De acuerdo con la información arrojada por apicultores de diversos estados, se estima haber perdido desde un 30 % hasta un 88 % de colmenas entre 2015 y 2016. De los estados más afectados, Jalisco ha tenido pérdidas de 50 mil colmenas, el equivalente a 2500 millones de abejas y 750 toneladas de miel. Diversos factores han sido atribuidos como causantes de este fenómeno, tales como el cambio climático, plagas e infecciones, así como el uso de plaguicidas de uso agrícola.
Sin embargo, aunque México aún carece de información al respecto, el punto común es que todos los apicultores que han sufrido pérdida masiva de colmenas lo relacionan a la aplicación de plaguicidas en cultivos cercanos. Es por ello por lo que el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco, A.C. (CIATEJ), ha contribuido generando información sobre la relación que existe entre el uso de plaguicidas, con este problema. El CIATEJ es un Centro de Investigación que pertenece a la Coordinación de Medio Ambiente, Salud y Alimentación del Sistema de Centros Públicos de Investigación (CPI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).
El Dr. Octavio Gaspar, del CIATEJ, se especializa en toxicología ambiental y molecular y, junto con su equipo de trabajo, ha construido una plataforma analítica para identificar y cuantificar sustancias tóxicas, en este caso plaguicidas en diversas matrices ambientales y alimentarias, entre ellas, miel, ceras y abejas. De esta manera, se ha podido establecer una cercanía con diversos grupos de apicultores para atender casos muy particulares de aquellos que han sufrido pérdidas importantes de colmenas.
Entre los insecticidas pueden encontrarse sustancias como los neonicotinoides y el fipronil, entre otros, incluso a dosis letales, lo cual explica la mortandad masiva de abejas, dentro o alrededor de sus propias colmenas. Caso contrario a la Comarca Lagunera, en donde se han hallado mezclas de neonicotinoides y organofosforados en muestras de miel y cera a concentraciones muy bajas. En este caso, las abejas abandonaron las colmenas, posiblemente por desorientación espacial debida a la exposición a dosis subletales de los pesticidas.
Todo plaguicida es tóxico, sin embargo, la dosis es la que determina su efecto sobre los organismos. Científicamente está comprobado que los insecticidas actúan sobre el sistema nervioso de la abeja generando daños irreversibles como la pérdida de la memoria, parálisis y muerte; en este sentido, dosis subletales resultan en desorientación y pérdida de la memoria, es por ello por lo que las abejas salen de sus colmenas en busca de alimento y ya no regresan, provocando así que la colmena colapse. De todas las familias de insecticidas, los neonicotinoides son de los más tóxicos, por ejemplo, solo una dosis oral de 5 nanogramos de imidacloprid es suficiente para matar a una abeja.
Debido a que este es un problema emergente y de gran relevancia en México, la cámara de diputados ha solicitado información y apoyo científico para fortalecer exhortos dirigidos a AGRICULTURA, a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS).
Asimismo, es necesario impulsar iniciativas que establezcan la regulación, la vigilancia, el buen uso o, en su caso, la prohibición de plaguicidas altamente peligrosos. Sin embargo, ante la prioridad de la mortandad de abejas, se debe proteger al sector apícola a través de una estrecha comunicación entre autoridades, agricultores y apicultores; asimismo, hacer efectivas las recomendaciones que da el manual de buenas prácticas de AGRICULTURA, tras la aplicación de plaguicidas en cultivos.
Fuente:
CIATEJ. (2017). El impacto de los plaguicidas en el sector apícola. Agosto.









