Ganadería en México: un pilar silencioso que alimenta, se organiza y resiste

Ing. Luis Fernando Haro.
Director General del Consejo Nacional Agropecuario

En el vasto mosaico productivo de México, la ganadería ocupa un lugar estratégico que muchas veces pasa desapercibido en el debate público. Más allá de los números fríos, este sector representa el sustento de millones de familias, la conservación de tradiciones rurales y una pieza clave en la seguridad alimentaria nacional; no se trata únicamente de una actividad económica, sino de una forma de vida profundamente arraigada en la identidad del campo mexicano. Hoy, esa relevancia social se respalda con cifras que confirman su peso estructural. México cuenta con un hato ganadero bovino estimado en 28.4 millones de cabezas, uno de los más importantes de América Latina.

Asimismo, se calcula la existencia de aproximadamente 800 mil productores ganaderos, en su mayoría pequeños y medianos, lo que convierte a esta actividad en un motor directo de bienestar para millones de personas en zonas rurales. La dimensión territorial del sector es igualmente contundente: 108.9 millones de hectáreas están destinadas a la ganadería, lo que representa más del 50% del territorio nacional; esto significa que más de la mitad del país está vinculada, directa o indirectamente, a la producción pecuaria.

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Además, de acuerdo con datos censales, cerca del 61.8% de las unidades de producción tienen entre 1 y 10 bovinos, lo que evidencia el carácter social y familiar de la actividad. Por su parte, el consumo de carne de bovino creció 5.4% anual, alcanzando aproximadamente 1.34 millones de toneladas, lo que refleja la alta demanda y la importancia de este alimento en la dieta nacional. Pero la ganadería mexicana no solo alimenta al país, también conquista mercados internacionales. En 2024, México logró exportar cerca de 1.4 millones de cabezas de ganado bovino, generando ingresos por alrededor de 1,300 millones de dólares. Estados como Sonora, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Durango lideran estas exportaciones, gracias a sus altos estándares sanitarios, infraestructura y cercanía con Estados Unidos, principal destino comercial.

Para el 2025, la historia ha cambiado drásticamente, derivado del ingreso del gusano barrenador del ganado a nuestro país el año pasado se dejaron de exportar 1.2 millones de cabezas, representando esto un impacto muy significativo en el ingreso a los ganaderos exportadores; se estima que por los precios históricos alcanzados en la exportación se dejaron de ingresar en divisas aproximadamente 2 mil millones de dólares. En contraste, México exportó aproximadamente 292 mil toneladas de carne de res, esto representó un crecimiento de alrededor del 6.3% respecto a 2024. La reaparición del gusano barrenador en nuestro país representa no solo un problema sanitario, sino también un riesgo comercial, ya que podría limitar el acceso a mercados internacionales.

Combatir esta amenaza exige inversión, coordinación institucional y vigilancia permanente. Hablar de erradicar este riesgo zoosanitario es un tema complejo; sin embargo, es de reconocer el trabajo que se ha venido realizando por parte de SENASICA en coordinación con el APHIS (Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas) del USDA, con las Asociaciones y Uniones Ganaderas, con los Gobiernos de los Estados, en temas de prevención, control, capacitación, vigilancia, movilización y contención. Asimismo, se continúa en la habilitación de la planta de reproducción de moscas estériles en Chiapas y también otra en construcción en el Estado de Texas, esperando que, en la operación completa de estas dos plantas, podamos entrar en una etapa de erradicación de esta importante plaga. Reconocemos el trabajo realizado en estados como Sonora y Chihuahua, donde se han implementado rigurosos protocolos preventivos ante el riesgo del gusano barrenador.

En estas entidades, las estaciones cuarentenarias garantizan que el ganado en tránsito cumpla con estrictos controles sanitarios, asegurando su condición libre de gusano barrenador, brucelosis, tuberculosis bovina y garrapatas. Por otro lado, el cambio climático también ha impactado de manera significativa a la ganadería nacional, particularmente a través de sequías prolongadas que reducen la disponibilidad de pastos en los agostaderos y limitan la alimentación del ganado. Si bien a partir de 2025 se observa una recuperación gradual en algunas regiones, en el norte del país persisten condiciones adversas debido a la insuficiencia de lluvias. Pese a estos retos, el sector también se encuentra ante una ventana de oportunidad.

La tecnificación de los procesos productivos, la mejora genética del ganado, la implementación de sistemas de trazabilidad y el acceso a nuevos mercados internacionales permiten vislumbrar un futuro prometedor. México tiene el potencial de evolucionar de “exportador de ganado en pie” a “proveedor de productos con mayor valor agregado”, lo que incrementaría la rentabilidad y fortalecería su posicionamiento global. Un factor clave de esta resiliencia es la organización del sector. La Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas, organismo hermano del CNA, con presencia nacional y actualmente presidida por Homero García de la Llata, ha sido fundamental para articular a los productores, representar sus intereses y promover políticas públicas orientadas al desarrollo del sector.

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Esta estructura ha permitido enfrentar crisis, adaptarse a cambios y consolidar una visión de largo plazo. La ganadería mexicana, en suma, no solo es una actividad económica: es un sistema complejo que integra territorio, cultura, empleo y comercio. Es sustento para millones, motor de desarrollo rural y pieza clave en la seguridad alimentaria del país. Hoy, entre cifras récord y riesgos latentes, el sector enfrenta un momento decisivo. Convertir los desafíos en oportunidades será la clave. Apostar por la ganadería es apostar por México: por su campo, por sus familias y por su capacidad de competir en un mundo cada vez más exigente. Porque detrás de cada litro de leche y cada kilogramo de carne hay historias de esfuerzo, organización y resiliencia que merecen no solo ser reconocidas, sino también fortalecidas

Artículo publicado en “Entorno Ganadero Agosto Septiembre 2026“

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