Dr. Daniel Mota Rojas.
Profesor Investigador.
Fisiopatología del Estrés y Bienestar en animales domésticos.
Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco.
E-mail: [email protected]

Dr. Ramiro Ramírez Necoechea.
Profesor Investigador.
Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco

M.C. MVZ. Patricia Roldan Santiago.
Profesora de Bienestar Animal de la Universidad del Valle de México.

Dr. Roberto Martínez Rodríguez.
Director del Centro Porcino (CEIEPP) FMVZ, UNAM.
Jilotepec.

Los cerdos se caracterizan por presentar un porcentaje de mortalidad neonatal elevado, que acontece en la primera semana de vida del lechón (English, 1990). Durante la supervivencia del neonato inciden de manera importante una serie de factores dependientes del lechón, de la cerda y del ambiente (Lay et al., 2002; Mota-Rojas et al., 1993, 2008ab). Las primeras 48 horas de vida son de vital importancia, ya que un fracaso de adaptación post-natal aumenta el porcentaje de mortalidad post-parto. La mayoría de las bajas (55-65%) se producen en las primeras dos o tres horas post-parto. Los lechones que se caracterizan por presentar bajos pesos al nacimiento están relacionados al bajo consumo de calostro (Milligan et al., 2002). Por lo tanto, el bajo consumo de calostro incrementa la susceptibilidad de enfermarse y el neonato es propenso a morir en la primera semana de vida (Edwards, 2002). Algunos de los roles que juega el calostro en los lechones son mejorar la termorregulación, proporcionar la inmunidad natural pasiva y mejorar el desarrollo intestinal (Le Dividich et al., 2005; Devillers et al., 2007).

El consumo de calostro por los lechones depende no sólo de su habilidad para extraer calostro de la teta materna sino de la capacidad de la madre para producir suficiente cantidad para toda la camada (Hoy et al., 1997). De hecho, efectos negativos como el bajo peso al nacimiento y baja vitalidad (asfixia intraparto, demasiado tiempo desde el nacimiento a conectar la teta) influyen directamente sobre el consumo de calostro (Tuchscherer et al., 2000; Mota-Rojas et al., 2007, 2011).

Los recién nacidos de todas las especies de mamíferos no podrían desarrollarse e incrementar su porcentaje de supervivencia sin un sistema inmune efectivo o un sistema de inmunidad pasiva (inmunoglobulinas) que los proteja, como es el calostro. El neonato es ayudado a través del proceso de transferencia de inmunoglobulinas que adquiere de su madre por medio del secuestro de inmunoglobulinas a la ubre (calostro) y que es liberado inmediatamente después del nacimiento (Hiss-Pesch et al., 2011).

La placentación epiteliocorial en los cerdos, no permite la transferencia placentaria de los componentes inmunes y por lo tanto, el cerdo recién nacido se basa en una efectiva respuesta inmune innata y por supuesto el consumo de calostro para obtener una inmunidad pasiva. El calostro es no sólo una fuente de los anticuerpos maternos para el cerdo recién nacido; además, proporciona otros componentes solubles inmunes (Wagstrom et al., 2000; Xu et al., 2000) y leucocitos, que se introducen a la circulación y se distribuyen a diferentes tejidos (Williams, 1993). La participación de los leucocitos del calostro, confieren una acción inmuno-moduladora en los lechones recién nacidos (Williams, 1993; Hiss-Pesch et al., 2011).

Existen factores que influyen en la producción de leche, por ejemplo: tamaño y peso de la camada, genotipo y paridad de la cerda, producción de hormonas de la madre (concentraciones de prolactina, progesterona y cortisol) (Devillers et al., 2006; Farmer et al., 2006), comportamiento materno hacia la camada (Auldist et al., 2000) y múltiples factores ambientales (Etienne et al., 1998). Por otra parte, se sabe que la prolactina y la progesterona juegan un papel muy importante para la iniciación de la lactación y consecuentemente, para la calostrogénesis (Farmer et al., 1998; Devillers et al., 2007).
El calostro, como la primera secreción mamaria post parto, es una rica fuente de nutrientes con una elevada digestibilidad y contiene factores de crecimiento naturales que ayudan en el desarrollo normal de los órganos vitales y del tracto intestinal aún inmaduro de los lechones (Holland, 1990).

En el cerdo los anticuerpos maternos que se encuentran en el suero no atraviesan la placenta, son concentrados de forma selectiva en el calostro hacia el final de la gestación (Holland, 1990; Hiss-Pesch et al., 2011) y es la primera secreción que produce la cerda durante el inicio del parto. Después del primer o segundo día, el calostro se convierte en leche. Este cambio involucra principalmente una caída en la concentración de anticuerpos, que son la última línea de defensa del lechón en contra de patógenos (van Engen et al., 2008). El primer calostro tiene un contenido en gamaglobulinas de 5 a 6 veces superior al del suero. Durante las primeras 24 horas después del parto la cantidad de inmunoglobulinas calostrales equivalen aproximadamente a la totalidad de las que hay en la corriente sanguínea de la cerda (Conchelón MA, porcinocultura 2, 5a ed. Aedos, Barcelona 1980); contiene una alta proporción de inmunoglobulinas de la clase IgG, que proceden en su totalidad del suero de la cerda y una pequeña cantidad de anticuerpos IgM e IgA, los cuales también proceden en una proporción importante del suero y son sintetizados en proporción menor por la glándula mamaria. La leche; sin embargo, tiene un contenido mucho mayor de IgA y menor de IgG y tanto éstas como la IgM son producidas en su mayor parte localmente (Callen, 1995).

El objetivo de esta revisión es caracterizar los eventos asociados a la producción y consumo de calostro, así como su relevancia y sustento inmunológico para la supervivencia de los recién nacidos durante las primeras horas de vida.

La búsqueda de la teta y salida de calostro

Tras emprender el peligroso viaje a lo largo del útero y del canal del parto, la mayoría de los lechones expulsados tempranamente son nacidos vivos, pero a medida que avanza el parto, una proporción creciente de ellos son mortinatos, tales animales muestran típicamente signos de falta de oxígeno, a menudo asociado con lesiones del cordón umbilical (Mota-Rojas et al., 2006, 2008a, 2011). El consumo de calostro depende de muchos factores, uno de los más relevantes es el vigor, si el neonato utilizó parte de su abastecimiento de energía en forma de glucógeno para ser expulsado, frecuentemente el grado de vitalidad con el que nace se ve reducido, afectando el consumo de calostro y su supervivencia (Mota-Rojas et al., 2011; Trujillo-Ortega et al., 2011). Tales variaciones pueden contribuir a las amplias diferencias de tiempo empleadas por los animales para entrar en contacto con la ubre y empezar a mamar (Fraser et al., 1995).

Los lechones encuentran generalmente su camino a la ubre y comienzan a mamar sin asistencia activa de la madre (Figura 1). La temperatura de la piel de la ubre y de otras superficies ventrales aumenta inmediatamente antes y durante el parto. Los lechones recién nacidos tienen una fuerte tendencia a mantenerse en contacto con superficies cálidas y suaves, y ello asegura que permanezcan generalmente junto a la ubre una vez que se ha iniciado el contacto, las superficies suaves y calientes también estimulan a los lechones a realizar movimientos de olfato y de boca (Welch y Baxter, 1986). Los lechones tardan típicamente 5-40 minutos en encontrar la ubre y de 20 -60 minutos en mamar de un pezón, con grandes variaciones de su peso al nacer y de su vigor (Mota-Rojas et al., 2008ab; Trujillo-Ortega et al., 2011); una vez que han comenzado a mamar de una teta, luego se mueven a lo largo de la ubre y es característico que encuentren y mamen distintas tetas (Varley et al., 1995).

Figura 1. Para asegurar la supervivencia es necesario asegurar una fuente de calor externa y ayudar al lechón al consumo de calostro tras haber nacido.

El alto nivel de oxitocina que acompaña la fase de expulsión del parto provoca contracciones de la musculatura lisa de la glándula mamaria y crea suficiente presión intramamaria como para que el calostro pueda ser extraído con facilidad, incluso por el débil efecto de succión del recién nacido (Mota-Rojas, 2005). Moviéndose de teta a teta, los lechones mejoran sus posibilidades de contar una teta con mayor producción de calostro que no haya sido succionada y que por tanto tenga una mayor presión intramamaria. Sin embargo, una vez que se han extraído 50-100 ml, la presión mamaria se reduce a un nivel en el que la siguiente extracción es más difícil (Fraser et al., 1995).

Posteriormente, la mayor parte del calostro se obtiene durante emisiones discretas, aparentemente provocadas por descargas pulsátiles adicionales de oxitocina. Las eyecciones son desencadenadas fácilmente por estímulos leves de la ubre por los lechones, por la liberación de oxitocina asociada con la distensión del canal del parto cuando nace un lechón o incluso por el sonido de otra cerda dando de mamar (Mota-Rojas 2005). Durante el parto, las eyecciones de calostro presentan a menudo una frecuencia de 10-20 minutos y el periodo de alta presión intramamaria que permite la retirada del calostro puede ser mantenido durante un minuto o más (Varley et al., 1995).

Los lechones consumen a menudo el 5-7% de su peso vivo en calostro en la primera hora de amamantamiento, pero las cantidades varían notablemente. La toma de calostro se reduce por un peso vivo al nacimiento bajo y por una temperatura ambiental inadecuada. Durante sus primeras horas de vida, los lechones empujan y muerden a sus hermanos de forma característica para desplazarse de las mamas y evitar ser desplazados, este comportamiento se reduce notablemente al cabo de unas pocas horas y más gradualmente a lo largo de varios días, a medida que los animales desarrollan el comportamiento de amamantamiento ordenado (fidelidad de la teta) en el cual cada animal normalmente vuelve a la misma ubre o par de ellas en cada tetada (Fraser et al., 1995).

Características del calostro

La presencia de haptoglobinas (Hp) en el calostro y la leche de la cerda fueron demostradas por Richter (1973). No obstante, no hay información sobre los efectos de Hp maternas en los lechones. Los componentes solubles transferidos a través del calostro podrían actuar localmente en el intestino como se ha descrito a través de los factores de crecimiento como TGF-β (Xu et al., 2000).

Figura 2. Muerte neonatal por bajo consumo de alimento y ausencia de una fuente calórica en lechones recién nacidos.

Los lechones que a pesar de ingerir calostro, no cuenten con una fuente de calor para termorregularse, se vuelven aletargados, lo que implica que consuman menos calostro (Figura 2). Para asegurar la supervivencia es necesario asegurar una fuente de calor externa y ayudar al lechón al consumo de calostro (van Engen et al., 2008).

El establecimiento de la flora normal intestinal es ayudado por medio del calostro, que contiene sustancias estimulantes del crecimiento de bacterias acidificantes (factor bífido), un pH alrededor de 6.0, lisozimas, lactoferrina y otras sustancias bacteriostáticas, bactericidas y anticuerpos que promueven un medio perfecto para el desarrollo óptimo del sistema digestivo del lechón (Hiss-Pesch et al., 2011). La acidez del estómago del cerdo al nacimiento está entre un pH de 5 y 6, y éste baja debido al establecimiento de las bacterias acidificantes, que son estimuladas a multiplicarse por el factor bífido del calostro y la lactosa de la leche. Existe una relación inversa entre el pH del estómago y la multiplicación de coliformes potencialmente patógenos.

Es por este motivo que la colonización inmediata favorecida por acidificantes, impide que se multipliquen demasiado las bacterias coliformes que pueden llegar a causar diarrea. Además, la acidez que proporcionan las bacterias acidificantes ayuda a la digestión de la leche y controla que la ingesta se mantenga relativamente estéril cuando atraviesa el estómago. Alrededor de la primera semana, el lechón empieza a ingerir alimento sólido y es cuando el estómago produce ácido clorhídrico; aproximadamente a los dos meses de edad el pH del estómago puede llegar a 2, con lo que es más difícil que proliferen los microorganismos patógenos (Morilla, 1991).

La cerda pasa anticuerpos a los lechones vía calostro o por la leche. Sólo después de nacer el 80% de los anticuerpos consiste en inmunoglobulinas G (IgG), aunque los niveles descienden rápidamente. Existen otras inmunoglobulinas que también comparte el calostro como son 15% de IgA y 5% de IgM, los tres tipos de inmunoglobulinas son absorbidas por la mucosa intestinal, disminuyendo paulatinamente hasta llegar a la tercera semana de edad, donde los niveles son basales.

Las globulinas ingeridas no son degradadas debido a un inhibidor de tripsina presente en el calostro, además de favorecerle la baja acidez en el intestino del neonato. Como el sistema inmune del lechón recién nacido está subdesarrollado, los anticuerpos del calostro proporcionan la primera fuente de protección inmune (Roth, 1989). En consecuencia, la inmunidad del neonato porcino está limitada por la cantidad y calidad de anticuerpos en el calostro y por la calidad de éste que el cerdo sea capaz de consumir y absorber. Además, es importante mencionar que la disponibilidad de anticuerpos del lechón se limita a aquellos antígenos frente a los cuales la madre desarrolló células B memoria y por lo tanto las inmunoglobulinas (Hunter, 1986).

El calostro contiene varios tipos de anticuerpos o inmunoglobulinas:

  1. IgA: se encuentra principalmente en la mucosa del intestino, éstas se encargan de destruir a los patógenos antes de ingresar al organismo del lechón.
  2. IgG: éstas se localizan en la sangre del lechón neutralizando a los patógenos que llegan a vía hemática.
  3. IgM: éstas también se encuentran en la sangre, aunque son menos efectivas que las IgG, se producen más rápido para reaccionar con agentes patógenos principalmente.

La IgA es en su mayoría resistente a la degradación intestinal, por lo que su alta concentración proporciona una protección entérica a corto plazo neutralizando virus, inhibiendo la adherencia de bacterias y opsonizándolas. La IgA en la leche protege al neonato contra aquellos antígenos a los cuales la cerda haya desarrollado inmunidad preventivamente o hasta que se establezcan los mecanismos de inmunidad activa. Esto explica por qué se ha reportado que cuando la cerda disminuye su producción de leche, los lechones presentan diarreas (Mota y Ramírez, 1997, 2008b). La absorción máxima de inmunoglobulinas en los lechones neonatos tiene lugar entre 4 y 12 h después del primer amamantamiento, descendiendo rápidamente la permeabilidad de las vellosidades intestinales mediante un proceso gradual y progresivo llamado “cierre del intestino”. Durante el periodo de absorción, las inmunoglobulinas atraviesan el epitelio del yeyuno y se dirigen a los vasos linfáticos (Holland, 1990).

Figura 3. A medida que finaliza la formación de calostro y continúa la lactancia, se incrementa el consumo de leche de los lechones hasta finalizar los 21 días de edad.

La IgG es la más importante del suero, debido a que se encuentra en mayor concentración. La protección frente a los patógenos sistémicos del neonato porcino será suministrada vía calostro con buenos resultados, pero la inmunidad estará limitada frente a los patógenos que se encuentran en la mucosa intestinal (Zuckerman, 1997), ya que aquí rara vez se encuentra la IgG. Entre los microorganismos que podemos encontrar alterando la absorción de inmunoglobulinas están los Gram negativos, que son responsables de enfermedades como salmonelosis, rinitis atrófica, neumonías bacterianas, campylobacteriosis, septicemia por coliformes, onfalitis, poliartiritis y meningitis entre otras (Tyler et al., 1990). También podemos encontrar aislamientos de Erisipelothrix rhusiopathiae en pulmones de neonatos y aislamientos de virus del síndrome reproductivo y respiratorio de los cerdos (PRRS) en recién nacidos (Sierra et al., 2000). A medida que finaliza la formación de calostro y continúa la lactancia (Figura 3), las concentraciones de ésta descienden rápidamente y se convierte en la inmunoglobulina más importante en la leche de la cerda (Figura 4).

El nivel de anticuerpos que se encuentran en el calostro depende del número y tipo de patógenos que la cerda ha sido expuesta, su reacción hacia las enfermedades y el tiempo de exposición. Como resultado, las cerdas más viejas a menudo tienen más anticuerpos que las cerdas de primer parto. La vacunación para patógenos como circovirus o influenza puede resultar en una alta concentración de anticuerpos a partir del consumo de calostro (van Engen et al., 2008).

La composición del calostro se caracteriza por un rápido cambio a la composición de la leche en el curso de un periodo de transición de 24 horas. Si se compara con la leche, el calostro posee concentraciones más altas de materia seca y proteína bruta y concentraciones inferiores de grasa y galactosa. Las grasas representan la principal fuente de energía, a razón de aproximadamente el 35 y el 50% de la energía total del calostro durante el parto y 24 horas más tarde, respectivamente. En el cuadro 1 se muestra la composición química del calostro en dos diferentes tiempos: en el parto y 24 horas post-parto (Herpin y Le Dividich, 1995).

Cuadro 1. Características químicas del calostro.

Calostro

Durante el parto

24 horas
post-parto

Materia seca (%)

23.4

22

Proteína bruta (%)

13.1

9.1

Grasa (%)

5.1

6.8

Lactosa (%)

3.8

3.9

Energía (KJ/g)

5.93

5.89

Ingesta del calostro y termorregulación

Antes del parto, el feto vive un medio estéril y obtiene los nutrientes de la circulación materna (Zhang et al., 1997). Una vez que el neonato nace, el tracto gastrointestinal está expuesto a una gran cantidad de nutrientes de alta densidad presentes en el calostro, al igual que a diferentes microorganismos (Odle et al., 1996). Sin embargo, para algunos cerditos es difícil adaptarse a esta serie de cambios, resultando en una disminución del crecimiento, diarrea y muerte (Xu et al., 2000; Mota-Rojas et al., 2008b, 2011).

Entre estos cambios rápidos y dramáticos a los que debe adaptarse el neonato porcino encontramos que el estómago incrementa su peso entre 26 y 54%, entre el primer y tercer día después del parto en comparación con el 7.5 y 23% del incremento del peso corporal (Xu et al., 2000). El intestino delgado también experimenta dramáticos cambios en el primer día de nacido, como el incremento del 70% de su peso, 24% de su longitud, 15% de diámetro y 33% en la altura de las vellosidades; además de incrementar entre 80% y 200% la actividad enzimática (Zhang et al., 1997).

Entre las 18 y 36 horas después del nacimiento, el cierre del intestino es completo impidiendo la absorción de anticuerpos y reduciendo las posibilidades de macro-moléculas de carácter patógeno. Después en la lactancia, IgA se vuelva más importante, ésta se activa en el intestino donde ofrece resistencia en contra de bacterias y virus (van Engen et al., 2008).

El paulatino cierre del intestino del lechón coincide con la disminución del 50% de los anticuerpos y proteínas del calostro a las 12 horas post-parto. La falta de amamantamiento o su ausencia en las primeras 24 horas del nacimiento, retrasan el cierre del intestino del lechón, incrementando las posibilidades de que microorganismos patógenos penetren y esto depende en un alto porcentaje su supervivencia, por lo que éste debe ser ingerido tan rápido como sea posible (Mota y Ramírez, 1993).

La ingesta de calostro en el primer día oscila entre 210 y 400 g, siendo consumido aproximadamente un 25% de dicha cantidad en las tres primeras mamadas, con un consumo entre 20 a 40 g/mamada (Herpin y Le Dividich, 1995). Durante el primer día, el intervalo entre los amamantamientos es alrededor de una hora, con un rango de 20 a 90 minutos. Se estima un consumo de 27 g de calostro por cada 100 g de peso vivo del lechón al nacimiento. El consumo de calostro está influenciado por factores tales como la variabilidad individual de la cerda, el tamaño de la camada, el peso vivo del lechón al nacimiento, presencia de la temperatura ambiente. Se estipula que el mínimo de energía requerida para la supervivencia del lechón es de 1000 KJ (aproximadamente 165 g de calostro) durante el primer día de vida. La ingesta de calostro produce un aumento de la actividad lactasa en los enterocitos del intestino delgado, provocando un aumento de la glucosa y galactosa en sangre. Asimismo, la digestibilidad de la grasa calostral suele ser alta (Quiles, 2004).

Figura 4. Descenso en las concentraciones de IgG (mg) en el calostro (ml) a partir del nacimiento (Modificado de: Le Dividich et al., 2006; Devillers et al., 2007; van Engen et al., 2008).

Las reservas energéticas con las que cuenta el lechón al nacimiento son bajas (450 Kj/kg de peso vivo), lo que apenas cubre las necesarias para el mantenimiento durante el primer día de vida; de ahí la importancia del calostro como fuente de energía (Quiles, 2004).

La importancia termogénica del calostro es sugerida, en primer lugar, por el hecho de que en condiciones de frío tanto la temperatura corporal como la producción de calor están sin duda alguna relacionadas con la cantidad de calostro ingerido y en segundo lugar, por la observación de que no hay mejora de la termo-estabilidad durante el primer día de vida en aquellos lechones que consumen muy poco o nada de calostro (Le Dividich et al., 1991).

Partiendo de la base de un consumo de calostro de 280 g/Kg de PV durante el primer día de vida con un catabolismo mínimo de proteínas, se puede calcular que la energía del calostro proporcionaría el 60% de la energía que se necesita para la producción de calor en condiciones ambientales de 18 a 21°C. De este modo, el suministro de energía del calostro es de gran importancia para el mantenimiento del balance homeostático durante el primer día de vida y que junto con el suministro de inmunoglobulinas, constituye una importante función del calostro (Herpin y Le Dividich, 1995).

La relativa facilidad con la cual se libera el calostro al parto contrasta con el reto más exigente que los lechones deben afrontar para conseguir leche una vez establecida la lactación (Varley et al., 1995). En la lactancia, las tetas de la cerda carecen de cisterna anatómica, la leche sólo se puede extraer durante la propia emisión cuando la oxitocina provoca un aumento de la presión intramamaria. Esto significa que la leche sólo está disponible muy brevemente (normalmente 10-20 segundos) y en todas las mamas a la vez. Este sistema plantea una exigencia más al lechón. El masaje de la ubre parece necesario para desencadenar la emisión de la leche, pero dado el breve periodo de disponibilidad de leche, los lechones deberían empezar a tratar de las mamas tan pronto como empieza la emisión (De Passillé et al., 1988; Fraser et al., 1995; Alonso- Spilsbury et al., 2007).

Existen lechones que manifiestan dos formas distintas de competir por el consumo de leche: precoz, competición directa por las ubre poco después de nacer, y competición indirecta por la leche a lo largo de la mayor parte de la lactación. Aunque la competición indirecta tiene una gran influencia sobre la ganancia de peso, la competencia directa, temprana, por las mamas es probable más importante para determinar la supervivencia (Varley et al., 1995).

Factores causantes de bajo consumo de calostro

Edad reproductiva

Se ha reportado que la edad reproductiva (número de partos) influye en la producción de calostro, existe una tendencia de mayor producción de calostro en cerdas de segundo y tercer parto (alta productora) que en primíparas o cerdas viejas (bajas productoras) (Figura 5).

La concentración de inmunoglobulinas varían con el número de parto, concentraciones de IgA e IgG se encuentran en menor proporción entre las cerdas primíparas y las de tercer parto, posteriormente esta concentración se incrementa en entre cerdas de cuarto y noveno o décimo parto. Los cambios en la concentración de inmunoglobulinas en los números de parto se debe al incremento de exposición a antígenos, esto es en el incremento de IgG hasta el sexto y séptimo parto (Farmer y Quesnel, 2009).

Inmunización de cerdas durante la gestación tardía

La adquisición de inmunoglobulinas en el calostro por el neonato está directamente relacionada con los programas de vacunación que se lleven con las cerdas gestantes (Mota-Rojas, et al., 2008b).

Efecto de la hembra de primer parto

Las hembras de primer parto tienen menor capacidad para proteger a sus lechones que las cerdas de más de tres partos (Quinlan, 2001). Esto se manifiesta en una mayor frecuencia de infecciones en sus lechones, los que aumentan el microbismo ambiental; de esta manera los lec
ones de otras camadas reciben dosis mayores de gérmenes y son propensos a mayor morbilidad y mortalidad. Para evitar el desequilibrio inmunológico del grupo de cerdas de la maternidad no se debe introducir más del 30% de hembras primerizas (Mota-Rojas et al., 2008b); de ahí que no es de asombrarse que en granjas porcinas donde se realiza el destete temprano, la inmunidad de la piara se vea comprometida, ya que lo que predomina son hembras jóvenes, primíparas en su mayoría. Recordemos que le lleva más tiempo a una cerda de reemplazo, adquirir inmunidad natural (Gadd, 1998).

La fidelidad de la teta

La competencia neonatal es importante para la supervivencia del lechón. Uno o más de los animales más pequeños o menos competitivos pueden no tener éxito en establecer la propiedad de una teta, especialmente en camadas numerosas y serán excluidos de conseguir el calostro y la leche adecuados (Mota-Rojas et al., 2001). Tales animales mueren a menudo durante los primeros tres días de vida; otros, no poseedores de teta, sobreviven consiguiendo ocasionalmente apropiarse de una a través de continuas luchas con sus hermanos de camada. Estos son lechones problemáticos y se caracterizan por ser inconsistentes en la posición de amamantamiento tras los primeros días, luchar continuamente sobre las tetas con frecuente fracaso para conseguir leche durante los episodios de amamantamiento y por tener ganancias de peso anormalmente bajas (De Passillé et al., 1988; Alonso-Spilsbury ., 2007).

Agalactia en la cerda parturienta

Es bien sabido, que las infecciones uterinas reducen la eficiencia reproductiva en los hatos destinados a la producción animal (Ramírez- Necoechea et al., 2008). Las enfermedades peri-parturientas acompañadas de descargas vulvares patológicas son un síndrome en granja y establos de la producción intensiva. Las enfermedades periparturientas abarcan las infecciones del tracto genital (endometritis), la vejiga (cistitis), y/o glándulas mamarias (mastitis); en tanto que, la hipogalactia y agalactia generalmente se considera que están asociadas con una endotoxemia, a menudo en ausencia de mastitis (Waller et al., 2002).

Figura 5. Comparación en la producción de calostro en cerdas de diferentes edades reproductivas.

Los factores que predisponen al establecimiento de este síndrome son todos aquellos eventos o circunstancias que favorecen la colonización del tracto genital con bacterias piógenas. Por otro lado, los errores y/o falta de asepsia durante el manejo reproductivo, también constituyen factores predisponentes, como carencia de higiene durante la monta o la inseminación artificial y majeo erróneo y séptico durante el parto (Ramírez et al., 2001).

La elevación de la temperatura corporal (o fiebre) es uno de los signos más importantes de las muchas enfermedades infecciosas de los animales domésticos (Plonait y Bickhardt, 2004). La fiebre puerperal se encuentra entre las principales causas que se pueden prevenir para la morbilidad y mortalidad materna, la mayoría de las infecciones post-parto se presentan 24 horas después de éste. La endometritis, la mastitis y la infección del tracto urinario, son las principales causas de las infecciones puerperales. Los factores predisponentes que conducen a la sepsis son debido a condiciones poco higiénicas en el parto, mala nutrición, hembras primíparas, anemia, ruptura de membranas, parto prolongado, manipuleo vía vaginal durante el parto, maniobras obstétricas, secundinas retenidas en el útero y hemorragia post-parto; las complicaciones maternas concluyen septicemia, endotóxica y peritonitis, entre otras (Maharaj et al., 2007).

Algunos procesos patológicos que pueden conducir a la anorexia, la restricción alimenticia es una de las estrategias importantes del comportamiento que los organismos han desarrollado para la lucha contra la invasión patógena (Exton, 1997). También, un proceso de inhibición en la producción láctea (agalactia) se presenta unas horas después de que concluyó el parto. Por lo común, el primer signo acompañado y que se observa antes de la agalactia es la anorexia y posteriormente decaimiento, molestias al amamantar y pérdida de la camada (Taylor, 1989).

Figura 6. La obtención manual de calostro de la cerda es muy útil para alimentar aquellos lechones que son incapaces de hacerlo.

Las cerdas pueden presentar agalactia o hipogalactia entre 12 horas y 3 días después del parto, en ciertos casos pero no invariablemente, se manifiestan junto con mastitis y/o metritis. Las cerdas afectadas deben recibir dosis pequeñas y frecuentes de oxitocina y cuando hay fiebre, es recomendable administrar un antibiótico de amplio espectro como ampicilina, tetraciclinas o trimetropin-sulfonamida; la camada debe ser alimentada con glucosa o sustituto de leche de cerda (Taylor, 1989).

La agalactia debe tomarse en cuenta como una importante problemática del puerperio ya que es la causa de importantes pérdidas en la producción porcina; principalmente afecta el desempeño reproductivo, además de las consecuencias que tiene sobre las crías.

La contaminación bacteriana local y posteriormente generalizada, así como los signos que acompañan a este síndrome (SFR-PP: Síndrome de Falla Reproductiva Post-Parto), teniendo en cuenta que si el crecimiento bacteriano local (descargas vaginales purulentas), avanza y se convierte en septicemia (fiebre y anorexia), este proceso afectará otros parámetros (agalactia), de esta forma el síndrome se expresa alterando las constantes fisiológicas y productivas del animal (Ramírez-Necoechea et al., 2008).

Extracción de calostro y amamantamiento asistido

La elección de la teta para mamar, así como el conservarla durante toda la lactancia, es la primera de las manifestaciones de comportamiento que presenta el cerdo. Naturalmente los lechones más grandes buscan las mejores mamas y las más productivas; esto ocurre dentro de los tres días siguientes al parto (Pérez, 2009). Aunque un lechón sea más pequeño que los otros, si tiene una teta propia tendrá igual oportunidad de alimentarse que los demás.

Lo importante no es la diferencia de tamaño entre los lechones sino que cada uno tenga una teta propia y productiva. Si hay más lechones que pezones, los más fuertes se adueñarán de los funcionales y los más débiles quedarán sin comer (Giraldo, 2004). Para ayudar a que los lechones pequeños o a lechones débiles a que accedan al consumo de calostro, es necesario la intervención del encargado del área de maternidad.

Lo cual, se requiere alimentar a los lechones de forma asistida a través de una pipeta o jeringa que contenga calostro de la cerda. A pesar de ser una de las técnicas que aumentan la cantidad de lechones destetados, es una práctica de manejo poco utilizada debido a que resulta difícil alimentar a los lechones individualmente y en forma manual. Esta técnica puede ser aplicada, cuando la madre presenta una disminución de la secreción láctea por hipolactia (Pérez, 2009), o cuando en un proceso de hipoxia severa en el parto, el lechón tarde más de 1 minuto en respirar y tarde más de 5 minutos en incorporarse y conectar la teta y reducir el consumo de calostro; con lo que se incrementan las posibilidades de morir en las siguientes 24 horas de vida (Mota-Rojas et al., 2008ab).

Para proveer calostro o leche a estos lechones se debe obtenerte u “ordeñar” a la cerda manualmente (Figura 6) mientras otorga calostro a la camada tras el parto. Aquellos lechones incapaces de amamantarse deben recibir calostro manualmente por medio de una jeringa (Figuras 9 y 10).

Figura 7. La alimentación asistida para el consumo de calostro en lechones débiles o de bajo peso al nacimiento es efectiva, ya que les otorgamos las inmunoglobulinas necesarias para sobrevivir en los primeros días de vida.

Para realizar de forma efectiva la ingesta asistida de calostro, se recomienda tener un banco de calostro obtenido de cerdas mayores a tres partos, con el fin de suministrar el calostro a los neonatos de cerdas jóvenes, ya que las cerdas jóvenes tiene baja producción de anticuerpos (Pérez, 2009).

Conclusiones

Las evidencias mostradas en el presente artículo afirman la importancia del consumo de calostro en los lechones inmediatamente después de haber nacido, las primeras 12 horas post-parto son las más importantes para que el lechón adquiera protección, a través de inmunoglobulinas, que le servirán hasta que su sistema inmune sea capaz de producir los anticuerpos que necesita.

Dichas inmunoglobulinas serán absorbidas por las vellosidades intestinales del recién nacido antes que éstas no puedan absorber más partículas de defensa, de esta manera se asegurará su estancia durante los siguientes días. En caso de que no exista la habilidad del lechón en adquirir este alimento, es necesario asistirlo y prácticamente alimentarlo de manera forzada para ingerir el calostro; el éxito del consumo de calostro sobre los lechones depende de que puedan alimentarse de agua, energía, proteína y protección a partir de la teta de su madre. Existen diferentes factores que determinan el nulo o bajo consumo del calostro, muchos de estos factores declinan en el error humano al manejo no sincronizado “latencia lechón-contacto con la teta”, o al manejo excesivo y estresante en los cerditos.

Una práctica que mejora el consumo de calostro es el intercambiar lechones de una camada a otra, dicha práctica se realiza en aquellas cerdas que son incapaces de producir calostro dejando a la camada en riesgo sin protección inmunológica, de esta manera, la donación de lechones hacia otra cerda en proceso de parto es ideal para cubrir los requerimientos de estos cerditos; en otro caso, la donación de lechones se realiza cuando éstos suelen ser pequeños o de bajo peso y se enfrentan a otros recién nacidos de mayor talla que les impidan consumir el alimento, es necesario buscar una homogenización de las camadas cuando existe competencia entre pesos y en el peor de los casos, competencia entre lechones de distintas vitalidades al nacimiento. Con estas sugerencias, el consumo de calostro se hace efectivo cumpliendo con los requerimientos inmunológicos del neonato, que le permitirá sobrevivir los primeros días de vida. Una vez más, la capacitación y el conocimiento ético de esta práctica, permitirá que existan más lechones vivos, mejores pesos al destete y menor manipulación para el tratamiento y control de enfermedades entéricas y respiratorias hasta finalizar el periodo de lactancia.

» Referencias bibliográficas

Para mayores informes revisar el Capítulo de Calostro publicado en el Libro: La cerda Reproductora Eds. Trujillo-Ortega M, Mota-Rojas y Robles M. (2014). Editorial UNAM.

Artículo publicado en Los Porcicultores y su Entorno Mayo-Junio 2014