Julio Martínez-Burnes
Hugo Barrios-García
Jorge Alva-Pérez
Belkis Corona-González
Dasiel Obregón Alvarez.
INTRODUCCIÓN
Los búfalos de agua (Bubalus bubalis) son originarios de Asia, fueron llevados a África, Europa, Oceanía y posteriormente al continente americano a Estados Unidos, Venezuela, Argentina y Brasil (Calderón, et al., 2010; Mota-Rojas et al., 2017; Bertoni et al., 2020; Napolitano et al., 2020; Mota-Rojas et al., 2023a). La población de búfalos ha crecido aceleradamente y se encuentra actualmente en todos los países americanos (Minervino et al., 2020). La población mundial informada por la FAO en 2018 fue de ∼206.6. millones de cabezas. Minervino et al. (2020) enumeran 77 países que tienen hatos de búfalos, con una estimación de 208’098,759 cabezas. El 96.7% se encuentra en Asia; 1.6% en África, 0.22% en Europa, 0.07% en Oceanía y 1.23% en América.
Desde los años 70’s, la cantidad de búfalos en el mundo aumentó 91%, cinco veces más que la de bovino. América Latina es la región de mayor crecimiento en sistemas de producción de búfalos a nivel mundial. Los hatos más numerosos se encuentran en orden decreciente en Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina, Cuba y México (Mota-Rojas et al., 2017; Minervino et al., 2020; Napolitano et al., 2020; Mota-Rojas et al., 2023b). En México la llegada del búfalo fue entre 1996 a 1998, procedentes de Belice, pero de origen asiático. De acuerdo con la información de la Asociación Mexicana de Criadores de Búfalos de Agua (AMEXBU) actualmente hay hatos en 21 estados (BM Editores 2020) con un total de 45,000 cabezas (Napolitano et al., 2020; Minervino et al., 2020; Mota-Rojas et al., 2023a.b). Por lo que la introducción de búfalos de agua a México es relativamente reciente y aún se desconoce mucho sobre su situación demográfica y sanitaria (Martínez-Burnes et al., 2024).
El búfalo de agua tiene gran adaptabilidad a los ambientes rústicos y una excelente conversión de vegetales de escaso valor nutritivo en carne y leche de mejor calidad que la del bovino, así como para trabajo, lo que lo hace muy atractivo para los productores (Angulo et al., 2010; Bertoni et al., 2019; Guerrero-Legarreta et al., 2019a,b). Esto se debe a que posee algunas características morfológicas y físicas que facilitan una mayor adaptación a condiciones más variables que el ganado bovino doméstico tradicional (Calderón et al., 2010; Napolitano et al., 2020; Mota-Rojas et al., 2023a,b). La producción de búfalos representa una opción importante en explotaciones ganaderas en zonas poco aprovechables por los bovinos, como terrenos bajos, inundables y pantanosos, con climas tropical y subtropical y con pastizales naturales de bajo valor nutritivo (Martínez et al., 2006; Mota-Rojas et al., 2020; 2023a).
Las ventajas se fundamentan en factores como longevidad, rusticidad, mayor tiempo de masticación, eficiencia ruminal, resistencia a enfermedades y breves periodos de anestro (Bertoni et al., 2019; 2020; Napolitano et al., 2020). Generalmente, los búfalos de agua comparten el hábitat con reses, situación que puede representar problemas sanitarios, debido a que los agentes de ciertas enfermedades infecciosas pueden transmitirse entre ambas especies y verse afectadas por una gran variedad de enfermedades que influyen negativamente en la producción (Martínez et al., 2006). Muchas de estas patologías son de origen infeccioso, y se transmiten de un animal a otro y otras son zoonóticas contagiando al ser humano y generando problemas de salud pública (Motta et al., 2014; Martínez-Burnes et al., 2024). El contacto entre búfalos de agua y bovinos del género Bos u otros animales domésticos y silvestres, así como su acceso a diferentes ecosistemas, ha expuesto a la especie a diferentes enfermedades infecciosas (Villanueva et al., 2018).
Estas enfermedades infecciosas emergentes causadas por bacterias, virus, hongos, protozoarios y endoparásitos tienen un impacto económico significativo. La importación y exportación de ganado es una vía muy importante de diseminación de enfermedades de un continente a otro (Villanueva et al., 2018). El comportamiento de revolcarse o sumergirse en agua fangosa predispone a los búfalos a diferentes enfermedades. Además, la mezcla con otros búfalos, rumiantes y otros animales facilita aún más la transmisión de enfermedades. Muchos son los beneficios del búfalo, sin embargo, no debe pasarse por alto que, al ser un animal recientemente introducido a algunos países, todavía se desconocen muchos aspectos de su condición sanitaria, así como el impacto que ésta puede tener en las poblaciones animales y en la salud pública, además de que es susceptible a diversas enfermedades, que puede portar y transmitir (Martínez-Burnes et al., 2024).
Un aspecto relevante de la convivencia del búfalo de agua con otras especies en explotación compartida, es que al desconocerse las enfermedades que portan los búfalos y que muchas son desestimadas y a las que podrían resultar susceptibles, se crea un desequilibrio entre los agentes etiológicos, el medio ambiente y los hospederos susceptibles (el búfalo y otras especies), lo que puede generar un serio problema zoosanitario y poner en riesgo la salud de los productores y personas en contacto con los animales o por el consumo de sus subproductos (Domínguez et al., 2013). Por ende, el concepto salud-enfermedad en la producción bufalina adquiere gran relevancia. Por lo que en este trabajo se hace una revisión de las principales enfermedades del búfalo de agua, sus características, epidemiología y hallazgos recientes que permitan un mayor conocimiento sobre la salud de los búfalos de agua, el comportamiento de las enfermedades, su interacción con otras especies, la interacción del hospedador, vectores y patógenos que pueda ser de beneficio para los médicos veterinarios, profesionales y técnicos. Para profundizar en este y otros temas relacionados con los búfalos de agua, le sugerimos consultar el siguiente enlace. https://www.mdpi.com/journal/animals/special_ issues/LK8K4GP4Y3
ENFERMEDADES VIRALES
Fiebre Aftosa La Fiebre Aftosa (FA) es una infección causada por un Aftovirus, virus ARN perteneciente a la familia Picornaviridae que afecta a los animales de pezuña hendida. El virus tiene siete serotipos principales: O, A, C, SAT 1, SAT 2, SAT 3 y Asia 1, con varios subtipos inmunológicos de diferente virulencia. Desde 1978, se informó que el serotipo Asia 1 es más grave en búfalos que en reses. El serotipo A también ha sido detectado en búfalos de agua relacionado con brotes en el Sudeste Asiático (Blacksell et al., 2019). Los serotipos O, A, y Asia 1 son endémicos en India, el O es responsable de más del 80% de brotes de FA en ese país (Biswal et al., 2019).
Epidemiología: La enfermedad está presente en casi todo el mundo, excepto en América del Norte y Central (norte de Panamá), Australia, Nueva Zelanda, Japón, Gran Bretaña y Escandinavia. Los países de la Unión Europea (UE) generalmente están libres. Se han descrito formas graves en búfalos de pantano autóctonos de la India, Egipto y Rumania (Fagiolo et al., 2005). Para América del Norte y Central es considerada exótica y es uno de los objetivos principales de las estrategias de prevención y control de su ingreso.
Características. La enfermedad es aguda y altamente contagiosa y puede extenderse a grandes áreas debido al movimiento de animales, productos, objetos y personas infectados o contaminados. Se ha demostrado que la susceptibilidad de los búfalos a la FA varía según el país y las distintas cepas del virus. Los bovinos del género Bos y búfalos se infectan principalmente por transmisión del virus por aerosoles, ingestión o contacto directo. Se ha demostrado que, durante la etapa aguda de la infección, la enfermedad se ha transmitido del bovino al búfalo y viceversa (Gomes et al., 1997). Las personas pueden infectarse a través de heridas en la piel o la mucosa oral al manipular animales enfermos, el virus en laboratorios o al beber leche infectada. La infección en humanos es temporal y leve, por lo que la FA no la considera un problema serio de salud pública, pero, debido a la variedad de especies afectadas, la alta tasa de infectividad y el hecho de que el virus se elimina antes de que aparezcan los signos clínicos, es una de las enfermedades notificables más temida. Además, por la similitud de otras enfermedades vesiculares o ulcerativas con la FA, consideradas de notificación obligatoria, es importante su diagnóstico diferencial ante el primer indicio de un brote inusual. El período de incubación es de 2 a 21 días (promedio de 3 a 8). La tasa de infección (morbilidad) puede alcanzar el 100 por ciento, sin embargo, la mortalidad es baja, pero puede llegar a un 20 y un 25% en búfalos. La infección persistente en búfalos durante los primeros 35 días después de la infección es similar a la del ganado bovino doméstico tradicional (Gomes et al., 1997). El papel del búfalo como transmisor de FA que puede mantener persistente a la enfermedad en ausencia de presentación clínica fue confirmada desde 2009 (Blacksell et al., 2019).
Hallazgos clínicos. Los signos clínicos en reses son salivación, depresión, anorexia y cojera causada por lesiones vesiculares en piel de labios, lengua, encías, fosas nasales, bandas coronarias, espacios interdigitales y pezones (Figura 1). Inicialmente se presenta fiebre y disminución de la producción de leche. Las lesiones vesiculares se transforman en ulcerativas susceptibles a infecciones. La FA se ha descrito en el búfalo indio (Bubalus bubalis) con las mismas características que en reses, con diferencias en la presencia de lesiones menores en la lengua y las lesiones iniciales escamosas en las patas que eventualmente se volvieron vesiculares en los búfalos (Gomes et al., 1997). La producción de leche puede afectarse hasta en un 30% en los búfalos. Todos los grupos de edad se ven afectados por igual, pero en los búfalos lactantes la enfermedad puede resultar más grave y a veces con alta mortalidad (Sharma y Kumar, 2003). Los hallazgos postmortem se caracterizan por erupciones vesiculares y ulcerativas.
Figura 1. A. Búfalo hembra con cojera por lesiones vesiculares en espacios interdigitales por Fiebre Aftosa. B. Lesiones ulcerativas en el morro y encías de búfalo de agua con Fiebre Aftosa. Imágenes amablemente proporcionadas por la Dra. Karima Akool AlSalihi, profesora asociada del College of Veterinary Medicine/Al Muthanna University y el Dr. Jalil Abed Gatie /Consult/ Veterinary directorate, Ministry of Agriculture de Irán.
Control. Las estrategias para el control de la FA dependen de la situación sanitaria existente. Para los países libres, la erradicación implica una política en la que no se tolera la presencia o posible incursión del virus. Mientras que en países en los que se considera endémica, el control implica que la presencia del virus puede ser tolerada pero sus efectos se minimizan con la vacunación y otras medidas zoosanitarias. Dentro de las estrategias de control, se usa el “sacrificio sanitario” que se aplica cuando se producen brotes en países que estaban libres de FA o como etapa final en una campaña de erradicación. El control del movimiento e importación de animales y productos de países con presencia de la enfermedad a otros libres, así como la eliminación de la fuente de infección (sacrificio de todas las poblaciones infectadas y en contacto) y las investigaciones epidemiológicas son elementos esenciales en la erradicación. En países que “conviven” con la enfermedad, se han estudiado métodos de inmunización mediante la inoculación, dos veces al año, con una vacuna cóctel que contenga los serotipos específicos circulantes localmente.
Los estudios moleculares apuntaron a la proteína de la cápside VP1 como el principal sitio inmunogénico, y se ha probado para vacunas con resultados alentadores (Sharma et al., 2001). Recientemente, se publicó el primer informe sobre la variación genética y antigénica del virus de la FA durante la persistencia del virus en reses y búfalos asiáticos domésticos. La proporción de animales de los que se recuperó ARN del virus no fue significativamente diferente entre bovinos (Bos) y búfalos. Sin embargo, el virus se aisló de una mayor proporción de búfalos y durante más tiempo en comparación con los bovinos. Autores sugieren que esto puede reflejar diferencias en las interacciones virus-huésped entre el ganado y el búfalo que pueden permitir una supervivencia más larga del virus en el búfalo. Alternativamente, diferencias en anticuerpos secretores (avidez o cantidad) entre el ganado y el búfalo pudieran explicar la disminución de la recuperación exitosa del virus de las muestras de ganado (Biswal et al., 2019).
En India existen programas exitosos de vacunación a largo plazo que disminuyen la presentación y pérdidas por la FA (Singh et al., 2007). Sin embargo, en países del sudeste de Asia a pesar de muchos años de vacunación, numerosos factores han impedido el control exitoso de la FA, incluyendo el movimiento transfronterizo “informal” no regulado de ganado y sus productos, dificultades para implementar programas de vacunación, aparición de nuevos virus, topotipos y linajes, capacidad técnica de bajo nivel y bioseguridad a nivel nacional, conocimiento limitado de los agricultores sobre la FA, falla en la notificación y respuesta oportuna de brotes y limitaciones en programas nacionales e internacionales de control de la FA (Blacksell et al., 2019).
Peste Bovina
El agente causal de la Peste Bovina es un virus ARN, familia Paramyxoviridae, género Morbillivirus, caracterizado por una alta tasa de morbilidad y mortalidad con cepas virulentas que en la India puede llegar hasta el 77%, pero variable con cepas leves. Afecta reses, búfalos de agua, ovejas, cabras y animales salvajes. No afecta al humano, por lo que no constituye un riesgo de salud pública. La susceptibilidad de los búfalos es variable: los búfalos egipcios y turcos parecen ser razonablemente resistentes, mientras que las especies del Lejano Oriente parecen ser muy susceptibles. En la India, los búfalos son tres veces más susceptibles que el ganado bovino; esto se debe quizás a la especificidad del hospedador a las cepas del virus (Sharma y Kumar, 2003). La enfermedad se ha erradicado en la mayor parte del mundo.
Sin embargo, en países donde se crían búfalos, seguía presentándose en India, Pakistán, Filipinas y Turquía. El virus nunca fue encontrado ni en las Américas ni en Australia o Nueva Zelanda (Fagiolo et al., 2005). El virus se transmite por contacto directo e indirecto por secreciones, orina, heces, exudados vaginales y leche. El sitio principal de invasión es el epitelio del tracto respiratorio superior o inferior. El período de incubación en búfalos es de 3 a 7 días, pero esto puede variar debido a las diferencias en la resistencia innata (Obi et al., 1999).
Hallazgos clínicos. Se presenta fiebre (40-42°C) con depresión, anorexia, reducción de la rumia, pelaje áspero y aumento de la frecuencia respiratoria y cardíaca. Después de dos a tres días se presenta congestión de membranas mucosas, lagrimeo mucopurulento intenso y abundante salivación, anorexia, necrosis y erosión de las mucosas bucales. Posteriormente, se presenta diarrea hemorrágica profusa con moco y restos necróticos. Además de tenesmo severo, deshidratación, dolor abdominal, respiración abdominal, debilidad, decúbito, hipotermia y muerte a los siete a doce días (Fagiolo et al., 2005). Se ha descrito una forma peraguda en animales jóvenes y neonatos y una forma atípica hasta con aborto y signos nerviosos. Por la naturaleza linfotrófica del virus, se recrudecen infecciones latentes o la susceptibilidad a otros agentes infecciosos. Las lesiones características son hemorragias, necrosis y erosiones en boca, intestino, tracto respiratorio, linfadenomegalia con edema, deshidratación y emaciación (Fagiolo et al., 2005).
Profilaxis. Dado que no existe un tratamiento específico, solo de soporte para la diarrea y pérdida de líquidos, se debe usar profilaxis sanitaria, con aislamiento o sacrificio de animales enfermos y en contacto, destrucción y eliminación adecuada de cadáveres y material infectante y protección de zonas no afectadas. Para países libres, lo mencionado en las estrategias para evitar la introducción a un país, como lo mencionado en la Fiebre Aftosa como enfermedad exótica sería aplicable (Fagiolo et al., 2005). En áreas consideradas epizoóticas, se usa vacuna de cepa atenuada del virus, que tarda la inmunidad, pero perdura de por vida, o se puede revacunar en zonas problema.
También se recomiendan por OIE vacunas recombinantes termoestables (Sharma et al., 2001). En la década de 1980 se inició un programa denominado Programa Mundial de Erradicación de la Peste Bovina (GREP) (Obi et al., 1999). El GREP fue coordinado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en colaboración con la OIE y donantes importantes como la Comisión Europea; que redujo progresivamente el número de países con la enfermedad y el último brote fue en Kenia en el 2001. El mundo fue declarado oficialmente libre de Peste Bovina en 2011 y es la primera enfermedad animal en ser completamente erradicada de la historia de la humanidad (OIE). Sin embargo, es sumamente importante considerarla en el diagnóstico diferencial de enfermedades ulcerativas y erosivas, ya que son de reporte obligatorio y seguir considerando todas las medidas y estrategias para evitar su reaparición e ingreso a diferentes países.
Fiebre Catarral Maligna
La Fiebre Catarral Maligna (FCM) es una enfermedad pansistémica, frecuentemente fatal que ocurre como un complejo de síndromes que afectan a rumiantes incluyendo reses, búfalo de agua, bisonte americano y cérvidos. Es causada por un virus herpes linfotrópico de la familia Macavirus, subfamilia Gammaherpesvirinae, con dos cepas: virus del herpes 1 de alcelafina (AHV-1 o AlHV-1) y virus del herpes 2 de alcelafina (AHV-2), endémicas en el ñu y antílopes respectivamente. Además, una forma asociada a la oveja (SA-FCM) identificada como virus del herpes ovino-2 (OHV-2), endémico en ovejas y que representa un problema mundial en bovinos (Bos) y búfalos. Así como la forma asociada recientemente al herpes caprino-2 (CpHV- 2), endémico en cabras domésticas (Spickler, 2019).
Epidemiología. La enfermedad asociada a AlHV-1 se puede observar en zoológicos de todo el mundo y áreas del África subsahariana que contienen ñus salvajes y es el virus de FCM más importante en algunas partes de África, aunque también se puede observar la enfermedad asociada con OvHV-2. En cambio, el OvHV-2 es la principal causa de FCM en animales fuera de África (Spickler, 2019). En la forma africana en animales silvestres, el virus puede ser transmitido de una infección latente por el antílope africano, que incluye al ñu, al antílope de pastizales y al topi o Damalisco, que se presenta en forma silvestre, en zoológicos y parques.
Los ovinos y cabras domésticas y silvestres también son consideradas reservorios del virus (O’Toole y Li, 2014). La FCM asociada a la oveja ocurre a nivel mundial y son necesarios factores de inmunosupresión como precursores de esta forma (Costa et al., 2009). No existe evidencia de que la enfermedad sea trasmitida a humanos. La FCM asociada a las ovejas es de gran preocupación económica en Indonesia, donde el búfalo de agua se aloja comúnmente con ovejas y cabras (Sunil-Chandra, 2000). La FCM afecta a todas las edades y razas de búfalos y son más susceptibles que las reses, con morbilidad del 20 al 50% y es común a finales de invierno/ primavera (Sharma y Kumar, 2003). El pronóstico de la FCM es desfavorable, una vez que se observan los signos clínicos, la mortalidad en búfalos suele ser del 75% a 100% (Spickler, 2019).
El periodo de incubación puede ser de hasta 200 días. La enfermedad se ha informado en la mayoría de los países que crían búfalos (Fagiolo et al., 2005). Hay informes de FCM en búfalos de pantano en Nueva Zelanda (Hill et al., 1993, Tham, 1997), en Indonesia (Hoffmann et al., 1984), y en Tailandia asociadas a la forma de ovinos (Teankam, et al., 2006). En América, existe reporte de un solo brote en Búfalos Murrah en Brasil con el virus OHV-2 (Costa et al., 2009), mantenidos con reses y ovejas, con elevada mortalidad y con tendencia de un solo brote, similar a lo que ocurre en otros países (O’Toole y Li, 2014). La FCM es una enfermedad impredecible, a veces se producen casos en animales que estuvieron expuestos a portadores, pero sin incidentes durante años. No está claro por qué los animales no siempre se enferman al exponerse a portadores, pero factores estresantes que aumentan la diseminación del virus en el portador y / o la susceptibilidad en el huésped incidental, o las condiciones ambientales (alta humedad) que aumentan la supervivencia o concentran el virus, o una replicación de virus inusualmente alta, se han sugerido como posibles factores. Los animales gestantes y más jóvenes parecen ser más susceptibles.
Hallazgos Clínicos. La FCM clásica se presenta en el ganado bovino doméstico tradicional con fiebre, secreción ocular, nasal, panoftalmitis, opacidad corneal; linfadenopatía generalizada; artritis, inflamación y necrosis de mucosas digestivas (Figura 2), respiratoria y urinaria; dermatitis; signos neurológicos y artritis (O’Toole y Li, 2014; Fagiolo et al., 2005). En reses se describen 4 formas clínicas: peraguda, intestinal, de cabeza y ojos y la forma leve. En los búfalos, la enfermedad se observa en la cabeza y los ojos o en formas intestinales (Sharma y Kumar, 2003). En búfalos de Indonesia, se describió hiperemia de piel, linfadenomegalia y depresión (Hoffmann et al., 1984). Los signos comunes en búfalos incluyen anorexia, fiebre alta, depresión y mala condición corporal, con necrosis y lesiones erosivo-ulcerativas de la cavidad bucal (Figura 2). Los signos neurológicos incluyen ataxia y convulsiones severas que conducen a la muerte.
También se observan diarrea y hematuria en búfalos (Hill et al., 1993; Tham, 1997). Otros reportes en Tailandia describen las mismas lesiones y severidad en búfalos y reses, con vasculitis generalizada con degeneración fibrinoide (Teankam et al., 2006). Los signos y lesiones en búfalos de agua son similares a los de las reses, con la excepción de que la arteritis fibrinoide es poco común, las lesiones orales y esofágicas son raras, la queratitis es relativamente leve y la opacidad corneal inconsistente (Spickler, 2019; Teankam et al., 2006) y la epicarditis-miocarditis generalmente está presente, con necrosis miocárdica (Hoffman et al., 1984; Teankam et al., 2006).
En América, se ha descrito en un brote de FCM en búfalos de agua en Brasil, que las manifestaciones clínicas y lesiones fueron similares a los descritos previamente en bovinos (Bos) y de diversas localizaciones geográficas con FCM debida a OvHV-2 y en África asociada con AlHV-1 (Headley, et al., 2020). Los autores confirmaron la asociación del OvHV-2 en este brote (Costa et al., 2009). Este es uno de los pocos estudios de Brasil que han identificado ADN de OvHV-2 en ovejas durante brotes de FCM (Headley et al., 2020). En base a signos y lesiones de FCM, es necesario considerarla en el diagnóstico diferencial de las enfermedades vesiculares y ulcerativas, además de ser de reporte obligatorio por el riesgo.
Profilaxis. No se dispone de una vacuna eficaz para la FCM. Existe una perspectiva para una futura vacuna de virus vivo modificado, las vacunas de virus muertos experimentales han sido inconsistentes en la inducción de protección contra el desafío, aunque algunas han inducido títulos significativos de anticuerpos neutralizantes de virus. Además, no existe tratamiento específico y solo de soporte (Fagiolo, A. et al., 2005). Por lo que el control de la enfermedad es posible separando las reses de los búfalos y de posibles reservorios, como ovejas, cabras y ñus, especialmente durante las temporadas de parición. Se debe desaconsejar la repoblación de ranchos ganaderos con antílopes alcelafines, ovejas salvajes o cabras. En cualquier caso, debe requerirse una prueba serológica negativa a FCM o una prueba de PCR negativa para cualquier rumiante salvaje antes de ser colocados o transferidos entre zoológicos para prevenir la introducción de posibles portadores del virus. La contención de un brote significa la separación inmediata del bovino (Bos) o huésped susceptible de ovejas y cabras en caso de enfermedad doméstica y del huésped susceptible de alcelafina o de rumiantes salvajes en el caso de FCM alcelafina (Fagiolo et al. 2005).
Figura 2. Fiebre Catarral Maligna. A. Bovino (Bos), morro con necrosis superficial difusa. B. Bovino (Bos), paladar duro con múltiples erosiones coalescentes en la mucosa. Center for Food Security and Public Health (P.I.A.D.C).
CONCLUSIÓN
El estudio del proceso salud-enfermedad en el búfalo de agua (Bubalus bubalis) constituye un elemento esencial para comprender su papel dentro de los sistemas pecuarios tropicales y su interacción sanitaria con otras especies domésticas. A pesar de su reconocida rusticidad y adaptabilidad, el búfalo es susceptible a diversas enfermedades virales de alto impacto epidemiológico, tales como la Fiebre Aftosa, la Peste Bovina y la Fiebre Catarral Maligna, las cuales han demostrado capacidad de afectar significativamente la productividad, el bienestar animal y la seguridad zoosanitaria en regiones donde esta especie comparte hábitats con bovinos (Bos taurus).
Los hallazgos recientes revelan que el búfalo puede actuar no solo como hospedador susceptible, sino también como posible reservorio y transmisor de agentes virales, lo que amplifica la necesidad de estrategias de vigilancia epidemiológica específicas, bioseguridad en la movilización de animales y programas de vacunación adaptados a las condiciones locales. En particular, la prolongada persistencia del virus de la Fiebre Aftosa en búfalos, su papel histórico en la erradicación de la Peste Bovina y la susceptibilidad elevada a la Fiebre Catarral Maligna evidencian la complejidad de las interacciones entre el huésped, el patógeno y el ambiente en esta especie. Por tanto, fortalecer el conocimiento sobre las enfermedades virales que afectan al búfalo de agua y su dinámica en ecosistemas compartidos representa una prioridad en la medicina veterinaria preventiva. El enfoque integral del concepto “Una Sola Salud” debe guiar la implementación de políticas sanitarias y de investigación que garanticen la sostenibilidad, productividad y bienestar de los sistemas bufalinos en América Latina, contribuyendo además a la prevención de riesgos zoonóticos y al mantenimiento de la sanidad animal global.
BIBLIOGRAFÍA
• Para mayores detalles de éste y otros temas en búfalos de agua, consulte de manera gratuita los 47 capítulos y más de 1300 páginas de la 5ta. edición del libro “El búfalo de agua en las Américas: comportamiento y productividad”. Editorial BM Editores. Mota-Rojas y Napolitano et al., (2024). https://www. researchgate.net/profile/Daniel-Mota-Rojas/publications
Artículo publicado en “Entorno Ganadero Octubre Noviembre 2025“











