Rinotraqueitis infecciosa, diarrea viral, lengua azul, rabia, fiebre efímera y viruela del búfalo
Julio Martínez-Burnes
Hugo Barrios-García
Jorge Alva-Pérez
Belkis Corona-González
Dasiel Obregón-Alvarez
INTRODUCCIÓN
Las enfermedades virales que afectan al búfalo de agua (Bubalus bubalis) representan un desafío creciente para la sanidad animal global, tanto por su impacto en la productividad y reproducción, como por su relevancia epidemiológica y zoonótica. A pesar de su reconocida rusticidad, adaptabilidad y resistencia fisiológica frente a condiciones ambientales adversas, esta especie no está exenta de padecer infecciones virales que comprometen su bienestar, desempeño productivo y, en algunos casos, su supervivencia. En las últimas décadas, la expansión de los sistemas de producción bufalina en regiones tropicales y subtropicales, aunada a la cohabitación con ganado bovino (Bos taurus y Bos indicus), ha favorecido la exposición y circulación de múltiples agentes virales con capacidad de cruzar la barrera de especie.
Entre las enfermedades de mayor importancia destacan la Rinotraqueitis Infecciosa Bovina (BHV- 1), la Diarrea Viral Bovina (BVDV), la Lengua Azul, la Rabia, la Fiebre Efímera Bovina y la Viruela del Búfalo. Estas entidades, aunque clásicamente descritas en el ganado bovino, han mostrado evidencia creciente de afectar también al búfalo, ya sea mediante infecciones naturales o experimentales, con cuadros clínicos que pueden variar desde formas subclínicas hasta manifestaciones severas. La participación del búfalo como huésped susceptible, reservorio o amplificador viral tiene implicaciones significativas para la epidemiología y control de estas enfermedades, especialmente en sistemas de producción mixtos o en regiones donde el manejo sanitario aún es limitado.
Las infecciones por BHV-1 y BVDV se asocian con cuadros respiratorios, reproductivos y neonatales, y su persistencia se debe, en gran medida, a la capacidad del virus para establecer infecciones latentes o persistentes, dificultando su erradicación. Por su parte, enfermedades vectoriales como la Lengua Azul y la Fiebre Efímera Bovina se ven favorecidas por el cambio climático, que modifica la distribución geográfica de insectos transmisores del género Culicoides y Culex, aumentando el riesgo de brotes en nuevas regiones. La Rabia, de carácter zoonótico y con alta letalidad, continúa siendo una amenaza en áreas endémicas, mientras que la Viruela del Búfalo (Buffalopox) resurge como una zoonosis viral emergente con impacto productivo y sanitario, recordando la vulnerabilidad del ser humano frente a la reemergencia de ortopoxvirus derivados del antiguo virus vaccinia.
El estudio de estas enfermedades en el búfalo de agua es crucial no solo desde la perspectiva de la medicina veterinaria preventiva, sino también en el marco del enfoque “Una Sola Salud (One Health)”, que integra los aspectos animal, humano y ambiental. La movilización internacional de animales, la intensificación de la producción, la presión climática y la circulación de variantes virales con potencial de salto de especie subrayan la necesidad de vigilancia epidemiológica continua, desarrollo de vacunas específicas y estrategias de bioseguridad adaptadas a las condiciones particulares de los sistemas bufalinos. Comprender la dinámica de estas infecciones permitirá diseñar programas más eficaces de control y prevención, que salvaguarden la salud animal y humana, así como la sustentabilidad de la producción bufalina a nivel global.
La Rinotraqueitis Infecciosa Bovina o Vulvovaginitis Pustular Infecciosa (IBR/IPV), es una enfermedad infecciosa del ganado bovino (Bos) debida al virus del herpes bovino 1 (BHV-1 o BoV-1H), perteneciente a la familia Herpesviridae, subfamilia Alphaherpesvirinae. En Australia, el Alfaherpesvirus de los búfalos fue diferenciado del BHV-1 en un perfil de restricción de ADN viral, lo que indicaba que podría ser una especie distinta (Sunil-Chandra, 2000). Estudios en Italia establecen que los búfalos están expuestos tanto al BHV-1 así como al Herpes Virus 1 Bubalino (BuHV-1), a nivel de población y hato, pero no asociado a hatos mixtos, con alta prevalencia de coexistencia de los dos virus a nivel de hato (Scicluna et al., 2007).
La mortalidad es baja pero las pérdidas económicas pueden ser considerables. El BHV-1 puede infectar el tracto respiratorio superior o el tracto reproductivo y se propaga a través de los monocitos, otros leucocitos y de los nervios periféricos produciendo una infección latente en las células neuronales de los ganglios trigeminal y sacro. La infección latente permite que el virus persista en los huéspedes infectados durante períodos indefinidos. La reactivación puede ocurrir de forma espontánea o inducida por estímulos inmunosupresores naturales o artificiales (parto, transporte), lo que conduce a la replicación y reexcreción del virus con su propagación en el medio ambiente (Fagiolo et al., 2005).
Epidemiología. Las especies susceptibles son los bovinos domésticos y silvestres. La transmisión se produce a través de aerosoles, directo e indirecto, por contacto y vía venérea, inseminación artificial, secreciones respiratorias, oculares y reproductivas (líquido amniótico, placenta, feto y semen) de animales infectados, durante diez a catorce días después de la infección, incluso asintomáticos. También a través de chupones de máquinas de ordeño (Sunil-Chandra, 2000). El período de incubación es de dos a veinte días.
La distribución de la enfermedad es mundial. El virus se aisló por primera vez en Australia (1972), luego en Malasia, India y Egipto. En la India se han descrito seropositividades desde el 7.1% hasta el 21.1% al BHV-1 en búfalos (Samrath et al., 2016; Fagiolo et al., 2005). En Italia, investigaciones serológicas mostraron seroprevalencias que van del 59 al 82% en rebaños y del 30 al 80% en animales, con una circulación viral más activa donde se crían juntos búfalos y reses (Fagiolo et al., 2005). La primera transmisión experimental del BoHV- 1 en búfalos se realizó en Italia en 2010, confirmando su susceptibilidad a la infección y su posible rol como huésped/reservorio del virus (Scicluna et al., 2010). También en Italia, el primer aislamiento del virus de BoHV-1 se describió en casos de infecciones naturales en búfalos de agua con rinotraqueitis y abortos en 2011 y 2012 (Fusco et al., 2015).
En el mismo país se han descrito seroprevalencias del 59% en búfalos de agua con mayor seropositividad al BuBHV-1, por lo que lo consideran como la principal infección circulante de alphaherpesvirus con impacto en movilización y comercialización (Caruso et al., 2016). En América, estudios en Brasil, describen anticuerpos contra IBR/IPV en el 59% de sueros de búfalos usando la prueba ELISA (Munchow y Pisarz, 1994) y por microsuero neutralización de 14.7% (Lage et al., 1996). El primer reporte del aislamiento y caracterización molecular del BuHV1 en búfalos de agua en Sudamérica, de acuerdo con Maidana et al., fue en 2014 en Argentina, se sugirió que dos diferentes linages de BuHV1 circulan en los búfalos de dicho país. En México, el primer reporte de evidencia serológica de BHV1 en búfalos de agua fue en Veracruz con un 57.6% de seropositivos en mayores de 7 años, en cinco ranchos en los que cohabitan con reses (Romero-Salas et al., 2017). Un segundo estudio en 368 búfalos de agua arrojó una seroprevalencia del 59%, con una mayor prevalencia en mayores de 7 años (86%) y mayor en hembras con historial de aborto. Sin embargo, sin aparente riesgo de interacción con bovinos (Bos) (Romero-Salas et al., 2018).
Hallazgos clínicos. En la forma respiratoria los síntomas incluyen: fiebre (hasta 42°C), descenso de producción de leche, anorexia y emaciación, hiperemia severa de la mucosa nasal (nariz roja) con numerosos focos de necrosis en mucosas (Figura 3), abundante secreción serosa de nariz y ojos, conjuntivitis, ptialismo, mastitis, tos y, raramente, muerte por bronquiolitis obstructiva o bronconeumonía por infección bacteriana secundaria. La forma abortiva puede complicar la forma respiratoria con aborto tardío (entre el quinto y el octavo mes de gestación) y retención de placenta y puede ser la única manifestación. En la forma genital, la enfermedad dura de dos a tres semanas con fiebre moderada, hiperemia de mucosa genital con vesículas de 1 a 2 mm, secreción blanca de la vulva, polaquiuria y disminución de producción de leche. Los machos presentan balanopostitis. En terneros menores de seis meses, la enfermedad es más grave con diarrea, meningoencefalitis, ceguera y alta mortalidad (Lai O. et al, 2013). Por el tipo de lesiones de BHV-1 en mucosas, deberá considerarse en el diagnóstico diferencial de otras enfermedades ulcerativas virales revisadas en este capítulo, de reporte obligatorio y exóticas para algunos países.
Profilaxis. No existe tratamiento específico, los antibióticos de amplio espectro pueden prevenir la bronconeumonía bacteriana secundaria. Una vez que el virus está en una región, es difícil y costoso de erradicar, ya que cuando se establece la enfermedad, los animales tienden a convertirse en portadores no aparentes. Las pruebas sistemáticas y la eliminación de positivos han tenido éxito en algunos países. Hay diferentes tipos de vacunas inactivadas disponibles, pero los países libres restringen su uso. Sin embargo, muy pocos países la han erradicado (Austria, Dinamarca, Finlandia, Suiza y Suecia) (Fagiolo et al., 2005) y en otros, la erradicación no se considera de importancia o prioridad.

Lesiones erosivas en mucosa oral.
Diarrea Viral Bovina
La enfermedad causada por el virus de la Diarrea Viral Bovina (BVDV) se describe como una enfermedad persistente de las mucosas y como síndrome hemorrágico. El virus pertenece al género Pestivirus, familia Flaviviridae y tiene la capacidad de desarrollar muchas variantes. Presenta diferentes biotipos: uno que produce efectos citopáticos (ECP) en cultivo celular, versus otro que no (noECP). Las infecciones persistentes se deben a virus noECP que también causan malformaciones fetales, mientras que los virus ECP son responsables de la enfermedad de las mucosas (EM) (Fagiolo et al., 2005). La forma no citopática es la más común en reses. Se reconocen dos especies de BVDV (BVDV-1 y BVDV-2). Una nueva especie putativa de pestivirus, tentativamente llamada “similar a HoBi”, “BBVDV-3” o “pestivirus atípico”, se identificó por primera vez en Europa en suero fetal bovino importado de Brasil (Bauermann et al., 2013).
Se desconoce el origen de virus similares a HoBi. Una hipótesis es que se originaron en América del Sur y se introdujeron a otros continentes a través de productos biológicos contaminados, como suero fetal bovino y vacunas. Otra explicación es que la aparición de virus similares a HoBi en el ganado es resultado de un salto de especie huésped cruzando del búfalo de agua al bovino (Bos). La enfermedad causada por estos nuevos virus se asemeja a las presentaciones clínicas asociadas con la infección por BVDV (Bauermann et al., 2013). Este tipo de virus ha sido reportado en bovinos en Europa, Asia y en América (Brasil) (Villanueva et al., 2018). Además de reses, otros rumiantes se infectan con el BVD incluyendo búfalos de agua.
La alta prevalencia de BVDV en muchos países se cree que es consecuencia de la capacidad del noECP BVDV para establecer infecciones de por vida después de una infección en el útero al inicio de la gestación, generando así un reservorio de animales infectados persistentemente, que se vuelven inmunotolerantes y diseminan el virus (Brownlie et al., 1989). Este biotipo, es el que se aísla con mayor frecuencia, se caracteriza por transmisión vertical y es responsable de una circulación permanente. Su propagación, manifestación y distribución dependen de sus propiedades, formas de transmisión, estado inmunológico del animal, y factores de riesgo demográfico (Fagiolo et al., 2005). Estudios en búfalos de agua en algunos países muestran seroprevalencias muy bajas, del 4.9% en el sudeste de Asia, o ausentes (Olmo et al., 2019), asumiendo que búfalos son menos susceptibles que los bovinos (Bos), sin embargo, son hatos pequeños y el riesgo de ser seropositivos estaba asociado al incremento en tamaño del hato o que no hay becerros permanentemente infectados.
En contraste, la seroprevalencia en búfalos en 9 estados de la India fue del 23.2% (Sudharshana et al., 1999). Estudios en Australia de 1993 al 2001, describen también seroprevalencias bajas (4.5%) en búfalos, mostrando que son susceptibles, pero no identificaron animales persistentemente infectados (Evans et al., 2016). En 2009 se identificó en fetos abortados de búfalos el subgenotipo 1b en Italia (Martucciello et al., 2009). Reportes de Brasil describen evidencia serológica de la presencia de BVDV en hatos de búfalos de agua de explotaciones de carne y leche, con dos diferentes situaciones epidemiológicas. La primera con seroprevalencias del 39.6% al 51.3%, con títulos muy variables que siguieren infección activa, en hatos grandes, abiertos, con muchas prácticas de manejo.
La segunda, con seroprevalencias bajas de 8.1% a 11.1%, poca variación de títulos, que sugieren una condición epidemiológica de estabilidad de la infección, pero en hatos pequeños, cerrados, con pocas prácticas de manejo y no introducción de nuevos reemplazos (Paixão et al, 2018a). Recientemente, se identificó por primera vez la infección activa por el subgenotipo 1b del BVDV en dos rebaños de búfalos lecheros de Brasil (Paixão et al., 2018b). Resulta de interés que se ha detectado el virus en suero fetal bovino procedente de Brasil, Australia, Canadá, Estados Unidos y México (Bauermann et al., 2013). Estudios en Argentina mostraron un alto nivel de positividad frente a BVDV-1 y BVDV-2. Se confirmó la existencia de búfalos persistentemente infectados en animales serológicamente negativos y la presencia de coinfección natural con dos subtipos diferentes; BVDV (1a y 1b) y con las especies virales BVDV-1 y BVDV-2 (Craig et al., 2015).
Los hallazgos clínicos están influenciados por factores del huésped como el estado inmunológico al BVDV (inmunocompetencia o inmunotolerancia), el período de gestación, y por el genotipo del BVDV involucrado. En los búfalos, los signos clínicos son leves en comparación con los del bovino (Bos), pero son similares en cronología. En un estudio en terneros de búfalo infectados experimentalmente con BVDV, se describió aumento de temperatura de 40°C, secreción nasal y lagrimal, y diarrea. Se observaron erosiones y/o úlceras en labios y almohadilla dental con congestión de mucosa nasal y de encías, leucopenia leve (neutropenia y linfopenia) que luego se convirtió en leucocitosis (neutrofilia) del día 15 al 32 (Fagiolo et al. 2005). La enfermedad se asocia tanto con infecciones agudas como persistentes y, dependiendo de las circunstancias epidemiológicas, puede manifestarse como brotes que afectan a un gran número de animales o como una incidencia baja y continua de casos en hatos con infección endémica. El impacto económico se debe a las pérdidas productivas y reproductivas: baja en producción de leche, tasa de concepción reducida, abortos, momificaciones de fetos, malformaciones congénitas, terneros débiles y aumento de la mortalidad (Lai et al., 2013).
Profilaxis. Los hallazgos de nuevos virus resaltan la importancia de que, así como en reses, también en búfalos de agua se deben intensificar las medidas de profilaxis para controlar la infección por BVDV, porque estas especies coexisten en diferentes países. La profilaxis principal es la prevención ya que no existe tratamiento. Lo más importante es una selección cuidadosa de reemplazos, diagnóstico adecuado y evitarse el contacto del hato con animales portadores. La prevención se centra en un buen manejo y un programa de vacunación, aunque solo se logra una protección parcial con las vacunas, en cualquier caso, reducirán la incidencia. Un programa de vacunación con virus vivo modificado o virus muerto debe comenzar entre los cuatro y los seis meses de edad al finalizar la protección calostral y repetirse antes de la reproducción. Debido a la ausencia de signos clínicos característicos (patognomónicos) asociados a BVDV, el diagnóstico se basa en la detección del virus en el laboratorio, de antígenos o de anticuerpos en serología, o en leche en hatos lecheros no vacunados (Lai et al. 2013).
Lengua Azul
La Lengua Azul (LA) es una enfermedad causada por un virus de la familia Reoviridae, género Orbivirus y transmitida biológicamente por cinco especies de mosquitos Culicoides, otros consideran que al menos 20 especies pueden ser vectores. No se transmite por contacto directo o indirecto entre animales en ausencia de estos insectos. Los huéspedes son todos los rumiantes domésticos y salvajes: ovejas, cabras, vacas, búfalos, dromedarios y rumiantes salvajes. El período de incubación varía de 4 a 20 días (Fagiolo et al., 2005, Saminatan, et al., 2020). Al 2020, se habían reportado 28 serotipos a nivel mundial, con serotipos putativos descritos recientemente (Maan et al., 2017; Saminatan, et al., 2020).
Epidemiología. La distribución de la LA está relacionada con la distribución del vector Culicoides. Puede introducirse en nuevas regiones mediante la importación de animales infectados, pero no sobrevivirá a menos que estén presentes vectores (Fagiolo et al. 2005). La LA se presenta como una enfermedad clínica en África, Oriente Medio, India, China, Estados Unidos, México y el sur de Europa. También se han encontrado pruebas serológicas positivas en el sudeste de Asia, norte de Sudamérica, norte de Australia, las Islas Salomón y Nueva Guinea y, en búfalos, en Egipto, Botswana, Nueva Guinea e India, con seroprevalencias altas del 92% (Fagiolo et al 2005; Maan et al 2017). En México, existen antecedentes de seropositividad en bovinos (Bos), ovinos y venado cola blanca, en este último con seroprevalencias hasta del 81% pero sin brotes clínicos, indicando una estabilidad enzoótica (Martinez et al., 1999), como ocurre en Texas con el 90% de seropositividad. El primer reporte de enfermedad clínica hemorrágica en venados en México corroborada por PCR fue descrito por Martinez-Burnes et al., en 2017. Sin embargo, no hay reportes en búfalos de agua. Todos los rumiantes son susceptibles a la infección por LA, pero la enfermedad clínica se manifiesta con mayor frecuencia en ovejas; venado cola blanca y bovinos (Bos). En condiciones naturales, también puede estar presente en wapití, berrendo, antílopes africanos, ciervos, muflones, yak cautivo, camélidos y elefantes. La enfermedad se caracteriza por inflamación de las membranas mucosas, congestión, hinchazón y hemorragias. La infección es generalmente subclínica en reses y búfalos. Las ovejas son las más afectadas. La enfermedad puede ser variable y mostrar fiebre (42°C), emaciación, inflamación, úlceras y necrosis alrededor de la boca (encías, mejillas y lengua) y, en un pequeño porcentaje de casos, lengua cianótica, enrojecimiento y hemorragias de la banda coronaria (por encima de la pezuña) que provocan cojera. Abortos, malformaciones congénitas y, a veces, neumonía. Las diversas reacciones de los búfalos a la infección podrían depender del serotipo, dosis infectante y de la especie involucrada que infecta al búfalo (Lai et al., 2013).
Profilaxis. En las zonas libres de enfermedad, la prevención consiste en la cuarentena, el estudio serológico y el control de vectores. En las zonas infectadas, la profilaxis sanitaria es mediante el control de vectores. Es posible una profilaxis mediante vacunación con vacuna de virus vivo modificado o polivalentes amortiguadas. Los serotipos incorporados a la vacuna deben ser los mismos que causan la infección en el campo. Se debe evitar la vacunación de ovejas preñadas debido al riesgo de anomalías fetales y abortos (Lai et al., 2013). Es una enfermedad de reporte obligatorio y su presencia o la de anticuerpos restringe la movilización o exportación a países libres.
Rabia
La rabia es una enfermedad infecciosa causada por un virus ARN envuelto de la familia Rhabdoviridae y del género Lyssavirus que afecta el sistema nervioso central (SNC) de varias especies de mamíferos (Fagiolo et al., 2005).
Epidemiología. La rabia es reportada comúnmente en bovinos (Bos), pero de manera infrecuente en búfalos de agua, o es desestimada. En estas especies, los principales transmisores son los murciélagos hematófagos, en particular Desmodus rotundus, que inoculan el virus presente en la saliva (Bianchi et al., 2017). Sin embargo, hay algunos países como la India que reportan casos en búfalos en los que se asume que el virus de la rabia es transmitido por perros callejeros o mangostas rabiosas (Chandel et al., 2016). Los reportes en búfalos no son muy numerosos ya que se defienden bien de los animales rabiosos y en algunos países no se han reportado casos por transmisión por murciélagos como en bovinos (Bos). Sin embargo, la mortalidad de los búfalos es del 100 por ciento. La rabia se presenta en la mayoría de los países del mundo, excepto en las islas donde se garantizan rígidas medidas de cuarentena. El período de incubación es de casi tres semanas (Fagiolo et al., 2005). En los últimos años, la epidemiología molecular y el diagnóstico de la rabia se han basado en el gen G. La glucoproteína G desempeña un papel importante en la patogenicidad y el neurotropismo viral. Basados en esto, se realizó el análisis filogenético del virus del búfalo en China en comparación con otros aislados de diferentes animales. Por inmunofluorescencia se confirmó la presencia de virus en encéfalo de un búfalo enfermo, se aisló y fue llamado cepa Hubei070308 y con secuenciación del gene G, se comprobó que el virus de la rabia tiene territorialidad, pero no es especifico de especie. Se encontraron muchas sustituciones de aminoácidos en la proteína G entre los virus que se aislaron de diferentes especies animales o de la misma especie distribuida en diferentes regiones geográficas. Estos aminoácidos sustituidos pueden explicar por qué el virus de la rabia puede atravesar la barrera del huésped para infectar de una especie de animal a otra (Zhang et al., 2011). Existen algunos reportes de rabia en búfalos en Brasil en un hato de una zona considerada endémica de rabia para bovinos (Bos), sin embargo, los casos fueron en animales jóvenes que solo habían recibido una primera vacuna contra el virus (Bianchi et al., 2017). En México, de acuerdo a cifras oficiales, no hay casos positivos a rabia en búfalos de agua de 1999 al 2020.
Hallazgos clínicos. Los signos en los búfalos se parecen a los del bovino (Bos). Se puede presentar una forma paralítica (babeo, rechinar de dientes, movimiento de la cola, anorexia, rigidez de patas traseras, parálisis y decúbito, muerte en dos o tres días) o una forma furiosa (hipersensibilidad, excitación sexual, disfagia, frotamiento o golpe de la frente contra el suelo y otros objetos inanimados como pesebres, bramidos fuertes, colapso y muerte (Lai et al., 2013). En reses o búfalos con signología clínica nerviosa con parálisis o ataxia, debe considerarse a la rabia en el diagnóstico inicial, y proceder de acuerdo a los lineamientos sanitarios de cada país al diagnóstico oficial por inmunofluorescencia, histopatología, inoculación de ratones o técnicas moleculares (Bianchi et al., 2017).
Profilaxis. En aquellos países en los que se considera que la rabia es transmitida por mordedura de caninos o fauna, se debe controlar la fauna silvestre alrededor de las explotaciones de animales y la vacunación de perros y gatos (Sharma y Kumar, 2003). En países con presencia de murciélago hematófago como en Sudamérica, Centroamérica y México, se deben seguir campañas de vacunación de hatos bovinos (Bos) y de búfalos, así como control oficial de poblaciones de murciélagos con presencia del virus. No solo para evitar pérdidas en la ganadería, también por tratarse de una importante zoonosis.
Fiebre Efímera Bovina
La Fiebre Efímera Bovina (FEB), también conocida como “Enfermedad de los tres días o Fiebre de tres días, es una enfermedad viral transmitida por artrópodos del bovino y el búfalo. Es causada por un virus del género Ephemerovirus de la familia Rhabdoviridae, que se manifiesta clínicamente por la aparición repentina de fiebre, cojera, rigidez y recuperación espontánea en tres días (Sharma y Kumar, 2003; Lee, 2019).
Epidemiología. El virus de la FEB se transmite por picadura de insectos, en particular mosquitos, principalmente Culex annulirostris, sin embargo, el virus se ha aislado en 8 especies de mosquitos chupadores Cullicoides. Las condiciones climáticas influyen en la distribución de los insectos y el patrón de propagación de la enfermedad y el tiempo de aparición. Por lo que, la mayoría de los casos ocurren en condiciones cálidas y húmedas. Las regiones subtropicales y templadas de África, Asia, Australia y Medio Oriente han tenido las principales epidemias de FEB. La enfermedad es desconocida en Nueva Zelanda, Europa y las Américas (Akakpo, 2015). La mortalidad es baja, (1 al 2%), pero hay reportes de mortalidades o sacrificio de hasta el 10 al 20%, aunque la morbilidad es considerable (100%), que conlleva a enormes pérdidas económicas en la producción, disrupción del comercio nacional e internacional que genera una variedad de complicaciones y que han llamado la atención sobre esta enfermedad (Fagiolo et al., 2005; Akakpo, 2015).
Hallazgos clínicos. Inicio repentino con fiebre (41ºC) y caída severa en la producción de leche. Se puede presentar aborto en etapas avanzadas de gestación. Los animales dejan de comer y beber, se deprimen, con babeo y secreción nasal. Se puede afectar el reflejo de deglución y resultar en broncoaspiración de comida o agua y desarrollarse neumonía. También cojera, postura típica de laminitis e hinchazón muscular en hombros, espalda y cuello y la artritis con exudado serofibrinoso es característico de la enfermedad (Akakpo, 2015). También se manifiestan temblores, rigidez y movimientos musculares clónicos (Sharma y Kumar, 2003). Para el tercer día, el animal afectado suele estar de pie nuevamente y comenzará a comer. Sin embargo, la cojera y la debilidad pueden durar otros dos o tres días. Los adultos son más afectados que los menores de seis meses. La producción de leche debería volver casi a la normalidad después de tres semanas, pero las vacas afectadas al final de la lactancia a menudo se secan. A veces se desarrolla mastitis.
Profilaxis. Los toros y vacas de alta producción deben recibir tratamiento de apoyo para reducir temperatura y antibióticos de amplio espectro para prevenir complicaciones bacterianas secundarias. El ganado puede ser vacunado a partir de los seis meses de edad y luego debe ser revacunado para asegurar su protección (Lai et al., 2013). La FEB es una enfermedad bovina subvalorada y subnotificada, por lo que, para mejorar la visibilidad de los brotes de FEB a nivel mundial, se alienta a que se incluya como una de las enfermedades enumeradas por la Organización Mundial de Sanidad Animal, como una enfermedad de declaración obligatoria, lo que facilitará no solo la notificación, sino también la evaluación de la eficacia de la vacuna y el desarrollo de métodos de diagnóstico (Lee et al., 2019).
Aunque la epizootiología se ha estudiado ampliamente en algunas regiones, se sabe poco sobre la distribución, prevalencia e impacto en vastas áreas de África y Asia, se han recuperado y secuenciado pocos aislamientos de virus y los vectores específicos no están claramente definidos en todo el mundo. Esto limita la capacidad para evaluar la importancia relativa y el riesgo de propagación por la dispersión de vectores por el viento sobre todo por el cambio climático y la translocación a través del movimiento de ganado, y evaluar el potencial de establecimiento como una enfermedad enzoótica en Europa o América a través de la transmisión local por vectores (Walker y Klement, 2015).
Viruela del búfalo
El virus de viruela del búfalo (BuffaloPox)(BPXV) es miembro del género Orthopoxvirus(OPXV), subfamilia Chordopoxvirinae, familia Poxviridae. BPXV es una variante cercana del virus vaccinia o vacuna. Los datos recientes del genoma muestran que BPXV comparte un ancestro común más reciente de la cepa VACV Lister, que se había utilizado para inocular terneros de búfalo para producir una vacuna contra la viruela. Con el tiempo, VACV evolucionó a BPXV al establecerse en búfalos para ser cada vez más patógeno para este huésped y producir infecciones en ganado y humanos (Eltom et al., 2020).
Epidemiología. El primer aislamiento del virus se realizó en India en 1967 y el virus continuó causando brotes esporádicos en búfalos asiáticos en Bangladesh, India, Indonesia, Pakistán, Egipto, Rusia e Italia (Esbauer et al., 2010). El mismo año, la enfermedad fue reconocida por el Comité Mixto FAO / OMS de Expertos en Zoonosis como una enfermedad zoonótica importante (FAO, 1967). Cuarenta años después, el virus de la viruela del búfalo se convirtió en una enfermedad zoonótica viral contagiosa emergente que infecta a los ordeñadores con alta morbilidad (80%) (Eltom et al., 2020). Por lo que la epidemiología del virus de la viruela del búfalo debe reconsiderarse a más de 30 años después del cese de las campañas de erradicación de la viruela humana.
Hallazgos clínicos. Los signos clínicos de viruela del búfalo se parecen a los de las infecciones por VACV. Los signos característicos incluyen un exantema local (pustulación con necrosis central) y lesiones en el hocico, ubre, pezones, interior de muslos, escroto, orejas y ojos en la forma suave. También puede evolucionar hacia forma sistémica grave de patrón cíclico con lesiones generalizadas en casos individuales (Eltom et al., 2020). La morbilidad puede ser muy alta (70%) pero la mortalidad es baja (Lai et al., 2013). Aunque la enfermedad no ocurre con mucha frecuencia, es económicamente importante en los países donde se crían búfalos. Tiene un impacto negativo en la industria láctea como consecuencia de la reducción del 40 al 70% en la productividad de los animales de ordeño cuando afectan la ubre y los pezones, lo que puede provocar mastitis (Lai et al., 2013; Eltom et al., 2020). Los seres humanos en contacto cercano con los animales afectados pueden infectarse con el virus, manifestando lesiones de viruela en los antebrazos, mano, dorso de las manos, dedos de la muñeca y pulgares, área preauricular derecha, ángulo recto de mandíbula, ala derecha de nariz y frente con o sin hinchazón de nódulos linfáticos regionales, malestar general y fiebre (Eltom et al., 2020).
Profilaxis. No se dispone de una vacuna específica contra la infección por BPXV. Sin embargo, el control profiláctico y la protección de los animales en un hato infectado es posible con una vacuna viva basada en una cepa VACV atenuada. Con el tiempo, BPXV evolucionó a partir de VACV y se estableció en los búfalos para ser cada vez más patógeno, y además para producir infecciones en el ganado y los seres humanos. Junto con la pandemia actual de SARSCOV2 / COVID 19, las infecciones por BPXV en India ilustran cuán vulnerable es la población humana a la aparición y reaparición de patógenos virales de fuentes insospechadas. Se están notificando incidencias cada vez mayores de infecciones por OPXV en todo el mundo: BPXV en Asia, VACV y virus similares a VACV (VLV) en Brasil (de Sousa Trindade et al., 2003), MPXV en África Oriental y Central y los EE. UU., AKPV, OPXV similar a ECTV, que se describen a un ritmo creciente (Eltom et al., 2020). La aparición y la reaparición de estos OPXV son alarmantes si se tiene en cuenta que alrededor del 50% de la población mundial mayor de 30 años no está vacunada contra la viruela y es más vulnerable en caso de reaparición de esta enfermedad.
CONCLUSIONES
Aunque se considera que por su rusticidad y sus características anatómicas y fisiológicas los búfalos de agua son más resistentes a ciertas enfermedades comparados con los bovinos del género Bos, sin embargo, como se ha descrito en esta revisión, el búfalo puede ser igualmente susceptible a ciertas enfermedades virales, en algunos casos el tipo de presentación clínica puede ser diferente, desde una forma más leve o subclínica o en ocasiones de forma más severa que en el ganado bovino (Bos). Un aspecto importante que debe considerarse en la epidemiología de las enfermedades virales es que el búfalo se encuentra generalmente en zonas tropicales, en áreas anegadas, lo que facilita las condiciones de humedad y calor necesarias para el desarrollo de patógenos o el desarrollo de vectores que transmiten y causan graves enfermedades.
La movilización e introducción de búfalos de un continente o país a otro, así como de productos biológicos, ha demostrado que puede ser fuente de diseminación de enfermedades virales que son consideradas exóticas para algunos países, como sucede con la Fiebre Aftosa y la Peste Bovina. Es sumamente importante considerar estas enfermedades en el diagnóstico diferencial de procesos febriles, ulcerativos y erosivos en el búfalo de agua, ya que son de reporte obligatorio y seguir considerando todas las medidas y estrategias para evitar la reaparición de estas enfermedades o su ingreso a diferentes países. Como se mencionó, América Latina es la región de mayor crecimiento en hatos de búfalos, por lo que la introducción de hatos, reemplazos o biológicos de otros países representa un riesgo latente.
Otro aspecto de gran relevancia es el efecto del cambio climático en las poblaciones de vectores que transmiten enfermedades virales de gran impacto en la salud animal y pública. Como sucede con las enfermedades por Orbivirus como la Lengua Azul. Hay enfermedades virales consideradas como impredecibles, a veces se producen casos en animales que estuvieron expuestos a portadores, pero sin incidentes durante años o casos aislados como la Fiebre Catarral Maligna. E inclusive en áreas con seroprevalencias muy altas de anticuerpos, pero con mortalidades bajas, o que requieren factores predisponentes o estresantes como en los casos de Lengua Azul, BHV-1 y la Diarrea Viral Bovina en búfalos, en las que se describe una estabilidad enzoótica. El descubrimiento de nuevas variantes de virus que pueden pasar del bovino (Bos) al búfalo o viceversa o al humano, ha puesto de manifiesto la relevancia de que los virus cruzan la barrera de huéspedes.
Junto con la pandemia mundial actual de SARS-COV2 / COVID 19, las infecciones por viruela del búfalo (Poxvirus del búfalo) en algunos países, ilustran la vulnerabilidad de la población humana a la aparición y reaparición de patógenos virales de fuentes insospechadas. Es necesario seguir actualizando la información de investigaciones sobre cepas del Coronavirus que inclusive existen en el búfalo y el potencial riesgo de desarrollo de nuevas variantes por el cruce o salto de las barreras de especies huéspedes. Por lo que la epidemiología de las enfermedades virales del búfalo se deberá reconsiderar y actualizar constantemente para su aplicación a mejores programas de prevención y control. Deberá considerarse la relación e interacción del búfalo en explotación compartida con otras especies, con patógenos y con el medio ambiente, de manera integral en el concepto de salud-enfermedad.
BIBLIOGRAFÍA
• Para mayores detalles de éste y otros temas en búfalos de agua, consulte de manera gratuita los 47 capítulos y más de 1300 páginas de la 5ta. edición del libro “El búfalo de agua en las Américas: comportamiento y productividad”. Editorial BM Editores. Mota-Rojas y Napolitano et al., (2024). https://www.researchgate.net/profile/Daniel-Mota-Rojas/publications
Artículo publicado en “Entorno Ganadero Octubre Noviembre 2025“










