Redacción BM Editores
De acuerdo con datos del Compendio Estadístico 2025, el año pasado la carne de cerdo registró el mayor incremento en consumo dentro de México, con 205 mil toneladas adicionales, lo que confirma que más familias la incorporan a su dieta cotidiana, según lo señaló Raúl García, gerente técnico de la Unidad de Porcicultura MSD Salud Animal México.
Expresó que, aunque las exportaciones han tenido ajustes en mercados clave como Japón, Corea del Sur y Estados Unidos, la porcicultura mexicana ha encontrado en el consumo nacional una fuente de estabilidad y crecimiento. Esta fortaleza interna consolida al sector porcícola como un motor económico y como un referente cultural, mostrando su capacidad de adaptación y liderazgo en el país.
La producción nacional de carne de cerdo alcanzó en 2025 un volumen de 1.8 millones de toneladas, con un crecimiento anual del 2.5%. Diez estados concentran más del 86% de esta cifra, con Jalisco a la cabeza con 426 mil toneladas con una aportación a la producción del 3.7%; seguido de Sonora con 320 mil toneladas y 1.9% y Puebla con 191 mil toneladas con el 2.1%.
A estas entidades se suman Yucatán con 171 mil toneladas con un 3.1%; Veracruz, 166 mil toneladas y 2.6% y Guanajuato, 143 mil toneladas y 2.0%; mientras que Michoacán, Chiapas, Oaxaca y Querétaro completan el top 10 con crecimientos sostenidos. Estas cifras evidencian la capacidad productiva del país y el papel estratégico de la porcicultura en la seguridad alimentaria.
Desde la perspectiva de la salud, la carne de cerdo aporta proteínas de alta calidad y es rica en vitaminas del complejo B y minerales esenciales, lo que la convierte en una opción nutricional clave dentro de una dieta balanceada. Su incorporación cotidiana fortalece la salud muscular, el metabolismo energético y el bienestar general, reforzando así el vínculo entre alimentación y calidad de vida.
La cadena productiva mantiene un enfoque en bienestar animal e inocuidad alimentaria, factores que resultan decisivos en un contexto global donde los consumidores demandan productos confiables y de origen responsable.
De esta manera, cada corte que llega al mercado local no solo responde a estándares internacionales, sino que también refleja la resiliencia de una industria que alimenta tanto el cuerpo como la identidad nacional.









