Dr. Jorge Francisco Monroy López
Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública. FMVZ-UNAM
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En los años noventa, estaba buscando un tema de tesis para mi maestría. En esa época mi tutor era el Dr. Carlos Rosales, conocido epidemiólogo y profesor de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM.

A él lo habían llamado para resolver un brote de enfermedad de Aujeszky que se había presentado en unas granjas en el noroeste del país y, como recién había adquirido yo algo de habilidad con el manejo de un programa de cómputo que hacía unas gráficas hermosas, me invitó a que analizáramos la información que tenía y le diéramos forma al montón de datos que le enviaron.

Fue un brote muy interesante, en el que una inundación parecía haber jugado un papel fundamental en su presentación, sumado a algunos otros factores.

La norma oficial estaba apenas por publicarse y se desconocía mucho de esta enfermedad que producía lo mismo abortos, mortinatos y momias en las hembras gestantes, que un cuadro nervioso y respiratorio en cerdos en desarrollo, con alta mortalidad en lechones.

Artículo publicado en Los Porcicultores y su Entorno Marzo-Abril 2020

En este brote, ocurrido en una zona supuestamente libre de Aujeszky, parece haber estado involucrada una vacunación ilegal, además de los factores climáticos y deficiencias en la bioseguridad, generadas por un exceso de confianza en la regionalización y los controles de movilización.

Un par de décadas después, México logró erradicar esta enfermedad y desde hace unos años, tras inmensos esfuerzos de productores, veterinarios y autoridades, se suspendieron las actividades de campaña.

Sin embargo, recientemente han surgido brotes aislados de enfermedad de Aujeszky en ciertas zonas del país, principalmente en pequeñas unidades productivas.

La pregunta que surge es ¿por qué?

Y la respuesta es compleja. Entre otros aspectos, la campaña se enfocó en una sola especie, los cerdos, y básicamente aquellos producidos en unidades productivas tecnificadas. Pero, ¿Y el traspatio? ¿Y las otras especies susceptibles: vacas, caballos, perros y gatos, que también pueden presentar un cuadro nervioso y morir?

A pesar de que se les integró a los pequeños y medianos productores a las actividades de campaña, hay una enorme cantidad de productores de cerdo para autoconsumo que nunca participaron en ellas. Esto, sumado al hecho de que, al suspenderse la norma de Fiebre Porcina Clásica, se eliminó la regionalización y, por lo tanto, el control de la movilización de cerdos y sus productos, facilitó el libre tránsito y, por lo tanto, la potencial diseminación de cualquier enfermedad.

Estamos ante una amenaza inminente de ingreso de una enfermedad exótica, la Peste Porcina Africana, la cual, en términos de devastación, tiene un potencial mucho más elevado que nuestras viejas conocidas, enfermedad de Aujeszky y Fiebre Porcina Clásica, a las cuales, con años de esfuerzo, logramos erradicar y, pese a ello, aún surgen pequeños brotes por ahí.

Quizás es tiempo de revisar nuestra historia y de aprender del pasado, para construir un futuro sólido para la porcicultura y, de hecho, para la ganadería nacional.

Artículo pubicado en Los Porcicultores y su Entorno Marzo Abril 2020

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