Bases fisiológicas y productivas del vínculo materno, el calostrado y el amamantamiento en búfalos de agua

Agustín Orihuela
Fabio Napolitano
Aldo Bertoni
Adolfo Álvarez-Macías
Daniela Rodríguez-González
Daniel Mota-Rojas.

INTRODUCCIÓN

La producción de búfalos de agua (Bubalus bubalis) de doble propósito en el trópico húmedo se ha consolidado como una alternativa estratégica para incrementar la oferta de alimentos en contextos de alta presión ambiental, variabilidad climática y limitaciones en la calidad de los recursos forrajeros. En estas condiciones, las búfalas muestran lactancias promedio cercanas a los 240 días, con producciones de alrededor de 5.4 L/día y aproximadamente 1300 L por lactancia destinados al mercado, dado que una parte importante del volumen lácteo se reserva al bucerro (Hernández-Herrera et al., 2018; Gutiérrez-Valencia et al., 2006; Vázquez-Luna et al., 2020; Bertoni et al., 2022a,b). En sistemas con mayor grado de intensificación, se han reportado lactancias desde 1500 hasta más de 4000 L, lo que evidencia el potencial productivo de la especie y, al mismo tiempo, la necesidad de realizar análisis finos de costo–beneficio para evitar que la intensificación comprometa la rentabilidad y la sostenibilidad (Acosta-Alba et al., 2012; Zicarelli, 2020; Bertoni et al., 2019b; Mota-Rojas 2024a,b).

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Figura 1. La relación entre la búfala y su cría se vuelve un eje central no sólo desde la perspectiva del bienestar animal, sino también como factor modulador de la eficiencia productiva.

El establecimiento temprano del vínculo madre– cría, la impronta sensorial y el acceso oportuno al calostro determinan la supervivencia neonatal, el desarrollo inmunitario y el desempeño posterior de los bucerros (Mora-Medina et al., 2018b; Mota-Rojas et al., 2019; Orihuela et al., 2020). Durante las primeras horas postparto, la proximidad física, el lamido, la succión inicial y la activación de vías neuroendocrinas asociadas a la liberación de oxitocina contribuyen tanto al reconocimiento recíproco como a la puesta en marcha de la lactación funcional (Lanzoni et al., 2021; Orihuela et al., 2021; Mota-Rojas et al., 2024a). De manera paralela, la alta concentración de inmunoglobulinas, células inmunitarias y compuestos bioactivos del calostro de búfala confiere una ventaja inmunológica significativa frente a otros rumiantes, siempre que su manejo garantice un consumo temprano y suficiente (Dang et al., 2009; Abd El-Fattah et al., 2012; Coroian et al., 2013; Napolitano et al., 2022a,d).

El manejo del ordeño en sistemas de doble propósito introduce un segundo nivel de complejidad. En la búfala, la mayor parte de la leche se almacena en el compartimento alveolar y su eyección depende de una adecuada estimulación somatosensorial de la ubre y de la liberación de oxitocina endógena (Bidarimath y Aggarwal, 2007; Espinosa et al., 2011; Napolitano et al., 2020c). Allí donde la presencia del bucerro se reduce o se limita -como ocurre con la implementación de ordeño mecánico- se ha recurrido al uso de oxitocina exógena para asegurar la bajada de la leche y reducir problemas mastíticos (Bertoni et al., 2022b). Sin embargo, su aplicación rutinaria se ha asociado con alteraciones en la composición mineral de la leche y con efectos adversos sobre la dinámica reproductiva, como la prolongación del anestro posparto (García et al., 2020; Kumar et al., 2018; Faraz et al., 2021). Estos hallazgos obligan a replantear los protocolos de ordeño bajo un enfoque que integre productividad, fisiología mamaria y salud reproductiva.

Adicionalmente, la práctica de aloamamantamiento -entendida como la lactancia de crías no filiales- introduce oportunidades y riesgos desde el punto de vista zootécnico. En búfalos se han descrito distintos patrones de amamantamiento comunal, con variabilidad en la frecuencia de episodios y en las estrategias empleadas por las crías para acceder a leche de otras hembras (Murphey et al., 1991, 1995; Mandella-Oliveira et al., 2010; Mota-Rojas et al., 2024a). Desde la perspectiva de los bucerros, el aloamamantamiento puede mejorar la disponibilidad de nutrientes y ampliar el repertorio de anticuerpos e inmunoglobulinas ingeridos (Da Costa et al., 2000; Roulin y Heeb, 1999; Mota-Rojas et al., 2023), mientras que para las madres podría representar una vía para evacuar leche excedente en animales de alta producción (Oliveira et al., 2017). No obstante, este comportamiento también se asocia con un mayor riesgo de transmisión de enfermedades, como la paratuberculosis, a través de la leche y el contacto cercano entre crías y nodrizas (Dalto et al., 2012; Mota-Rojas et al., 2019; Mota-Rojas et al., 2024a).

Para profundizar en temas relacionados con los búfalos de agua, le sugerimos consultar el siguiente enlace.

www.mdpi.com/journal/animals/special_issues/ LK8K4GP4Y3

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Figura 2. El desempeño productivo por lactancia y el destino de las crías en los sistemas bufalinos de doble propósito no pueden entenderse aisladamente de los procesos biológicos que regulan la formación del vínculo madre–cría, la fisiología del calostrado, la neuroendocrinología de la eyección láctea y la dinámica del aloamamantamiento.

Profundizar en estos procesos bajo condiciones de trópico húmedo resulta crucial para optimizar la productividad láctea y cárnica, mejorar los indicadores sanitarios y de bienestar, y reforzar la sostenibilidad económica y ambiental de la producción de búfalos de agua. En este marco, el presente trabajo analiza de manera integrada la interacción madre–cría, el manejo del calostrado, las estrategias de ordeño y el aloamamantamiento, enfatizando sus implicaciones zootécnicas y de sostenibilidad en sistemas de doble propósito.

PRODUCTIVIDAD LÁCTEA

En los hatos bufalinos de doble propósito establecidos en el trópico húmedo, la fase de lactancia suele extenderse alrededor de 240 días, con promedios cercanos a 5.4 L/búfala/día y volúmenes comerciales aproximados de 1300 L por lactancia, una vez descontada la fracción destinada al bucerro (Hernández- Herrera et al., 2018; Gutiérrez-Valencia et al., 2006; Vázquez-Luna et al., 2020; Bertoni et al., 2022a,b). En esquemas más tecnificados, como algunos descritos en Brasil, los niveles de producción por lactancia pueden oscilar entre 1500 y 4500 L, en función del grado de intensificación y del manejo alimenticio (Gutiérrez-Valencia et al., 2006).

Estas diferencias reflejan la importancia de analizar con detalle la relación costo–beneficio de la intensificación, sobre todo en escenarios donde el precio de los insumos se incrementa rápidamente. De forma complementaria, los bucerros machos representan una fuente relevante de ingreso para la unidad productiva, pues se comercializan al destete, en fases intermedias de engorda o tras periodos de ceba más prolongados, de acuerdo con la disponibilidad de forraje y el comportamiento de los precios relativos de la carne y la leche. Cuando el mercado de la carne se muestra deprimido, suele privilegiarse la producción láctea y se reducen los programas de engorda; a la inversa, cuando la leche se paga a valores poco competitivos, se incrementa la salida de animales para abasto.

Esta capacidad de alternar el énfasis entre carne y leche constituye uno de los atributos centrales de los sistemas de doble propósito, y les permite ajustarse de manera dinámica a las señales del mercado (Acosta- Alba et al., 2012; Bertoni et al., 2019b; Zicarelli, 2020; Bertoni et al., 2021, 2022).

INTERACCIÓN MADRE-CRÍA EN EL ÁREA DE MATERNIDAD

Finalizada la expulsión del feto, el primer paso en la sala de maternidad consiste en evaluar la viabilidad del bucerro. Para ello, el personal observa si existe movimiento de las extremidades y expansión torácica que confirmen una respiración efectiva. En ausencia de actividad evidente, se ingresa con cautela al corral para valorar si la cría requiere maniobras de reanimación o, en el peor de los casos, corroborar su muerte. De manera simultánea, se registra el comportamiento maternal de la búfala. Se considera deseable que permanezca cercana al neonato, lo lama, retire las membranas fetales y estimule físicamente a la cría. Cuando la hembra se aparta, muestra rechazo, el bucerro no es capaz de mantenerse en pie o no se logra el amamantamiento espontáneo, el personal interviene para favorecer el contacto estrecho, la proximidad y la succión. Si el rechazo se mantiene, la cría suele integrarse a esquemas de crianza comunal con hembras nodrizas.

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Figura 3. No obstante, desde el punto de vista productivo y sanitario, las primeras horas de vida son críticas: fomentar el vínculo estrecho madre-cría y asegurar un inicio temprano de la succión son aspectos fundamentales para activar la cascada neuroendocrina asociada a la bajada de la leche y, al mismo tiempo, facilitar la incorporación de la unidad búfala–bucerro a los sistemas de ordeño propios de las unidades de producción.

IMPRONTA E INTEGRACIÓN SENSORIAL:

bases neurofisiológicas del vínculo madre-cría Tras el nacimiento, la madre constituye el principal referente social del bucerro y su fuente primaria de aprendizaje sobre el entorno. Por medio de la interacción con la búfala, la cría adquiere patrones de comportamiento y claves del ambiente físico y social que resultan decisivos para su supervivencia y desarrollo (Mora-Medina et al., 2018b; Mota-Rojas et al., 2024a). En sistemas de pastoreo con potreros extensos y alta densidad de animales, un vínculo sólido madrecría disminuye el riesgo de separación y favorece el cuidado materno, con impacto directo en las tasas de supervivencia (Bertoni et al., 2019a; Orihuela et al., 2020; Mota-Rojas et al., 2024a; Orihuela et al., 2023).

Este proceso temprano de aprendizaje se denomina impronta y se basa en la integración de múltiples estímulos sensoriales -olfativos, visuales, táctiles, auditivos y gustativos- que permiten el reconocimiento mutuo entre la hembra y el bucerro (Mora-Medina et al., 2018b; Mota-Rojas et al., 2024a; Orihuela et al., 2023). En el búfalo de agua, el olfato y la visión se consideran particularmente relevantes en esta fase (Orihuela et al., 2020). La impronta se inicia ya durante la fase expulsiva, cuando el feto atraviesa el canal cervicovaginal. La distensión y el estímulo de los mecanorreceptores de esta región generan impulsos que viajan hacia la médula espinal y luego a núcleos hipotalámicos como el paraventricular (PVN) y el supraóptico (SON), lo que induce la liberación de oxitocina por la neurohipófisis (Mota-Rojas et al., 2019; Orihuela et al., 2020).

La oxitocina, además de reforzar las contracciones uterinas, actúa como neurotransmisor en el bulbo olfatorio y favorece la secreción de dopamina, facilitando así el reconocimiento sensorial de la cría (Orihuela et al., 2021; Orihuela et al., 2023; Orihuela et al., 2024; Mota-Rojas et al., 2024b). En búfalas de agua, el lamido intenso de la cría durante las primeras seis horas postparto se ha descrito como una conducta típica del periodo neonatal. Esta acción supone una estimulación táctil y gustativa intensa, refuerza el comportamiento maternal y contribuye a que el bucerro se incorpore, localice la ubre y comience a succionar, asegurando de esta manera la ingesta de nutrientes y de inmunoglobulinas colostrales (Lanzoni et al., 2021; Orihuela et al., 2023; Orihuela et al., 2024; Mota-Rojas et al., 2024b). La presencia física del bucerro y la estimulación de la ubre son requisitos clave para la liberación de oxitocina y la adecuada eyección de la leche (Mora-Medina et al., 2018b; Mota-Rojas et al., 2018b; Orihuela et al., 2020).

En el ámbito olfativo, la mucosa olfatoria y el órgano vomeronasal detectan las moléculas químicas presentes en el líquido amniótico y en las secreciones de la cría a través de receptores acoplados a proteínas G (Mota-Rojas et al., 2018b; Orihuela et al., 2020). Las neuronas sensoriales de ambos órganos proyectan hacia el bulbo olfatorio, donde se procesa la “huella odorífica”, y desde allí la información es enviada al PVN y al SON, núcleos en los que se sintetiza y libera oxitocina (Mora-Medina et al., 2018b; Orihuela et al., 2023; Orihuela et al., 2024; Mota-Rojas et al., 2024b). Estas señales alcanzan también estructuras del sistema límbico. El hipocampo participa en el almacenamiento de la información asociada a los estímulos olfativos, mientras que la amígdala medial contribuye a generar respuestas emocionales ligadas al reconocimiento materno, al apego con la cría y a funciones reproductivas (Orihuela et al., 2021).

En la vía visual, la retina conduce la señal a través del nervio óptico hasta el lóbulo occipital y el núcleo geniculado lateral; posteriormente, la información es procesada en la corteza visual, donde se decodifican características como forma y movimiento (Orihuela et al., 2021). No obstante, en el búfalo, el reconocimiento definitivo de la cría se apoya principalmente en las claves olfativas, mientras que visión y audición actúan como vías de soporte (Orihuela et al., 2020; Orihuela et al., 2023; Orihuela et al., 2024; Mota-Rojas et al., 2024b).

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Figura 4. Después del nacimiento, la madre constituye el principal referente social del bucerro y su fuente primaria de aprendizaje sobre el entorno. Por medio de la interacción con la búfala, la cría adquiere patrones de comportamiento y claves del ambiente físico y social que resultan decisivos para su supervivencia y desarrollo (Mora-Medina et al., 2018b; Mota-Rojas et al., 2024a).

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Figura 5. En la comunicación auditiva, la madre y el bucerro intercambian vocalizaciones que son integradas por el tálamo, el PVN y la corteza auditiva, generando respuestas coordinadas que consolidan el reconocimiento recíproco (Orihuela et al., 2021). A través de todas estas rutas sensoriales, la oxitocina y la dopamina se consideran los ejes endocrinos centrales para la expresión plena del comportamiento maternal y la consolidación de la impronta en los bucerros (Orihuela et al., 2020)

CARACTERÍSTICAS DEL CALOSTRO DE BÚFALA Y RELEVANCIA INMUNOLÓGICA

El calostro es la secreción mamaria producida en el entorno del parto que concentra grasas, proteínas, inmunoglobulinas y otros componentes de origen sérico (Foley y Otterby, 1978). Una adecuada gestión del calostrado se reconoce como un factor determinante para la salud y la viabilidad de los neonatos (Godden, 2008; Napolitano et al., 2022a). Comparado con el calostro bovino, el calostro de búfala presenta mayores contenidos de grasa, lactosa, cenizas, vitamina E, sólidos totales, fósforo y factor de crecimiento insulinoide tipo 1 (IGF-1) (Abd El-Fattah et al., 2012).

En búfalas Murrah se ha descrito que los macrófagos son los leucocitos predominantes, seguidos por linfocitos y neutrófilos; la actividad fagocítica puede aproximarse al 23% al parto y descender a alrededor del 14% hacia el quinto día postparto (Dang et al., 2009). La ventana de tiempo para aprovechar estas ventajas es reducida: a medida que avanzan los días postparto, se observa un descenso en las concentraciones de inmunoglobulinas (IgA, IgM), en el conteo de células somáticas y en variables antioxidantes, como la capacidad equivalente a Trolox y la actividad captadora de radicales (Dang et al., 2009; Coroian et al., 2013; Qureshi et al., 2020).

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Figura 6. En los bucerros recién nacidos, el abomaso es la única cámara funcional del estómago, por lo que el calostro constituye no sólo la principal fuente de energía, vitaminas, grasas y proteínas, sino también el medio a través del cual se transfiere inmunidad pasiva vía anticuerpos e inmunoglobulinas (Coroian et al., 2013; Martin et al., 2021; Stockler y Chamorro, 2021; Napolitano et al., 2022a,d).

ESTRATEGIAS DE MANEJO DEL CALOSTRADO Y ESQUEMAS DE AMAMANTAMIENTO COMUNAL

En las unidades de producción bufalina del trópico húmedo mexicano, la práctica común consiste en mantener a la búfala con su cría en el potrero durante el primer día postparto, con el fin de asegurar tanto la impronta como el consumo directo de calostro. Si el bucerro presenta un desarrollo motor adecuado, se traslada posteriormente al área de recría, donde participa en esquemas de amamantamiento comunitario; en caso contrario, su permanencia con la madre puede prolongarse un día más antes de ser llevado a la recría (Rodríguez-González et al., 2022; Mota-Rojas et al., 2024a,b).

Las búfalas suelen integrarse a la rutina de ordeño alrededor de los 12 días posteriores al parto. Durante este intervalo, la presencia del bucerro se utiliza como estímulo natural para facilitar la eyección de leche, práctica que puede mantenerse hasta los dos meses de edad de la cría (Rodríguez-González et al., 2022). El amamantamiento comunitario permite suministrar calostro y leche a un número mayor de bucerros y, al mismo tiempo, acondicionar la glándula mamaria para la posterior ordeña manual o mecánica.

Extender la lactancia materna directa hasta los 90 días -algo más de lo que suele permitirse en muchos sistemas del trópico húmedo- se ha asociado con mayores ganancias diarias de peso (0.506 vs. 0.438 kg/día) y con una menor frecuencia de conductas anormales como la succión cruzada o el lamido excesivo de objetos (Singh et al., 2018). Desde el punto de vista productivo, esta estrategia fortalece el componente cárnico del sistema, aunque suponga una ligera reducción de la leche disponible para la venta, lo cual puede resultar ventajoso cuando la relación de precios favorece a la carne sobre la leche.

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Figura 7. El aloamamantamiento, frecuente en búfalos de agua, ayuda a compensar posibles deficiencias nutricionales en algunas crías, al facilitar el acceso a leche de otras hembras; sin embargo, también se asocia con un mayor riesgo de transmisión de patógenos a través de la alosucción (Mora-Medina et al., 2018b; Mota-Rojas et al., 2021a).

El reto para el productor consiste en capitalizar los beneficios del amamantamiento comunal -mejor aprovechamiento del calostro y mejora del estado nutricional- minimizando los riesgos sanitarios mediante programas de bioseguridad y vigilancia clínica (Orihuela et al., 2023; Orihuela et al., 2024; Mota-Rojas et al., 2024b).

MANEJO DEL ORDEÑO Y FUNCIÓN DE LA OXITOCINA EN LA EYECCIÓN DE LA LECHE

Con el inicio de la lactancia, el manejo del ordeño se convierte en un componente clave tanto del bienestar de la búfala como de la eficiencia en la extracción de la leche. En el trópico húmedo mexicano, la duración de las lactancias y los niveles productivos descritos para estos sistemas coinciden con los reportes de otras regiones con condiciones similares (Hernández- Herrera et al., 2018; Vázquez-Luna et al., 2020; Gutiérrez-Valencia et al., 2006).

En la búfala, alrededor de 95% del volumen lácteo se localiza en el compartimento alveolar; por ello, la estimulación táctil ejercida por el bucerro o por el ordeñador resulta fundamental para desencadenar la liberación de oxitocina y la subsecuente eyección de la leche (Bidarimath y Aggarwal, 2007; Espinosa et al., 2011; Napolitano et al., 2020c). La activación de los receptores cutáneos de la ubre genera impulsos que viajan hacia la médula espinal y el hipotálamo, donde se estimulan el PVN y el SON. La oxitocina liberada por la neurohipófisis llega por vía sanguínea a la glándula mamaria, se une a receptores específicos de las células mioepiteliales y provoca su contracción, posibilitando el paso de la leche desde los alvéolos hacia la cisterna y favoreciendo su extracción, además de contribuir a restablecer el flujo sanguíneo normal en el tejido mamario (Lollivier et al., 2002; Park et al., 2013).

En los sistemas que utilizan ordeño mecánico, la participación directa del bucerro suele ser mínima, por lo que es frecuente el uso de oxitocina exógena para estimular la bajada de la leche y reducir la incidencia de mastitis clínica y subclínica (Bertoni et al., 2022b; Mota-Rojas et al., 2024b). Sin embargo, la evidencia disponible indica que su aplicación diaria puede alterar el contenido mineral de la leche y prolongar el periodo de anestro debido a una involución uterina más lenta (García et al., 2020; Kumar et al., 2018; Faraz et al., 2021). En consecuencia, desde una perspectiva zootécnica y de bienestar, se desaconseja la administración rutinaria de oxitocina, recomendándose su uso puntual y bajo criterio técnico, buscando un equilibrio entre la eficiencia en la extracción de leche y la preservación de la salud reproductiva y mamaria de las búfalas.

https://www. researchgate. ndanet /publ i cation/ 383462655_5th_Edition_sda 2024_of_the_book_ The_Water_ Buffalo_ in_the_ Americas_Behavior_and_ Productivity_5TA_ EDICION_2024_del_libro_El_bufalo_de_agua_en_las_Americas_
comportamiento_y_productividad_ISBN_978-607-99008-

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Figura 8. La incorporación de conocimientos sobre fisiología, comportamiento maternal y prácticas de manejo adaptadas a la especie constituye un requisito indispensable para avanzar hacia sistemas bufalinos más eficientes, resilientes y sostenibles.

CONCLUSIONES

La producción de búfalos de agua en sistemas de doble propósito bajo condiciones de trópico húmedo demuestra que la relación madre-cría, el manejo de la lactancia y el calostrado son elementos estratégicos que determinan la eficiencia biológica y económica de la unidad productiva. La consolidación temprana del vínculo materno, sustentada en mecanismos neuroendocrinos y en la impronta sensorial, favorece el cuidado perinatal, la supervivencia y el desarrollo inicial de los bucerros, al mismo tiempo que facilita la integración del binomio búfala-cría a los esquemas de ordeño propios de estos sistemas.

El calostro de búfala posee características inmunológicas, nutricionales y bioactivas que superan en varios componentes al de la vaca, lo que convierte su adecuada administración en una de las intervenciones de mayor impacto sobre la salud y el desempeño posterior de la progenie. La ventana de absorción de inmunoglobulinas y células inmunocompetentes es estrecha, por lo que el manejo oportuno del calostrado constituye un requisito indispensable para reducir morbilidad, mortalidad y retraso en el crecimiento. El manejo del ordeño y la liberación de oxitocina -ya sea mediante estimulación natural o mediante estrategias de manejo- representan puntos críticos para garantizar una extracción eficiente de la leche sin comprometer la fisiología mamaria ni la salud reproductiva de la búfala.

El uso indiscriminado de oxitocina exógena puede aumentar riesgos reproductivos y alterar la composición láctea, por lo que debe considerarse bajo criterios técnicos y no como una práctica rutinaria. Finalmente, el aloamamantamiento constituye un fenómeno de importancia zootécnica que puede aportar beneficios nutricionales e inmunológicos a los bucerros, pero también implica riesgos sanitarios asociados a la transmisión de patógenos. Su aprovechamiento debe evaluarse en función de los objetivos productivos, los precios relativos de carne y leche, y la capacidad de implementar medidas de bioseguridad.

En conjunto, los hallazgos revisados en este manuscrito indican que una gestión integral del vínculo madre-cría, la lactancia y el amamantamiento en búfalos de agua puede mejorar los indicadores productivos, sanitarios y económicos de los sistemas en el trópico húmedo.

BIBLIOGRAFÍA

Para mayores detalles de éste y otros temas en búfalos de agua, consulte de manera gratuita los 47 capítulos y más de 1300 páginas de la 5ta. edición del libro “El búfalo de agua en las Américas: comportamiento y productividad”. Editorial BM Editores. Mota-Rojas, Napolitano y Orihuela et al., (2024).

https://www.researchgate.net/profile/Daniel-Mota-Rojas/publications.

Artículo publicado en “Entorno Ganadero Diciembre Enero 2026

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