Las granjas porcícolas deben contar con protocolos de bioseguridad

Redacción BM Editores.

Cada granja o sistema de producción debe contar con protocolos de bioseguridad en formatos escritos y digitales; se debe proveer una apropiada educación, capacitación, y utilizar estrategias que permitan el estricto cumplimiento para que todo el personal dentro y fuera de las instalaciones estén plenamente capacitados e informados para aplicar puntualmente las medidas requeridas y cada colaborador debe revisar, entender y seguir los protocolos que correspondan a sus respectivas responsabilidades.

Lo anterior fue planteado por el MVZ Iván Espinosa, presidente Ejecutivo de la Organización de Porcicultores Mexicanos (OPORMEX) y por el MVZ Joaquín Becerril, en el marco de su participación en la 33ª Reunión Anual del Consejo Técnico Consultivo Nacional de Sanidad Animal, celebrado en la capital de Chihuahua.

El MVZ Espinosa presentó la ponencia “Estándar Nacional de Bioseguridad”, en la que destacó que también se requiere una efectiva estrategia de comunicación y discusión entre todos los participantes del sector porcícola, ya que la transmisión de patógenos puede ser un problema regional que requerirá la colaboración de acciones que deriven en una efectiva red de comunicación entre todos los participantes de los diferentes sistemas de producción.

También planteó monitoreos efectivos del estatus de salud de una granja o sistema de producción, soportados por planes de bioseguridad, que hayan sido elaborados por expertos internos y externos, además de programas de aseguramiento de la salud con una inversión sólida para proteger el patrimonio de los productores y mantener esas fuentes de empleo.

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En el tema de la regionalización señaló que un paso inicial sería elaborar la geo-ubicación de cada una de las Unidades de Producción Porcina (UPP) que se encuentren en cada municipio y entidad geográfica, para determinar la conveniencia de si se agrupan como núcleos (clústeres), y así iniciar programas locales, regionales y estatales de bioseguridad.

Para ello, dijo, hay que aprovechar cada una de las herramientas tecnológicas disponibles y cuando sea posible, utilizar los avanzados programas y softwares disponibles para el control de los procesos de bioseguridad de cada UPP.

También comentó que es necesario conocer a plenitud cada una de las Normas Oficiales vigentes, así como la Ley Federal de Salud Animal (LFSA) y su Reglamento para siempre estar cumpliendo lo ahí establecido y revisar esos documentos para determinar la conveniencia de proponer cambios, como pudiera ser lo relacionado con la ubicación de nuevas UPP en lo que respecta a su distancia; se considerará la conveniencia de preparar información impresa y en medios electrónicos para educar sobre la importancia del cumplimiento cabal de esas Normas.

Dentro de su participación en este evento, presentó la propuesta inicial del Estándar Nacional de Bioseguridad (ENB), en la que destacó que el objetivo general es colaborar con el sector porcícola para identificar y aplicar las bases científicas y técnicas relacionadas con la bioexclusión, la biocontención y la biogestión de los patógenos y zoonosis que afectan a los cerdos en cualquier sistema de producción del país.

Los objetivos generales, dijo, es contribuir para el desarrollo y aplicación de las mejores prácticas de manejo en bioseguridad para cada tipo de granja y sistema de producción; elaborar un estándar complementario a otras propuestas oficiales y particulares que son necesarias para mantener la salud de la piara nacional, y que incluyan programas de trazabilidad, vigilancia epidemiológica y legislaciones regionales así como nacional y ofrecer un estándar nacional voluntario que dé recomendaciones, provea prácticas comprensibles sobre bioseguridad, para todos los participantes del sector porcícola.

Finalmente, dentro de su ponencia describió la bioseguridad como medidas y procedimientos necesarios para proteger una población contra la introducción y diseminación de patógenos. Los expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) la definen como: “la implementación de medidas que reducen el riesgo de la introducción y diseminación de agentes infecciosos”.

Esto requiere la adopción de actitudes y conductas por la gente para reducir el riesgo en todas las actividades que se relacionan con animales domésticos, animales silvestres y sus productos”. Una estrategia de bioseguridad se implementa para lograr tres objetivos estratégicos: bioexclusión o bioseguridad externa; biogestión o bioseguridad interna y biocontención.

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