sincronizados, en comparación con el grupo de cerdas sometidas a oscuridad (85% vs 68%).
Se comprobó que la relación existente entre el fotoperiodo y la pérdida de peso durante la lactación, si bien esta influencia depende de la temperatura ambiente.

Por encima de los 25oC los fotoperiodos cortos (8 h de luz/día) provocan una pérdida de peso diaria del 33% más que los fotoperiodos largos (16 h de luz/día).

Podría pensarse que la menor movilización de las reservas corporales en fotoperiodos largos (16 h de luz/ día) provocaría una menor producción láctea, con el consiguiente efecto negativo sobre la camada. Sin embargo, comprobaron que esto no era así, ya que el crecimiento medio de las camadas era similar y que la influencia del fotoperiodo radicaba en un mayor aumento del apetito e ingesta voluntaria en aquellas cerdas que fueron sometidas a fotoperiodos largos. Si a ello unimos el hecho de que el estado corporal de la cerda en el momento del destete influye en la aparición del celo post-destete, de manera, que cerdas extremadamente delgadas al final de la lactación van a ver retrasada la aparición del primer celo post-destete (Quiles, 2008), se encuentra una posible explicación a la influencia o no del fotoperiodo sobre el intervalo destete-estro.

El fotoperiodo atañe a otros aspectos de la reproducción de la cerda. Así, por ejemplo, la mayoría de los autores coinciden en indicar una disminución en la edad de la pubertad a medida que los días se hacen más largos. Este efecto de los fotoperiodos crecientes sobre la función reproductora está influenciado por la glándula pineal. La luz percibida por la retina regula la actividad de los nervios simpáticos que llegan a la citada glándula. Estos nervios liberan un neurotransmisor que controla la formación de la enzima 5-hidroxi-indol-ortometiltransferasa en la glándula pineal. Esta enzima, a su vez, controla la síntesis de la melatonina, que se produce durante la oscuridad, con lo que la mayor duración de los días puede conducir a una reducción de la producción de melatonina y como la melatonina es inhibidora de la síntesis y/o liberación de las gonadotropinas desde la hipófisis, parece que éste sea el posible mecanismo de acción de la luz sobre la función reproductora en la cerda.

Durante la lactación, las concentraciones medias de LH y FSH son similares en cerdas sometidas a 8 ó 16 horas de luz al día, tanto en un cambio brusco del foto- periodo (Falceto et al., 2006). Después del destete, no se observó ninguna influencia de los cambios del fotoperiodo sobre la amplitud de los picos preovulatorios de la LH. Las últimas experiencias ponen de manifiesto que el control del fotoperiodo es esencial para evitar el SIE, de manera que independientemente de la duración del fotoperiodo (días cortos o largos) si logramos que éste permanezca controlado y constante disminuirá de forma efectiva la infertilidad estacional (Quiles, 2008).

Temperatura

Cuando los animales son sometidos a una carga térmica demasiado importante no pueden regular su temperatura interna para mantenerla dentro de límites que permitan índices satisfactorios de producción y de reproducción.

La importancia de esta carga térmica, en condiciones de explotación, depende de muchos factores ligados al medio ambiente como la radiación solar, la temperatura ambiente, la humedad relativa, la ventilación y el tipo de suelo, pero también depende de factores ligados al animal a través de su genotipo o su nivel de producción (Grandía, 2009).

La especie porcina es muy sensible al aumento de temperatura, ya que sólo pierde calor por conducción (revolcándose en superficies húmedas) o convección (movimientos de aire) y no por evaporación cutánea, ya que los cerdos no tienen casi glándulas sudoríparas. Su organismo responde en forma de taquipnea (evaporación respiratoria), incremento de la temperatura rectal (> 39,8°C), disminución del consumo de alimento y de la velocidad de crecimiento.

El efecto de la temperatura sobre el intervalo destete-estro es mucho más acusado y manifiesto que el del fotoperiodo, llegando a minimizarlo e incluso a anularlo.
Asimismo, el estrés causado por el calor provoca abortos y una elevada pérdida embrionaria y tiene un efecto perjudicial sobre la espermatogénesis y la motilidad espermática.

Las altas temperaturas (> 25oC) provocan un retraso en el retorno al celo post-destete; si bien, esta influencia negativa es mucho más manifiesta en cerdas de primer parto que en multíparas.

La posible explicación a estas diferencias, se podría encontrar en la diferente condición corporal, entre las cerdas primíparas y multíparas al final de la lactación. Qué
duda cabe que las prácticas de manejo sobre las cerdas nulíparas son cada vez mejores (flushing, mejorara de la selección, mejoras higiosanitarias, etc.) lo que ha provocado un aumento de la prolificidad al primer parto.

Lo descrito anteriormente provocará mayores necesidades de lactación y, como consecuencia, mayores pérdidas de peso, de las que a veces la cerda no llega a recuperarse. En efecto, el fuerte ritmo reproductivo al que se somete a las cerdas se traduce en una disminución de las reservas corporales y una desaceleración en la última etapa de crecimiento, lo que va a provocar un retraso en la aparición del celo postdestete; así como, una mayor mortalidad embrionaria en la segunda gestación (es lo que se conoce como “síndrome de la segunda camada”).

La temperatura ejerce su influencia a través de la disminución del apetito. Según Grandía (2009) por cada grado que se eleva la temperatura ambiente por encima de los 16oC, la cerda consume 170 g de alimento menos al día. Igualmente, Martín (2014) comprobó esta relación, determinando que por cada grado por encima de los 16oC, las cerdas ingieren 2,4 MJ de E.D. menos al día. Esta influencia es mucho más manifestada en primíparas que en multíparas.

Por otra parte, la secreción muy baja de LH durante la lactación o el incremento insuficiente de LH inmediatamente después del destete en cerdas subalimentadas parecen indicar que la nutrición juega un papel importante en el anestro post-destete. En efecto, la hormona que más se ve afectada por el efecto de las altas temperaturas es la LH. Al producirse cambios en su concentración o en los patrones de liberación (amplitud y frecuencia) la funcionalidad de los cuerpos lúteos puede verse alterada.

A pesar de estas evidencias, se cree que no se puede afirmar categóricamente que el único mecanismo de influencia de las altas temperaturas sea a través de la disminución del apetito y del empobrecimiento de la condición corporal durante la lactación, ya que las altas temperaturas provocan cambios hormonales que podrían explicar, en parte, también el retraso en la aparición del celo post-destete. Así, se observó que en cerdas sometidas a altas temperaturas durante la lactación existía un incremento de la somatotropina y una disminución del cortisol, lo cual podría alterar la secreción de las gonadotropinas o modificar el crecimiento folicular directamente a nivel de ovario. Asimismo, comparando los niveles de hormonas tiroideas (tiroxina y triyodotironina) se observa una disminución de las mismas, en cerdas sometidas a temperaturas elevadas (Grandía, 2009).

Estas hormonas juegan un papel destacado en la adaptación de los animales a los cambios climáticos, y podrían influir en la actividad reproductora.

Por último cabe añadir que en los sistemas extensivos al aire libre, a partir de finales de primavera y durante los meses de verano, existe un factor estresante adicional como son las quemaduras solares. Las cerdas son propensas a quemarse al sol, lo que conlleva una infertilidad estival clásica (Grandía, 2009).

Sin embargo, si ha habido multitud de factores estresantes durante todo el año, al aumentar la temperatura aparece el ‘síndrome de infertilidad estacional’; incluso algunas granjas presentan el problema durante todo el año.

Estrés en general

El término estrés se engloba cualquier condición adversa al bienestar animal. Un individuo, tras entrar en contacto con un agente estresor que genera en su organismo una situación de estrés (tensión, sufrimiento), pone en marcha el síndrome general de adaptación, el cual está basado en primer lugar en una reacción de alarma con participación del tramo simpático del sistema nervioso autónomo, la médula y la corteza adrenal.

Las catecolaminas estimulan al hipotálamo determinando la secreción de CRF, que provoca la liberación de ACTH a nivel de la adenohipófisis y ésta a su vez la secreción y liberación de glucocorticoides y pequeñas cantidades de mineralocorticoides.

La ACTH, además, modifica las secreciones hipotalámicas y el resto de las hipofisarias. Así, disminuye la secreción de adiuretina a nivel de la neurohipófisis y de TSH, STH, FSH, LH y prolactina adenohipofisarias (Falceto, 2008).

Es probable que la causa del síndrome de infertilidad estacional sea el desequilibrio endócrino que aparece de forma indirecta como consecuencia del estrés térmico, justo antes y durante la ovulación. La disminución de la tasa de ovulación debida a las altas temperaturas estivales, podría definirse como una interferencia con el desarrollo y la maduración folicular y con el propio proceso de la ovulación. Las cerdas expuestas a una elevada temperatura ambiente durante la lactación presentan alteraciones endócrinas (Trolliet, 2005).

Además, no todos los animales responden de la misma manera a la misma temperatura; las razas locales están generalmente mejor equipadas para la termorregulación, mientras que los animales de alta producción tienen que evacuar más calor metabólico (Turner y Tilbrook, 2006).

Se sabe que los animales con menor respuesta ante el estrés tienen mejores parámetros reproductivos.

Actualmente se considera el síndrome de estrés porcino como una enfermedad hereditaria.
En el cuadro 2 se presentan los aspectos que se deben tomar en cuenta para evaluar el estrés en las cerdas.

CUADRO 2. Criterios para evaluar el estrés en las cerdas (Falceto et al., 2006).

GRADO DE ACTIVACIÓN DEL SISTEMA SIMPÁTICO Y
DE LA MÉDULA SUPRARRENAL MEDIANTE:

• Dosificaciones de adrenalina, noradrenalina o sus metabolitos de degradación.

• Dosificación de enzimas de síntesis y catabolismo.

• Mediación del ritmo cardiaco, la presión arteial y la temperatura arterial.

GRADO DE ACTIVACIÓN DE LA CORTEZA SUPRARRENAL
MEDIANTE DETERMINACIÓN DE LOS NIVELES PLASMÁTICOS DE:

• Hormona adrenocorticotropa (ACTH)

• Glucocorticoides

ANALÍTICA DE BIOQUÍMICA SANGUÍNEA
(glucosa, colesterol, urea y ácido úrico)

NECROPSIA:</st ong>

• Peso de las suprarrenales

• Presencia de úlceras gástricas

FACTORES RELACIONADOS AL MANEJO

Instalaciones

En relación al manejo y a los alojamientos, el estrés originado por las peleas entre las cerdas, puede producir mortalidad embrionaria o fetal a consecuencia de los traumatismos. Lo mismo sucede cuando las hembras son alojadas en corrales con pisos resbalosos o con un declive mayor que 6% y tienen dificultad para moverse.

En trabajos realizados sobre la influencia del hábitat durante la primera mitad de la gestación no se encontró diferencia en cerdas enjauladas, en libertad o en corrales.
Sin embargo cuando se cambian animales del sistema de jaulas al sistema de corrales sí se observa un aumento en la cantidad de repeticiones y abortos.

Un proceso de hipertermia al final de la gestación causado por el medio ambiente, por un excesivo ejercicio o una infección puede producir la muerte fetal y la momificación del producto o bien el aborto.

Como recomendación general no debe moverse a las hembras durante el periodo crítico de la implantación y no deben agruparse animales durante la gestación. En el caso de que sea necesario agrupar hembras gestantes se debe tener cuidados de hacerlo en corrales grandes y con pisos no resbalosos, en los cuales las más débiles tengan la oportunidad de rechazar las peleas y nunca en grupos mayores de 10 animales (Martínez, 2009).

4.4. Factores sociales

Las condiciones sociales o de crianza juegan un papel importante en la aparición de la pubertad, hembras aisladas socialmente durante la etapa prepúber, alojadas en un pequeño corral, enjauladas o sujetas con collar tardan en a1canzar la pubertad cuando se les compara con animales alojados en grupos.

Lo anterior sucede mucho en animales de traspatio criados solos desde muy jóvenes. Se recomienda un espacio de 2 a 2.5m 2 por hembra y nunca alojara más de 24 animales por corral. Por el otro lado el alojar a las hembras durante la etapa prepúber en grupos muy grandes, 50 ó 60 animales, ocasiona claramente un retraso en la aparición de la pubertad en un 25% de las hembras del lote (Sales, 2010).

Varias prácticas de manejo pueden ayudar a inducir la pubertad, esas medidas son especialmente efectivas en las hembras confinadas. El cambio de corral pude ser una de las prácticas que estimulen la pubertad, así como el llamado efecto de transporte, el cual consiste en que al llevar a las hembras de una granja a otra, muchas de ellas presentan celo de 3 a 7 días después del movimiento, lo que es una respuesta del hipotálamo por medio de mecanismos neuroanatómicos a un efecto medio ambiental. Es erróneo pensar que este tipo de celo no es fértil y que no debe considerarse como un celo verdadero, de hecho es la aparición de la pubertad con un celo fértil originado por una práctica de manejo.
Sin embargo, la condición que más influye en la presentación de la pubertad, tanto en hembras confinadas como no confinadas es el contacto con un verraco. El estímulo que ocasiona el verraco está dado por la hormona 3 alfa-androstenol, secretada por la glándula submaxilar, esta hormona empieza a acumularse apreciablemente entre los 8 y 10 meses de vida y marca la efectividad de un verraco joven y uno adulto en estimular la pubertad (Turner y Tilbrook, 2006).

El momento y la edad de la hembra cuando se expone al macho determinan el efecto obtenido. Si la exposición comienza durante los 135 a 165 días de vida, la pubertad ocurre en la edad más joven posible. Esperar hasta que las hembras tienen más de 165 días de vida resulta en una mayor edad a la pubertad, pero una respuesta más sincronizada en el lote, con un 60 a 90% de las hembras en calor en un lapso de 3 a 7 días.

El uso de machos maduros y diferentes ayuda a aumentar el efecto de inducción o el estímulo causado y el mover a las hembras en grupos al corral del macho, tiene mejores resultados que el manejo convencional de meter al macho al corral de las hembras o el meter una sola cerda al corral del macho (Martínez, 2009).

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Artículo publicado en Los Porcicultores y su entorno Noviembre-Diciembre 2019