Karina Lezama García. Programa de Posgrado en Ciencias Veterinarias (Doctorado). Comportamiento materno en especies altriciales. Área de neurofisiología del estrés y bienestar de los animales domésticos y silvestres.

Daniel Mota Rojas, Neurofisiología del estrés, comportamiento y bienestar en animales domésticos y silvestres. División de Ciencias Biológicas y de la Salud. DPAA. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). [email protected]

Yuridia Iraís Herrera Jannotta. Neurofisiología del estrés y bienestar en animales domésticos y silvestres. División de Ciencias Biológicas y de la Salud. DPAA. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Amira Eunice Lavalle Avalos. Neurofisiología del estrés y bienestar en animales domésticos y silvestres. División de Ciencias Biológicas y de la Salud. DPAA. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Xochitl Mauro Luis. Neurofisiología del estrés y bienestar en animales domésticos y silvestres. División de Ciencias Biológicas y de la Salud. DPAA. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Introducción

En las últimas cinco décadas, muchas culturas han quedado fascinadas por el papel esencial y misterioso de la placenta en el desarrollo fetal y en la salud materna (Farr, et al., 2018). La placentofagia, es decir, la ingestión de algunos o todos los componentes arrojados durante el parto (la placenta, el líquido amniótico y las membranas asociadas), es un comportamiento común en hembras de mamíferos (Kristal 1980; Kristal, et al., 2012; Czerwimski, et al., 2016). Dicho comportamiento se cree que provee a la madre de ciertos nutrientes, además de que remueve olores atractivos para los predadores. Aunado a esto, la placenta es una rica fuente de hormonas que aparentemente favorecen la lactogénesis (Bridges, 2015).

A pesar de que casi todos los mamíferos terrestres presentan el comportamiento de placentofagia postparto (más de 4000 especies de mamíferos la consumen), excepto en los grandes mamíferos acuáticos (cetáceos) o semiacuáticos (pinípedos) (Korda y Brewinska, 1977; Lévy, 2016), mientras que en humanos y en camélidos no ha sido documentada como una práctica tradicional (Young, et al., 2012; Benyshek, et al., 2018). Sin embargo, este comportamiento ha sido observado en ratones (Peromyscus californicus) (Perea-Rodríguez, et al., 2018), hámsters (Phodopus campbelli) (Jones y Wynne-Edwards, 2000), ratas (Mus musculus) (Harding y Lonstein, 2014), conejos (Oryctolagus cuniculus) (Melo y González-Mariscal, 2003; Clauss, et al., 2015), ungulados (Brummer, 1972; Pinheiro, et al, 1997a), primates (Macaca fuscata) (Turner et al., 2010) (Macaca mulatta) (Tian, et al., 2016) y carnívoros (Dunbar, et al.,1981).

Se ha reportado que el comportamiento de placentofagia postparto en hembras de mamíferos no humanos, presenta algunos beneficios tales como: aumentar la interacción entre la madre y la cría, proporcionar cierta analgesia en la hembra parturienta, potencializar la liberación de opioides cerebrales que desencadenan el comportamiento de cuidado de la cría, disminuir la incidencia de la pseudogestación postparto (Kristal, et al., 2012), prevenir hemorragias postparto, beneficios nutricionales y en mujeres se cree que pudiera ayudar a mejorar la producción láctea y a disminuir la presentación de depresión postparto (Shaikh, 2018).

blankEn cuanto al vínculo madre-cría, en búfalas y vacas, las cuales son especies que dependen mucho del olfato para establecer la improntación, se ha observado que el consumo del líquido amniótico y de la placenta ayuda a disminuir el tiempo en que se genera dicho vínculo (Yadav, et al, 2009; Napolitano, et al, 2018; Mota-Rojas, et al., 2018).

Una tendencia reciente en humanos que habitan ciudades industrializadas, ha sido el consumo de su propia placenta después del parto, ya sea cruda, cocida, deshidratada, procesada o encapsulada, como un remedio para mejorar la etapa del puerperio (Johnson, et al., 2018). Sin embargo, otros estudios mencionan que, en el caso de los humanos, la placenta no aporta todos los beneficios que le adjudican (Coyle, et al., 2015).
El objetivo de la presente revisión es discutir y contrastar información proveniente de artículos científicos, para obtener una conclusión con respecto al comportamiento de placentofagia en mamíferos.

Figura 1. Placentofagia en la gata. La perra como la gata, suelen ingerir la placenta después del parto. Curiosamente, al consumir la placenta y el cordón umbilical, la gata muestra una secuencia de movimientos idénticos la que utiliza cuando consume una presa, con una inclinación característica de la cabeza y unos movimientos de masticación muy pronunciados.

¿Por qué se comen la placenta?

Se han propuesto seis explicaciones del por qué ocurre la placentofagia:

  1. Un cambio temporal en la preferencia alimenticia, por ejemplo, los herbívoros comiendo carne.
  2. Un incremento no específico en el apetito provocado por la disminución del consumo alimenticio que ocurre en determinadas especies antes del parto.
  3. Un incremento en el apetito hacia algunos nutrientes u hormonas que se encuentran en la placenta, líquido amniótico o ambos.
  4. La necesidad de limpiar el área del parto para evitar atraer a predadores (Kristal, 1980; Melo y González-Mariscal, 2003).
  5. Reemplazar los nutrientes perdidos durante la última etapa de gestación o durante el parto.
  6. Adquirir las hormonas presentes en la placenta (Kristal, et al., 2012).

Sin embargo, se ha visto que no todas las hembras cercanas al parto dejan de comer, por ejemplo, las ratas y las jirafas, por el contrario, siguen ingiriendo alimentos incluso 24 horas antes del parto (Kristal, 1980). Esto descartaría la explicación número dos, mencionada arriba. Del mismo modo, se ha observado que algunas especies, por ejemplo, la ardilla arbórea, consumen la placenta, en vez de sacarla del nido y arrojarla hacia el piso, con ello podría decirse que no se trata de una necesidad por evitar predadores (Menges, 2007) y se descartaría la explicación número cuatro.

Una explicación del fenómeno de placentofagia en humanos pudiera ser la que proporciona Murphy (2001) en su estudio, en el cuál relaciona el gen PEG3 (Paternally Expressed Gene 3) en humanos con su homólogo en ratones y con esto se confirma que está presente la regulación genética del comportamiento maternal perinatal y la placentofagia en el genoma humano, a pesar de que esta última no se haya practicado durante generaciones.

Su consumo y efectos endocrinológicos

En la placenta han sido encontradas gran cantidad de hormonas, tales como oxitocina, estrógenos, progesterona, hormona adenocorticotropa (ACTH) y Factor Liberador de Corticotropina (Young, et al., 2016), gonadotropina coriónica, hormonas liberadoras hipotalámicas (GnRH), lactógeno placentario, Factor Facilitador Opioide Placentario (POEF), relaxina, inhibina (García, 1990; Rodríguez-Cortés y Mendieta-Zerón, 2014).

En un estudio realizado por Soyková-Pachnerová (1954) se confirmó la capacidad de la placenta como estimuladora de la lactancia, debido a la presencia en la placenta de la hormona lactógeno placentario, entre otros componentes. Del mismo modo, se ha comprobado que, al ingerir la placenta y el líquido amniótico, se produce un aumento relevante en la producción láctea en vacas (Pinheiro,et al., 1997a). Sin embargo, se desconoce de qué forma actúan las hormonas hipofisiarias producidas en la placenta sobre la madre y el feto.

Tanto el líquido amniótico, como la placenta, contienen oxitocina y esta hormona puede producir una posible acción facilitadora de la contractibilidad uterina, que, junto con las prostaglandinas, pudieran actuar en la apertura del cuello uterino en el proceso de dilatación (Sánchez, 2015), facilitando con ello el parto, la limpieza del útero y una involución uterina más rápida.

Efecto analgésico

El líquido amniótico y la placenta actúan como inductores morfínicos, facilitando la analgesia y activando la libración de endorfinas (Thomson, et al.,1991; Corpening, et al., 2000). La ingestión de la placenta y del líquido amniótico modifica el proceso opioide central. Todo esto sucede gracias a una sustancia que se encuentra en la placenta, llamada Factor Facilitador Opioide Placentario (Placental Opioid Enhancing Factor, POEF) y su ingestión facilita la antinocicepción, aumentando los receptores y mediadores delta y kappa y disminuyendo los receptores mu, produciendo analgesia (Kristal, 1991; Pinheiro,etal., 1997b; Dipirro y Kristal, 2004; Neumann, et al.,2009).

Por las investigaciones realizadas, parece ser que este compuesto opioide ejerce una influencia importante en la supresión del dolor durante el parto y en el desencadenamiento del comportamiento materno, produciendo cambios en la actividad opioide endógena del sistema nervioso central (Sánchez, 2015). Aunque el POEF no es un opioide como tal, porque no produce analgesia por sí mismo, ejerce su influencia amplificando o facilitando la actividad de los opioides endógenos en el sistema neural, conectando el sistema digestivo con el sistema nervioso central (Ginzler, 1980); al elevar los niveles de opioides endógenos, se eleva el umbral al dolor y el POEF cumple la misión de amplificar el efecto de éstos y conservar al mismo tiempo el comportamiento materno (Rubin y Bridges, 1984).

En bovinos, Pinheiro et al. (1997b), han observado que la ingestión de líquido amniótico inmediatamente después de la expulsión del becerro, incrementa la analgesia hasta una hora después de haber parido.

Placentofagia en mujeres, alcances y limitaciones

La placentofagia en humanos había sido una práctica que en la actualidad rara vez se llevaba a cabo, muy posiblemente por motivos culturales, sin embargo, existen grupos minoritarios que mantienen vigente este comportamiento entre sus pautas culturales. Hoy en día son considerados como primitivos aquellos que conservan este comportamiento genéticamente codificado (Sánchez, 2015). A pesar de esto, en los últimos 50 años, esta práctica ha ido creciendo en muchas ciudades industrializadas (Young,et al.,2016; Johnson, et al., 2018). El modo más común de consumir la placenta es por medio de suplementos encapsulados (Selander, et al.,2013). Al ingerirla, las madres buscan obtener los efectos beneficiosos atribuidos a dicha práctica, tales como, incrementar la energía postparto, mejorar el estado de ánimo, mejorar la producción láctea en calidad y cantidad, mejorar la ganancia de peso del recién nacido (Young, et al., 2016) así como disminuir los índices de depresión postparto (Janzen, 1980; Field, 1984).

blankEn contraste con esta información, en un estudio realizado por Young y colaboradores (2018), en donde se le administraron cápsulas placebo y cápsulas de placenta a las mujeres, no encontraron diferencias significativas en el estado de ánimo, nivel de fatiga o en el vínculo entre madre y recién nacido. Además, algunos autores mencionan que lejos de obtener beneficios, pudieran surgir ciertos daños en la salud del recién nacido, tal y como lo reportó el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, con un caso de un bebé que presentó infección por estreptococos del grupo B, asociado al consumo de cápsulas hechas a base de placenta deshidratada por parte de la madre (Buser, et al.,2017). Así mismo, la Sociedad de Obstetras y Ginecólogos de Canadá, tampoco recomienda la práctica de la placentofagia (Elwood, et al.,2019). De hecho, existe mucha controversia en torno al tema, ya que, por un lado, algunas mujeres lo hacen por los efectos que se dice que la placeta produce al ser ingerida y, por otro lado, existen personas que no están a favor, ya que lo consideran un acto de canibalismo (Ober, 1979).

Figura 2. Placentofagia en humanos. La ingestión de la placenta ha crecido entre las mujeres blancas de clase media en las sociedades occidentales. Aunque las razones para la placentofagia son variadas, generalmente se promueve como un medio para ayudar a las mujeres posparto a estabilizar el estado de ánimo, mejorar la recuperación y aumentar la producción de leche. Existe gran controversia entre los autores que han estudiado la placentofagia en mujeres, ya que algunos mencionan que sí tiene efectos benéficos, en cuanto al aumento de producción láctea, el aumento de peso en el recién nacido, la disminución en la presentación de depresión postparto, la mejora en el estado de ánimo de las madres, la disminución de la fatiga; mientras tanto, otros autores señalan que el consumir la placenta pudiera generar infecciones bacterianas o virales, además de que la placenta, pudiera tener elementos traza que podrían llegar a ser tóxicos.

En un estudio hecho por Young et al. (2019), realizaron mediciones de los niveles de prolactina después del consumo de placenta cocida al vapor, deshidratada y encapsulada en 12 mujeres, y los compararon con los niveles alcanzados por 15 mujeres que ingirieron placebos, los resultados obtenidos no mostraron diferencias estadísticamente significativas (p<0.05), ni en los niveles de prolactina en el plasma, ni en la ganancia de peso de los recién nacidos en las primeras 3 semanas postparto.

El hecho de que esta práctica se realice recientemente, se basa en el supuesto de que las hormonas retenidas en la placenta, como la progesterona y estrógenos, pueden proveer ciertos efectos benéficos postparto, tales como el alivio de los síntomas de depresión y aumento en la producción láctea (Hart, 2016); sin embargo, el modo de procesamiento de las cápsulas puede llegar a dañar los componentes moleculares benéficos (Coyle, et al., 2015).

Placentofagia en medicina veterinaria

blankEn medicina veterinaria, la placentofagia es un comportamiento que se observa comúnmente cuando se trata de mamíferos (Abitbol y Inglisn, 1997), sobre todo de las hembras (Kristal 1980; Kristal, et al., 2012; Czerwimski, et al., 2016). Existen muchas explicaciones posibles al fenómeno, como lo hemos descrito anteriormente, pero cada especie presenta diferencias. Además, se ha comprobado que existe una correlación positiva entre la ingesta del líquido amniótico y el consumo de la placenta, con el desarrollo del vínculo entre la madre y las crías(Abitbol y Inglish, 1997; Dunbar, et al., 1981; Napolitano, et al.,2018), tanto en borregas (Lévy y Poindron, 1987), primates (Lundblad y Hodgen,1980), perras (Abitbol y Inglis,1997) como en conejas (González-Mariscal, et al.,1998).

Figura 3. Placentofagia en rumiantes.La placentofagia incluye la ingestión de placenta, membranas amnióticas y líquido amniótico. Este comportamiento se ha encontrado que ocurre en la parición en varias especies de mamíferos incluyendo roedores, carnívoros (Abitbol e Inglis, 1997), los ungulados (Pinheiro, Machado, Hurnick y King, 1997), primates y lagomorfos (Hudson, Lucio, Ninomiya, & Martınez-Gómez, 1999).

  • Roedores

En algunos roedores, la placentofagia no es exclusiva de las hembras parturientas, por ejemplo, los machos hámsters Djungarian (Phodopus campbelli),también consumen la placenta y de este modo asisten a la hembra durante el parto de sus crías (Jones y Wynne-Edwards, 2000). Del mismo modo, el ratón monógamo de California macho (Peromyscus californicus), también consume la placenta mientras las hembras paren (Lee y Brown, 2002; Perea-Rodríguez, et al.,2018). Perea-Rodríguez et al.(2018), encontraron que la ingestión de la placenta por parte del ratón de California macho (Peromyscus californicus),disminuía los comportamientos de ansiedad, pero no representaba influencia en la sensibilidad del dolor, respuestas parentales o en las concentraciones plasmáticas de corticosterona. Se ha observado que las crías machos y hembras, de 24 días de nacidos, que han permanecido en el nido junto con la madre hámster (Phodopus campbelli),también consumen la placenta y el líquido amniótico mientras la madre pare a otra camada (Vella, et al.,2005).

Abbottet al.,(1991) reportaron que, en ratas hembra, la placentofagia aumentó la analgesia mediada por péptidos opioides. De acuerdo con Neumann et al. (2009), los péptidos opioides, además de la sensibilidad al dolor, pueden influir en el comportamiento materno, además, también encontraron que, en ratas hembras sexualmente adultas que presentaron placentofagia, aumentó la sensibilización materna hacia las crías. Esto coincide con lo reportado por Kristal et al(1985), donde confirman que la ingestión de la placenta en ratas aumenta la analgesia producida por los opioides endógenos.

En conejas el factor que estimula la placentofagia, está relacionado con aquel que desencadena el parto, es decir, la oxitocina, la cual en esta especie aumenta de manera significativa cuando el parto se acerca e inmediatamente después desencadena contracciones uterinas intensas (Fuchs y Dawood, 1980).

  • Búfala y vaca

En el ganado de carne, durante el lamido de la cría y las membranas fetales, las vacas frecuentemente ingieren algo o toda la placenta 2 a 6 horas después del parto. El tiempo dedicado a este comportamiento es mayor en la búfala multigesta que en las primerizas (Yadav, et al, 2009) y esto es muy similar a lo observado en otros rumiantes (Napolitano, et al,2018).

blankEn estudios realizados por Pinheiro et al(1997b) se observó que el consumo de líquido amniótico, producía cierta analgesia para la vaca, así como aumentaba también los niveles en la producción láctea (Pinheiro et al1997a). Además, el líquido amniótico que cubre al neonato atrae a las búfalas y mientras lamen al recién nacido, fijan en su memoria el olor de su bucerro, comenzando así a crear el vínculo madre-cría (Mota-Rojas, et al.,2018).

Figura 4. La vaca consume la placenta en aproximadamente el 80% de los partos, suponiendo que las personas no interfieren en esta conducta retirando la placenta. En el extremo opuesto, las yeguas no ingieren la placenta prácticamente nunca, de hecho y de acuerdo con un estudio, sólo 1% de las yeguas muestran esta conducta. Fuente: https://asociacionconciencia.wordpress.com/2018/07/09/moda-o-ciencia/

  • Perra

Durante un parto normal, la perra lame y se come la placenta y las membranas fetales, comenzando por la cabeza del cachorro recién nacido, comiéndose los restos placentarios y mordiendo el cordón umbilical del cachorro (Kustritz, 2005; Jack y Watson, 2008; Connolly, 2012; Runcan y Coutinho da Silva, 2018), reduciendo la contaminación del nido y evitando la atracción de predadores (Connolly, 2012).

En un estudio realizado por Abitbol e Inglis (1997), se separaron a las perras recién paridas, de los cachorros al momento de nacer, limpiándoles el líquido amniótico y restos placentarios y se observó que, a los cachorros que se les volvía a impregnar de líquido amniótico, las perras los aceptaban y generaban un vínculo con ellos, mientras que a los cachorros que se les retiró el líquido amniótico por completo los rechazaban. Esto dejó en claro la importancia de la placentofagia en perras para generar un vínculo materno más estrecho con la cría. Para mayor información del comportamiento de la perra al parto consulta: Lezama-García et al (2019). Maternal behaviour in domestic dogs. Int. J. Vet Sci and Med. https://doi.org/10.1080/23144599.2019.1641899blank

Figura 5.El consumo de la placenta y limpieza de los cachorros son elementos importantes del comportamiento de la perra al parto, que por un lado favorece a la vinculación madre cría y por otro reduce la predisposición a hipotermia al secarse más rápido el cachorro.

Conclusiones

La placentofagia es una práctica muy común en los mamíferos no humanos y por ello, ha estado ganando popularidad en los últimos 50 años en mujeres próximas a parir, al observar los beneficios que el consumirla les proporciona a los animales. Llama la atención el hecho de que ciertos animales, cuya dieta es herbívora, como la búfala y la vaca, consuman su placenta al momento del parto, cambiando de este modo su tipo de alimentación temporalmente.

Se ha tratado de explicar este fenómeno con algunas hipótesis, tales como, el hecho de mantener el nido limpio y libre de predadores, el aporte energético, hormonal y analgésico que la placenta les proporciona, entre otras. Además, a pesar de que ha habido varios estudios en torno al tema de la placentofagia en mamíferos humanos y no humanos, aun no se ha llegado a la conclusión del porqué sucede este fenómeno, por un lado, se cree que pudiera ser en beneficio de la madre, por otro lado, se cree que dicho beneficio pudiera ser hacia las crías.

Existe mucha controversia entre los autores que han estudiado la placentofagia en mujeres, ya que algunos mencionan que si tiene efectos benéficos, en cuanto al aumento de producción láctea en las mujeres, el aumento de peso en el recién nacido, la disminución en la presentación de depresión postparto, la mejora en el estado de ánimo de las madres, la disminución de la fatiga; mientras tanto, otros autores señalan que el consumir la placenta pudiera generar infecciones bacterianas o virales, además de que la placenta, pudiera tener elementos traza que podrían llegar a ser tóxicos.

En cuanto a la placentofagia en animales, ha sido comprobado que dicha práctica produce cierta analgesia para la madre (sobre todo en ratas) y ayuda a generar un vínculo madre-cría más estrecho. En cada especie el fenómeno sucede de manera diferente, por ejemplo, en algunos roedores no es un comportamiento exclusivo de la hembra parturienta, sino que los machos padres o hembras y machos hijos de otras camadas pueden realizarla; en conejas la oxitocina está íntimamente ligada con la presentación de la placentofagia, en las búfalas y las vacas su consumo no es inmediato, pudiendo suceder de 2 a 6 horas después del parto; en las perras y en las búfalas, la experiencia materna ayuda a que se lleve a cabo de manera más eficiente. Aún quedan preguntas por resolver y hacen falta más estudios que confirmen o rechacen los datos hasta ahora generados en torno al tema de la placentofagia.

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