Compuestos bioactivos de la leche de búfala de agua y sus beneficios potenciales para la salud humana

Daniel Mota-Rojas
Arthur Fernandes-Bettencourt
Fabio Napolitano
Isabel Guerrero-Legarreta
Ayman H. Abd El-Aziz
Marcelo Ghezi
Ada Braghieri
Juana Fernández-López
José Ángel Pérez-Álvarez

INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas, el concepto de alimentos funcionales ha adquirido una relevancia creciente en el ámbito de la nutrición y la salud pública, particularmente en el contexto del aumento global de enfermedades crónicas no transmisibles. Estas patologías, que incluyen enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos metabólicos e inflamatorios, representan una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial, lo que ha impulsado la búsqueda de estrategias nutricionales orientadas no solo a la prevención, sino también al manejo de dichas condiciones. En este contexto, los alimentos funcionales han cobrado especial interés, ya que, además de aportar nutrientes esenciales, contienen compuestos bioactivos capaces de ejercer efectos fisiológicos beneficiosos, contribuyendo a la modulación de procesos biológicos claves relacionados con la salud humana(72-74).

En este marco, la investigación en matrices alimentarias complejas ha adquirido especial relevancia, particularmente en aquellas capaces de vehiculizar compuestos con actividad biológica demostrable. El concepto de matriz alimentaria hace referencia a la estructura físico-química del alimento en la que los nutrientes y compuestos bioactivos se encuentran organizados e interactúan entre sí, lo que influye de manera directa en su biodisponibilidad, estabilidad y efectos fisiológicos(72-74). Se ha reportado que los productos lácteos constituyen una de las principales matrices alimentarias capaces de aportar compuestos bioactivos con efectos fisiológicos relevantes en humanos, debido a la complejidad de su composición y a su capacidad de interacción con diferentes sistemas biológicos(72-74).

Entre estas matrices, la leche destaca por su elevada complejidad estructural y composicional, al contener proteínas, lípidos, carbohidratos, minerales y una amplia diversidad de moléculas funcionales que pueden interactuar tanto entre sí como con el organismo humano. Se ha descrito que la leche actúa como un sistema biológico complejo capaz de modular procesos fisiológicos más allá de su función nutricional básica, incluyendo la regulación de la respuesta inmune, el metabolismo energético y los mecanismos asociados al estrés oxidativo y la inflamación(72-74). En este sentido, el estudio de los lácteos provenientes de especies no convencionales ha adquirido creciente interés, debido a sus características diferenciales y a su potencial en el desarrollo de alimentos funcionales orientados a la salud. La búfala de agua (Bubalus bubalis) es una especie ampliamente distribuida en regiones tropicales y subtropicales, particularmente en Asia, donde desempeña un papel fundamental en la producción de leche y en sistemas agropecuarios tradicionales. Se ha documentado su relevancia en la producción láctea mundial y su capacidad de adaptación a condiciones ambientales adversas, lo que favorece su aprovechamiento en distintos sistemas productivos(2-4).

En este contexto, su leche se ha consolidado como una alternativa de alto valor, no solo por su composición nutricional, sino también por la presencia de compuestos bioactivos con potencial impacto en la salud humana. A diferencia de la leche bovina (Bos taurus), particularmente de razas especializadas como Holstein- Friesian, la leche de búfala de agua presenta un perfil composicional caracterizado por mayores concentraciones de proteínas, lípidos, minerales y vitaminas, lo que incrementa su densidad nutricional(36, 41). Se ha reportado que estas características composicionales están asociadas con una mayor presencia de compuestos bioactivos con efectos fisiológicos potenciales, lo que refuerza su interés en el contexto de la nutrición funcional y la salud humana(36, 41). En particular, la fracción proteica constituye una de las principales fuentes de compuestos bioactivos. Durante la digestión gastrointestinal o mediante procesos tecnológicos como la fermentación, las proteínas lácteas pueden liberar péptidos bioactivos con diversas funciones biológicas. Estos péptidos han sido asociados con actividades antioxidantes, antihipertensivas, inmunomoduladoras y antidiabéticas, lo que ha impulsado su estudio en el contexto de la prevención y manejo de enfermedades crónicas(16, 17, 77).

Se ha descrito que la actividad biológica de estos péptidos depende de su secuencia aminoacídica y de las condiciones bajo las cuales son liberados(16, 17, 77). Además de los péptidos, esta leche contiene otros componentes con actividad biológica relevante, como la lactoferrina, la lactoperoxidasa, inmunoglobulinas y metabolitos como la δ-valerobetaína y la L-carnitina, los cuales participan en la regulación de procesos inflamatorios, metabólicos e inmunológicos(36, 88-90). Se ha documentado que estos compuestos están involucrados en mecanismos relacionados con la respuesta inmune, el metabolismo energético y la protección frente al estrés oxidativo, aspectos fundamentales en la prevención de enfermedades crónicas (36, 88-90). A estos se suman estructuras emergentes como las nanovesículas extracelulares que contienen microARN, cuya posible implicación en la comunicación celular y la regulación epigenética ha despertado un interés creciente en la investigación reciente(79).

Desde una perspectiva fisiológica, los compuestos bioactivos presentes en la leche pueden actuar a diferentes niveles, incluyendo la modulación de citocinas, la neutralización de especies reactivas de oxígeno, la regulación de rutas metabólicas y la interacción con sistemas celulares complejos. En consecuencia, esta leche se perfila como un alimento con potencial para contribuir a la prevención y manejo de enfermedades crónicas, tales como hipertensión, diabetes, trastornos inflamatorios y ciertos tipos de cáncer(16, 90). Se ha reportado que estos efectos están asociados con la acción sinérgica de múltiples compuestos bioactivos presentes en la leche(16, 90). No obstante, a pesar de los avances en la identificación y caracterización de estos compuestos, persisten limitaciones importantes en cuanto a la comprensión de su biodisponibilidad, estabilidad durante el procesamiento y mecanismos de acción en humanos. Se ha señalado que la evidencia disponible aún es limitada respecto a su impacto en condiciones fisiológicas reales(79, 90). Por lo tanto, resulta necesario integrar la evidencia existente para establecer una base científica sólida que permita orientar futuras investigaciones en el ámbito de la nutrición y la salud.

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Figura 1. Búfalas de agua (Bubalus bubalis) en sala de ordeña mecanizada. La producción de leche en esta especie constituye una matriz alimentaria de alta complejidad, caracterizada por su elevada densidad nutricional y por la presencia de compuestos bioactivos -incluyendo péptidos derivados de proteínas, lactoferrina, inmunoglobulinas y metabolitos como L-carnitina- con potencial para modular procesos fisiológicos relevantes, tales como la respuesta inmune, el metabolismo energético y la regulación del estrés oxidativo, lo que resalta su importancia en el desarrollo de alimentos funcionales y en la prevención de enfermedades crónicas.

En este contexto, el presente artículo tiene como objetivo analizar los principales compuestos bioactivos presentes en la leche de búfala y examinar sus efectos potenciales sobre la salud humana, con especial énfasis en sus mecanismos de acción y sus posibles aplicaciones en nutrición funcional. Para mayores detalles de éste y otros temas en búfalos de agua, consulte de manera gratuita los 47 capítulos y más de 1300 páginas de la 5ta. edición del libro “El búfalo de agua en las Américas: comportamiento y productividad”. Editorial BM Editores. D. Mota-Rojas, F. Napolitano y A. Orihuela et al., (2024).
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COMPONENTES BIOACTIVOS DE LA LECHE DE BÚFALA

La leche de búfala contiene una amplia variedad de compuestos bioactivos que trascienden su valor nutricional básico y participan en múltiples procesos biológicos con implicaciones potenciales en la salud humana. Estos componentes incluyen péptidos bioactivos, proteínas funcionales, enzimas, metabolitos específicos y estructuras subcelulares como nanovesículas extracelulares. Su actividad depende tanto de su naturaleza química como de los procesos que facilitan su liberación, tales como la digestión gastrointestinal, la fermentación y determinados tratamientos tecnológicos( 16, 17, 77).

Se ha reportado que estos procesos permiten la liberación de compuestos con actividad biológica a partir de proteínas y otros componentes de la leche(16, 17, 77). Asimismo, se ha documentado que la actividad biológica de estos compuestos depende de su estabilidad y de su capacidad de interacción con sistemas biológicos(16, 77). Entre los compuestos más estudiados destacan los péptidos bioactivos derivados principalmente de las caseínas y, en menor medida, de las proteínas del suero. Estos péptidos se liberan durante la hidrólisis proteica y pueden ejercer efectos locales en el tracto gastrointestinal o, tras su absorción, actuar a nivel sistémico. Se han identificado múltiples secuencias peptídicas en la leche de búfala, tales como VLPVPQK, RELEE, EDVPSER, NAVPITPTL, YPFPGPIPN y TKVIPYVRYL, las cuales han sido asociadas con actividades antioxidantes, osteogénicas y reguladoras del metabolismo glucídico(16, 17, 77, 78).

Se ha reportado que estas secuencias peptídicas presentan actividades biológicas específicas dependiendo de su composición aminoacídica(16, 17, 77, 78). Adicionalmente, se ha descrito que estos péptidos pueden ejercer efectos tanto a nivel local como sistémico tras su liberación y absorción( 16, 17, 77). La diversidad estructural de estos péptidos explica la amplitud de sus funciones biológicas. Un grupo particularmente relevante corresponde a los péptidos inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA), generados principalmente durante la fermentación mediante bacterias ácido-lácticas, como Lactobacillus helveticus(80-83). Estos compuestos derivan de diferentes fracciones de caseína, incluyendo αs1-, αs2- y β-caseína, así como de proteínas del suero como la α-lactoalbúmina y la β-lactoglobulina. Entre los péptidos identificados se encuentran secuencias como IPP, VPP, YPFPGPIPN y VRGPFP, ampliamente asociadas con efectos antihipertensivos. Su formación y actividad están condicionadas por factores como la cepa microbiana utilizada, el tiempo de fermentación y las condiciones de maduración del producto(81, 83). Se ha documentado que las bacterias ácido-lácticas desempeñan un papel clave en la liberación de péptidos con actividad biológica durante la fermentación(80-83).

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Figura 2. Búfalos de agua en ambiente de pastoreo tropical, mostrando condiciones típicas de sistemas productivos donde el animal interactúa directamente con su entorno natural. Estas condiciones favorecen la adaptación fisiológica de la especie y están asociadas con variaciones en su metabolismo, lo que se refleja en la composición de la leche y de la carne. En este contexto, la leche de búfala se caracteriza por contener una diversidad de compuestos bioactivos cuya presencia y concentración pueden estar influenciadas por factores como la dieta, el entorno y el manejo, aspectos que resultan clave para comprender su potencial en el desarrollo de alimentos funcionales orientados a la salud humana

Asimismo, se ha reportado que la variabilidad en las condiciones de fermentación influye en la cantidad y tipo de péptidos generados(81, 83). Desde una perspectiva estructural, las caseínas desempeñan un papel fundamental como sistemas funcionales organizados en micelas, cuya estabilidad depende de la interacción entre grupos fosfato y calcio coloidal. Esta organización no solo garantiza la estabilidad fisicoquímica de la leche, sino que también favorece la liberación controlada de péptidos bioactivos durante la digestión. Adicionalmente, estas estructuras han sido asociadas con propiedades antioxidantes derivadas de su capacidad para interactuar con especies reactivas( 86, 87). Se ha reportado que las micelas de caseína constituyen estructuras clave en la funcionalidad de la leche y en la liberación de compuestos bioactivos(86, 87). También se ha descrito su participación en la interacción con especies reactivas, lo que contribuye a sus propiedades antioxidantes(86, 87).

Por otra parte, la leche de búfala contiene proteínas y enzimas con funciones inmunológicas relevantes. La lactoperoxidasa presenta actividad antimicrobiana y capacidad antibiofilm frente a patógenos como Salmonella typhi y Listeria monocytogenes(88). De manera complementaria, la lactoferrina y las inmunoglobulinas, especialmente abundantes en el calostro, participan en la modulación del sistema inmunitario y en la defensa frente a infecciones. La β-lactoglobulina, además de su valor nutricional, actúa como transportadora de compuestos lipofílicos y puede influir en la regulación de procesos inmunológicos(36). Se ha documentado que estas proteínas desempeñan funciones relacionadas con la respuesta inmune y la defensa frente a microorganismos(36, 88). Asimismo, su presencia en la leche contribuye a la protección del organismo frente a agentes patógenos(36, 88). En lo que respecta a los metabolitos bioactivos, la leche de búfala presenta concentraciones relevantes de compuestos como la δ-valerobetaína y la L-carnitina, así como sus derivados (acilcarnitinas).

Estos metabolitos desempeñan un papel clave en el metabolismo energético y han sido asociados con efectos antiinflamatorios y neuroprotectores(90, 91). Su presencia refuerza el carácter funcional de esta matriz láctea, particularmente en relación con la regulación metabólica. Se ha reportado que estos metabolitos participan en rutas relacionadas con el metabolismo energético celular(90, 91). Además, se han asociado con efectos biológicos vinculados a la regulación inflamatoria y al funcionamiento del sistema nervioso(90, 91). Un aspecto emergente en la investigación es la identificación de nanovesículas extracelulares que contienen microARN (miRNA), tales como miR-21, miR-27b, miR-125b y miR-155(79). Estas estructuras, con tamaños comprendidos entre 50 y 200 nm, son capaces de transportar información genética y podrían participar en mecanismos de comunicación intercelular y regulación epigenética.

Si bien se ha demostrado su estabilidad frente a determinadas condiciones de almacenamiento y procesamiento, su biodisponibilidad y efectos tras la ingestión en humanos aún requieren mayor elucidación. Se ha señalado que estas nanovesículas pueden actuar como vehículos de transferencia de material genético(79). No obstante, su papel en la fisiología humana aún requiere mayor investigación(79). En términos funcionales, la leche de búfala de agua puede considerarse una matriz biológica altamente compleja, en la que la interacción entre sus distintos componentes bioactivos condiciona su actividad global. Por consiguiente, tanto la composición como los procesos de transformación resultan determinantes en la expresión de sus efectos biológicos, lo que subraya su potencial como fuente de compuestos de interés en nutrición funcional y desarrollo de nutracéuticos. Se ha reportado que la actividad biológica de la leche depende de la interacción entre sus diferentes componentes(16, 77, 90).

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Figura 3. Búfala de agua en sistema de pastoreo con acceso a zonas húmedas. Las condiciones de alimentación, particularmente el consumo de forraje verde, influyen directamente en la composición metabolómica de la leche, favoreciendo la presencia de compuestos bioactivos como δ-valerobetaína, L-carnitina y acilcarnitinas. Estos metabolitos han sido asociados con efectos antioxidantes y antiinflamatorios descritos en modelos experimentales, lo que resalta la relación entre el manejo productivo, la calidad funcional de la leche y su potencial impacto en la salud humana

ACTIVIDAD BIOLÓGICA Y BENEFICIOS PARA LA SALUD HUMANA

Los compuestos bioactivos presentes en la leche de búfala han sido asociados con una amplia gama de efectos biológicos que trascienden su función nutricional básica. Estas actividades derivan de la interacción entre péptidos, proteínas, lípidos y metabolitos específicos, los cuales pueden actuar mediante distintos mecanismos fisiológicos, incluyendo la modulación de rutas inflamatorias, la neutralización de especies reactivas de oxígeno y la regulación de procesos metabólicos(16, 90). Se ha reportado que la actividad biológica de la leche depende de la acción conjunta de estos compuestos, los cuales pueden ejercer efectos complementarios en el organismo(16, 90). Entre los efectos más relevantes destacan sus propiedades antiinflamatorias, las cuales han sido ampliamente estudiadas debido a su implicación en enfermedades crónicas. La inflamación es un proceso biológico que permite al organismo responder ante estímulos dañinos; sin embargo, cuando esta respuesta se mantiene de forma persistente, puede contribuir al desarrollo de diversas patologías. En este proceso intervienen citocinas proinflamatorias como TNF-α, IL-1β e IL-6, que actúan como señales de comunicación entre células y regulan la intensidad de la respuesta inflamatoria(90, 93, 94).

Estas citocinas pueden entenderse como “mensajes de alerta” que indican al organismo que existe un problema; cuando estos mensajes se producen en exceso o de manera continua, el sistema permanece activado incluso cuando ya no es necesario, favoreciendo el daño tisular(90, 93, 94). Diversos estudios han demostrado que ciertos compuestos presentes en la leche de búfala, como la δ-valerobetaína y las acilcarnitinas, pueden modular esta respuesta inflamatoria mediante la regulación de dichas citocinas(90, 93, 94). La δ-valerobetaína ha sido identificada como un metabolito presente en leche de rumiantes y derivado del metabolismo ruminal de compuestos dietarios, lo que establece una relación directa entre la alimentación del animal, el metabolismo microbiano y la composición final de la leche(93). En términos prácticos, esto significa que lo que consume el animal influye directamente en los compuestos presentes en la leche y, por lo tanto, en sus posibles efectos biológicos(93). Por ejemplo, cambios en la dieta pueden modificar la cantidad de metabolitos como δ-valerobetaína o carnitinas, lo que a su vez puede alterar la actividad biológica de la leche(93, 94).

En este sentido, estudios metabolómicos han demostrado que la inclusión de forraje verde en la alimentación de búfalas modifica significativamente la composición de la leche, aumentando la concentración de metabolitos como L-carnitina, acilcarnitinas y δ-valerobetaína(94). Estos compuestos han sido considerados relevantes debido a su participación en procesos metabólicos y celulares asociados con la respuesta inflamatoria, lo que refuerza la idea de que la calidad funcional de la leche está influenciada por el sistema de alimentación. De forma sencilla, una dieta más rica en forraje verde puede favorecer la presencia de compuestos con potencial actividad biológica, lo que podría traducirse en una leche con mayor capacidad funcional(94). La evidencia experimental más específica sobre la actividad antiinflamatoria de estos compuestos proviene de estudios in vitro en modelos de daño celular inducido por condiciones metabólicas adversas, como la exposición a altas concentraciones de glucosa(90). Este tipo de modelo se utiliza para simular situaciones metabólicas como la hiperglucemia, donde las células se encuentran bajo estrés y presentan una mayor respuesta inflamatoria(90).

En estos modelos, la δ-valerobetaína ha demostrado capacidad para reducir la citotoxicidad inducida por hiperglucemia,así como para disminuir la producción de especies reactivas de oxígeno y la peroxidación lipídica, procesos estrechamente vinculados con la activación de la respuesta inflamatoria(90). En otras palabras, estos compuestos ayudan a reducir el “daño celular” que se produce cuando las células están expuestas a condiciones adversas(90). Adicionalmente, se ha observado que la δ-valerobetaína reduce la liberación de citocinas proinflamatorias como TNF-α, IL-1β e IL-6 en estos modelos experimentales(90). Este efecto sugiere una interferencia directa en las rutas de señalización inflamatoria. Esto puede interpretarse como una reducción en la intensidad de las señales que activan la inflamación, evitando que la respuesta se mantenga de forma excesiva(90). Estos efectos se han asociado con la modulación de rutas celulares clave, incluyendo la regulación de proteínas como SIRT1 y SIRT6, así como la inhibición de la vía NF-κB, una de las principales responsables de la activación de genes inflamatorios(90). Para facilitar su comprensión, NF-κB puede considerarse como un “interruptor” que activa la inflamación dentro de la célula, mientras que SIRT1 y SIRT6 están asociadas con mecanismos de protección celular; por lo tanto, su regulación contribuye a mantener un equilibrio entre activación y control de la respuesta inflamatoria(90).

Desde una perspectiva fisiológica, la disminución de mediadores como TNF-α, IL-1β e IL-6 se ha relacionado con la atenuación de procesos inflamatorios persistentes(90, 93, 94). Esto es relevante porque estos mediadores suelen encontrarse elevados en diversas condiciones asociadas con inflamación crónica, lo que sugiere que su regulación podría contribuir a limitar la progresión de estos procesos(90, 93, 94). No obstante, es importante señalar que estos efectos han sido demostrados principalmente en modelos experimentales, por lo que su impacto directo en humanos aún requiere validación mediante estudios clínicos. En estrecha relación con lo anterior, la leche de búfala presenta una notable actividad antioxidante atribuida a la presencia de vitaminas A, C y E, así como a péptidos bioactivos derivados de caseínas y proteínas del suero(41, 72-74). Estos compuestos actúan como captadores de radicales libres y participan en la modulación de sistemas antioxidantes endógenos, contribuyendo a la reducción del estrés oxidativo.

Este proceso es particularmente relevante debido a su asociación con el desarrollo de patologías como enfermedades cardiovasculares, trastornos neurodegenerativos y procesos inflamatorios crónicos. Se ha reportado que la actividad antioxidante de la leche está relacionada con la capacidad de sus componentes para neutralizar especies reactivas de oxígeno y reducir el daño oxidativo(72-74). Además, se ha descrito que la reducción del estrés oxidativo está estrechamente vinculada con la prevención de enfermedades crónicas(72-74). Otro aspecto de gran interés es su potencial efecto antihipertensivo, asociado principalmente a la presencia de péptidos inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA). Estos péptidos actúan bloqueando la conversión de angiotensina I en angiotensina II, un potente vasoconstrictor, lo que favorece la reducción de la presión arterial(80-83). La actividad de estos compuestos ha sido ampliamente documentada en productos lácteos fermentados, donde su concentración aumenta durante el proceso de maduración, potenciando sus efectos biológicos.

Se ha descrito que la inhibición de la ECA constituye un mecanismo clave en la regulación de la presión arterial y en la prevención de enfermedades cardiovasculares( 80-83). Asimismo, se ha reportado que los procesos de fermentación favorecen la generación de estos péptidos bioactivos(80-83). Adicionalmente, se ha reportado que ciertos péptidos bioactivos presentes en la leche de búfala de agua pueden ejercer efectos antidiabéticos mediante la regulación del metabolismo de la glucosa. Estos compuestos pueden influir en la actividad de enzimas digestivas, mejorar la sensibilidad a la insulina y participar en la modulación de rutas metabólicas relacionadas con la homeostasis glucémica(16, 17, 77, 78). Aunque estos hallazgos son prometedores, la mayoría de los estudios se han realizado en modelos experimentales, por lo que se requieren investigaciones clínicas para confirmar su eficacia en humanos. Se ha documentado que estos efectos están asociados con la regulación de enzimas digestivas y rutas metabólicas implicadas en el control glucémico(16, 17, 77, 78). No obstante, se ha señalado la necesidad de estudios clínicos que validen estos efectos en humanos(16, 77).

En cuanto a su potencial anticancerígeno, diversos estudios han sugerido que componentes de la leche de búfala, como los péptidos bioactivos, los ácidos grasos conjugados y la membrana del glóbulo graso (MFGM), pueden inducir apoptosis y reducir la proliferación de células tumorales(15, 90, 91). Por ejemplo, se ha observado que extractos de leche de búfala pueden disminuir la viabilidad de células cancerígenas en modelos in vitro, incluyendo líneas celulares como HeLa, así como reducir la formación de lesiones preneoplásicas en estudios experimentales(137). Estos efectos se han relacionado con la capacidad de estos compuestos para modular procesos celulares clave, como la proliferación, la diferenciación y la apoptosis. Se ha reportado que la inducción de apoptosis y la inhibición de la proliferación celular constituyen mecanismos relevantes en la actividad anticancerígena de estos compuestos(15, 90, 91).

De manera complementaria, estudios experimentales han evidenciado que estos compuestos pueden influir en la regulación de rutas enzimáticas y moleculares asociadas con procesos inflamatorios y proliferativos, incluyendo la modulación de la actividad de enzimas como COX-1 y COX-2, así como la regulación de mediadores como el óxido nítrico. Estos mecanismos refuerzan la base biológica de los efectos observados y su posible implicación en la prevención de procesos patológicos complejos. Por otra parte, la leche de búfala presenta efectos inmunomoduladores derivados de la acción conjunta de proteínas del suero, enzimas y péptidos bioactivos. Componentes como la lactoferrina, la lactoperoxidasa y las inmunoglobulinas participan en la regulación de la respuesta inmune, promoviendo la defensa frente a patógenos y modulando procesos inflamatorios(36, 88, 89).

Asimismo, los péptidos generados durante la fermentación pueden influir en la activación de células inmunitarias, lo que refuerza su papel en la regulación del sistema inmunológico. Se ha documentado que estos compuestos contribuyen a la activación y regulación de la respuesta inmune(36, 88, 89). Además, se ha reportado su participación en la defensa frente a microorganismos patógenos(88, 89). Desde una perspectiva mecanística, estos efectos biológicos pueden explicarse por la capacidad de los compuestos bioactivos para interactuar con diferentes sistemas celulares. Entre los mecanismos más relevantes se incluyen la inhibición de enzimas clave,la regulación de la expresión génica, la modulación de citocinas y la interacción con especies reactivas de oxígeno. En consecuencia, la leche de búfala puede considerarse una fuente compleja de moléculas con capacidad para influir en múltiples procesos fisiológicos de manera simultánea.

Se ha reportado que estos mecanismos incluyen la regulación de procesos celulares y metabólicos fundamentales(16, 90). Considerando la evidencia disponible, la leche de búfala se perfila como un alimento con potencial significativo en la prevención y manejo de enfermedades crónicas. No obstante, resulta necesario profundizar en estudios clínicos que permitan validar estos efectos y establecer dosis, mecanismos de acción y condiciones de consumo óptimas. Se ha señalado la necesidad de fortalecer la evidencia clínica para confirmar los efectos observados en estudios experimentales(79, 90). Desde una perspectiva integradora, los efectos descritos ponen de manifiesto que la leche de búfala no actúa a través de un único mecanismo, sino mediante la interacción coordinada de múltiples compuestos bioactivos que influyen en distintas rutas celulares y metabólicas.

Esta convergencia de acciones, que incluye la modulación de la inflamación, el control del estrés oxidativo, la regulación del metabolismo energético y la influencia sobre procesos celulares como la proliferación y la apoptosis, sugiere que su impacto biológico responde a un efecto multifactorial. En este contexto, la acción conjunta de sus componentes permite una modulación más amplia de los procesos fisiológicos, al integrar distintos mecanismos que actúan de manera complementaria a nivel celular. Desde el punto de vista de la salud humana, esta característica adquiere especial relevancia, dado que muchos de los procesos implicados en enfermedades crónicas, como la inflamación persistente, el estrés oxidativo y la desregulación metabólica, ocurren de forma simultánea e interconectada.

En consecuencia, la presencia de compuestos capaces de intervenir de manera paralela en estos mecanismos representa una ventaja potencial en el ámbito nutricional. No obstante, es necesario considerar que la mayor parte de la evidencia disponible procede de estudios experimentales, por lo que, aunque los mecanismos identificados presentan coherencia biológica, su validación en humanos requiere el desarrollo de investigaciones clínicas que permitan establecer con precisión su alcance y aplicabilidad.

APLICACIONES EN NUTRICIÓN FUNCIONAL Y PERSPECTIVAS FUTURAS

El creciente interés por los alimentos funcionales ha impulsado la exploración de matrices lácteas como la leche de búfala en el desarrollo de productos con valor agregado. Debido a su contenido de compuestos bioactivos, esta leche no solo cumple funciones nutricionales, sino que también puede incorporarse en estrategias dirigidas a la promoción de la salud y la prevención de enfermedades crónicas. Se ha reportado que los productos lácteos funcionales pueden actuar como vehículos de compuestos bioactivos capaces de modular procesos fisiológicos relevantes en humanos(72-74). En este contexto, la leche de búfala de agua destaca por su elevada densidad de componentes funcionales y su versatilidad tecnológica. En el ámbito industrial, la leche de búfala ofrece un potencial significativo para la formulación de alimentos funcionales, particularmente a través de procesos de fermentación controlada.

Estos procesos favorecen la liberación de péptidos bioactivos, incluidos aquellos con actividad antihipertensiva, antioxidante e inmunomoduladora. Por consiguiente, productos como yogures, leches fermentadas y quesos madurados pueden diseñarse específicamente para maximizar la generación de estos compuestos, incrementando su valor funcional(80-83). Se ha documentado que bacterias ácido-lácticas como Lactobacillus helveticus poseen sistemas proteolíticos capaces de liberar péptidos inhibidores de la ECA durante la fermentación(80-83). Asimismo, se ha reportado que variables como el pH, el tiempo de fermentación y la actividad enzimática influyen directamente en la cantidad y bioactividad de los péptidos generados(81, 83). Esto permite orientar el diseño de procesos hacia la obtención de alimentos con funciones específicas dirigidas a la salud cardiovascular.

Asimismo, la incorporación de derivados de leche de búfala en formulaciones nutracéuticas representa una línea de desarrollo emergente. Componentes como la lactoferrina, la lactoperoxidasa, los péptidos bioactivos y metabolitos como la L-carnitina y la δ-valerobetaína pueden ser aislados o concentrados para su uso en suplementos alimenticios orientados a la modulación del sistema inmune, la reducción del estrés oxidativo y el apoyo al metabolismo energético(90, 91). Se ha reportado que la L-carnitina y sus derivados participan en el transporte de ácidos grasos hacia la mitocondria, favoreciendo la producción de energía(90, 91). Asimismo, la δ-valerobetaína ha sido asociada con efectos antiinflamatorios y con la regulación de procesos metabólicos(90, 91). Este enfoque amplía el uso de la leche de búfala hacia aplicaciones en nutrición clínica y preventiva. Desde una perspectiva tecnológica, el diseño de productos funcionales a partir de leche de búfala de agua requiere considerar factores como la estabilidad de los compuestos bioactivos, su biodisponibilidad y su interacción con otros componentes de la matriz alimentaria.

En este sentido, las condiciones de procesamiento, incluyendo temperatura, pH y tiempo de fermentación, desempeñan un papel determinante en la conservación o generación de estos compuestos. Se ha documentado que tratamientos térmicos intensos pueden afectar la estabilidad de proteínas y péptidos bioactivos, mientras que procesos controlados pueden favorecer su liberación(16, 77). Asimismo, se ha reportado que la interacción entre proteínas, lípidos y minerales puede modificar la disponibilidad y actividad de estos compuestos en el organismo(72-74). Por lo tanto, la optimización de estos parámetros resulta esencial para preservar su funcionalidad. Por otra parte, la identificación de nanovesículas extracelulares con contenido de microARN abre nuevas líneas de investigación en el campo de la nutrición molecular. Estas estructuras, con tamaños entre 50 y 200 nm, contienen moléculas reguladoras como miR-21, miR-27b, miR-125b y miR-155, las cuales podrían participar en procesos de comunicación intercelular y regulación epigenética(79).

Se ha reportado que estas nanovesículas presentan estabilidad frente a condiciones de procesamiento y almacenamiento, lo que sugiere su posible transferencia a través de la dieta(79). Sin embargo, su biodisponibilidad y su impacto fisiológico en humanos aún no han sido completamente esclarecidos, lo que limita su aplicación directa en el desarrollo de alimentos funcionales. A pesar de los avances en la caracterización de los compuestos bioactivos de la leche de búfala, persisten importantes desafíos. Entre ellos destacan la necesidad de estudios clínicos que validen los efectos observados en modelos experimentales, la estandarización de metodologías para la identificación de compuestos bioactivos y la evaluación de la variabilidad asociada a factores como la raza, la alimentación y las condiciones de manejo de los animales. Se ha reportado que la composición de la leche puede variar significativamente en función de estos factores, lo que influye en la concentración de compuestos bioactivos(36-41, 51).

En términos de investigación futura, resulta prioritario profundizar en los mecanismos de acción de los compuestos bioactivos, así como en su interacción con la microbiota intestinal y otros sistemas biológicos. Se ha sugerido que la interacción entre compuestos bioactivos y microbiota intestinal podría influir en su actividad biológica y en sus efectos sobre la salud(79, 90). Del mismo modo, el desarrollo de tecnologías de procesamiento que permitan preservar o potenciar estos compuestos representa un área de gran interés para la industria alimentaria. En este sentido, la leche de búfala de agua se posiciona como una matriz prometedora para el desarrollo de alimentos funcionales avanzados con aplicaciones en salud humana.

Compuestos bioactivos de la leche de búfala de agua y sus beneficios potenciales para la salud humana Compuestos bioactivos leche bufala agua beneficios potenciales salud humana 4

Figura 4. Búfala de agua en periodo de lactancia junto a crías en sistema de pastoreo. La etapa fisiológica del animal, particularmente la lactancia, constituye un factor determinante en la composición de la leche, influyendo en la concentración de proteínas, lípidos y compuestos bioactivos. Estas variaciones están asociadas con cambios en la actividad metabólica y en los requerimientos nutricionales del animal, lo que repercute directamente en la calidad funcional de la leche y en su potencial como fuente de componentes con actividad biológica relevante

CONCLUSIONES

La leche de búfala se configura como una matriz biológica de elevada complejidad cuya composición integra una diversidad de compuestos bioactivos con capacidad para influir en procesos fisiológicos relevantes en el organismo humano. Más allá de su valor nutricional convencional, su contenido en péptidos bioactivos, proteínas funcionales, metabolitos especializados y estructuras subcelulares sustenta su participación en la modulación de mecanismos asociados tanto con la homeostasis fisiológica como con la progresión de diversos estados patológicos. La evidencia disponible indica que estos componentes intervienen en procesos clave relacionados con la inflamación, el estrés oxidativo y la regulación metabólica. En particular, la modulación de citocinas proinflamatorias, la regulación de mediadores como el óxido nítrico y la actividad de enzimas asociadas a rutas inflamatorias, junto con la capacidad de neutralizar especies reactivas de oxígeno, refuerzan su papel en la atenuación de procesos implicados en enfermedades crónicas.

De forma complementaria, la participación de metabolitos vinculados al metabolismo energético y la acción de péptidos bioactivos contribuyen a la regulación de la homeostasis metabólica, incluyendo mecanismos asociados al metabolismo lipídico y glucídico. En este contexto, la leche de búfala presenta características que la posicionan como un alimento con relevancia potencial en la prevención de enfermedades metabólicas. Los efectos asociados a péptidos con actividad antihipertensiva, particularmente aquellos con capacidad de inhibir la enzima convertidora de angiotensina, así como los mecanismos relacionados con la regulación del metabolismo de la glucosa descritos en modelos experimentales, respaldan su posible utilidad en condiciones como hipertensión y diabetes. Asimismo, sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias podrían contribuir a la modulación de procesos fisiopatológicos involucrados en enfermedades cardiovasculares y trastornos metabólicos. Por otra parte, la presencia de proteínas con actividad inmunológica, como la lactoferrina, la lactoperoxidasa y las inmunoglobulinas, sugiere una contribución relevante en la regulación del sistema inmune.

Estas moléculas participan en la defensa frente a patógenos y en la modulación de respuestas inflamatorias, lo que refuerza la importancia de esta leche en la interacción entre nutrición e inmunidad y su posible implicación en la protección frente a procesos infecciosos y desregulación inmunológica. Adicionalmente, los hallazgos relacionados con el potencial anticancerígeno de algunos de sus componentes, evidenciados en modelos experimentales mediante la inducción de apoptosis y la inhibición de la proliferación celular, amplían el espectro de efectos biológicos atribuidos a esta matriz láctea. De manera complementaria, la identificación de nanovesículas extracelulares que contienen microARN introduce una dimensión emergente en el estudio de sus efectos, al sugerir posibles mecanismos de comunicación intercelular y regulación epigenética, aunque su relevancia fisiológica en humanos aún requiere ser plenamente esclarecida.

Desde una perspectiva aplicada, estas propiedades sustentan el potencial de la leche de búfala como materia prima para el desarrollo de alimentos funcionales orientados a la salud. La posibilidad de diseñar productos que favorezcan la liberación, estabilidad y biodisponibilidad de compuestos bioactivos permite su integración en estrategias nutricionales dirigidas a la prevención de enfermedades y al mantenimiento del bienestar, particularmente en el contexto del incremento global de enfermedades crónicas. No obstante, la consolidación de estas aplicaciones exige fortalecer la evidencia científica disponible. La validación de los efectos observados en estudios in vitro y en modelos animales, la determinación de la biodisponibilidad de los compuestos bioactivos y la definición de condiciones de consumo efectivas constituyen aspectos prioritarios para avanzar hacia una aplicación basada en evidencia.

En consecuencia, la leche de búfala de agua representa una fuente compleja de compuestos con potencial impacto en la salud humana, cuyo aprovechamiento requiere una aproximación integrada que combine investigación básica, desarrollo tecnológico y validación clínica. Este enfoque permitirá traducir su potencial biológico en beneficios concretos dentro del ámbito de la nutrición funcional y la salud pública.

BIBLIOGRAFÍA:

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Artículo publicado en “Entorno Ganadero Abril Mayo 2026“

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