Nuevas perspectivas sobre el proceso salud-enfermedad en búfalos de agua
Hugo Barrios-García
Jorge Alva-Pérez
Belkis Corona-González
Dasiel Obregón Alvarez
Julio Martínez-Burnes
ENFERMEDADES BACTERIANAS
El búfalo de agua posee la capacidad de adaptación a condiciones ambientales adversas, sobre todo aquellas típicas de clima tropical húmedo (Guerrero-Legarreta et al., 2019a; Mota-Rojas et al., 2020; Napolitano et al., 2020; Mota-Rojas et al., 2023a,b) donde predominan elevadas temperaturas y suelos con drenaje deficiente, lo que ha favorecido su expansión en todo el continente americano desde su reciente introducción a finales del siglo XIX en el Caribe y Brasil. Las condiciones medioambientales de humedad y calor son características idóneas para el crecimiento de microorganismos, los cuales pueden tener efectos adversos en la salud de esta especie animal (Gutiérrez et al., 2006; Mendes y De Lima 2011; Mitat, 2011; Guerrero-Legarreta et al., 2019b).
Generalmente el búfalo de agua tiene bajos índices de mortalidad y alta resistencia a patógenos, por lo que tiene menor susceptibilidad al desarrollo de enfermedades comúnmente observadas en otros bóvidos (Harsojo y Sari, 2015). Sin embargo, son susceptibles a varios agentes infecciosos bacterianos que también afectan al bovino tradicional, por lo que pueden padecer varias enfermedades infecciosas y parasitarias tales como la brucelosis, tuberculosis, paratuberculosis, leptospirosis y septicemia hemorrágica, principalmente. Además, hay otros reportes indicando enteritis causadas por E. coli y Salmonella sp., y se han registrado casos de mastitis clínica y subclínica por diversos patógenos (Islam et al., 2016).
Por otro lado, aunque los búfalos son resistentes a la forma clínica de varias enfermedades, estos pueden servir como reservorios de varios patógenos, facilitando el contagio de otras especies susceptibles, fundamentalmente el ganado bovino del género Bos (Bertoni et al., 2020; Napolitano et al., 2020; Mota-Rojas et al., 2023b; Martínez-Burnes et al., 2024). En este capítulo abordaremos la situación epidemiológica de las enfermedades infecciosas en los rebaños bubalinos a nivel mundial, sobre todo en América, mientras que contextualizaremos resultados de recientes investigaciones científicas sobre el tema en la región.
Brucelosis Por su impacto zoonótico a nivel mundial, se confiere una atención especial a la brucelosis, la cual está considerada como una enfermedad infecciosa contagiosa inducida por una bacteria Gram negativa del género Brucella (Tittarelli et al., 2015). Las brucelas son patógenos intracelulares que se localizan en tejidos linforreticulares y causan principalmente pérdidas reproductivas en huéspedes naturales. Brucella utiliza múltiples mecanismos moleculares para favorecer la patogénesis (Gyles et al., 2008). La brucelosis en el búfalo de agua (Bubalus bubalis) generalmente es causada por Brucella abortus (Mohan, 1968), pero también hay reportes de la presencia de Brucella melitensis (Fraulo y Galiero, 1999).
En los búfalos se han identificado los biotipos 1, 3 y 6 de B. abortus y en menor frecuencia el biotipo 7; de B. melitensis solo los biotipos 1 y 2 (Fraulo y Galiero, 1999). Se sugiere que el biotipo 1 de B. abortus es el que se aísla con mayor frecuencia en búfalos (Costa, 2002). Los búfalos de agua suelen ser más resistentes a la brucelosis que el ganado bovino (Bos); en pruebas de desafío se requirió una mayor concentración bacteriana para inducir una seroconversión detectada por pruebas de tarjeta rosa de bengala (RBPT), lo que sugiere que la dosis infectante es mayor para el búfalo de agua (Fosgate et al., 2011).
Epidemiología. La brucelosis se ha reportado en búfalos en muchos países, desde África, Asia central, sur de Europa y hasta América (Paradiso et al., 2018). En un estudio realizado en Pakistán, se describió una prevalencia de brucelosis del 26.08% por aislamiento bacteriológico en la leche de búfala y una seropositividad de 13.9 y 15.4% utilizando RBPT e i-ELISA respectivamente (Khan et al., 2020). En Tanzania se reportó una prevalencia de 7.9% (Assenga et al., 2015). En Europa y principalmente en Italia, se ha reportado una alta prevalencia de brucelosis (Tittarelli et al., 2015). En América se ha reportado en búfalos de Argentina, Brasil, Costa Rica, Colombia y México, entre otros (Villanueva et al., 2018; dos Santos et al., 2017). En Argentina y Brasil se ha confirmado B. abortus por aislamiento (Megid et al., 2005; Samartino, 2002). En Colombia utilizando la RBPT y ELISA reportaron una seroprevalencia a B. abortus del 12% y 3%, respectivamente (Calderón et al., 2010). En Venezuela se reportan prevalencias de 51.25% de reactores con Rosa de Bengala (Roasales-Zambrano, et al., 2015). En México se identificó una seroprevalencia del 17.7% contra B. abortus en búfalos de agua de Veracruz y Tabasco por ELISA (García, 2018).
Hallazgos clínicos. La transmisión de B. abortus es por vía oral por alimentos contaminados o secreciones de fetos abortados y genitales. La proliferación de las bacterias en el útero induce necrosis y destrucción de membranas placentarias fetal y materna, lo que provoca la muerte y expulsión del feto (Gyles et al., 2008). Una excreción masiva de las brucelas comienza después del aborto y puede continuar durante 15 días. Algunos bovinos tradicionales infectados se vuelven portadores de brucelas y la excretan de manera intermitente durante muchos años. En neonatos es probable que la infección ocurra en el útero, o cuando los terneros nacidos de madres sanas se alimentan con calostro o leche de madres infectadas. Otras fuentes de propagación incluyen el semen de toros infectados durante la monta o a través de heridas en la piel. Las ovejas, cabras y animales de fauna silvestre, juegan un papel importante en la diseminación de la enfermedad entre los búfalos (Sousa et al., 2015). Los signos clínicos de la brucelosis incluyen el aborto, retención placentaria y deterioro de la fertilidad y están relacionados a la susceptibilidad o resistencia de los individuos. El aborto puede ocurrir después de seis meses, con placenta retenida y metritis catarral; en los toros, pueden producirse epididimitis y orquitis, la calidad del semen puede afectarse y pueden quedar como portadores, además de sinovitis en articulaciones afectadas. La pérdida económica radica en el sacrificio de animales infectados en países desarrollados y por abortos y baja producción láctea en países en desarrollo (Sousa et al., 2015; García, 2018).
Control. En el búfalo de agua, se ha seguido la misma estrategia que para bovinos (Bos); desde hace más de dos décadas se ha evaluado la respuesta inmune inducida por la vacuna en búfalos con cepa de Brucella abortus strain 19 (Ashraf y Jahangir, 2000). En Egipto, se aplicó la política de “prueba y sacrificio” en hatos lecheros infectados con Brucella (Hosein et al., 2018); otra acción es la cuarentena de hatos infectados. El gobierno italiano ha llevado a cabo un programa de erradicación desde 1994, lo que ha permitido la disminución de la prevalencia y de la distribución geográfica de la brucelosis (Calistri et al., 2008) y la Comisión Europea aprobó el uso de la vacuna cepa RB51 de B. abortus para el búfalo de agua (RB51) desde el 2007 (Tittarelli et al., 2015). En Irak a pesar de que desde 2007 se inició programa de vacunación, ha sido pobremente implementado (Dahl, 2020). En México, a hembras gestantes de búfalo de agua se les ha vacunado con la cepa RB51 y se ha reportado que los terneros no presentan seroconversión, las hembras tampoco presentan abortos y es nula la posibilidad de que presenten infecciones persistentes. La revacunación con la misma vacuna no cambia el estado serológico convencional mostrando así que múltiples vacunaciones de adultos normales y hembras preñadas pueden llevarse a cabo, aumentando la inmunidad sin afectar el estado serológico (Rivera et al., 2016).
Tuberculosis
La Tuberculosis es una enfermedad importante por su impacto económico y zoonótico, es infecciosa y contagiosa crónica causada por Mycobacterium, que afecta a una amplia gama de huéspedes mamíferos, tanto en fauna silvestre como en cautiverio y ha sido reconocida en diferentes regiones del mundo durante muchos años (Gyles et al., de Lisle et al., 2001; Fitzgerald et al., 2013). Mycobaterium bovis es la principal causa de infección en búfalos de agua y bovinos del género Bos y es de gran preocupación para la salud humana ya que es una zoonosis y principal causa de infección humana en los países en desarrollo (Martucciello et al., 2020).
Epidemiología. Los primeros reportes de aislamiento de M. bovis en búfalos de agua fue en 1968 (Mohan, 1968); posteriormente en Australia e Indonesia (Hein y Tomasovic, 1981), Uganda y Tailandia en 1995 (Kanameda y Ekgatat, 1995). Más recientemente, se realizó un estudio en Sudáfrica donde se determinó la prevalencia de M. bovis del 17.6% en búfalos de vida libre (Van der Heijden et al., 2020). En Europa, sobre todo en Italia, se ha reportado utilizando también la prueba de INF-γ (Martucciello et al., 2020). M. bovis también se ha reportado en búfalo de agua en el continente americano; en Argentina en 2006 se reportó el primer aislamiento (Guanziroli, 2006); en Brasil con prevalencia de 4.16% (Albernaz et al., 2015) y una nueva clade de M. bovis cepa Marajó (da Conceição et al., 2020). En Colombia con prevalencias variables en diferentes regiones y con diferentes técnicas (Jojoa-Jojoa et al., 2016). También se ha reportado y estudiado en Cuba con pruebas experimentales de tuberculina para evaluar una forma de diagnóstico práctico y económico que, al parecer, ha sido satisfactorio; sin embargo, falta mucho por evaluar ya que el grosor de la piel del búfalo es diferente a la de la res (Domínguez et al., 2013; Albernaz et al., 2015).
Hallazgos clínicos. M. bovis induce una enfermedad crónica que dura de meses o años; los animales afectados son generalmente asintomáticos o pueden presentar signos característicos como emaciación progresiva, tos, disnea, linfadenomegalia y disminución en la producción, puede haber mastitis. Produce lesiones caseosas en nódulos linfáticos principalmente en pulmón, nódulos mediastínicos, pleura, hígado y nódulos linfáticos mesentéricos hasta formar lesiones caseosas calcificadas que suelen ser de color amarillo en bovinos (Bos) y blanco en búfalos. Las lesiones del búfalo son más pálidas y menos calcificadas que las del bovino (Fagiolo et al., 2005). Lesiones caseosas sugieren la presencia de tuberculosis, para comprobar que un hato está infectado se utiliza la prueba de tuberculina como diagnóstico práctico y económico (Albernaz et al., 2015), sin embargo, para un diagnóstico definitivo se debe de apoyar en histopatología, aislamiento bacteriológico (Oliveira et al., 2007), o moleculares (PCR) o de INF (Martucciello 2020).
Control. El control de la Tuberculosis se basa en la erradicación, primeramente, diagnosticando casos positivos por medio de tuberculina y eliminando los animales infectados mediante el sacrificio; como medidas sanitarias, la separación física para la crianza de la descendencia (Martucciello et al., 2020). Para países en los que los búfalos son de nueva introducción, se debe considerar el riesgo de la inducción de esta especie.
Paratuberculosis
Otro patógeno involucrado en enfermedades de búfalo de agua es Mycobacterium avium subespecie paratuberculosis (MAP) (Dalto et al., 2012) también del género de bacterias ácido alcohol resistentes y es responsable de la paratuberculosis en animales o enfermedad de Johne en humanos o enteritis crónica bovina.
Epidemiología. La paratuberculosis es una enfermedad infecciosa, contagiosa, crónica, de distribución mundial y afecta a los rumiantes (Gyles et al., 2008). Se ha reportado en brotes o endémica en varios países en animales en producción y fauna silvestre (Whittington et al., 2019). Se ha reportado en búfalos de agua en Egipto, en India (Hemati et al., 2020) con una seropositividad del 28.6% (Singh et al., 2008). En América, se ha reportado en Brasil (Farias et al., 2016), en Colombia (Correa-Valencia et al., 2018) y en México con una seroprevalencia de 27% (Vázquez, 2012). Hallazgos clínicos. Las micobacterias ingresan por vía oral por alimentos contaminados con heces de animales infectados.
La infección es frecuente en animales jóvenes, después existe un período prolongado de incubación con excreción fecal intermitente en números reducidos de microorganismos; cuando existe un número elevado de bacterias se desarrollan lesiones intestinales extensas que causan la enfermedad clínica y colonizan los nódulos linfáticos mesentéricos e ileocecales. La micobacteria se elimina en heces donde contaminarán el medio ambiente (Gyles et al., 2008). Las lesiones en búfalos de agua incluyen engrosamiento de la mucosa intestinal y aumento de nódulos linfáticos mesentéricos, con inflamación granulomatosa de leve a moderada (Sivakumar et al., 2006). El diagnóstico definitivo es por aislamiento bacteriológico, sin embargo, es muy lento por lo que hay opciones como PCR o ELISA (Singh et al., 2008).
Control. En una encuesta de 48 países, encontraron que la paratuberculosis es muy común en ganado bovino (Bos) y en búfalos. En aproximadamente la mitad de los países, más del 20% de rebaños y manadas estaban infectados con MAP y la mayoría de los países (60%) tenían programas de control voluntario (Whittington et al., 2019). La estrategia general de la mayoría de los países es la identificación y eliminación de animales enfermos y / o subclínicamente infectados (Lu et al., 2008).
Ántrax
El ántrax es una enfermedad infecciosa producida por una bacteria Gram positiva esporulada llamada Bacillus anthracis, la cual induce septicémica de curso agudo y crónico que afecta a gran número de animales domésticos, silvestres y al hombre; la enfermedad tiene una distribución mundial y es una de las principales zoonosis (Gyles et al., 2008).
Epidemiología. En búfalos de agua se han reportado brotes recurrentes de ántrax entre el 2014 y 2017 en África, donde fueron afectados 745 de los 4,500 búfalos indicando una tasa de mortalidad del 17% (Muturi et al., 2018). Sin embargo, no hay muchos reportes oficiales de esta enfermedad, aunque los bovinos tradicionales son generalmente más susceptibles que los búfalos (Sharma y Kumar, 2003). Hallazgos clínicos. El ántrax o carbunco puede transmitirse a través de la sangre, la carne, los cueros, de animales infectados; también por inhalación o ingestión de esporas a través de alimentos, forrajes, agua o cadáveres contaminados.
Los brotes son más comunes en condiciones cálidas y húmedas como las lluvias después de las sequías (Sharma y Kumar, 2003). Es una enfermedad febril, septicémica con altas temperaturas y meningitis, que pueden ser seguidas en pocos días por una enfermedad aguda en varias especies animales, pero en los búfalos hay formas agudas e hiperaguda. Induce úlceras localizadas y costras. Bacillus anthracis inhalado causa una neumonía fulminante. El carbunco intestinal se asocia con gastroenteritis aguda (náuseas, vómitos y diarrea con sangre). Se caracteriza por esplenomegalia. La secreción de sangre por orificios naturales es común y la mortalidad es muy alta. El curso es de 48 horas con temperatura de 42°C, depresión, respiración rápida y profunda, congestión de mucosas con manchas hemorrágicas. La leche puede estar teñida de sangre, puede haber diarrea y edema de lengua, garganta, esternón y perineo. La muerte es repentina después de convulsiones y colapso, sin signos, excepto la salida de sangre por las fosas nasales, el ano y la boca (Sharma y Kumar, 2003).
Control. El ántrax en el búfalo de agua se maneja muy similar al del bovino (Bos), sin embargo, las necesidades fisiológicas del búfalo de agua, especialmente los animales jóvenes, son distintas de las de la res; el comportamiento de revolcarse del búfalo aumenta el contacto de los terneros con esta bacteria, aumentando la frecuencia de la enfermedad en contraste con el ganado bovino tradicional (Davis et al., 2001). La vacuna de esporas funciona bien y proporciona inmunidad durante un año. La aplicación en situaciones de riesgo puede resultar útil.
Después de un brote, la vacunación anual debe realizarse durante al menos tres años (Dragon y Elkin 2001). En casos con presencia del patógeno, se debe evitar la necropsia o la faenación del animal para prevenir la esporulación de las formas vegetativas de B. anthracis al entrar en contacto con oxígeno. Se debe de destruir el cadáver, de preferencia se debe incinerar en el mismo sitio y enterrar las cenizas. De no ser posible la incineración, se debe enterrar el cadáver a una profundidad que asegure al menos, un metro de tierra sobre él, a fin de evitar que sea desenterrado por animales (Perret et al., 2001).
ENFERMEDADES GASTROINTESTINALES BACTERIANAS
La salmonelosis y la colibacilosis son las principales enfermedades gastrointestinales bacterianas que se han reportado en búfalos, principalmente en becerros de 6 a 12 meses. En hatos lecheros se ha relacionado que hasta el 70% de la mortalidad por diarrea en becerros de búfalo de agua es debida a Salmonella spp, siendo S. Thyphimurium el principal serovar identificado (Borriello et al., 2012a). Escherichia coli y Salmonella spp. son enterobacterias Gram negativas que presentan numerosos factores de virulencia. Aunque E. coli ha sido relacionada como habitante de la microbiota del colon en especies domésticas, Salmonella spp. siempre está relacionada con problemas entéricos o sistémicos, y no como microbiota intestinal (Barrow et al., 2010; Gyles y Fairbrother, 2010).
Además de Salmonella spp, también se ha aislado en animales jóvenes Escherichia coli (enterotoxigénica, ETEC, enterohemorrágica, EHEC y necrotoxigénica, NTEC) y Clostridium perfringens. Otros agentes no bacterianos involucrados en diarreas en becerros B. bubalis son: Cryptosporidium y Rotavirus (Borriello et al., 2012a; Borriello et al., 2012b; Nizza et al., 2010). Resultados similares han sido encontrados por Zaman et al. (2006), quienes reportan que una de las principales causas de muerte de becerros de búfalo de agua en Pakistán es la diarrea y neumoenteritis, principalmente por E. coli y Salmonella. La fuente principal de transmisión y contagio es la excreción en heces de portadores asintomáticos, aunque también por fómites y diseminación mecánica.
Hallazgos clínicos. Además de diarrea profusa, se presenta enteritis, pirexia, deshidratación y en condiciones severas infección sistémica (infección en articulaciones y sistema nervioso central). Estos signos son similares a los reportados en bovinos (Bos), sin embargo, Bubalus bubalis es más susceptible a la fiebre, debido principalmente a la baja proporción de glándulas sudoríparas. Los cambios en cuanto a las proteínas de la fase aguda por la infección por Salmonella sp. (aumento en fibrinógeno, haptoglobulina y ceruloplasmina, así como la disminución de transferrina) son consistentes con los signos clínicos (Clemente, et al., 2016). Los cambios en el hemograma y en leucocitos (policitemia y leucopenia) también son comparables a lo observado en otros rumiantes (Clemente et al. 2016). Control. Se ha aislado E. coli de muestras fecales con diferentes genes de resistencia a antibióticos (Nizza, et al. 20101; Aizawa, et al. 2014), lo que representa un riesgo importante en el control de estos patógenos. Esto ha sido reflejo de un incorrecto uso de la antibioterapia, aunque no es exclusivo de la producción de búfalo de agua. En cuanto al riesgo a la salud pública, B. bubalis es portador de E. coli O157:H7 (Galiero et al. 2005; Nizza et al. 2010), con la subsecuente capacidad de excreción intermitente y diseminación en cultivos o en productos lácteos.
Leptospirosis
Debido a la característica de los búfalos de agua de adaptarse a climas tropicales y subtropicales húmedos, la posibilidad de infección con serovares patógenos de Leptospira es alta. Las bacterias del género Leptospira son Gram negativas, con más de 260 serovariedades, la especie L. interrogans es la especie patógena más significativa y presente en todo el mundo. Se le encuentra con mayor facilidad en ambientes húmedos y con un amplio rango de hospedadores, que incluye bovinos, perros, cerdos, rumiantes y el hombre (Fraga, et al. 2015). El búfalo de agua puede ser hasta tres veces más susceptible a la infección que el bovino tradicional, además de que pueden compartir infección por los distintos serovares si conviven estrechamente (Suwancharoen, et al. 2013).
Las principales vías de transmisión es la oral, abrasiones en piel y no se descarta la vía venérea. En B. bubalis, Leptospira spp. infecta el tejido renal, así como los órganos sexuales, por lo que puede excretarse tanto en orina como en semen, además de la excreción en leche y líquidos placentarios (Perumal, et al., 2013; Satish, et al., 2019). Epidemiología. Debido a su importante capacidad de producir enfermedad en seres humanos (la diseminación bacteriana en la orina), la vigilancia seroepidemiológica de Leptospira se ha llevado a cabo en diversos países. Se ha encontrado que el búfalo de agua puede ser un portador y diseminador, ya que algunos serovares de L. interrogans no producen enfermedad o producen signos clínicos inaparentes (Konrad et al., 2013). En Veracruz, México, Romero-Salas et al. (2017), encontraron una seroprevalencia de 34.7%, siendo el serovar Muenchen el más significativo.
En la región noroccidental de Brasil, se encontró una seroprevalencia de 70.6%, siendo los serovares más prevalentes Pomona, Butembo e Icterohaemorrhagiae (Carvalho, et al., 2015). En Argentina, Konrad, et al. (2013) encontraron una seroprevalencia de 22.2% y los principales serovares fueron Pomona, Canicola y Grippotyphosa. En Tailandia, en un estudio serológico llevado por Suwancharoen et al., 2013 encontraron una prevalencia de 30.5%, mayor a la observada en bovinos (9.9%) y los serovares prevalentes fueron Ranarum, Sejroe y Mini. En Irán se encontró una seroprevalencia de 43.3%, siendo el serovar Hardjo el que mayor positividad tuvo (56.2%). De los casos positivos a la prueba serológica de microaglutinación (MAT), solamente 15.6% fueron positivos a PCR (Hajikolaei et al., 2016). Por otro lado, bajo condiciones de llanura aluviales, recientemente Guedes, et al. (2020) encontraron evidencia de infección a través de PCR de sólo 2.3% en una región del Amazonas en Brasil. Las especies identificadas fueron L. interrogans y L. borgpetersenii. Estos resultados indican que la serología es útil para determinar la infección de reactores positivos, mientras que la PCR determina la diseminación activa de estas bacterias.
Hallazgos clínicos. Se conoce parcialmente la patogenia de la leptospirosis en Bubalus bubalis, sin embargo, es probable que se produzcan problemas reproductivos similares a los bovinos (Bos), como abortos, infertilidad y disminución de la producción láctea (Denipitiya, et al. 2017; Guedes, et al. 2020). La susceptibilidad a la infección también es dependiente de la edad, encontrándose mayores animales positivos a la prueba de MAT en animales adultos en Italia (Ciceroni, et al., 1995) y Tailandia (Suwancharoen et al., 2013). L. interrogans produce lesiones renales, tales como nefritis intersticial, necrosis tubular aguda, pielonefritis, glomerulonefritis, fibrosis renal e hidronefrosis (Hajikolaei et al., 2016).
Control y Profilaxis. El control de la leptospirosis en búfalos de agua no ha sido suficientemente reportado, ya que existen pocos estudios sobre las especies y serovares patógenos de Leptospira que afectan a estas especies, así como el conocimiento de la historia natural de la enfermedad ha sido poco dilucidado (Guedes, et al. 2020; Hajikolaei, et al. 2016). Es probable que en B. bubalis el estado crónico de la enfermedad se desarrolle, produciendo que se vuelvan portadores asintomáticos que diseminen estas bacterias de manera intermitente. Debido a que las especies de Leptospira tiende a mantenerse en hospedadores de mantenimiento específicos, es imprescindible que el uso de la vacunación sea basado en las especies o serogrupos aislados de los búfalos infectados, tal como se maneja en los bovinos tradiconales (Suwancharoen et al., 2013; OIE. 2018).
Septicemia hemorrágica
La Pasteurelosis producida por Pasteurella multocida subespecie multocida en bovinos (Bos) y búfalos de agua es conocida como Septicemia Hemorrágica. P. multocida es una bacteria bacilar Gram negativa que presenta cápsula, uno de los principales mecanismos de virulencia. Esta enfermedad es especialmente importante en B. bubalis, ya que funge como reservorio. Existen varios serotipos de P. multocida que están relacionadas con enfermedad (B:2, A:1, A:3, B:3, B:4, E:2 y B:1) los más comunes son los serotipos B:2 y E:2 (sistema de clasificación Carter-Heddleston) (TCFSPH, 2009).
Epidemiología. Esta enfermedad se encuentra presente principalmente en África y en Asia, pero no en América. Sin embargo, se ha notificado el aislamiento de los serotipos B:2 y E:2 a partir de ciervos en Estados Unidos. En México es una enfermedad exótica de reporte obligatorio. Aunque la enfermedad se presenta con frecuencia tanto en reses como en búfalos de agua, en estos últimos la enfermedad es más grave (morbilidad y mortalidad del 100%). En las regiones endémicas, los animales jóvenes son más susceptibles que los adultos, en individuos de hasta 2 años. En brotes epizoóticos se observa en individuos de todas las edades. P. multocida subsp. multocida se transmite principalmente por aerosoles (la bacteria encuentra su nicho ecológico en la región orofaríngea), que penetran por la mucosa oral y respiratoria. Los climas húmedos favorecen la diseminación y el estrés favorece la infección de animales susceptibles, en el periodo de lluvias se detectan más casos. El periodo de incubación es de hasta 5 días, con una posibilidad de recuperación muy baja. Los individuos recuperados generalmente se vuelven portadores hasta por 6 meses (TCFSPH, 2009; Boyce, et al., 2010).
Hallazgos clínicos. Los signos clínicos no son diferentes a otras enfermedades respiratorias (disnea, letargo, anorexia, pirexia), sin embargo, sobresale el edema en la región mandibular hasta la primera parte del tórax. La respiración se torna difícil, y se puede observar excreción sero-espumosa de los ollares y en hocico. En epizootias, la presentación hiperaguda es común, y la muerte súbita sobreviene sin signos clínicos. A la necropsia se puede observar el edema subcutáneo, petequias en linfonodos regionales, corazón, así como en serosas. En el tracto gastrointestinal se puede observar hiperemia y congestión en abomaso. En la identificación del agente se debe tomar en cuenta la historia clínica del hato. Generalmente, no hay indicios de enfermedad más que la muerte súbita, principalmente de animales jóvenes.
Es importante realizar el diagnóstico diferencial con otras enfermedades, inclusive no infecciosas. La toma de muestras posterior a la necropsia debe incluir los linfonodos, exudado orofaríngeo y exudado nasal para el aislamiento del agente. La probabilidad de detectar P. multocida en sangre es bajo, aunque debe ser considerada. El diagnóstico diferencial debe excluir la pasteurelosis neumónica. Aunque el aislamiento bacteriano es útil para realizar la serotipificación correspondiente, la realización de pruebas moleculares como la PCR es de mayor utilidad. Los estudios serológicos pueden ser útiles en animales portadores, ya que la elevada y rápida mortalidad en un hato no permite el desarrollo detectable de anticuerpos en plasma sanguíneo (Boyce et al., 2010). El control se logra con manejo sanitario, la eliminación de reactores positivos y la vacunación. El uso de bacterinas como estrategia de vacunación ha sido útil en la protección de becerros B. bubalis (TCFSPH, 2009; Boyce et al., 2010).
CONCLUSIONES
El búfalo de agua es una especie ganadera de gran importancia a nivel global. Además, estos animales son reconocidos por su rusticidad y adaptabilidad a las condiciones climáticas tropicales. No obstante, también pueden ser afectados por diversas enfermedades infecciosas y parasitarias, y que pueden influir en su rendimiento productivo, aun cuando muchas de estas enfermedades no se manifiestan clínicamente en búfalos o presenten cuadros clínicos menos agudos que en bovinos domésticos tradicionales. Desde el punto de vista zoosanitario, la reciente introducción y expansión de los rebaños bubalinos a países sudamericanos y caribeños representa un factor importante a considerar por los servicios veterinarios, especialmente en los sistemas de vigilancia sanitaria y los planes de lucha y control de las enfermedades de mayor importancia económica.
Debe tenerse en cuenta que la introducción de búfalos en una región ganadera también implica introducir un nuevo factor en la cadena de transmisión y el reservorio de muchos de los patógenos que afectan los bovinos (Bos), considerando que el reservorio de un patógeno de múltiples hospederos puede ser una o varias poblaciones conectadas epidemiológicamente, en los que el patógeno puede mantenerse permanentemente y transmitirse a la población susceptible a la enfermedad (Haydon et al., 2002).
Entre los factores a considerar está el posible rol que pueden tener los búfalos en cada proceso epidemiológico, según sus características de resistencia o susceptibilidad a un determinado patógeno y sus vectores. Además, debe analizarse cómo el mantenimiento de la infección está relacionado con el sistema de crianza y la conducta (e.g., reproductiva, alimentaria, higiénica) de los búfalos en cada contexto. Por ejemplo, en Cuba la brucelosis y la tuberculosis bovinas son enfermedades controladas en el ganado bovino desde hace varias décadas, sin embargo, la introducción de rebaños bubalinos y su crianza de forma extensiva en algunas regiones costeras del país estuvo asociado con el incremento de la prevalencia de dichos patógenos en esas regiones.
Esto sobre todo porque no fue posible monitorear estos patógenos en los búfalos de vida libre, los cuales además se desplazaban extensamente en busca de alimentos, muchas veces entrando en las áreas de pastoreo de los rebaños bovinos en granjas colindantes. Por todo eso, consideramos que la vigilancia y el manejo sanitario de las enfermedades infecciosas y parasitarias en condiciones de coexistencia de reses y búfalos debe ser un proceso holístico, donde cada factor debe ser analizado y atendido según sus implicaciones y relevancia para el control del conjunto de enfermedades presentes en cada región.
BIBLIOGRAFÍA
• Para mayores detalles de éste y otros temas en búfalos de agua, consulte de manera gratuita los 47 capítulos y más de 1300 páginas de la 5ta. edición del libro “El búfalo de agua en las Américas: comportamiento y productividad”. Editorial BM Editores. Mota-Rojas y Napolitano et al., (2024).
https://www.researchgate.net/profile/Daniel-Mota-Rojas/publications.
Artículo publicado en “Entorno Ganadero Agosto Septiembre 2025“











