COVID-19 y el efecto colateral

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Dr. Jorge Francisco Monroy López
Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública. FMVZ-UNAM

Dos enfermedades causadas por coronavirus han puesto en jaque a la porcicultura en el mundo, uno de ellos es la causa de la gastroenteritis transmisible del cerdo y el otro de la diarrea epidémica del cerdo, conocidas por sus siglas en inglés como GET y PED, respectivamente.

Pero es curioso que ninguno de los virus que producen estas enfermedades sea la causa de la crisis que está ocurriendo en estos momentos en la porcicultura de los Estados Unidos y, potencialmente, de todo el mundo, sino uno que no produce enfermedad en los cerdos, sino en los seres humanos.

El Coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad llamada COVID-19, se considera de importancia exclusiva únicamente en humanos, a pesar de que se han identificado unos cuantos casos en animales, sobre todo felinos y hurones, pero no hay un sólo caso identificado en cerdos, ni uno sólo.

Una epidemia puede tener múltiples causas, así como consecuencias totalmente inesperadas. Un murciélago en alguna zona en los alrededores de la ciudad china de Wuhan, junto con la participación aún no establecida de algún otro mamífero, quizás un pangolín, dan origen a una enfermedad que ha afectado a prácticamente todos los países del planeta.

Esta enfermedad, ahora convertida en pandemia, ha contagiado a millones de personas y cientos de miles de muertos.

Se estima que existen más de 400 zoonosis de tipo viral en el mundo, causantes de enfermedades que son consideradas emergentes, de las cuales aproximadamente el 75% es de origen zoonótico.

Con todo el impacto que ha tenido hasta ahora el COVID-19, aún no llega a un nivel de devastación tan grande como otras zoonosis del pasado, incluyendo la pandemia de influenza de 1918 o la gran peste que ha afectado a la humanidad en épocas pasadas, sin embargo, un efecto colateral más o menos inesperado, lo ha sido el cierre de las plantas procesadoras de carne de cerdo y la necesidad súbita de practicar la eutanasia a cientos de miles de animales.

Esto, por otro lado, presiona a los productores americanos a querer colocar animales en pie en los mercados más accesibles y eso pone en la mira a nuestro país, con todo el riesgo sanitario y comercial que representa para nuestra porcicultura.

Se sabe también que los mercados están tan alterados, que países de Sudamérica y África quieren aprovechar también para introducir productos al mercado americano, lo cual también implica riesgos de diseminación de enfermedades como fiebre aftosa, entre otras.

No deja de ser irónico y representativo de nuestros tiempos que el famoso científico Robert May, uno de los creadores de la teoría del caos, y uno de los primeros en utilizarla para intentar explicar el origen y desarrollo de las epidemias, haya muerto por estos días, en medio del caos mundial causado, justamente, por una epidemia.

Artículo publicado en Los Porcicultores y su Entorno Mayo-Junio 2020

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