Síndrome del aplauso

Antonio Palomo

Aplauso viene del latín “applaudere” que significa, principalmente, una expresión de aprobación mediante palmadas. La semana pasada estuvo cargada de gratos aplausos, especialmente los de compañeros de los 35 principales países productores de porcino, con representación de los cinco continentes, después de sendas conferencias, lo cual no deja de ser satisfactorio, más aún, en mi caso, por la aprobación que siento nos tienen al sector porcino español, como unos de los principales líderes mundiales. Por lógica, el aplauso no llegó a los 80 minutos que recibió nuestro tenor madrileño Plácido Domingo el 30 de junio de 1991 en que interpretó Otelo de Verdi en la Ópera Estatal de Viena. Hay otros aplausos que además de provocarme aporia, no me dejan de sorprender negativamente, como los que escuchamos en nuestra sede de la soberanía popular, donde solo aplauden las bancadas del partido que habla y/o sus adláteres, de lo que interpreto la desaprobación del resto. Y ahora, ya arrancada la campaña electoral de los embaucamientos y cantos de sirenas/os, asociado a remedios de charlatanes, teorías de la conspiración y retórica de la “postverdad”, escuchamos esos aplausos enloquecidos de los “fenicios agradecidos”, que afortunadamente son bastantes breves. Ya decían los griegos que: aprender de la multitud no garantiza aprender algo de valor. Como nos decían nuestros progenitores: tened cuidado con las compañías.

Doy por válido que hay discursos realmente dignos y de calado, así como candidatos más o menos cualificados, aunque reconozco que me indigna ver en las listas electorales a personas que han cometido asesinatos. Desde el punto de vista humano es despreciable, tanto quien lo practica como quien lo apoya y permite. Ser cómplice es castigado por el Código Penal en sus artículos 29 y 63, fijando penas menores a la de los autores. El ejemplo de unos y otros a nuestros jóvenes quizás no sea el mejor, y carece de toda razón práctica que bien mencionaba el profesor e ingeniero físico portugués António Manuel de Oliveira Guterres en el precioso Monasterio extremeño de San Jerónimo de Yuste la semana pasada al recibir el Premio Europeo Carlos V, que representa el espíritu de la construcción de una Europa Unida. Previamente había recibido también el prestigioso Premio Carlomagno.

Dudo mucho que quien trata de dividir a modo napoleónico con su máxima divide y vencerás, aporte nada para unificar y construir una Europa mejor, que una mayoría bien merecemos, aún más en este mundo globalizado y digitalizado. Como bien mencionaba el filósofo Immanuel Kant en su obra de 1788 “Crítica de la razón práctica”: la razón pura es por sí sola práctica y proporciona al ser humano una ley universal que damos en llamar la ley moral. Rebecca Newberger, filósofa estadounidense de 73 años, refiere que el realismo y la razón son ideales que han de ser destacados y defendidos, como también decía Séneca hace más de 2000 años: “la virtud no es otra cosa que la recta razón”.Síndrome del aplauso SIndrome del aplauso 1

Con estos principios me queda claro que esos candidatos, no solo no tienen nada de cándidos, sino que carecen de razón práctica, centrándose en su razón técnica, que solo se mueve en el ámbito de los medios, y está orientada a resultados, en este caso puramente electoralistas. El primer principio de la razón práctica es el que se funda sobre la noción de bien, haciendo referencia el primer precepto de esta ley en que el bien ha de hacerse y buscarse; el mal ha de evitarse. Según el economista Shane Frederick, en no pocas ocasiones, la gente desvía la atención hacia los aspectos superficiales de los asuntos importantes, que consideran erróneamente relevantes para dar respuestas. Ya veremos qué arrojan las urnas en un par de semanas. Quizás, para tomar una decisión racional bajo incertidumbres, no estaría de más releer el libro del psicólogo israelo-norteamericano Daniel Kahneman titulado Thinking fast and slow, antes de depositar la papeleta en la urna. Me quedo con la frase de la escritora extremeña Dulce Chacón en la que decía que, siempre hay un tiempo para el sueño.

Viendo carteles con fotos y mensajes de diferentes candidatos, en no pocas ocasiones, encuentro que se me asemejan mucho a cuando veo el catálogo del libro genealógico de algunas de nuestras razas porcinas, donde ya solo con la imagen me quedan claros sus programas. Y es que, en no pocas ocasiones, vale más una imagen que mil mítines. Me da la sensación, que no pocos de los candidatos, al verse aplaudidos se van arriba, lo que les delata padecer el síndrome del aplauso, también conocido como el del “like – me gusta”, tan frecuente en las redes sociales. Y es que, estoy convencido, de que ciertos personajes tienen como máxima vital salir en la foto. No debemos confundirlo con lo que los sanitarios llaman el signo del aplauso que es una prueba diagnóstica neurológica para determinar si el paciente sufre una parálisis supranuclear progresiva (PSP). Dicha prueba se basa en que se aplauda tres veces seguidas de forma rápida, considerando la alteración neurológica si aplaude más de esas tres veces. Con lo cual, cada vez que veo algunos mítines de campaña me queda meridiana la alteración motora de los pacientes en sus áreas frontales.

“El hombre es un animal racional. Eso es al menos lo que nos han contado. En el transcurso de mi larga vida he buscado diligentemente pruebas a favor de esta afirmación, pero hasta ahora no he tenido la fortuna de toparme con ellas”, Bertrand Russell (1872-1970) Filósofo y matemático británico premio Nobel de Literatura 1950.

Artículo publicado en “Los Porcicultores y su Entorno Julio- Agosto 2023

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