- Por qué la gigante brasileña invierte US$ 150 millones en Omán para dejar de depender de las exportaciones.
Redacción BM Editores.
Durante décadas, el modelo de negocios de las grandes procesadoras de carne fue simple y extremadamente rentable: producir en países con costos bajos y exportar a países con precios altos. Brasil ponía el pasto y el novillo; China, Medio Oriente y Europa ponían la demanda y los dólares.
Ese modelo no ha muerto, pero está herido.
La señal más inequívoca de la mutación en curso llegó el 8 de febrero de 2026 desde Mascate, la capital omaní, cuando JBS -la procesadora de carnes más grande del planeta- anunció una inversión de US$ 150 millones para construir un hub multiproteínas en el Sultanato de Omán.
No se trata de una planta de procesamiento más. Es una declaración de principios.
“No sabemos por cuánto tiempo será competitivo depender solo de exportaciones”, soltó Gilberto Tomazoni, CEO global de JBS, con una honestidad inusual para un directivo de su nivel. Y remató: “Por eso estamos invirtiendo en producción local”.
El mapa geopolítico de la proteína
Omán no es un destino obvio. No tiene las dimensiones de Arabia Saudita ni la sofisticación logística de Emiratos Árabes. Pero tiene algo que, en la nueva era del comercio agroalimentario, vale más que el petróleo: estabilidad política, visión de largo plazo y una ubicación estratégica para abastecer a una región de 2.000 millones de consumidores.
La jugada de JBS consiste en adquirir el 80% de una holding local en joint venture con Oman Food Capital (OFC), el brazo de inversiones alimentarias del fondo soberano omaní. Y no llega con las valijas vacías: las dos plantas que integrarán el hub ya están en marcha.
La unidad de aves, ubicada en la región de Ibri, tendrá capacidad para procesar 600.000 pollos por día. La planta de rojos, en Thumrait, podrá faenar 1.000 bovinos y 5.000 ovinos diariamente. En conjunto, más de 300.000 toneladas anuales de capacidad estática.
El desafío logístico: el confinamiento en medio del desierto
El proyecto más audaz no está en las plantas de faena sino en el eslabón primario. JBS planea estructurar una cadena regional de suministro de animales vivos que involucrará a países de África y del propio Medio Oriente, con un confinamiento piloto en Omán que recibirá bovinos y ovinos para terminación antes del procesamiento.
“Los animales llegarán, pasarán por el confinamiento para acabamiento y luego serán procesados”, explicó Tomazoni. En criollo: JBS no solo va a faenar en Omán; va a producir en Omán.
El cambio de paradigma es sutil pero profundo. Históricamente, la compañía se limitaba a exportar carne desde Brasil, Estados Unidos o Australia hacia la región. Ahora, la estrategia es producir dentro de la región, con protocolos halal certificados localmente y una cadena logística que acorte distancias y -sobre todo- riesgos.
El negocio halal como fortaleza geopolítica
Omán no es solo un mercado. Es una plataforma de exportación hacia toda la región del Golfo y más allá. La certificación halal, los acuerdos comerciales intra-árabes y la Visión 2040 del Sultanato -que busca diversificar su economía más allá del hidrocarburo- convierten al país en una cabeza de playa casi perfecta para una compañía que ya opera en 26 países y cinco continentes.
El movimiento de JBS anticipa lo que vendrá: en un mundo de guerras comerciales, brotes sanitarios y tensiones geopolíticas, la seguridad alimentaria ya no se garantiza con barcos, sino con fábricas locales.
Brasil seguirá exportando carne. Pero cada vez más, las grandes compañías buscarán producir cerca del consumo, no solo vender desde el origen. La diferencia entre una estrategia y otra puede ser la supervivencia en la próxima crisis.
¿Qué significa esto para América Latina?
Para el productor sudamericano, la noticia es agridulce. Por un lado, JBS sigue siendo el principal comprador y exportador de carne bovina y aviar de la región, y su fortaleza global garantiza flujo de negocios. Por otro, la decisión de radicar producción fuera del continente indica que las multinacionales ya no ven a Sudamérica como la única plataforma competitiva.
Los costos logísticos, la volatilidad cambiaria y la incertidumbre regulatoria empiezan a pesar tanto como la calidad del pasto o la sanidad animal.
El hub de Omán estará operativo en pleno en 2027. Para entonces, el mapa de la proteína global tendrá un nodo más, en medio del desierto arábigo, donde antes solo había arena. Y JBS, que nació en una pequeña ciudad del interior de Rio Grande do Sul, se habrá convertido oficialmente en una compañía de Medio Oriente con sede en Brasil.
O tal vez ya sea al revés.









