PhD. Marilú Alonso Spilsbury
M. en C. Celin Rivera Martínez
M. en C. Reyes López Ordáz
PhD. Ramiro Ramírez Necoechea

De acuerdo con la Ley de Bienestar de los Animales publicada el 6 de febrero de 2009 en la Gaceta Oficial de la República de Serbia, con no. 41/2009 (Maslić-Strižak, 2011), se define como Tecnopatía a aquel desorden de la salud causado durante el proceso de crianza o reproducción de animales, y se manifiesta como enfermedad, lesión o desorden conductual. Bajo sistemas convencionales intensivos de producción, los cerdos son sometidos a diferentes ambientes que en ocasiones les ocasionan traumatismos a manera de callo y bursitis (Carr, 2013).

En esta entrega revisaremos las bursitis como una de las tecnopatías más comunes en los animales mantenidos sobre pisos duros sin cama. Esperamos que los porcicultores identifiquen y cuantifiquen su prevalencia, y en su caso, la disminuyan con medidas de control y buenas prácticas de manejo agregando en la medida de lo posible un sustrato –cama—para mitigar el problema. Para ello, describimos la prevalencia e importancia de atender esta tecnopatía desde el origen de sus causas, también describimos los factores de riesgo, cómo diagnosticarla y finalizamos con algunas recomendaciones para su control.

Definición: En términos estrictos una bursitis es la inflamación de la bursa, cavidad muy pequeña en forma de saco que contiene una membrana sinovial y está llena de líquido sinovial (Thompson, 2007). En otras palabras, una bursitis es una reacción inflamatoria de la bursa. Cuando la vaina sinovial del tendón sobre una articulación está afectada generalmente en la parte superior de las extremidades, se le denomina tendosinovitis (Gadd, 2005).

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Los cerdos con bursitis presentan bolsas sinoviales accesorias en los salientes óseos de las extremidades –especialmente en los corvejones porque tienen menos cobertura muscular–, de consistencia entre blanda hasta dura como una piedra; son indoloras.

Fisiológicamente las bursas se localizan alrededor de las articulaciones y sirven para disminuir la fricción cuando los músculos y tendones se deslizan sobre los huesos. De forma tal que una bursitis es una condición común que aflora por la presión constante y trauma de la piel que protege cualquier prominencia ósea (Muirhead y Alexander, 1997). Así, por ejemplo, se ha observado bursitis esternal en cerdos de 4 a 5 meses de edad (Marruchella y cols., 2017). Sin embargo, con fines prácticos, nos enfocaremos exclusivamente en la bursitis de los miembros.

La bursitis adventicia puede afectar a cerdos tan jóvenes como lechones de una o dos semanas de edad y se torna más evidente en animales de crecimiento con pesos de 30 a 70 kg., cuando las lesiones aumentan de tamaño y se pueden acumular mayores cantidades de líquido (Gillman y cols., 2008; KilBride y cols., 2008). Esto es porque a medida que el cerdo crece, aumenta de peso y con ello la presión en los huesos de los miembros (Muirhead y Alexander, 1997; Bottacini y cols., 2018; van Staaveren y cols., 2018), aunque también se debe a que los cerdos de mayor peso permanecen acostados más tiempo (Ekkel y cols., 2003). Según Oster y cols. (2018), en un estudio longitudinal en el que observaron semanalmente a 192 cerdos desde el destete al rastro, los cerdos más pesados tuvieron significativamente más bursitis y de tamaño más grande que los cerdos ligeros de la misma edad.

Las bursitis se pueden localizar en cuatro áreas: latero-plantar, plantar, medial y en la punta del corvejón. También se les conoce como higromas. Recientemente Oster y cols. (2018) observaron que la bursitis adventicia se puede localizar en 13 posiciones de las extremidades y del esternón.

Etiología

La bursitis ocurre cuando los “slats” son afilados o están muy separados entre sí (Hulsen y Scheepens, 2006). Las bursitis resultan de la presión de vasos linfáticos y capilares por traumatismo, seguida de exudación de fluido y fibrina; el fluido sero-sanguinolento generalmente contiene pocas células principalmente fibroblastos y linfocitos (Smith, 1992), este tejido fibroso desarrolla un engrosamiento subcutáneo generalizado que es indoloro, y que si no está muy grande no interfiere con su funcionalidad (McIlwraith, 2016). Sin embargo, una bursitis séptica merece atención porque es dolorosa y produce cojera; la infección de la bursa es hematógena (por Mycoplasma hyosinoviae –no tratado en este manuscrito-) o puede ser por penetración directa.

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Al estar mucho tiempo sobre pisos duros y sin cama, son los cerdos más pesados los que presentan higromas.

Prevalencia y factores de riesgo

Las bursitis pueden comenzar en los animales en maternidad, particularmente si tienen pisos malos, aunque generalmente se presentan cuando están en las instalaciones de destete sobre pisos con separaciones grandes entre slats (Hulsen y Scheepens, 2006).

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En los lechones la bursitis ocurre como erosión de las rodillas por la fricción a la hora de mamar en pisos de baja calidad. La lesión puede infectarse y dar lugar a una artritis séptica de las articulaciones de las patas o a una sinovitis.

Furniss y cols. (1986) al realizar observaciones del daño en rodilla de 1,376 lechones lactantes de 140 camadas mantenidas en diferentes tipos de superficie de piso, encontraron que si bien 59% de los animales examinados presentaron daño, solamente 11% presentaron daño significativo; la incidencia de lesiones y su severidad (P<0.001) fueron peores en los animales sobre instalaciones viejas de cemento y se relacionó con el valor de resistencia de derrape del piso, mientras que los niveles más bajos de lesiones en rodilla se presentaron en los cerditos sobre pisos de malla plastificada. Una proporción elevada de lechones se lesionó las rodillas a la edad temprana de 1 día, aunque el grado de daño fue mínimo. Tanto la incidencia como la severidad del daño ocurrió durante los primeros tres días de vida antes de estabilizarse. La proporción de heridas con costra aumentó con el tiempo y sanaron a partir del día 10.

La prevalencia de bursitis adventicia aumenta constantemente del destete al rastro. A la edad de 24 semanas, 97% de los cerdos investigados por Ostner y cols. (2018) presentaron bursitis, a la edad de 4 semanas, 25.5% y a las 12 semanas, 67.6%.

En un muestreo llevado a cabo en 14,046 cerdos de tres rastros en Escocia (Smith, 1992), la bursitis adventicia del tarso (corvejón) se observó en 87% de los cerdos, con un rango de severidad de 1.6 (rango de 0 a 4); no hubo diferencias entre miembros traseros ni entre sexos. Sin embargo, la prevalencia fue mayor en invierno que en verano (87.5% vs. 84.5%) y la severidad también fue mayor durante el invierno (1.65 vs. 1.47). El investigador encontró que la prevalencia fue mayor cuando los cerdos se alojaban en pisos de slat de concreto. El uso de cama con sustrato no solo previno la bursitis, sino que redujo su prevalencia y severidad. Los pisos de concreto con superficie abrasiva ocasionaron un incremento en la prevalencia de lesiones en patas con una alta frecuencia de bursitis erosionadas.

La prevalencia (proporción de animales afectados) se calcula de la siguiente manera:

Número de cerdos que muestran al menos una bursa afectada
Número de cerdos muestreados

Por su parte Gillman y cols. (2008) observaron una prevalencia de 41.2% en cerdos finalizados en granjas y Mouttotou y cols. (1999) hasta un 80.7% en cerdos de engorda sobre pisos con 100% de cemento; mientras que Harley y cols. (2014), registraron 44% de bursitis en rastro, cifra similar a los hallazgos de Alonso-Spilsbury y cols. (2011), quienes registraron un 48% de cerdos afectados con bursitis en una granja en el estado de Michoacán, donde por cierto, los pisos estaban muy deteriorados por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento.

En un estudio realizado en Inglaterra en 21 unidades de producción con 3,989 cerdos en finalización, la prevalencia media de bursitis adventicia fue de 51% con rangos de 10.1% a 84% en las distintas unidades. Los investigadores de la Universidad de Bristol observaron que la prevalencia varía según el tipo de piso, así, por ejemplo, los cerdos confinados en pisos de concreto con 10 cm de cama con paja tienen menor riesgo de presentar bursitis y la prevalencia se incrementa sucesivamente en piso de concreto con menos de 10 cm de paja, pisos semi-perforados y pisos completamente emparrillados (slats) (Mouttotou y cols., 1998).

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Las superficies de pisos desgastados y con fisuras (particularmente afiladas), exageran el trauma al grado de que la piel se rompe y puede desarrollar infecciones secundarias. Si esto ocurre en pisos mojados y sucios, los problemas se agravan.

Un análisis de datos de 9,851 cerdos de engorda alojados en granjas convencionales con pisos de slat en Bavaria (Alemania), arrojó los siguientes resultados (Haberland y cols., 2017): 83% de prevalencia de bursitis con diferencias entre razas (Landrace alemán: 72% y Pietrain 90%); la mayoría de los casos (75%) mostraron grado de afectación leve y menos del 1%, grado severo, y como en la mayoría de los estudios, los miembros más afectados fueron los traseros. La presencia de bursitis estuvo influenciada desfavorablemente por características de rendimiento, especialmente por el porcentaje de carne magra, la tasa magrura-grasa, la longitud de la canal y la edad al rastro.

van Staaveren y cols. (2018), al emplear un protocolo de evaluación de bienestar animal (Welfare Quality®) en 31 granjas bajo el sistema «Todo Adentro-Todo Afuera» en Irlanda, observaron una prevalencia de 3.9% en destetados y de 7.5% en finalización. Por su parte, Teixeira y cols. (2020) al monitorear en granja más de 9,000 cerdos de finalización de 170 corrales, calcularon una prevalencia de bursitis de 6.5%.

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Exploración de la articulación del tarso: inmediatamente distal al maléolo lateral y medial están las porciones laterodistal de la articulación talocrural. Se puede producir una cierta fluctuación abarcando el calcáneo caudalmente. Cuando hay un exceso de líquido en la articulación se observa un abultamiento en la zona del doblado de la articulación.

Por nuestra parte, en granjas engordadoras en México, hemos encontrado que la prevalencia de bursitis alcanzó valores del 11.3% y 15% (rango de 0 a 15%) en los cerdos muy pesados (+de 130 kg) en granjas Sitio III. Sin embargo, para el caso de los cerditos destetados, las prevalencias fueron bajas, de 1.94% y 3.41% (Rivera, 2020), cifras superiores con respecto a las de Temple et al. (2011), pero por debajo de las observaciones de Gillman y cols. (2008), Quinn y cols. (2015) y Rodarte (2013), este último, en granjas consideradas convencionales en nuestro país.

Importancia

La bursitis está asociada a otras lesiones en patas (Mouttotou y cols., 1998); los cerdos que presentan el peor andar tienen significativamente más bursitis (Ostner y cols., 2018). Por otro lado, Smith (1992) identificó una correlación positiva entre la presencia de bursitis y la crianza en pisos duros. En 1991 la bursitis le costó al gobierno escocés cerca de £406,000 libras (Smith, 1992).

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Cerdos con bursitis severa en corvejones. El grado de severidad se puede evaluar con el uso de escalas donde 0 es leve y 3 es muy severa.

De forma interesante, nuestro equipo ha identificado que la bursitis tuvo relación con el flujo de agua de los bebederos (Rs: 0.5, P=0.004), lo que tiene sentido, si además los cerdos se tienen que hincar para beber agua, como fue observado en varias ocasiones en un estudio realizado en granjas Sitio III (Rivera, 2020). Más aún, en dicho estudio, la bursitis estuvo relacionada bajo el criterio aceptable y de forma negativa con la relación de bebederos por corral en función del número de animales (CCI: -0.42, LI: 0.70, LS: -0.02; P=0.04), y aunque tuvo una concordancia ligera, también resultó estar asociada negativamente con el amontonamiento y con el espacio destinado por cerdo (CCI: -0.33, LI: -0.65, LS: 0.08, P=0.08; datos idénticos en ambos casos).

Una de las causas más comunes de retraso de los cerdos es la presencia de claudicación y artritis. El impacto económico de estos cerdos al tener un retraso de una semana puede ser de más de $87.5 pesos por concepto de consumo de alimento durante una semana más de estancia (Venosa y cols., 2021). Sin embargo, hay que aclarar que en el caso de bursitis no hay cojera en los animales, por lo que se tendrá que hacer un diagnóstico diferencial entre bursitis y artritis por Mycoplasma hyosinoviae.

Diagnóstico

En inspecciones en México, Venosa y cols. (2017) han observado sinovitis en el codo, corvejón y esternón, en cerdos desde las 8 semanas de edad; dichos autores mencionan que en granjas ubicadas en las principales regiones porcícolas del país existe evidencia clínica de bursitis poli-articular en cerdos desde 4 semanas hasta cerdos enviados al matadero, donde la claudicación es uno de los signos en los cerdos de bajo peso que permanecen más tiempo en los corrales. No obstante, mientras no se realicen aislamientos y estudios serológicos, la incidencia por artritis por Mycoplasma no puede ser establecida.

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En un cerdo sucio será mucho más difícil apreciar bursitis.

La bursitis se manifiesta como una inflamación aguda o crónica. Los ejemplos de bursitis aguda incluyen bursitis del bíceps y bursitis del trocánter en estados tempranos; generalmente se caracteriza por hinchazón, calor local y dolor. La bursitis crónica comúnmente se desarrolla asociada con trauma repetitivo, fibrosis y otros cambios crónicos como, por ejemplo, el higroma carpal. En este caso, no constituye causa de cojera, aunque a veces le provocan posiciones asimétricas que tienen como consecuencia una cojera.

Los signos se pueden desarrollar cuando los lechones tienen 1 o 2 semanas de edad. La mayoría de las inflamaciones ocurren en las patas traseras abajo del corvejón o a un lado de los codos.

La concordancia entre observadores para observar la presencia de bursitis en granjas engordadoras fue de Rs: 0.7219 (P<0.0001) (Rivera, 2020). Sin embargo, Czycholl y cols. (2016) no apreciaron concordancia significativa para esta condición, atribuyéndosela a las dificultades para evaluar animales que se mueven con rapidez y con las patas sucias.

El diagnóstico también se puede llevar a cabo en rastro, en cuyo caso permite registrar o inferir el bienestar animal de forma retrospectiva. Así lo muestra el trabajo de Teixeira y cols. (2020), quienes al buscar lesiones de diferentes tipos en 54 lotes de cerdos (N= 8,843) en un rastro en Chile, observaron que precisamente la bursitis es el hallazgo más común. De forma similar, también en rastro, Bottacini y cols. (2018) observaron una prevalencia de 10% de bursitis, con la salvedad de que por problemas técnicos solo pudieron observar los miembros anteriores, lo que posiblemente subestimó la prevalencia real, pues como hemos recalcado a lo largo del manuscrito, la bursitis es más frecuente en los miembros traseros.

Hablando de rastro, hacemos un paréntesis, la bursitis detectada en los miembros de un animal se recorta mientras que una artritis es motivo de decomiso parcial, por eso es importante saber diagnosticarla.

Control

  • Evitar pisos con 100% de cemento.
  • Proveer cama (sustrato) en pisos de concreto, pues como se ha visto reduce la frecuencia de bursitis y la severidad de sus lesiones. Desde luego se tendrá que revisar si esto es viable en la granja, evitando que interfiera con el sistema de drenaje y eliminación de aguas residuales.
  • Determinar el tipo de lesión y relacionarlo con el tipo de piso utilizado por los cerdos.
  • Colocar los bebederos a la altura específica de acuerdo con la talla y peso de los cerdos para evitar que éstos tengan que agacharse continuamente para beber.

Tratamiento

No existe tratamiento específico que reduzca una bursitis. Se aconseja sacar a los cerdos afectados y colocarlos en un corral de recuperación con cama de paja solo cuando haya casos de infección secundaria y proporcionarles en este caso, antibiótico. La mayoría de los casos no requieren tratamiento (Muirhead y Alexander, 1997).

De acuerdo con Ostner y cols. (2018), no hay indicaciones de que la bursitis adventicia afecte el bienestar animal en términos de dolor.

Referencias

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Artículo publicado en Los Porcicultores y su Entorno Enero- Febrero 2022