José Quesada Fox
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Resumen:

La bioseguridad es una de las herramientas que se utilizan para el control epidemiológico de las principales enfermedades avícolas, incluidas aquellas que están en campaña o bajo la vigilancia epidemiológica oficial. El término “bioseguridad” se refiere al conjunto de medidas y prácticas zootécnicas que se toman para prevenir la introducción, replicación y difusión de agentes infecciosos a una granja, parvada u operación avícola y cuyo propósito es reducir el riesgo de contagio o enfermedad de las mismas. Antes de definir y establecer cuáles son estas medidas, conviene analizar cuáles son los principales mecanismos de contagio y difusión de las enfermedades avícolas, para establecer acciones que pudieran contenerlas. Analizaremos las medidas mínimas de bioseguridad para prevenir el contagio conforme a la situación epizootiológica de las regiones, la ubicación de las granjas y susceptibilidad de las parvadas al estar o no inmunizadas.

Qué es Bioseguridad

Se entiende por bioseguridad todas aquellas medidas sanitarias y profilácticas que, utilizadas en forma permanente, previenen y evitan la entrada y salida de agentes infecto contagiosos a una granja avícola o explotación agropecuaria. La bioseguridad es una pieza importante de cualquier sistema de producción avícola exitoso, ya que reduce el riesgo y consecuencias de la introducción de agentes infecciosos. Los componentes de un programa de bioseguridad son de carácter físico, estructural y operacional. Los primeros se refieren a la ubicación de las granjas y su entorno geográfico y climático. El programa estructural incluye la repoblación de las granjas, los movimientos de abasto de insumos (alimento, pollito, etc.) y la salida de aves para abasto o reposición, manejo y los vacíos sanitarios. Los programas de limpieza, desinfección, control de plagas, aislamiento e inmunización, son de carácter operacional.

Los procedimientos relacionados a la bioseguridad son ampliamente conocidos y su aplicación en una operación dependerán básicamente de la motivación de la gerencia de la misma, disponibilidad de fondos, personal y de recursos físicos. El monto de inversión por las empresas y granjas por contrato, así como la definición e implementación de las medidas y procedimientos a seguir dentro de la compañía o región involucrada en el programa, dependerá básicamente del riesgo a la introducción de enfermedades y la consecuencia económica y comercial de dicha infección. Es importante que se considere la colaboración regional o estatal en los programas de bioseguridad y control sanitario, ya que los agentes infecciosos no reconocen barreras, fronteras o propiedad.

El impacto financiero de un brote se puede predecir simplemente basándose en la posible alteración de los parámetros productivos como lo son viabilidad, conversión alimenticia, producción de huevo, incubabilidad, masa de huevo, tasa de crecimiento y calidad. No existen estimaciones publicadas de la alteración de estos parámetros, más que las de aquellos casos fatales como lo fueron por ejemplo el brote de Enfermedad de Newcastle presentación velogénica (ENC) sucedido en La Laguna en el año 2000, o los brotes de ENC en California o de la Influenza Aviar en varias partes del mundo en las últimas décadas, incluyendo el brote de 1995 en México, el cual motivó la campaña de control y erradicación (NOM-044-ZOO-1995).

Es indispensable para la compartimentación de las unidades de producción contar con un sistema de gestión de la bioseguridad que mantenga separada a una sub población de animales y que funcione como sistema de contención que evite la propagación de enfermedades o limite cualquier brote eventual.

Mecanismos de Exposición y Transmisión de Enfermedades

Se ha dicho mucho y documentado sobre las aves silvestres y migratorias como factor de difusión global de la Enfermedad de Newcaste y de la Influenza Aviar, sin embargo esto no es un factor primordial de contagio. Actualmente ambas enfermedades están presentes en varias partes del mundo. La enfermedad de Newcastle se considera enzootica en África, Asia, América Central y América del Sur, y esporádicamente en Europa y Norte América (2), lo mismo que la Influenza Aviar (7), y la trasmisión o difusión de ambas en cada país o región, dependerá más de las acciones de vigilancia y control sanitario, así como de la estructura de la industria y mercado locales.

En países o zonas, donde la avicultura comercial es más densa, o que existe mayor comercio de aves vivas, o que cuentan con avicultura de traspatio, informal o de combate, es más frecuente la incidencia de estas enfermedades. Cepas patógenas del virus de Newcastle pueden persistir en poblaciones vacunadas y cepas del virus de la Influenza Aviar de baja patogenicidad pueden permanecer en poblaciones avícolas ya sea vacunadas o no, en forma asintomática y con un potencial de mutación a alta y media patogenicidad. Lo mismo, puede suceder en núcleos de aves de traspatio, combate y otras. De ahí que se considere que el aislamiento de lotes o parvadas de aves comerciales sea una forma de prevención y mitigamiento de éstas y otras enfermedades. Y esto se logra mediante la bioseguridad.

Pero, ¿Cuáles son los principales mecanismos de transmisión? Ambas enfermedades se transmiten básicamente por aerosol de partículas excretadas por aves infectadas, ya sea del tracto respiratorio o digestivo, reconociéndose que el aire que puede contener polvo, plumas y fómites de aves infectadas puede llevar dicha infección hasta 5 millas (8 Km) de distancia (6). La forma vertical de transmisión no es considerada importante para ninguna de estas enfermedades, sin embargo, existen evidencias de transmisión por contaminación del cascarón y embriones infectados para la Enfermedad de Newcaste (3), de ahí que se den infecciones tempranas en parvadas de pollos o gallinas de reemplazo, sin que se haya establecido una inmunidad completa.

La transmisión mecánica se da entre aves infectadas y sanas por el contacto de equipos, instalaciones, plagas y el hombre entre ellas. Las formas de difusión son: 1) La movilización de aves vivas, ya sea en forma comercial, para peleas o para exhibición; 2) Contacto con otros animales o plagas como lo son roedores, insectos, aves silvestres, etc.; 3) Movimiento de personas y equipos entre granjas; 4) Movimiento de alimento y agua contaminados y 5) Disposición de la mortalidad, pollinaza y otros desechos.

Cuando hablamos del hombre como posible factor de difusión, lo podemos hacer de dos formas: la mecánica y la causal. En forma mecánica cuando esté por visitar parvadas o granjas contaminadas lleva el virus en su ropa, calzado, cabello o inclusive en sus conjuntivas como sucede con el virus de la Enfermedad de Newcastle. La circulación de cuadrillas de vacunación, mantenimiento, acarreo y enjaule, supervisión, abasto de alimento, gas, medicamentos y otros insumos, son vectores de dicha transmisión. En forma causal cuando con inconsciencia en materia de bioseguridad, organiza todas estas acciones.

Por ejemplo, en aras de prevenir enfermedades se procede a generar programas de vacunación que requieren del empleo de cuadrillas que vayan de granja en granja vacunando las aves y que, si no se cuida el movimiento de éstas, que se bañen, cambio de ropa, limpieza y esterilización de equipos, que no introduzcan alimentos y artículos ajenos a su trabajo a las granjas, en vez de prevenir, se está propagando las enfermedades. Lo mismo pasa, cuando en aras de la productividad, se reducen los tiempos de descanso entre parvadas, se descuida el tratamiento y disposición de la pollinaza o de la mortalidad, se aumentan tramos de supervisión, densidad de aves en casetas, edades, etc. Tomamos decisiones de carácter económico sin considerar las repercusiones en bioseguridad o más bien dicho el riesgo sanitario que éstas conllevan. De ahí que, la bioseguridad debe de ser una cultura, un sistema, o más bien dicho una forma de ser dentro de cualquier empresa avícola. Y antes de establecer y hacer declaratoria de un programa de bioseguridad, deberán de tenerse claramente identificados los factores de riesgo, su mitigación y posible contingencia de los mismos.

Las Medidas Mínimas de Bioseguridad

La NOM 044-ZOO-1995 en su modificación publicada el 30 de Enero del 2006 define que las “Medidas de Bioseguridad “(son) medidas zoosanitarias mínimas e indispensables orientadas a disminuir el riesgo de introducción y/o de transmisión de la Influenza Aviar en las granjas avíco- las”, recalcando con esta definición la importancia que se les da a las mismas para prevención y control de dicha enfermedad. La norma considera de carácter obligatorio que todas las operaciones avícolas tecnificadas deben de contar con los requisitos mínimos de bioseguridad establecidos en el punto 8.8 de la misma para poder preservar el reconocimiento de la zona en cuestión y el eventual avance a la siguiente categoría, si es el caso. Así mismo esto es indispensable para la constatación de granjas y/o parvadas libres de IA, a lo cual hoy también se le denomina “compartimentos libres” .

Dichas medidas, junto con el sistema de vigilancia epidemiológica y el control de movilización, pretenden ser el eje de acción para garantizar el estatus zoosanitario en cuestión que busca como fin ser libre de la enfermedad, considerando a la vacunación como acción sólo permitida en zonas de control y erradicación –que en el futuro serán denominadas “escasa prevalencia” – por lo que deben de tener la capacidad de evitar la introducción del VIA de baja patogenicidad en cualquier granja, operación o compartimento, cosa que ha de ser posible en aquellas regiones donde el virus de la IABP no está presente o su prevalencia realmente es mínima.

De lo contrario, es necesario contar con la vacunación como parte de este sistema de bioseguridad, pues también sería aberrante considerar a un programa de vacunación como un substituto de las buenas prácticas de producción y bioseguridad avícolas que tecnológicamente debe de seguir cualquier operación avícola que quiera ser competitiva. De ahí que las hemos denominado una forma de ser, o más bien dicho debe de ser una convicción y práctica dentro de la cultura organizacional, que permita dar certeza al cumplimiento de las medidas en forma integral y así conseguir su propósito, lo cual no es fácil si tomamos en cuenta las limitaciones geográficas, económicas y culturales a las que las compañías se enfrentan conforme crecen de tamaño.

La primera medida que solicita la SADER es contar con programas de educación sanitaria a los trabajadores de las granjas enfocados al riesgo que implica tener aves de traspatio, que aunque no lo indica la norma, ha de ser en sus casas. Este programa de educación sanitaria debe de ir más allá, creando en el trabajador conciencia del riesgo y forma de introducción de agentes patógenos y el consecuente contagio de enfermedades. Y esta conciencia ha de lograrse mediante el conocimiento de la forma en que esto sucede y por qué es importante la higiene personal, baño y cambio de ropa, la no introducción de material extraño a la granja, la prohibición de entrar o salir sin bañarse, etc. Es recomendable que las compañías establezcan dentro de su programa de capacitación anual que por ley han de cumplir también con la Secretaría del Trabajo, cursos de bioseguridad que a su vez vayan enfatizando aquellos puntos que hay que reforzar. Estos cursos han de impartirse no solamente a caseteros y encargados, sino que también deberían de abarcar a cualquier trabajador involucrado en la producción, como lo son vacunadores, choferes de transportes de pollito y alimento, cuadrillas de limpieza, de mantenimiento, enjaule, etc. Y también debe de considerarse al personal administrativo que cuando menos tiene que tener una noción básica de lo que implica la bioseguridad, ya que en ocasiones algunos tienen que visitar las granjas, o bien tomar disposiciones que afectan a la bioseguridad.

La segunda medida enunciada en la norma señala que hay que prohibir la entrada a personas ajenas a las unidades de producción, que no cuenten con la autorización debida, lo cual debe de ser indicado con letreros alrededor de las granjas. No solamente se debe prohibir la entrada sin motivo de cualquier persona ajena a la operación, sino también debe de controlarse el tránsito del personal de la misma compañía, entre las granjas y otras áreas como lo son reproductoras, incubadoras, plantas de alimentos, rastros y oficinas. En general es recomendable que nadie transite entre estas áreas, pero para quienes lo han de hacer, han de efectuarlo conforme la lógica de transitar de áreas más limpias y cuidadas como lo es de progenitoras a reproductoras, a incubadoras, pollo de engorda o postura comercial, a rastro, etc., con las debidas cuarentenas de tiempo. El tránsito dentro de un área ha de hacerse yendo de edad menor a mayor y evitar o dejar hasta el último del día, aquellas granjas donde se sospeche o se haya diagnosticado un problema infeccioso, de hecho de ser así, deberá de declararse una cuarentena.

Todas las granjas deben de contar sin excepción con un cerco perimetral con puerta que delimite y controle el acceso a las mismas, y este cerco ha de tener una altura y construcción que realmente limite el acceso no solamente a personas, sino también a animales y preferentemente a plagas. Es recomendable que las cercas perimetrales sean cuando menos de malla ciclónica y tengan una base que no permita el acceso de roedores y otros animales, y que la puerta de acceso a la granja o sección esté siempre cerrada, pues es común dejarla abierta, debido al acceso de camiones de alimento y o pipas de agua cuando es necesario.

Debe de existir una bitácora que lleve registro de quiénes entran y salen de las granjas, y de dónde provienen dichos visitantes, tratando de dejar claro si éstos han visitado o no anteriormente alguna otra granja y en caso afirmativo, cuál granja y qué tanto tiempo hace de ello. Esto puede ser de utilidad para el rastreo epidemiológico.

A la entrada de las granjas debe de existir un sistema de desinfección de vehículos que preferentemente debe de ser un arco y vado de desinfección, que a su vez tiene que contar con un sistema de espreas funcional tanto en la parte superior, como inferior y laterales, y con la debida presión para poder rociar los vehículos que por necesidad deban de ingresar a la granja como lo son los camiones de pollo, las tolvas de alimento y las pipas de gas. La norma contempla alternamente el uso de una bomba de desinfección. Es importante que el interior de las cabinas de estos vehículos sea rociado también con alguna solución desinfectante que a la vez que no sea agresiva para los operadores, sea eficaz.

Ahí mismo debe de contarse con un módulo sanitario que permita el baño oportuno de todo el personal que ha de ingresar a la granja, incluyendo personal de vacunación, mantenimiento, choferes, etc. Dicho módulo deberá de contar con los espacios adecuados de área sucia, donde el personal podrá dejar toda su ropa y pertenencias de calle, área de regaderas donde podrá bañarse y área limpia donde contará con ropa limpia y calzado exclusivo para la unidad. El área de regaderas debe de ser suficiente para que permita el baño con agua caliente de todo el personal que deba de ingresar en un momento dado y estar provisto con jabón ya sea líquido o en pasta que sea desinfectante y no agresivo para la piel, así como con toallas. Estas áreas deben de mantenerse limpias y funcionales.

Las casetas deben de contar con mallas o dispositivos que impidan la entrada de aves silvestres o fauna nociva a su interior, para lo cual es importante que las puertas permanezcan siempre cerradas y tapar cualquier orificio en la propia malla, estructura o piso, por el que puedan entrar pájaros, ratones o cualquier otro animal. Actualmente es muy común el uso de materiales de aislamiento en techos y paredes, que con el tiempo y/o acción de los roedores tiende a ser deteriorado, por lo que debe de estársele dando el mantenimiento debido. Las cortinas también sufren este efecto.

Bodegas y silos deben de permanecer limpios y ordenados para impedir el anidamiento de plagas y debe de contarse con un programa de control de la fauna nociva, particularmente de roedores, lo cuál podrá ser constatado mediante las bitácoras respectivas, donde se deberá de anotar la frecuencia de visitas del personal encargado de este control, la aplicación de raticidas y el consumo de éstos, como evidencia de actividad de roedores. Otras plagas como las de perros y/o gatos salvajes también han de ser controladas y por supuesto evitar la presencia de cualquier otro tipo de animales. Debe de haber un control de malezas.

La mortalidad y otros desechos orgánicos deben de ser enterrados o incinerados, o bien disponer de ellos en forma adecuada, transportándolos a plantas de rendimiento u otros lugares autorizados, conforme al estatus zoosanitario o destino en vehículos cerrados. Muchas veces es mejor transportar la mortalidad y desechos de incuba- doras a plantas de rendimiento que enterrarlos, ya que esto último puede provocar la contaminación de mantos friáticos o saturación. Las fuentes de abastecimiento de agua deberán de ser libres de contaminación microbiológica y esto mismo debería de ser constatado mediante exámenes periódicos.

En ningún caso se debe de reutilizar la cama entre parvada y parvada. Antes de removerla se le debe de dar un tratamiento térmico mínimo de 48 horas u otro que garantice la inactivación de virus o bacterias y transportarse encostalada o en vehículos cerrados o cubiertos. El ideal sería que ésta fuera tratada industrialmente como composta y que no sea esparcida como fertilizante o utilizada en crudo como alimento de ganado en áreas aledañas a las granjas y operaciones avícolas. En México, la comercialización de la pollinaza y gallinaza es una de las causas que han permitido la preservación de los virus que causan las principales enfermedades aviares.

Un punto muy importante es contar con un procedimiento documentado de limpieza, lavado y desinfección de las unidades de producción con un espacio de tiempo entre parvadas que permita que éste sea debidamente realizado, incluyendo un vacío sanitario que dé descanso a dichas unidades. La documentación del proceso debe de incluir una lista clara detallada de los procesos de recolección de pollinaza o gallinaza, desarmado de equipos si procede, limpieza, lavado y desinfección, indicando con claridad el tipo de desinfectantes y dosificaciones a utilizarse. Las cuadrillas o personal al cargo de esta actividad también deben de estar debidamente capacitados y controlados, así como mantener la limpieza y mantenimiento de los equipos que utilizan.

El programa de desinfección debe de basarse en productos viricidas y bactericidas eficaces, como también con productos insecticidas. La NOM-044-ZOO-1995 indica que antes de repoblarse las granjas, el médico responsable debe de supervisar y constatar las actividades de limpieza, lavado y desinfección de instalaciones y equipo, lo cual muchas veces no es práctico, particularmente en las operaciones de gran volumen, pero que puede ser sustituido por la documentación y entrega de dicho proceso por parte de la cuadrilla al cargo de ello, al médico responsable o encargado de la granja en cuestión, anotándose en bitácora el cumplimiento y observaciones de dicha actividad, así como el periodo de descaso efectivo entre parvadas.

Para la comercialización de huevo para plato y pollitos de un día de edad deben de utilizarse cajas y envases de cartón nuevos, que posteriormente serán desechados o en en el caso de huevo fértil y pollito de la misma compañía podrán utilizarse embases de plástico que serán previamente lavados y desinfectados, procedimiento al que será también sometido todo equipo que no siendo nuevo se llegara a movilizar entre granjas y zonas. Aquí conviene añadir también toda clase de implementos que son utilizados en las granjas como son herramientas y maquinaria para la limpieza, desinfección y mantenimiento de las granjas.

Sobre las distancias que debe de haber entre granjas, la normatividad vigente define que para granjas nuevas puede ser de 5 a 10 kilómetros para granjas de reproductoras y progenitoras, 3 kilómetros para granjas de pollo de engorda y 2 kilómetros para incubadoras y rastros, y que se pretende poner como un mínimo de 3 kilómetros, pudiéndose modificar con base a los vientos dominantes de la zona. Lamentablemente este tipo de requisitos, como todo ordenamiento de uso de suelo en el país, no siempre son respetados, aunque sí existe la voluntad de las empresas de emplazar sus nuevas operaciones a la mayor distancia posible de otras granjas, particularmente cuando se trata de aves reproductoras y progenitoras. En términos prácticos en aquellas zonas que históricamente están densamente pobladas, se hace cada vez más común la práctica de uniformizar la edad de las distintas granjas para que la entrada y salida de aves a la zona sean al mismo tiempo. Por cierto, en la normatividad no se menciona explícitamente el requisito de que las granjas sean de una sola edad. Las plantas que se dediquen al procesamiento o cernido de pollinaza deberán de ubicarse a 5 kilómetros de las granjas.

Las plantas de procesamiento deberán de contar también con medidas mínimas de bioseguridad que reduzcan los riesgos o contaminantes dentro de las mismas o hacia afuera y permitan un sistema de trazabilidad de productos.

La normatividad no enuncia explícitamente procedimientos de bioseguridad para plantas de alimento e incubadoras, pero es bien importante mantener los mismos principios de bioseguridad en ambos sitios, partiendo del principio de que ambos funcionan como centros distribuidores de alimento y pollo, por lo que tienen contacto con todas las granjas de la compañía y en ocasiones con otras compañías si es que se vende alimento y pollito.

Una planta de incubación debe de contar con la temperatura y humedad adecuadas para hacer crecer embriones sin que mueran y nazcan pollitos con un rendimiento mínimo anualizado de un 80 a 83% de nacimiento. Pero, la temperatura y humedad también son idóneas para la propagación de hongos y bacterias, de ahí que la bioseguridad en las incubadoras es crítica. Lo primero que hay que evitar es la introducción de contaminantes en el huevo, procurando no incubar huevo de parvadas infectadas con gérmenes que se transmiten verticalmente o contaminantes de la superficie del huevo, lo cual se debe de controlar en las granjas reproductoras, mediante su respectivo programa sanitario y de calidad de huevo incubable. La higiene del huevo debe de cuidarse desde que es puesto por la gallina en el nido hasta que es cargado e incubado en las máquinas, lo cual significa también tener control sanitario de cuartos fríos, transporte y envases.

Aparte de la introducción de gérmenes en la planta de incubación, debe de evitarse la propagación lateral y difusión de éstos mediante la implementación de programas de limpieza y sanitización de máquinas y salas de incubación, lo cual debe de incluir lavado de máquinas y salas de nacedoras una vez concluido el nacimiento, lavado de charolas, buggies, conos y bandejas con buenos jabones, agua atemperada y soluciones desinfectantes. De preferencia contar con una máquina para el lavado de charolas y realizar cambios frecuentes de agua. Las superficies de las salas deben de permitir su limpieza, evitando que se acumule polvo y plumón. Tener un sistema de limpieza y mantenimiento de ductos de ventilación y dampers, evitando que el plumón regrese a las salas o salga al medio ambiente sin trampas de desinfección. Los pisos deben de contar con drenaje y éste debe de ser sanitizado también. Las presiones de aire de las salas deben de ser ajustadas y el diseño de la planta debe de permitir el flujo sanitario desde cuarto de huevo hasta sala de procesamiento de pollito y desde luego debe de haber baños y cambio de ropa para el personal, así como control de acceso. Debe de contarse con un programa de monitoreo microbiológico de huevo y superficies tanto de máquinas como equipo, que permita evaluar la eficacia de los programas y controlar los niveles de contaminación, enfocándose a la detección y control de los puntos críticos de contaminación.

La sala de procesamiento de pollito debe de ser lavada y desinfectada al final del proceso de cada nacimiento, al igual que los equipos de vacunación. Los camiones de pollito deben de ser también lavados y desinfectados cada día o embarque y los choferes deben de bañarse y hacer cambio de ropa; procurar que no entren al interior de la planta de incubación. Los residuos de la planta también deben de ser procesados sanitariamente al igual que los de las granjas. Ha de haber también control de roedores y plagas, y todo esto debe de estar documentado en un manual de procedimientos propio de las plantas de incubación.

La bioseguridad en las plantas de alimento comienza con el control microbiológico de los ingredientes, particularmente aquellos de origen animal, así como llevar control de la lotificación y rotación de inventarios de los mismos. Los silos y almacenes deben de mantenerse limpios y funcionales mediante programas de limpieza y mantenimiento. Es conveniente también llevar un programa de control de micotoxinas, que incluya monitoreo y prevención de las mismas. Contar con un programa de control de roedores y plagas, y los camiones que surten el alimento deben de llevar un programa sanitario de rutas, dejando al final las entregas a granjas que estuvieran contaminadas. Los choferes deben de bañarse y cambiar de ropa. Es conveniente el uso de silos externos, principalmente en granjas de reproductoras y progenitoras.

Requisitos adicionales de bioseguridad podrán ser solicitados en el caso de existir riesgo sanitario o ser necesaria la mitigación de éste, sin especificarse cuáles son éstos y en qué caso se aplican, pero es de entenderse, que dichos requisitos surgirían en casos de cuarentena o alerta epidemiológica. Lo que sí es conveniente es que las empresas cuenten con sus propios procedimientos de emergencia o mitigación ante la sospecha de granjas contaminadas con cualquier tipo de enfermedad contagiosa.

Conclusión

Los procedimientos de bioseguridad han de ser la herramienta que prevenga y mitigue la introducción y propagación de enfermedades a una operación avícola determinada. Han de estar documentados en un manual de procedimientos estándar de la compañía y ser una pieza vital de la cultura organizacional, estando siempre sujetos a revisión y adecuación, conforme al análisis de riesgo que se haga y siempre deben de ser auditados por la gerencia de calidad –si es que ésta existe- o ser parte del programa de calidad total o mejora continua que exista en la empresa.

La bioseguridad será más efectiva si traspasa los límites de la compañía y se vuelve un objetivo común, tanto de cada región, como del país entero, que junto con un adecua- do programa de vigilancia epidemiológica y organización de la movilización puede ayudar a disminuir y prevenir las contingencias sanitarias, por lo que podemos decir que ésta, además de ser una forma de ser en la cultura organizacional es un bien común, pues compete a todos participar en su gestión como obtener los beneficios que de esta práctica se derivan, los cuales son: una menor incidencia de enfermedades y por ende un menor riesgo de contagio y reducción de costos de control y medicación.

Se piensa que este beneficio es solamente para los exportadores, ya que se busca el reconocimiento internacional de zonas libres a determinadas enfermedades como lo son la Enfermedad de Newcastle, la Influenza Aviar y la Salmonelosis, pero, no se reflexiona que esté bien, también afecta a la productividad interna. Sería muy loable que la autoridad, los productores y el gremio en general comprendieran estos fundamentos de carácter filosófico y los pudieran llevar a la práctica, incorporándolos a sus políticas y programas de acción sanitaria. Las empresas deben de considerar que la competencia por los mercados se da en términos de eficiencia, productividad y una mercadotecnia enfocada a la satisfacción de las necesidades de sus clientes y no al bloqueo comercial de sus competidores en base a barreras ficticias. La autoridad no solamente debe de pensar en el reconocimiento internacional del país o de determinadas zonas libres de enfermedades, sino la forma de colaborar con los productores y profesionistas para que esto sea un hecho y la sanidad no debe de ser pues, una barrera comercial, más bien ha de ser un espacio de colaboración común que beneficie a todos y por lo tanto, los programas de bioseguridad son para todos.

1. Acuerdo por el que se da a conocer la campaña y medidas zoo- sanitarias que deberán de aplicarse para el diagnóstico, prevención, control y erradicación de la Influenza Aviar notificable, en las zonas del territorio de los Estados Unidos Mexicanos en las (sic) que se encuentre presente esa enfermedad. Publicado en Cofemer el 1 de Noviembre del 2010.

2.Alexander, D: Newcastle Disease. En Saif: Diseases of Poultry. Iowa State Press 11 ed. Pag. 70. 2003.

3.Lancaster, J.E. y Alexander, D.G. Newcastle Disease virus and spread. Monograph 11. Canadian Departament of Agriculture, Ottawa. 1975.

4.NOM-005-ZOO-1993, Campaña Salmonelosis Aviar, publicada en el DOF el 1 de Septiembre de 1994.

5.NOM-044-ZOO-1995 publicada en El Diario Oficial de la Nación el 30 de Enero del 2006. Punto 3.43.

6. Purchase, H.G.: Transmission of Avian Pathogens. En: Biosecurity. AAAP, Pag 23. 1995.

7. Swayne Halvorson: Influenza. En: Saif, op. Cit. Pag 146. 2003.

Artículo publicado en Los Avicultores y su Entorno