Del silencio a la visibilidad

  • Retos de imagen y comunicación del sector porcino en 2025

Gemma Ticó Gil.
Veterinaria especializada en sector porcino y comunicación reputacional.

  1. Introducción: un sector que alimenta, pero no comunica

¿Sabías que la porcicultura mexicana es el octavo productor mundial de carne de cerdo y un motor económico en estados como Jalisco, Sonora, Puebla o Yucatán? No solo genera miles de empleos rurales, sino que también forma parte de la identidad cultural del país: de las carnitas al chicharrón, pasando por la cochinita pibil. Y, sin embargo, cuando preguntas fuera del sector, lo que más escuchas son prejuicios, noticias negativas o, peor aún, silencio.

El problema no es lo que hacemos. El problema es que no lo contamos. Y ya es hora de hablar claro, con orgullo y con estrategia. Quédate conmigo porque vamos a ver cómo podemos darle la vuelta a esta historia.

La porcicultura es mucho más que producción de carne. Es tecnología, ciencia, compromiso con el bienestar animal y una actividad que sostiene comunidades enteras. Pero la narrativa dominante rara vez refleja esta realidad. ¿Por qué? Porque no hemos sabido conquistar el espacio comunicativo. Hemos confiado en que “el buen trabajo habla por sí mismo”. Pero la verdad es que, si no se cuenta, no existe.

Y mientras hemos callado, otros han hablado: plataformas críticas con la ganadería, movimientos que buscan polarizar el debate, medios que priorizan lo sensacionalista. Así, la balanza se inclina en su favor porque han aprendido a jugar mejor el partido de la comunicación. Y nosotros seguimos, en demasiadas ocasiones, en la grada.

Por tanto, en 2025, el mayor reto del porcino no es técnico ni sanitario: es comunicacional. Necesitamos una narrativa propia, actualizada, inclusiva y emocional que conecte con las nuevas generaciones, los medios y la opinión pública. Y para lograrlo, primero debemos entender qué estamos haciendo mal, dónde están nuestras brechas, y qué podemos hacer desde ya para revertirlas.

  1. ¿Por qué el porcino sigue teniendo “mala prensa”?

La respuesta no es única, pero se puede resumir en una idea clave: el porcino ha trabajado mucho, pero ha comunicado poco.

Frente a eso, movimientos animalistas, ecologistas radicales o plataformas antiganaderas han logrado posicionarse con mensajes sencillos, emocionales y visualmente potentes. El relato del “sufrimiento animal”, la “industria contaminante” o el “modelo insostenible” ha calado porque ha ocupado el espacio que el sector dejó vacío.

Esta es la pregunta que más nos duele, pero también la que más necesitamos responder con honestidad.

Durante años, los avances del sector han sido enormes: reducción del uso de antibióticos, programas de bienestar animal, trazabilidad en cada etapa de la cadena, economía circular en el manejo de purines, bioseguridad de primer nivel, uso de energías renovables en granjas… La lista es larga. Y, sin embargo, si preguntas a pie de calle en Ciudad de México o Monterrey, ¿qué imagen aparece?

La de un sector opaco, asociado a contaminación, a sufrimiento animal, a un modelo “industrial” desvinculado de la realidad social. El contraste entre lo que hacemos y lo que la gente percibe es brutal.

¿Por qué? Porque no basta con tener datos y cifras. Si no se transforman en historias que emocionen, se quedan en un cajón. Mientras tanto, los discursos críticos llegan con videos virales, mensajes simples y un lenguaje emocional que conecta rápido. Ahí está la diferencia.

La sociedad no juzga tanto lo que hacemos, sino lo que entiende de lo que hacemos.

Además, hemos cometido errores. Nos hemos centrado en discursos defensivos, con tecnicismos y gráficos incomprensibles para el ciudadano medio. Hemos hablado “de dentro para dentro”, olvidando que nuestro verdadero interlocutor es alguien que nunca ha pisado una granja. Ese lenguaje nos hace sonar lejanos, fríos y, en ocasiones, corporativos.

Y hay otro punto: hemos reaccionado solo en crisis. Cuando aparece un caso mediático, nos lanzamos a dar explicaciones, a menudo tarde y mal. Pero la reputación no se construye en crisis, se construye en el día a día. Necesitamos dejar de ser reactivos y empezar a ser proactivos.

El resultado: un gap reputacional que no se corresponde con la realidad del sector y que pone en riesgo su aceptación social y, por tanto, su futuro.

  1. Estudiantes que no se ven en el campo: el espejo roto de la profesión

La percepción pública de la ganadería también influye en quienes podrían ser sus profesionales. En el artículo publicado en VetRecord titulado “Farm animal careos and percepción of “fit” in undergraduate veterinary students: A mixed methods study”, se muestra un dato revelador: solo el 30% de los estudiantes de veterinaria en facultades del Reino Unido e Irlanda se sienten capaces de seguir una carrera profesional ligada a la producción animal. Entre mujeres y personas de entornos urbanos, esa cifra cae de forma drástica.

Y aunque el dato provenga de Europa, no es ajeno a México. Pregunta en la UNAM, en la Universidad Autónoma de Chapingo o en la Autónoma de Nuevo León, y verás que la tendencia es parecida: muchos estudiantes no visualizan su futuro en la porcicultura.

Las razones son complejas, pero tienen patrones claros: falta de referentes inspiradores, desconocimiento del funcionamiento real de una granja moderna, prejuicios sociales sobre el trabajo en producción animal y escasa valoración pública de la veterinaria ganadera frente a otras salidas como la clínica de mascotas.

El resultado es un vacío generacional que amenaza el futuro del sector. Si los jóvenes no se ven dentro, ¿quién ocupará su lugar? Aquí la comunicación juega un papel decisivo: necesitamos mostrarles lo que de verdad hacemos y darles motivos para sentirse orgullosos.

Si las nuevas generaciones no se visualizan trabajando en el campo, el sector se enfrenta a un problema estructural de renovación profesional. Y aquí la comunicación juega un papel crucial: contar historias reales, mostrar la ciencia y la tecnología que hay detrás de una granja, y crear vínculos emocionales entre el bienestar animal, la sostenibilidad y la acción veterinaria.

  1. Reputación, comunicación y redes: la teoría que necesitamos aplicar

Hasta aquí hemos visto síntomas y consecuencias. Pero demos un paso atrás y hablemos de lo esencial: ¿qué es la reputación y cómo se construye?

La reputación no es lo que decimos de nosotros mismos, sino lo que la sociedad cree de lo que hacemos. Se alimenta de percepciones, conversaciones, noticias y experiencias. Y se destruye en segundos si no existe confianza.

Para gestionarla, necesitamos entender cuatro piezas fundamentales:

  1. El mensaje: debe ser claro, coherente y con un objetivo definido. No se trata de hablar de todo, sino de hablar bien de lo que importa: sostenibilidad, seguridad alimentaria, empleo rural, innovación tecnológica, bienestar animal.
  2. Los públicos: no comunicamos igual a consumidores urbanos, a estudiantes universitarios, a decisores políticos o a nuestros propios trabajadores. Identificar a quién hablamos es tan importante como qué decimos.
  3. Los canales: hoy ya no basta con la comunicación tradicional. La televisión y la radio siguen siendo relevantes, pero las redes sociales son el espacio donde se decide la narrativa. TikTok, Instagram y YouTube dominan en los jóvenes; LinkedIn y Twitter (X) en los profesionales; WhatsApp en la conversación cotidiana.
  4. Las tendencias digitales: en 2025 las claves son claras:
    • Videos cortos y dinámicos como herramienta principal de conexión.
    • Humanización de las marcas: las personas confían más en rostros reales que en instituciones.
    • Transparencia y trazabilidad: enseñar procesos, no solo resultados.
    • Microinfluencers sectoriales: perfiles pequeños pero creíbles que llegan mejor a nichos especí
    • Comunicación de crisis: prepararse antes, tener protocolos y portavoces entrenados. Porque cuando llega el problema, ya es tarde para improvisar.

Reputación es confianza. Y la confianza se construye con mensajes claros, públicos bien definidos, canales adecuados y un estilo comunicativo adaptado a las tendencias actuales.

  1. El reto de la inclusión: mujeres, diversidad y sostenibilidad social

Históricamente, la ganadería se ha asociado a un perfil masculino, rudo, de esfuerzo físico y sacrificio personal. Este estereotipo, todavía presente en el imaginario colectivo, dificulta la incorporación de mujeres, profesionales urbanos o personas de diversos orígenes al sector.

Sin embargo, la realidad ha cambiado. Hoy, muchas de las labores en granja están automatizadas, existen turnos organizados, tecnologías que mejoran la ergonomía laboral y nuevas formas de trabajo que permiten mayor conciliación. Pero si no se comunica, el cambio no llega al imaginario social.

El sector necesita incorporar una mirada de género y diversidad no solo como parte de su responsabilidad social, sino como estrategia de competitividad. Empresas que integran equipos diversos tienden a innovar más, adaptarse mejor a los cambios del mercado y conectar con una base social más amplia.

Esto implica también formar a los mandos medios en liderazgo inclusivo, revisar procesos de selección, abrir espacios para el desarrollo profesional de mujeres en producción animal, y sobre todo: contarlo.

  1. Comunicar o desaparecer: redes sociales, vocería y narrativa

Vivimos en la era de la atención. Quien no está en redes, no existe. Y quien no genera contenido, cede su espacio narrativo a otros. En ese sentido, el sector porcino está obligado a profesionalizar su comunicación digital.

Ya no basta con publicar notas técnicas o comunicados corporativos. Se trata de generar una narrativa emocional, cercana, veraz y constante. Mostrar qué ocurre en una granja, cómo viven los animales, quién está detrás de la producción y por qué es una actividad valiosa para la sociedad.

Aquí, los embajadores del sector son clave. Veterinarios, estudiantes, zootecnistas, operarios, gerentes, investigadores… todas esas voces deben estar formadas en comunicación, perder el miedo a la exposición pública y tener respaldo institucional. Iniciativas como Porcidivulgas en España o Agroinfluencers en Latinoamérica demuestran que es posible influir desde la autenticidad, sin perder rigor.

Personas reales, con rostro y voz, que muestren el día a día de la producción porcina en México. No hablamos de portavoces institucionales, sino de porcicultores, veterinarios, técnicos y estudiantes que cuenten en primera persona qué hacen, cómo lo hacen y por qué es valioso.

El consumidor mexicano quiere cercanía y autenticidad. Por eso, las historias de quienes trabajan directamente en el porcino tienen mucho más poder que cualquier comunicado oficial.

Ejemplo inspirador: Imagina un estudiante mostrando en TikTok cómo funciona un sistema de bienestar animal en una granja de Yucatán. Ese video puede tener más impacto que cien notas de prensa.

No se trata de convertirnos en influencers por moda. Se trata de ocupar nuestro espacio narrativo, de evitar que otros hablen por nosotros. Y sí, eso significa perder el miedo a la cámara o al micrófono. Pero también significa ganar voz, reputación y confianza social.

  1. Las universidades y los estudiantes: una oportunidad de cambio

El cambio narrativo debe empezar desde la base. Las facultades de veterinaria, agronomía y zootecnia tienen un papel clave en esta transformación cultural. Incluir formación en comunicación estratégica, alfabetización digital, ética del discurso público y construcción de reputación sectorial es ya una prioridad.

Asimismo, los estudiantes deben ser parte activa del relato. Quieren implicarse, tienen ideas frescas, dominan los lenguajes digitales y pueden ser excelentes embajadores si se les orienta. Concursos de divulgación, pódcast universitarios, proyectos de extensión rural o campañas digitales lideradas por alumnos son formas concretas de empoderarlos y vincularlos al futuro del porcino.

Porque si logramos que un estudiante se sienta orgulloso de trabajar en producción animal y sepa comunicarlo, habremos ganado un aliado para toda la vida.

  1. Conclusión: una nueva narrativa para un nuevo ciclo

La porcicultura mexicana ya ha demostrado que sabe adaptarse a retos productivos, comerciales y sanitarios. Ahora el reto es comunicacional.

No basta con producir bien. Hay que contarlo bien. Con verdad, con pasión y con estrategia.

Para ello, necesitamos valentía institucional, inversión en formación comunicativa, apertura a nuevos perfiles y una narrativa que no solo informe, sino que inspire.

Porque no basta con producir bien. Hay que contarlo bien. Con verdad, con pasión y con estrategia.

El futuro de la porcicultura mexicana no se juega solo en las granjas. Se juega en las redes, en los medios, en las universidades y en cada conversación cotidiana sobre lo que comemos y cómo lo producimos.

¡Es hora de alzar la voz y ocupar nuestro lugar en el relato!

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