Firma histórica: La UE y el Mercosur sellan la mayor zona de libre comercio del mundo como respuesta a la política arancelaria de Trump

Asunción, 17 de enero de 2026. – En un gesto cargado de simbolismo geopolítico, la Unión Europea (UE) y los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) firmaron este sábado un acuerdo comercial que crea la mayor zona de libre comercio del planeta, con más de 700 millones de consumidores. La rúbrica, celebrada en Asunción, no solo culmina más de 25 años de negociaciones, sino que se interpreta como una contundente respuesta europea a las recientes amenazas de aranceles del presidente estadounidense, Donald Trump.

El contexto: Trump, el “aliado involuntario”

La sombra de Trump planeó sobre la ceremonia. Horas antes de la firma, el mandatario estadounidense anunció la imposición de aranceles del 10% a productos de ocho países europeos a partir del 1 de febrero. Esta política proteccionista, lejos de aislar a la UE, ha acelerado su búsqueda de alianzas comerciales alternativas. Como señaló un análisis de El País, “Trump ha sido el mejor aliado del difícil acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur”. La necesidad de reducir la dependencia del mercado estadounidense y diversificar socios comerciales se ha vuelto una prioridad estratégica para Bruselas.

El corazón del acuerdo: la carne en la mira

El sector ganadero se erige como uno de los grandes ejes –y puntos de fricción– del pacto. El acuerdo eliminará progresivamente más del 90% de los aranceles bilaterales en los próximos 15 años. Para los productores del Mercosur, esto significa una oportunidad histórica. Actualmente, Argentina exporta a la UE unas 29.000 toneladas de carne bovina con aranceles del 20% (cuota Hilton) y otras 12.000 sin beneficios aduaneros. Con el nuevo tratado, ese arancel desaparecerá y se creará una cuota adicional de 99.000 toneladas (repartidas entre los cuatro países) con un arancel preferencial del 7,5%.

En los mercados ganaderos argentinos, como el de Cañuelas, el ambiente es de “optimismo inédito”. Los precios internacionales alcanzan récords y el sector ve a la UE como un mercado para crecer. “Argentina no va a exportar mucho más de lo que ahora ya exporta a la UE, pero lo hará con menos aranceles”, explica el consultor Víctor Tonelli, quien relativiza el impacto europeo: “Si se divide por habitante, es una hamburguesa pequeña al año”.

La otra cara de la moneda: la angustia del campo europeo

Mientras en el Cono Sur se celebra, en Europa el malestar es palpable. El sector agropecuario europeo, liderado por Francia, Polonia, Hungría e Irlanda, advierte de una “competencia desleal”. Los costos de producción más bajos en Sudamérica –debido a normas laborales y ambientales menos rigurosas– podrían inundar el mercado comunitario con carne, pollo, azúcar y soja más baratos. Esta semana, cientos de tractores bloquearon calles en París, Dublín y Varsovia en protesta.

Los ganaderos europeos temen no poder competir con productos que, según alegan, no cumplen los mismos estándares sanitarios, de bienestar animal y trazabilidad exigidos en la UE. Expertos advierten que el ajuste podría ser doloroso: “Los costos del ajuste irían a sectores de la agricultura, especialmente la carne de vacuno, las aves de corral, el azúcar y el etanol”, señaló Germán Ríos, profesor de IE University, a la BBC. El riesgo incluye el cierre de explotaciones y la pérdida de empleos en regiones dedicadas a la ganadería.

Un equilibrio delicado y un futuro incierto

La Comisión Europea ha intentado calmar los ánimos con cláusulas de salvaguardia, como la limitación de cupos libres de arancel y la posibilidad de investigar si las importaciones desestabilizan el mercado. No obstante, la ratificación final del acuerdo aún debe superar el escrutinio del Parlamento Europeo, donde la oposición agrícola sigue siendo fuerte.

En definitiva, el histórico acuerdo UE-Mercosur es mucho más que un tratado comercial. Es una jugada geopolítica para contrarrestar el unilateralismo estadounidense y un experimento económico que pondrá a prueba la resiliencia de dos modelos ganaderos muy distintos. Para los productores del Mercosur, se abre una puerta de crecimiento; para sus homólogos europeos, un desafío existencial. El mundo observa cómo se reconfiguran las alianzas globales, con la carne como protagonista involuntaria de esta nueva era comercial.

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