MVZ. Laura Cobos Marín.
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Las vacunas o inmunógenos son los productos biológicos empleados en la prevención de enfermedades de los animales y el hombre.

Existen muchos tipos de vacunas, pero todas buscan dos principios fundamentales: por un lado, inducir una respuesta inmune protectora, ya que el generar una respuesta inmune no es garantía de que dicha respuesta sea la adecuada para el microorganismo en cuestión. De aquí la importancia de conocer, no solamente el tipo de respuesta que se genera ante una infección, sino de identificar cuáles de los elementos participantes son cruciales en la protección contra este microorganismo; por otro lado, las vacunas deben inducir memoria inmunológica, lo que representa uno de los grandes retos en su producción, para lograr que los individuos queden protegidos por largo tiempo y con el menor número de dosis posible.

Los distintos microorganismos que invaden a un individuo pueden generar la estimulación de una compleja red de células y moléculas que en conjunto logren el control del proceso infeccioso. Aun cuando la activación de linfocitos, la producción de anticuerpos y la formación de células de memoria por parte del sistema inmune adquirido son los elementos fundamentales de la protección, la correcta activación de éstos depende en gran medida de las moléculas y células del sistema inmune innato. Por lo tanto, es la suma de ambas respuestas lo que podría conllevar a que una vacuna genere una respuesta inmune protectora y duradera, antes de que un individuo entre en contacto con los microorganismos y así evitar el desarrollo de un proceso infeccioso.

Dentro de las características de un buen inmunógeno se pueden destacar: el generar la mayor protección con el mínimo de aplicaciones, tener un mínimo o nulas reacciones secundarias (dolor, fiebre, malestar), no producir reacciones indeseables (inmunosupresión, anafilaxia, autoinmunidad, enfermedad por vacunación) y que el agente vacunal no revierta a patógeno.

HISTORIA Y TIPOS DE VACUNAS

Los primeros reportes registrados en los que el hombre buscó protegerse de las enfermedades datan del siglo XI y se extienden al XVI, con la práctica de la variolización en China e India, que posteriormente fue introducida a occidente por Lady Mary Wortley Montague, en 1721. Se puede decir que la primera vacuna registrada en el mundo occidental se logró en 1798 cuando Edward Jenner realizó la variolización a partir de la viruela de las vacas, generando así un método de inmunización más seguro que el empleado en oriente. Esta práctica se extendió a América gracias a la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, comandada por Francisco Javier Balmis.

A pesar del éxito de la variolización, empleando lo que hoy se conoce como un antígeno heterólogo (viruela de vacas para proteger humanos), existen pocos microorganismos en la naturaleza que puedan ser empleados para proteger una especie con un virus que afecta a otra. En la avicultura el ejemplo más clásico es el uso del herpes virus del pavo en la vacunación contra la enfermedad de Marek y si bien, también es común el empleo de poxvirus para la vacunación heteróloga, éstas no generan una protección adecuada.

Fue con los estudios de Louis Pasteur con Cólera aviar (1879) cuando se logró tener la primera vacuna desarrollada en un laboratorio, posteriormente le siguieron las de Ántrax en 1881 y la de Rabia (1885) que la obtuvo tras realizar pases del virus (atenuación), inyectando el inóculo obtenido de la médula espinal de conejos infectados

Se puede decir que el enfoque de Jenner y Pasteur sigue vigente en nuestros días, y a estas vacunas se les puede clasificar como de “primera generación”; cuyo principio es el uso de un microorganismo vivo o activo, apatógeno, o inactivado, para la prevención de una enfermedad. Muchas vacunas aviares cumplen con este criterio: desde las de virus activo (como Newcastle, bronquitis, Gumboro, Marek, encefalomielitis o laringotraqueitis), hasta las inactivadas elaboradas con virus (Newcastle, bronquitis, hepatitis por cuerpos de inclusión o el síndrome de baja de postura); así como las elaboradas a partir de bacterias (Pasteurella multocida, Avibacterium paragallinarum, Salmonella), llamadas bacterinas.

Las principales diferencias entre éstas se describen en el siguiente cuadro:

Desde los años de Pasteur también se introdujo el concepto de que a veces no es el microorganismo el que causa el daño, sino sus toxinas y fue así como Berhing y Kitasato desarrollaron los toxoides diftérico y tetánico, cuyo principio se basa en administrar, no al microorganismo completo sino a su toxina (purificada y tratada con formol para inactivar su capacidad patogénica, pero preservar su antigenicidad), y generar una respuesta inmune protectora. Es por estas épocas en las que se utiliza por primera vez el término antitoxina, para referirse a aquellas moléculas que genera el cuerpo para protegerse contra un agente agresor. Hoy los llamamos anticuerpos y sabemos que particularmente los de tipo neutralizante son una herramienta fundamental para predecir la eficacia de una vacuna.

A partir del estudio más detallado de la respuesta inmune y el surgimiento de nuevas disciplinas, como la biología molecular, se acuñó el término de vacunas de tercera generación, que se diseñan con un conocimiento integral del microorganismo y la respuesta inmune que genera tras la infección. Estas suelen ser más fáciles de producir y a un menor costo. Con ayuda de la tecnología recombinante, hoy se pueden hacer vacunas subunitarias, de vectores virales o partículas semejantes a virus e incluso de DNA o RNA para emplearse de forma segura y eficiente.

Algunos ejemplos de este tipo de vacunas en aves son la que emplea al virus de Newcastle para expresar antígenos de influenza aviar, o las que ocupan al herpesvirus del pavo como vectores de expresión de Gumboro o laringotraqueítis aviar.

Autovacunas de aves:

Una forma de enfrentar enfermedades que aún es vigente, es la generación de vacunas locales, en las que se aísla un microorganismo para poder desarrollar un inmunógeno. Esto puede cobrar relevancia en producciones que representen poco interés comercial para la industria farmacéutica, por el nicho reducido de negocio; tal es el caso de la colombofilia o la meleagricultura. Esta última representada en un 40% por producción traspatio y un 10% por pequeños productores.

En estas especies es común la presencia de la viruela. Enfermedad transmisible por mosquitos, que presenta dos manifestaciones típicas: la cutánea y la diftérica. La primera se caracteriza por presentar lesiones como la proliferación hipertrófica del epitelio en párpados, base del pico, patas, piernas y ocasionalmente en los oídos; mientras que la forma diftérica se presenta en mucosas de pico, garganta, buche, ojo y tráquea, como masas amarillentas-grisáceas suaves y adheridas a tejido muerto que pueden llegar a obstruir la tráquea. En casos graves el globo ocular puede ser reemplazado por una masa amarillenta caseosa.

Si bien la enfermedad tiene mayor morbilidad y mortalidad en palomas que en pavos; en ambas especies tiene relevancia, al no existir un tratamiento para ésta y la mejor forma de prevenirla es por vacunación. En México, los únicos inmunógenos disponibles para ambas especies son las vacunas heterólogas elaboradas a partir de avipoxvirus de pollo, y es bien sabido que éstas no generan una protección adecuada, ni en los pavos ni en las palomas.

Uno de los deberes de las instituciones académicas como la UNAM, es generar soluciones prácticas, con compromiso social, que puedan ayudar al desarrollo de comunidades marginadas como lo serían los pequeños productores de pavos. En este sentido, se muestran los resultados de dos trabajos publicados en los que se obtuvo un prototipo de autovacuna homóloga para palomas y pavos.

1 Autovacuna homóloga en palomas:

En este estudio se comparó la protección conferida entre una vacuna homóloga, elaborada con avipoxvirus de paloma, y una vacuna comercial heteróloga de avipoxvirus de pollo, al desafiar palomas con un avipoxvirus de paloma. El avipoxvirus de paloma se aisló a partir de costras de palomas enfermas de viruela y se inoculó en membranas corioalantoideas (MCA) de embrión de pollo (EP). La identificación viral se hizo por histopatología, reacción en cadena de la polimerasa y análisis de restricción enzimática. Dicho virus fue adaptado al EP mediante pases en MCA y se utilizó como vacuna homóloga cuando alcanzó un título de 104,37 DIEP50%/mL. Se vacunaron palomas mensajeras con la vacuna homóloga (n = 20) y con una vacuna heteróloga (n = 20), alcanzando un título neutralizante del suero de 1/61,5 para el grupo de la vacuna homóloga, mismo que fue nulo para el grupo de vacuna heteróloga. Por último, los animales se desafiaron con una suspensión de avipoxvirus de paloma con la que se obtuvo una protección del 100% en el grupo de la vacuna homóloga, mientras que en los grupos de vacuna heteróloga y en el grupo control (n = 20) no hubo protección. Se concluye que una vacuna homóloga contra avipoxvirus de paloma, adaptada a EP, es capaz de generar anticuerpos neutralizantes y su protección es significativamente mayor a la conferida por la vacuna heteróloga comercial

2 Autovacuna homóloga en pavos:

Este estudio comparó la protección conferida entre una vacuna comercial y una vacuna que se elaboró con Turkeypoxvirus activo atenuado, ante el desafío de pavipollos con un virus de campo. La identificación viral se realizó mediante histopatología, reacción en cadena de la polimerasa y secuenciación del ADN viral y el aislamiento en embrión de pollo. El virus se adaptó a través de pases en membrana corioalantoidea y se usó como vacuna cuando alcanzó un título de 104.4 DIEP 50% I ml. Para el desafío se emplearon 3 grupos, cada uno con 10 pavipollos de 3 semanas de edad. Grupo 1, vacunado con el prototipo vacunal elaborado (Turkeypoxvirus). Grupo 2, vacunado con una vacuna comercial (Fowlpoxvirus). Grupo 3, animales control que no fueron vacunados. Dos semanas después de la vacunación se alcanzó un título de seroneutralización de 97.7 DN50% para el grupo de vacuna homóloga (Grupo 1), mientras que el título para el grupo de vacuna comercial (Grupo 2) fue de apenas 11.7 DN50%, y fue nulo para el grupo control (Grupo 3). Finalmente, los tres grupos fueron desafiados con una suspensión del virus de campo de la viruela del pavo. Ante el desafío se obtuvo una protección del 100% (10 de 10) en el grupo 1, mientras que en el grupo 2 (vacuna comercial heteróloga) hubo una protección del 10% (1 de 10)y en el grupo 3 no hubo protección alguna (0 de 10). Los resultados de este estudio muestran que la protección contra la enfermedad de viruela en pavos es mayor cuando se emplea una vacuna homóloga, que cuando se utilizan vacunas contra virus heterólogos.

BIBLIOGRAFÍA:

• A Sánchez, LM Valdés, LE Rangel, L Cobos- Marín. Valoración del efecto protector de una autovacuna elaborada a partir de poxvirus de palomas Arch. Med.Vet, 2012; 44: 81-86.

• Nolasco E., Quintana J.A., Valdés L.M., Rangel L., Cobos M.L. (2020) Attenuation of a Turkeypoxvirus field strain as an alternative to heterologous vaccination in turkeys. Veterinaria México 7(4),1-12. DOI http:// dx.doi. org/10.22201/ fmvz. 244867 60e20204. 896

Artículo publicado en Los Avicultores y su Entorno Junio- Julio 2022