Juárez-Caratachea, A
[email protected]

Guzmán-Lara, M.D.C.
Villalba-Sánchez, C.A.
Gutiérrez-Vázquez, E.
Juárez-Gutiérrez, A.C.

Resumen

En el presente trabajo se evaluó el efecto del ajo (Allium sativum) y de las semillas de calabaza (Cucurbita máxima), contra parásitos gastrointestinales en guajolotes de traspatio. Se usaron 30 guajolotas adultas, adquiridas en localidades del municipio de Tarímbaro, Michoacán, México, con el antecedente de no haber sido desparasitadas previamente. El trabajo se desarrolló en el sector avícola y Laboratorio de Parasitología de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).

Las aves fueron divididas al azar en tres tratamientos (T) con 10 ejemplares cada uno: T0: testigo (desparasitantes comercial, dosis única, vía oral, conforme a la posología del medicamento), T1: 2 g de ajo/animal/día vía oral durante 7 días y T2: 30 g de semillas de calabaza/animal/día vía oral por 7 días. Previo al tratamiento se recolectaron excretas para el análisis coprológico y, a través del método de flotación determinar la prevalencia de huevecillos de parásitos. Los resultados más relevantes indican que, el 100% de las excretas muestreadas resultaron positivas a Eimeria spp y el 46.6% a Capillaria spp, el promedio de ooquistes fue de 2,364 ± 243 y 153 ± 61 huevecillos para Eimeria spp y Capillaria spp, respectivamente. En ambos tratamientos naturales, igual que en el comercial, al tercer día de muestreo postratamiento se redujo significativamente la concentración de huevecillos por g de heces, mostrando así que tanto el ajo como las semillas de calabaza son una alternativa antiparasitaria contra Eimeria y Capilaria en guajolotes adultos de traspatio.

Introducción

El guajolote (Meleagris gallopavo) es el primer animal domesticado en Mesoamérica y los datos indican que su domesticación ocurrió hace unos cuatro o cinco mil años en la parte sur del Altiplano y de ahí se dispersó en todas direcciones (Valadez et al., 2001), por ello se dice que el pavo es un regalo de México para el mundo (Crawford, 1992). Hacia 3500 a 1800 antes del presente, el guajolote ya había alcanzado un especial valor como fuente de carne, pues sus restos aparecen frecuentemente entre los materiales de lo que algún día fueron aldeas y centros periurbanos (Valadez et al., 2001). Sin embargo, poco se conoce acerca de los parásitos gastrointestinales que afectan al guajolote nativo mexicano.

En México, la cría de gallinas criollas y guajolotes nativos son componentes de la llamada avicultura de traspatio, actividad importante en las comunidades rurales del país, ya que genera productos de alto valor nutritivo como carne y huevo (Cisneros, 2003, SADER, 2007). Sin embargo, bajo las condiciones de este sistema de producción en libertad, las aves domésticas son susceptibles de ser infestadas por parásitos internos, al levantar el alimento del suelo, tener contacto directo con otras especies domésticas y silvestres, así como con sus respectivas excretas o restos de éstas, por lo que puede asegurarse que muy pocas aves estarán totalmente libres de parásitos gastrointestinales (Moreno, 1989).

La alimentación de las gallinas y guajolotes en el sistema tradicional o de traspatio es variada, conociéndose dos orígenes, la que suministran los criadores y la que recolectan las aves en las áreas que recorren. En relación con esto, Ramos-Elorduy (2002) menciona que los insectos son una fuente fundamental de proteína para las aves. Esta parvada de traspatio consume los granos que les proporciona el dueño, más desperdicios de la cocina, además hierba, insectos y larvas que libremente recolectan, lo que aumenta el riesgo de una endoparasitosis (Ravindran, 2013).

Fraga et al. (1993) dicen que las aves criollas poseen tolerancia y adaptación al medio, así como resistencia a diversas patologías sin empleo de medicamentos, drogas, o vacunas, registran bajos rendimientos pero consumen menos alimento. En la actualidad se intenta producir con respeto al medio ambiente de modo sustentable, disminuyendo el uso de sustancias químicas como antibióticos, promotores de crecimiento, arsenicales, coccidiostatos, y otros desparasitantes por lo que alternativamente se han señalado productos naturales como el ajo (Allium ativum) y las semillas de calabaza (Cucurbita máxima) (Cárdenas et al., 2008 y Jacob y Pescatore, 2011).

El ajo (Allium sativum) es originario de Siberia y cultivado en Asia Central, diseminado por las tribus nómadas, se ha cultivado y usado en todas las culturas desde hace más de 5,000 años. Introducido en América en el siglo XV (Cáceres, 1996). Es una planta herbácea con bulbos divididos, de unos 50 cm de altura. La planta produce flores entre rosado y morado en los meses de julio a septiembre. El bulbo es odorífero. Sobre el bulbo basal, que va cubierto de raíces, se dispone el principal alrededor del cual están los llamados dientes de ajo (CIMED, 2002).

En estudios realizados en terneros menores de un año, se ha observado el efecto desparasitante, las soluciones de ajo fueron efectivas para los géneros Strongyloides spp y Moniezia spp (Sobalvarro, 2006). Desde el punto de vista terapéutico el principal componente del ajo es la alicina; ésta se forma cuando se tritura o fractura el bulbo transformándose la aliína en alicina por acción de la enzima aliinasa. La alicina es un compuesto azufrado que posee diversas actividades farmacológicas de interés, su nombre sistemático es ácido 2-propeno-1-sulfinotioioco S-2-propenil éster, mismo que es usado para desparasitar (Guimerans, 2005). Este compuesto le da al ajo las cualidades antimicrobianas, antioxidantes, antiparasitarias y antifúngicas, entre otras. Otro compuesto como el alilsulfuro contribuye también en el efecto antiparasitario (Hall, 2002).

Otra propiedad bien estudiada del ajo es el efecto anticoccidial; estudios realizados en Carolina del Norte (EE. UU.), demostraron en cabras adultas la disminución en la carga parasitaria de ooquistes de Eimeria, por medio del uso de soluciones de diferente volumen (2.5 ml, 5 ml y 10 ml); otro estudio realizado en ratones de 8-9 semanas de edad demostró que la solución de ajo en dosis de 20 mg/kg, disminuyó la carga parasitaria y la inflamación y lesiones causadas por Eimeria papillata (Worku et al., 2009). También, se ha determinado el efecto coccidiostato del ajo en conejos jóvenes de 4 a 6 semanas, inoculados con Eimeria stiedae, en donde los bulbos fueron triturados y administrados oralmente, a una dosis diaria de 0.5 g/kg durante 5 días sucesivos (Ashmawy, 2010).

La mayoría de las calabazas que se consumen en el mundo tiene su origen en especies domesticadas en México, todas pertenecen el género Cucurbita, es la primera planta cultivada en Mesoamérica hace unos 10 mil años; con la domesticación se disminuyó el sabor amargo de la calabaza silvestre, en la actualidad existen muchas variedades de Cucurbita, como la C. pepo, C. mostacha, C. maxima, entre otras; de esta planta se aprovecha el fruto, la flor, la semilla y el tallo, los conquistadores la dispersaron por el mundo (Vela, 2019). La misma fuente señala que, las semillas, también llamadas pepitas, representan una fuente de proteína.

Abreu et al. (2001), al estudiar los parámetros farmacognósticos de las semillas crudas de calabaza, para emplearlas como antiparasitario, encontraron que la cucurbitina es el principio activo que actúa sobre las tenias. En relación con esto, Díaz et al. (2004), observaron que las tenias de perros y ratas tratadas con 23 g de semilla de calabaza molidas y diluidas en 100 ml de agua (73 semillas), detenían la motilidad y que, a los 38.4 minutos postratamiento se presentaba un efecto proteolítico en los helmintos.

En relación con lo anterior, Lemus-Mandioca et al. (2019) coinciden en que las semillas de calabaza (Cucurbita máxima) contienen cucurbitacina o cucurbitina, un principio activo de tipo alcaloide, con propiedades vermífugas desparasitantes. Las semillas de calabaza paralizan los gusanos que parasitan el intestino, como la solitaria y los áscaris. Una vez inmovilizado y suelto de la pared intestinal a la cual se adhieren, resulta fácil expulsarlo. Además, las semillas de calabaza resultan nutritivas por su contenido de vitamina E, ácido linoleico, zinc y hierro.

En relación con las enfermedades parasitarias, de acuerdo con Bocha (1982), el parasitismo es un tipo de asociación inter-específica entre dos seres vivos en el que el beneficio es exclusivamente unilateral, denominándose parásito al ser que resulta beneficiado de esta simbiosis o vida conjunta, y hospedador al organismo afectado por esta vida de asociación. Es decir, un animal parásito es aquel que vive a expensas de un individuo de otra especie, estrechamente asociado a los aspectos biológicos y ecológicos durante uno o parte o la totalidad de sus ciclos biológicos (Quiroz, 2011).

La forma de vida parasitaria tiene por lo general capacidad de sobrevivencia, por lo cual, sin importar las líneas filogenéticas, se presenta en todos los Phyla que comprenden el reino animal (protozoos, nematodos, platelminto). Según Aguilar (1992), existen modalidades de relación entre 2 especies diferentes que a su vez causan un beneficio o daño que se definen por su tipo de relación y que son los siguientes: simbiosis (viven juntos), predación (uno se beneficia del otro), foresis (viajan juntos sin dependencia), mutualismo (beneficio mutuo), comensalismo (beneficio de uno sin daño en el otro) y parasitismo (cuando un simbionte lesiona realmente a su huésped, tanto físico, tóxico, interno o externo, con diferente grado de incidencia y preferencia por estructuras específicas) (Quiroz, 2011).

En síntesis, el parasitismo no es otra cosa que una forma más de obtener energía del sistema, que cumplirá con las funciones vitales y cubrirá las necesidades de una especie. Por lo que es importante tener en mente las causas más conocidas de enfermedades parasíticas además del grado y particularidades de las mismas, a fin de tener un panorama más amplio sobre las relaciones parasitarias (Pérez, 1992). Además, los parásitos pueden clasificarse de acuerdo con sus ciclos de vida y posición sobre el hospedador (Sumano y Gutiérrez, 2010).

De acuerdo con Jiménez (2010), al estudiar las parasitosis gastrointestinales en guajolotes de traspatio en el estado de Michoacán, observó que, 12 de los 50 intestinos examinados presentaron parásitos adultos, tales como Ascaridia galli, Heterakis gallinarum y Strongyloide. Además, las siguientes frecuencias de huevecillos: 13.7% de Eimeria spp, 13.7% de Capilaria, 9.6% Heterakis gallinarum y 1.4% de Strogyloides. Los hallazgos anteriores coinciden con la relación de parásitos gastrointestinales señalados por Quiroz (2011).

Con base a los antecedentes ya señalados, en los que se destacan los parásitos gastrointestinales diagnosticados en otras investigaciones y las propiedades del ajo (Allium sativun) y la semilla de calabaza (Cucurbita máxima) como antiparasitarios, es factible que el uso de estos productos naturales reduzcan la cantidad de parásitos gastrointestinales en guajolotes de traspatio. Por lo que el objetivo del presente estudio consistió en evaluar el efecto del ajo (Allium sativum) y las semillas de calabaza (Cucurbita máxima) como antiparasitarios gastrointestinales en guajolotes de traspatio.

Material y Métodos

El presente estudio se realizó de diciembre de 2019 a enero de 2020, en el sector avícola de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), ubicada en el km. 9.5 de la carretera Morelia-Zinapécuaro, municipio de Tarímbaro, al norte del estado de Michoacán, en las Coordenadas 19º 48’ de latitud norte y 101º10’ de longitud oeste, a una altura de 1,860 msnm. Limita al norte con los municipios de Copándaro y Cuitzeo, al este con Álvaro Obregón, al sur con Morelia y Charo, y al oeste con Chucándiro (INEGI, 2009).

Para el trabajo experimental se utilizaron 30 guajolotas nativas adultas, provenientes de distintas localidades del municipio de Tarímbaro, Michoacán, las cuales fueron distribuidas aleatoriamente en tres tratamientos (T) con 10 ejemplares cada uno: en el T0 (testigo) se aplicó antihelmíntico comercial, vía oral, dosis única como se establece en la posología del fármaco, el T1 recibió 2 g de ajo, vía oral, diariamente y el T2 recibió 30 g de semillas de calabaza (sin cutícula)/animal, directo al pico, los T1 y T2 fueron administrados por un período de 7 días. En el presente trabajo cada guajolota representó una unidad experimental, las cuales fueron alojadas en jaulas individuales con dimensiones 90x90x90 cm (largo, ancho y alto respectivamente, especiales para gallos de combate), colocadas sobre bases de malla de harnero; cada hembra se identificó con una banda plástica numerada, colocada en el tarso derecho.

El pesaje de los tratamientos naturales se realizó en una báscula digital, con precisión de 0.01 g. El corte del ajo se hizo con ayuda de un cúter y las semillas de calaza se compraron ya sin cutícula. Para la recolección de excretas fueron colocadas bolsas de plástico bajo las jaulas donde se alojaban las guajolotas y, para la recolección de las muestras se usaron pequeñas bolsas de plástico numeradas con el número del ave y el tratamiento correspondiente.

El primer muestreo se realizó pretratamiento para diagnosticar la frecuencia de parasitosis entre los ejemplares experimentales, en tanto que los muestreos postratamientos se llevaron a cabo con intervalo de dos días por medio, es decir, los días 3, 6 y 9, el mismo día de muestreo las excretas fueron enviadas al Laboratorio de Parasitología de la Unidad de Servicios Auxiliares para el Diagnóstico (USAD), de la FMVZ de la UMSNH, para su respectivo análisis coproparasitoscópico, cuantitativo y cualitativo, con la técnica denominada flotación para buscar huevecillos, cuyos pasos básicos se mencionan a continuación (Serrano, 2010).

I. Con la ayuda de un agitador se tomaron 2 g de cada muestra de heces y se colocaron en un recipiente de plástico.
II. A los 2 g de la muestra se adicionó solución glucosada hasta ablandarla.
III. En un vaso de precipitado se midieron 50 ml de solución glucosada, se transfirieron al recipiente de plástico y se agitaron hasta que las heces queden suspendidas en forma homogénea.
IV. Se vació el contenido del recipiente a través de un colador, colocando sobre el vaso de precipitación de 50 ml y, con el agitador se comprimió cuidadosamente el exceso de líquido de las heces sobrantes en las mallas.
V. Se agitaron lentamente las heces haciendo oscilar el vaso y luego se vació la mezcla dentro del tubo de ensaye, llenándolo hasta cerca del borde.
VI. Se puso a centrifugar durante 10 minutos a 1500 rpm.
VII. Con un gotero se extrajo la muestra de la superficie del tubo y se depositó en el portaobjeto, luego fue cubierto con el cubreobjetos.
VIII. Posteriormente se observó en el microscopio con lente de 10x.

Los datos obtenidos se procesaron estadísticamente mediante estadística descriptiva, para calcular promedios y desviación estándar del número de huevecillos de los parásitos diagnosticados. Finalmente, los resultados fueron condensados en cuadros y gráficas para su posterior análisis y discusión.

Resultados y Discusión

Los resultados de la Tabla 1 indican que el 100% de las guajolotas muestreadas resultaron positivas en los exámenes coprológicos realizados, con un promedio superior a 2,000 ooquistes de Eimeria spp por g de heces, La coccidiosis es una enfermedad parasitaria de importancia mundial por sus efectos negativos en la producción y el retraso en el desarrollo de las aves; la Eimeria es una parásito que causa daño tisular en el intestino, alterando la absorción de nutrientes y produciendo diarreas de diferentes grados y descenso en la producción (Cervantes y Hon, 2018).

La misma fuente, Cervantes y Hon (2018) indican que la coccidiosis puede estar presente en dos formas: clínica o subclínica, que la forma subclínica es la más común y difícil de diagnosticar ya que clínicamente las aves perecen estar sanos. En relación con lo anterior, Elanco Spain (2019) menciona que, en una interpretación relativa del recuento de ooquistes, menos de 10,000 por g/heces equivalen a no significativo, a menos que la evaluación de lesiones por coccidiosis diga lo contrario. Los promedios de ooquistes en la presente investigación son superiores a 2,000 (Tabla 1), por lo que se pueden clasificar como coccidiosis subclínica y por lo tanto, no significativa, según esta fuente.

En la misma Tabla 1 se señala que el 46.6% de las aves muestreadas resultaron positivas a Capillaria spp, con un promedio igual o superior a 100 huevecillos por g de heces. De acuerdo con Quiroz (2011), este nematodo se puede localizar en esófago, buche o intestino, llega a medir hasta 8 cm, es muy delgado, aunque un pequeño número de ellos puede causar daño a las aves, como inflamación en esófago, buche o ciegos; las larvas ejercen acción traumática y los adultos acción mecánica, por compresión y obstrucción. Además de destruir los tejidos circundantes (Mattiello et al., 2000).

Camposano (2018), al estudiar la prevalencia de parásitos gastrointestinales en aves criollas observó para la Eimeria spp, una frecuencia de 74.74%, en tanto que para Capillaria spp fue de 22.94%, tendencias similares a las encontradas en el presente estudio cuyas frecuencias diagnosticadas fueron 100% para Eimeria spp y 46.6% para Capillaria spp. De acuerdo con Marín-Gómez y Benavides-Montaño (2007), los parásitos en general afectan en cualquier etapa de las aves, todos causan daño, ya sea por la acción expoliatriz, sustrayendo contenido intestinal o por la acción hematófaga, lo que disminuye la tasa de crecimiento y los niveles productivos, eventualmente pueden terminar con la muerte.

Los resultados de la Gráfica 1 indican que, el número de ooquistes de Eimeria spp por g de heces disminuyó progresivamente a las 3, 6 y 9 días postratamiento, con tendencia similar entre el desparasitante comercial y los dos desparasitantes naturales. Es evidente que en los tres tratamientos la cuenta parasitaria se reduce a cerca de 0% al tercer día postratamiento, de modo tal que, al noveno día de muestreo ya no hay evidencia de ooquistes.

La respuesta de Capillaria spp a los desparasitantes naturales fue similar a la respuesta de Eimeria spp, a los mismos tratamientos, excepto que el mayor descenso de la cuenta de huevecillos se presentó al sexto día de muestreo, y no a los tres días postratamiento como ocurrió con los protozoarios (Gráficas 1 y 2). Los desparasitantes naturales: ajo y pepitas de calabaza, mostraron ser una alternativa para tratar Eimeria y Capillaria en guajolotas autóctonas, con un comportamiento ovicida similar al desparasitante comercial.

En relación con la actividad desparasitante del ajo, Dumore et al. (2020) realizaron un análisis fitoquímico de éste y reportaron la presencia de alcaloides, terpenoides, flavonoides, esteroides, saponinas, taninos y fenoles. Por su parte Medina et al. (2014) destacan que, los principales compuestos antihelmínticos de las plantas son terpenos, alcaloides, saponinas, atraquinonas y taninos, aunque al parecer son los taninos los que intervienen en funciones vitales de los nematodos, afectando la movilidad, la nutrición y posiblemente el aparato reproductor.

Además, Hoste et al. (2005) indican que, las plantas ricas en taninos han atraído la mayor atención por su efecto sobre los nematodos gastrointestinales; que las plantas taníferas pueden tener una actividad antiparasitaria directa, pero también pueden tener un efecto indirecto a través de mejorar la respuesta inmune de los animales contra los parásitos. Lo anterior es posiblemente la razón del porqué, en la presente investigación, el ajó mostró ese descenso en la carga parasitaria contra Eimeria spp y Capillaria spp en guajolotas autóctonas, como se muestra en la Tabla 1 y Gráficas 1 y 2.

En relación con las semillas de calabaza, Abreu et al. (2001) analizaron tres variedades de calabaza: Cucurbita pepo, Cucurbita muschata y Cucurbita máxima, tratando de determinar los parámetros farmacognósticos que les permitieran emplearlos como antiparasitarios. También determinaron masa de semillas, humedad residual, cenizas totales y sustancias solubles, observando que la de mayor rendimiento agrícola es la variedad C. muschata.

Por su parte, Díaz et al. (2004), observan que la concentración mínima inhibitoria de Cucurbita máxima (semilla de calabaza), como antiparasitario es de 23 g de semilla. La misma fuente señala que, el principio activo es la cucurbitina y el mecanismo de acción parece ser contracciones sostenidas en parásitos adultos (lombrices), logrando acortarlas, formación de vesículas en la superficie del gusano y ruptura de la cápsula ovígera y cáscara de los huevos.

Conclusiones

Los resultados del presente estudio permiten concluir que:

a). El 100% de las guajolotas muestreadas resultaron positivas a Eimeria spp y, el 46.6% a Capillaria spp.
b). La media estadística fue de 2,364 ± 243 ooquistes y de 153 ± 61 huevecillos por g/heces para Eimeria spp y Capillaria spp, respectivamente.
c). En ambos tipos de parásitos, el máximo descenso en la concentración (h/g/heces) se presentó el tercer día de muestreo postratamiento.
d). Tanto Cucurbita maxima (semilla de calabaza) como Allium sativum (ajo) resultaron una alternativa antiparasitaria contra Eimeria spp y Capillaria spp en guajolotas de traspatio adultas.

Artículo publicado en Los Avicultores y su Entorno