Por Paige Gott, Gerente Técnico, Rumiantes
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La mastitis causa daño a las vacas y constituye un costo importante para la producción lechera. Aquí analizamos los vínculos entre micotoxinas y mastitis, y los efectos en la calidad y la producción de leche.

La mastitis es una de las enfermedades más costosas de las vacas lecheras a nivel mundial. El costo anual estimado solamente para la industria lechera de EE.UU. es de US$ 2,000 millones. Si bien las causas y el manejo de la mastitis son complejos, las micotoxinas deben ser consideradas ya que aumentan el riesgo de mastitis y pueden tener efectos negativos en la producción y la calidad de la leche.

Tipos de mastitis

La mastitis es una inflamación de la glándula mamaria que generalmente se asocia a una infección intramamaria por microorganismos. Las bacterias son los microorganismos involucrados más frecuentes, aunque existen otros agentes tales como especies fúngicas (levaduras o mohos), ciertas algas microscópicas y virus. El trauma físico o la irritación química ocasionalmente pueden causar mastitis.

Existen múltiples formas de clasificar los casos de mastitis. La primera gran clasificación tiene que ver con el origen del patógeno: contagioso vs. ambiental (Cuadro 1). Los patógenos contagiosos incluyen Staphylococcus aureus, Streptococcus agalactiae y Mycoplasma spp. Los patógenos ambientales comunes incluyen Escherichia coli, Klebsiella spp. y estreptococos ambientales como S. uberis y S. dysgalactiae. Existen muchos otros microorganismos que han sido aislados de casos de mastitis. Los estafilococos coagulasa negativos (ECN) constituyen flora normal de la piel de las vacas; estos organismos pueden actuar como patógenos oportunistas al ingresar a la glándula mamaria. Un tema candente en el mundo de la investigación de la mastitis gira en torno a la diferenciación de los ECN, a fin de comprender mejor las diferencias en sus efectos sobre la calidad y el rendimiento de la leche.

La distinción entre mastitis aguda y crónica tiene que ver con el momento y la duración de la enfermedad (Cuadro 2). La mastitis clínica y la subclínica hacen referencia a la presentación de la enfermedad. Los casos clínicos son fáciles de identificar debido a los cambios visibles en la leche y potencialmente en la glándula mamaria. Los casos subclínicos a menudo pasan desapercibidos si no se realiza el recuento de células somáticas (RCS) o un cultivo bacteriológico de la leche. Las diferentes clasificaciones de la mastitis no son mutuamente excluyentes. Por ejemplo, una vaca podría presentar un caso clínico agudo de mastitis ambiental.

Costos de la mastitis

Las pérdidas económicas provienen de la disminución en la producción y la calidad de la leche. Los productores deben descartar la leche de vacas con casos clínicos de mastitis y de vacas bajo tratamiento antibiótico (según los períodos de retiro que dan tiempo a que los antibióticos se eliminen del cuerpo de la vaca). La mastitis también altera la composición y las propiedades de la leche, lo que reduce el rendimiento de los quesos y puede reducir la vida útil de los productos manufacturados. Los costos de tratamiento y los costos veterinarios aumentan, así como los costos de mano de obra, y la eficiencia de la sala de ordeño puede disminuir debido al mayor tiempo dedicado a atender los animales con mastitis. Además de las pérdidas económicas, el bienestar de los animales es una preocupación, ya que algunos estudios han demostrado que la mastitis puede ser dolorosa y causar malestar en las vacas.

Así, las vacas diagnosticadas con mastitis clínica o aquellas con mastitis subclínica persistente presentan mayor riesgo de descarte. De hecho, los problemas de salud de la ubre frecuentemente se citan como una de las tres principales razones para el descarte de vacas lecheras. La baja producción de leche, potencialmente asociada a la mastitis, es otra causa fundamental de descarte en hatos lecheros. La mastitis tóxica, una forma aguda de la enfermedad que provoca inflamación severa y septicemia, puede incluso conducir a la muerte de las vacas.

Factores de predisposición

El Cuadro 3 resume los factores de predisposición para la mastitis. El manejo de la sala de ordeño y la rutina de ordeño adecuados son esenciales para limitar el riesgo de mastitis en un hato. El sistema de ordeño debe estar bien mantenido a fin de asegurar el uso de un equipo limpio y de correcto funcionamiento para recolectar la leche. La presión del sistema de ordeño y la duración del ordeño deben optimizarse ya que el sobreordeño puede lesionar el extremo del pezón, aumentando la probabilidad de mastitis.

La extracción insuficiente de leche también puede predisponer a las vacas a la mastitis y puede disminuir la producción general de leche. Las superficies y pasillos hacia la sala de ordeño, así como el corral de retención, deben contar con una base firme y la circulación de las vacas debe ser fluida (una combinación de buen diseño y manejo libre de estrés), reduciendo así el riesgo de lesión física de los pezones. Coordinar el suministro de alimento fresco mientras las vacas están en la sala de ordeño alentará a las vacas a comer y permanecer de pie al regresar al corral. Esto da tiempo a que el extremo de los pezones se cierre y limita la exposición a los patógenos luego del ordeño.

La buena higiene del establo también es fundamental para reducir el riesgo de mastitis. La cama de arena limpia se considera el estándar de referencia, ya que el material inorgánico no favorece el crecimiento de patógenos. Cuanto mayor sea el contenido orgánico de la arena, menor será la protección brindada. La nutrición también puede desempeñar un papel en el riesgo de mastitis. Las vacas que se encuentran en balance energético negativo, especialmente las vacas en transición, son más susceptibles a la infección. Para una adecuada función inmunitaria, las dietas también deben satisfacer las necesidades de vitaminas y minerales.

El medio ambiente desempeña un papel importante en la salud mamaria. El aumento de las temperaturas y la humedad estimula el crecimiento de patógenos en el ambiente de la vaca e incrementa el estrés, reduciendo la resistencia de la vaca a la infección.

Micotoxinas

Las micotoxinas pueden deprimir el sistema inmune de los animales. Las vacas sufren un gran estrés en torno al parto debido a los numerosos cambios fisiológicos que ocurren con este y el comienzo de la lactancia. Las micotoxinas pueden exacerbar este estrés a través de la inmunosupresión y el menor consumo de alimento, acentuando el balance energético negativo y aumentando el riesgo de trastornos metabólicos y enfermedades infecciosas. El deoxinivalenol (DON) y otros tricotecenos pueden interferir en la síntesis de proteínas, lo que puede reducir el conteo de glóbulos blancos y su condición y también limitar la producción de importantes mediadores inflamatorios. Además, algunos cornezuelos de centeno y tricotecenos pueden causar lesiones dérmicas y necrosis gangrenosa que alteran la integridad del pezón y la piel del pezón, contribuyendo a un mayor riesgo de mastitis.

El Cuadro 4 destaca algunas de las principales consecuencias de las micotoxinas en vacas lecheras con relación a la salud mamaria y la producción de leche. La disminución en la producción de leche obedece a varios factores, que incluyen un rechazo al alimento o la disminución de su consumo comúnmente reportados con ciertas micotoxinas como el DON. Las micotoxinas pueden alterar la función ruminal al modificar las poblaciones microbianas o la descomposición de nutrientes, reduciendo así la absorción de nutrientes y afectando el metabolismo, lo que en última instancia conduce a una menor disponibilidad de los precursores necesarios para la síntesis de leche.

La menor calidad de la leche proviene fundamentalmente del aumento del RCS. Durante la mastitis, la cantidad de células somáticas, específicamente los neutrófilos, aumentan en la glándula mamaria para combatir los patógenos invasores. Las micotoxinas pueden reducir la función de los neutrófilos, haciendo menos efectiva la respuesta inmunitaria de la vaca, lo que a su vez aumenta la gravedad y duración de la infección. Además, la mastitis causa alteraciones en la concentración de los componentes de la leche, que incluyen cambios en grasas, proteínas, lactosa y contenido mineral. En comparación con la leche de vacas sanas, los cambios en los minerales incluyen niveles mayores de sodio y menores de potasio. Estas diferencias afectan negativamente la calidad de producción de la leche. Los procesadores de leche desean obtener leche de la mayor calidad para mejorar el rendimiento y la vida útil de los productos manufacturados como el queso.

Otra preocupación con relación a las micotoxinas son los posibles residuos tóxicos en la leche. La micotoxina de mayor preocupación es la aflatoxina B1 que proviene de la dieta y que se ha demostrado generar entre 1.8 % y 6.2 % de la aflatoxina M1 en la leche. Las aflatoxinas son carcinógenas y la mayoría de los países fijan límites estrictos en los niveles admisibles en leche.

Solución

Se debe controlar la presencia de micotoxinas en el alimento e incorporar un producto efectivo para contrarrestar las micotoxinas. Mycofix® contiene un secuestrante de aflatoxinas autorizado por la UE y es el único producto para la desactivación de aflatoxinas que ha sido evaluado con éxito en el proceso de registro en la UE. Para las micotoxinas menos adsorbibles como el DON, que representan un mayor riesgo de mastitis y otros desafíos, el enfoque efectivo es la biotransformación, más que la unión. Mycofix® tiene comprobada la acción biotransformadora sobre el DON y otros tricotecenos, la zearalenona (ZEN), la ocratoxina A y las fumonisinas. Además, los componentes bioprotectores de Mycofix® respaldan al hígado y al sistema inmune. La Figura 5 muestra cómo las vacas lecheras (expuestas a DON y ZEN en el alimento) presentaron una menor incidencia de mastitis tras recibir Mycofix® Plus. Numerosos datos muestran que Mycofix® puede aumentar la producción de leche, disminuir el recuento de células somáticas, reducir los contaminantes tóxicos en la leche y ayudar a mantener o mejorar el contenido de componentes de la leche a pesar de la contaminación con micotoxinas.

Fuente: Science&Solutions

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