Juan Alfredo López Sánchez
Mateo Itza Ortiz
Héctor González García
Edgar Aguilar Urquizo
Angélica Escárcega Ávila
Víctor H. Severino Lendechy
Las gallinas y gallos han sido domesticados durante miles de años; por ejemplo, Meléndez y Juárez (2018) describen que los indicios ubican que fue en la India donde fue domesticado y donde todavía se encuentra en su estado salvaje el gallo Bankiva (Gallus gallus silvestre) y la mayoría de los historiadores y documentos sugiere que fue el gallo que dio origen a las gallinas y gallos domésticos actuales; otros historiadores y documentos, aportan que participaron otras dos especies de Gallus (gallo de la jungla gris: Gallus sonneratii y gallo de la jungla de Sri Lanka: Gallus lafayetii) (Masaki, 2021). Hata et al. (2021) por otra parte, indican que el gallo doméstico (Gallus gallus domesticus) se domesticó hace 8000 años en China y de allí se expandió a todo el continente, dando inicio a la producción avícola.
Las aves de combate tienen una relación muy cercana especial con el hombre. Según el reporte de Saravia (1972), en Asia menor, durante el año 2000 a.C., se encontraron representaciones arqueológicas de estas peleas en Micenas, Grecia; en la actualidad, se conoce sobre las peleas en India, Persia, China y Grecia clásica de Temístocles, lugares donde se obligaba a los jóvenes guerreros ver las peleas de gallos y, antes del combate, los soldados presenciaban una pelea para aprender del valor durante la batalla. Entre las razas de gallos de combate figuran la raza Asil o Assel (Figura 1), que es una raza rara en Europa y América, y es catalogada como la raza combatiente más antigua de todas, pues, se desarrolló en la India específicamente para la pelea.
A saber, su nombre procede del árabe y significa “pedigrí antiguo”, lo cual guarda relación con la raza ya que ésta tiene al menos unos 2.000 años de existencia (Castro, 2021). La raza conocida como combatiente Inglés antiguo o combatiente Antiguo Inglés (Figura 2) fue introducido a Inglaterra por los romanos en el siglo I, las peleas de gallos fueron muy populares hasta que fueron prohibidas en 1849. Esta raza tiene un cuerpo compacto, muslos y lomos anchos, sus plumas están pegadas al cuerpo y las plumas de la cola son largas, anchas, curvas y fuertes lo que los hacen distintivos sobre todo los machos (The Livestock Conservancy, 2024).

Figura 1. Raza Asil argentino. Tomado de Mapuche (2013).

Figura 2. Raza Combatiente Inglés antiguo. Nota: Tomado de Ponders (2018).

Figura 3. Raza Shamo. Nota: Tomado de Ponedors (2018).

Figura 4. Raza Combatiente indio. Nota: Tomado de Gallins (2018).

Figura 5. Raza Malayo. Nota: Tomado de Fact Retriever (2020).
Shamo (Figura 3), es una raza desarrollada en Japón en el siglo XVII. A partir de allí, los japoneses hicieron de ella una gran ave de pelea, la cual se popularizó por su ferocidad y valentía. En Japón, esta raza se dividió en dos tipos distintos según el tamaño (O-Shamo grande y Chu-Shamo pequeña), pero, en Reino Unido ambos tipos se engloban en la denominación única de Shamo (Hata et al., 2021).
El Combatiente indio (Figura 4) se creó en Corrualles, al sureste del Reino Unido, en el siglo XIX. Se cree que algunos criadores cruzaron ejemplares de Malayo, Asil y Combatiente Ingles antiguo para obtener la que tenemos hoy en día. El Combatiente indio es una de las mejores aves de consumo, y por ello se ha utilizado durante muchos años para cruzarla con otras de la misma aptitud, como la Dorking o la Sussex, logrando una excelente descendencia (Vásquez et al., 2022).
La raza Malayo (Figura 5) tiene sus orígenes en la zona este de la India, pese a que en el Reino Unido esta especie reside desde principios del siglo XIX y se ha utilizado como punto de partida de muchas razas modernas. El Malayo, estuvo presente en la primera exposición avícola del mundo, celebrada en Reino Unido en 1845, y la raza se estandarizó veinte años más tarde en sus variedades blanca y dorada.
El gallo combatiente Español (Figura 6) tiene una historia de 3,000 años, desde la antigüedad, los pueblos que comercializaron en España (fenicios, cartagineses, griegos, romanos) dejarían sus gallos de combate y la afición a las “peleas”. Como tal, el gallo combatiente Español es un ave pequeña, con cola baja, tarsos puntiagudos, espolones, cresta derecha y barbillas grandes (Castro, 2021). Se conoce que son originarias al menos cuatro o cinco razas de gallo de pelea de Norte América (Figura 7). Los colonos ingleses e irlandeses trajeron a América algunas de sus más finas razas, mientras que las líneas españolas ya habían sido introducidas durante la conquista. El gallo de pelea moderno fue creado mediante el cruce de aves de combate americanas con aves Asil o Shamo, de ahí nace la variedad morfológica de esta especie; entre las principales razas se destacan Claret, Kelso, Round head, Albani, Radio Regular Grey, Clemens, Sid Taylor, Bron-red y Hatch, entre otros (Castro, 2021).

Figura 6. Gallo combatiente Español Nota: Tomado de Back (2022).

Figura 7. Gallo de pelea norteamericano. Nota: Tomado de Finca del Gallero (2023).

Figura 8. Gral. Francisco Villa junto a Rodolfo Fierro y Raúl Madero. Tomado de Osegueda (2025).
A la llegada de los españoles al continente americano, Cristóbal Colón trajo las primeras gallinas y gallos durante su segundo viaje, las cuales ocupaban poco espacio y cuyo cuidado y alimentación no eran complicados. Estas aves fueron embarcadas en las Islas Canarias y desembarcaron el 22 de noviembre de 1493 en la isla La Española (actualmente República Dominicana y Haití). A su llegada al territorio, que hoy es México, se desarrollaba una avicultura sencilla con la cría de guajolote (Meleagris gallopavo Linn), las nuevas civilizaciones mesoamericanas incorporaron la cría de las gallinas y se les facilitó por su similitud con la cría del guajolote (Cuca et al., 2020).
El gallo de combate (Gallus gallus domesticus), también conocido en otros lugares como gallo de “pelea”, posee una gran relevancia cultural y económica en México, puesto que, su crianza y alimentación simbolizan prácticas de larga tradición que se remonta a San Juan de Ulúa en 1519 (hoy es parte del estado de Veracruz) donde dos emisarios de Moctezuma que fueron enviados para hablar con Hernán Cortés fueron invitados a presenciar la primera pelea de gallos, y dentro de los obsequios que Cortés envió a Moctezuma, se encontró un gallo de pelea (García, 2022).
Para los años 1700 las peleas de gallos eran como fuente de recreación y/o entretenimiento en lo que hoy se conocería como México (García, 2022). De igual forma, durante el virreinato, ante toda festividad, nacimiento o acto político, asistía la familia del virrey y las clases más bajas, siendo espectadores principales de las peleas de gallos. Además, la lucha de la independencia y revolución no fueron obstáculo para continuar con las peleas de gallos ya que Don José de Iturbide, virrey de la Nueva España y los revolucionarios, Pancho Villa y Emiliano Zapata (Figura 8) eran aficionados a este espectáculo (Castro, 2021).
En lo que se refiere a la crianza, los requerimientos nutricionales de las aves varían de acuerdo con su etapa fisiológica, nivel de actividad y función productiva. En gallos de combate, dichas necesidades se ven influenciadas por el desarrollo muscular, actividad física intensa y procesos reproductivos. Sin embargo, se conoce poco sobre los requerimientos o fases de alimentación de los gallos de combate. Durante la fase de crecimiento una mayor proporción de proteína (20 a 21%) es fundamental para favorecer la síntesis de tejidos y el desarrollo estructural, y en etapas de mantenimiento los requerimientos disminuyen debido a una menor demanda metabólica (Klasing et al., 2025).
Por otro lado, durante la pelecha, el incremento moderado de proteína y lípidos contribuye a la reposición tisular y formación adecuada y brillo del plumaje, lo que le brinda una aspecto de mayor vigor. Asimismo, en gallos en entrenamiento o combate, una dieta con aproximadamente 16% de proteína permite mantener la masa muscular sin generar excesos energéticos, mientras que el control de la grasa es crucial para evitar la acumulación lipídica que afecte el rendimiento físico (Xin et al., 2022). En sementales, un mayor aporte proteico (17%) se asocia con mejoras en la calidad seminal y la capacidad reproductiva.
Además, los niveles de fibra, cenizas y humedad deben mantenerse dentro de rangos adecuados para garantizar la digestibilidad y el equilibrio mineral del organismo (Nawaz et al., 2021). En el Cuadro 1, se resumen los principales nutrientes de dietas elaboradas con base al estado fisiológico del ave de combate a partir de la integración y adaptación de información científica disponible sobre requerimientos nutricionales en aves de corral, debido a la limitada evidencia específica en gallos de combate. Por tanto, los valores presentados representan una aproximación técnica basada en la literatura consultada y en las exigencias fisiológicas de cada etapa.

Otras dietas que son consideradas empíricas consideran que una dieta crecimiento para cría o crecimiento deben aportar un 23.0% de proteína, con 4.0% hasta 6.0% de grasas, 1.05% de calcio una mezcla de vitaminas y minerales para pollitas en crecimiento. La dieta de Mantenimiento o de Desarrollo debe tener un 12.0% de proteína, 4.0% de grasa, 3.5% de fibra cruda (comunicación propia). Una dieta de entrenamiento debe tener un 16.0% de proteína que, con base en experiencia propia es el porcentaje que ha dado mejor resultado en la competencia.
Cabe resaltar que aquello depende del pastor (entrenador), quien adiciona algún grano para aumentar la proteína, pero, en la última semana se disminuye la proteína paulatinamente, incrementando así, los carbohidratos. Por otro lado, se recomienda brindar una última comida antes del espectáculo cargada de energía, para lo cual se recomienda incluir solamente carbohidratos (comunicación propia). También se han empleado dietas para pelecha, que son frecuentes durante la temporada de emplume, estas dietas aumentan la cantidad de fósforo, calcio, grasa y proteína para que la pluma salga lustrosa. La calidad de proteína también debe ser óptima, por lo tanto, se recomienda proteína 15.0% y grasa 4.0% (Ojeda, 2025).
Para la alimentación de gallinas y gallos reproductores se emplean dietas y “estrategias” que sugieren que 30 días previos al apareamiento, se proporcione una dieta con un contenido de proteína entre 15.0% y 17.0%, con el fin de favorecer la condición corporal, calidad espermática y desempeño reproductivo del ave (comunicación propia). Entre los insumos más utilizados para formular una dieta para aves de combate se encuentra el trigo, avena, cebada, maíz, sorgo, soya, chícharos, arroz, lenteja, alfalfa deshidratada peletizada, harina de carne peletizada.
Cuando estos insumos se usan en la formulación de dietas se obtienen diferentes mezclas de granos que adquieren un distintivo muy peculiar y que son ofertadas en los distintos expendios de alimentos para animales o aves (Figuras 9 a la 12). Pese a ello, la información científica y nutrimental de sus requerimientos siguen siendo limitadas, y la mayoría de los criadores formulan dietas empíricas con base a experiencias o parámetros de aves con fines productivos diferentes, tales como, pollos de engorde o gallinas ponedoras (Martínez y Sotelo, 2021). La selección genética y la alimentación son factores que influyen en la conformación corporal, rendimiento físico y salud de estas aves (Toalombo et al., 2024).
Sin embargo, al no contar con suficiente información sobre requerimientos nutricionales en las distintas etapas fisiológicas da lugar a variaciones en la composición o perfil nutrimental en la fórmula del alimento balanceado disponibles comercialmente; y si además, estos alimentos son formulados y elaborados en centros de comercialización de alimentos pecuarios sin el conocimiento técnico y sin el ajuste específico nutrimental que se requiere para el gallo de combate tendría una amplia variación entre su perfil nutrimental; en comparación con las dietas de marca de registro comercial que son respaldadas por un control de calidad y respaldo técnico.
El objetivo del trabajo fue analizar y determinar el aporte nutrimental de los diferentes alimentos balanceados destinados a la alimentación del gallo de combate (Gallus gallus domesticus) encontrados en Cd Juárez, Chihuahua, México. El estudio se realizó en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde se muestrearon diferentes centros de comercialización de alimentos pecuarios conocidos en la región como “pasturas”, fueron identificados un total de cuatro tipos diferentes de alimentos balanceados, todos ellos de etapa única para gallos de combate, que fueron identificados como STD-2, STD-3, STD-4, y STD-5, que son formulados en la región y los cuales fueron comparadas con un alimento comercial para gallos de combate de marca registrada y distribución nacional que fue considerado como testigo (Premium).
Todas las muestras se analizaron por análisis proximal en el laboratorio de nutrición animal del Departamento de Ciencias Veterinarias de la UACJ con base a la metodología descrita por AOAC en 1995 (Ayala, 2024). Las pruebas realizadas a cada alimento fueron las siguientes: materia seca (MS%), proteína (PC%), extracto eterio (EE%), fibra detergente neutro (FDN%), cenizas (%), y fibra cruda (FC%), todas las muestras fueron analizadas por triplicado. Los resultados encontrados se presentan en el Cuadro 2 donde se observa el análisis proximal realizado a los alimentos muestreados. Se encontraron diferentes niveles de nutrientes en las dietas, por ejemplo, la MS (%) se tuvieron valores entre 90.82% (Premium) a 88.98% (STD-3); la proteína tuvo niveles de entre 17.9% (Premium) a 8.24% (STD-5); EE (%) entre 14.01 (Premium) a 5.48 (STD-3); FDN (%) entre 12.44 (STD-4) a 10.19 (STD-3); cenizas (%) entre 11.15 (STD-4) a 4.17 (STD-3) y FC (%) entre 4.11 (Premium) a 2.43 (STD-3).
El análisis proximal evidenció una marcada variabilidad en la composición nutricional de los diferentes alimentos muestreados y sugiere una falta de estandarización en la formulación de estas dietas. Los valores de proteína son amplios y únicamente el alimento clasificado como Premium alcanzó niveles a los requerimientos recomendados para gallos en combate y sementales (16 a 17% PC), en tanto que los cuatro alimentos restantes se encontraron por debajo del mínimo sugerido para mantenimiento y entrenamiento, establecido alrededor del 12% de PC.
Es importante resaltar que la baja concentración de proteína encontrada en la mayoría de los alimentos puede comprometer procesos fisiológicos, tales como, mantenimiento de la masa muscular, regeneración tisular posterior al ejercicio y la calidad del plumaje. De acuerdo con Mindiola (2022), una ingesta proteica insuficiente reduce la eficiencia en la síntesis de tejidos y favorece el catabolismo muscular, lo cual resulta perjudicial en aves sometidas a entrenamientos intensos o a competencia.
Asimismo, Ballinas et al. (2023), reportan que dietas deficientes en proteína se vinculan con retraso en el crecimiento, debilidad general y disminución del rendimiento productivo. En contraste, los valores de extracto etéreo (EE) encontrados fueron superiores a los recomendados cuando la literatura señala que las dietas para gallos de combate no deberían exceder el 4% de grasa en la mayoría de las etapas fisiológicas (Castro, 2021). Ante esto, cabe indicar que, este exceso energético sin un balance adecuado de proteína puede inducir acumulación de grasa corporal y hepática.

Mindiola (2022) describe que las dietas hipercalóricas favorecen la aparición de lipidosis hepática, condición que afecta el metabolismo energético, disminuye la resistencia física y puede ocasionar alteraciones reproductivas. Respecto al contenido de FDN, se consideran moderados y compatibles con dietas a base de granos; no obstante, Abdurrahaman et al. (2022), indican que un incremento excesivo de la fracción fibrosa reduce la digestibilidad de los nutrientes, principalmente, de la proteína y energía, lo que podría agravar aún más los efectos de las dietas ya deficientes en PC.
En este contexto, la FC no compensa las deficiencias proteicas ni corrige el desbalance energético observado. El contenido de cenizas sugiere diferencias importantes en la cantidad de minerales presentes en los alimentos balanceados. Candela (2024), señala que el desequilibrio en minerales, principalmente en calcio, fósforo y oligoelementos, pueden predisponer a alteraciones óseas y neuromusculares, por ejemplo, raquitismo, perosis y debilidad en extremidades, las cuales son patologías descritas en aves con dietas mal formuladas.
De esta forma, los resultados presentados coinciden con lo reportado por Castro (2021), quien menciona que muchos alimentos destinados a gallos de combate en mercados locales se formulan empíricamente, sin respaldo técnico ni ajuste a los requerimientos específicos de estas aves. Por ende, dicha situación incrementa el riesgo de deficiencias y excesos nutricionales, con manifestaciones clínicas que incluyen alteraciones hepáticas, problemas locomotores, menor resistencia al entrenamiento y mayor susceptibilidad a enfermedades.
Dicho esto, los hallazgos obtenidos evidencian que la mayoría de los alimentos comerciales evaluados no garantizan un aporte nutrimental adecuado para gallos de combate, situación que refuerza la necesidad de formular dietas con base científica y promover la asesoría profesional en nutrición aviar. Se concluye que se encontraron una amplia variación de nutrientes en los alimentos distribuidos, y solamente el alimento Premium se compara a los requerimientos reportados para gallos de combate, mientras que los alimentos elaborados en la región bajo estudio, no llenan los requerimientos mínimos de proteína para gallos en combate (16% PC), sementales (17% PC) y todos los casos la grasa (EE) fue superior al requerimiento nutricional de las razas, hay un desbalance nutricional que pondría en riesgo el desempeño del ave.
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Artículo publicado “Los Avicultores y su Entorno Agosto Septiembre 2026“









