La sostenibilidad ambiental y la dieta humana
M.SC. César Rafael Ocaña Romo.
International Agricultural Sciences.
Universidad Humboldt, Berlín, Alemania.
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“ALIMENTARSE ES UNA NECESIDAD HUMANA BÁSICA, TRASTOCAR LA PRODUCCIÓN ACTUAL SIN ALTERNATIVAS VIABLES PARA SATISFACER UNA DEMANDA CRECIENTE DE ALIMENTOS ES ALTAMENTE RIESGOSO”.
Hoy en día una de las grandes preocupaciones a nivel global es la contaminación ambiental y sus efectos en el calentamiento global. Las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado desde la era preindustrial, impulsadas en gran medida por el crecimiento económico y demográfico, y ahora son más altas que nunca. Las emisiones de CO2 producidas por actividades humanas provienen en su mayoría de la combustión de combustibles fósiles, principalmente carbón, petróleo y gas natural, además de la deforestación, la erosión del suelo y la producción de alimentos.
De acuerdo con información de Our World in Data (https://ourworldindata.org), los alimentos representan más de una cuarta parte (26%) de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Por otro lado, de mencionar tambien, es el desperdicio de alimentos, que es responsable del 6% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. La producción de alimentos proteínicos para satisfacer una población creciente, ha tenido impactos relevantes en los ecosistemas del mundo: en términos de biodiversidad los animales salvajes solo representan el 4% de la biomasa de mamíferos del mundo; mientras los humanos representan el 34%, y el ganado el 62% (https:// ourworldindata.org/environmental-impacts-of-food); en lo relativo a aves, el 70% de la biomasa lo representan gallinas, pollos y otras aves de corral, y el 30% corresponde a aves silvestres (Diario the Guardian, Damian Carrington, 21, mayo 2018). Los alimentos, por lo tanto, se encuentran en el corazón del debate a la hora de abordar el cambio climático, sin embargo. esto se complica cuando los tomadores de decisiones de políticas públicas se dan cuenta que alimentarse, es una necesidad humana básica, y trastocar la producción actual sin alternativas viables para satisfacer una demanda creciente de alimentos es altamente riesgoso.
DENSIDAD NUTRICIONAL: SALUD, OBESIDAD Y DESNUTRICIÓN
Existen corrientes de pensamiento que han llegado a sugerir el eliminar el consumo de carne o disminuirlo notablemente debido a sus impactos ambientales, ello con alternativas basadas en plantas e incluso con productos sustitutos derivados de los avances tecnológicos que promete la ciencia (entre ellos la carne de laboratorio). Lo cierto, es que los impactos de la ganadería en el mundo son diversos y dependen del sistema productivo bajo el cual se desarrolle la actividad, pero además de ello, existen otros aspectos que no deben dejarse de lado a la hora de tomar decisiones de política pública, como lo es la “densidad nutricional” en la alimentación humana, y que se refiere a la cantidad de nutrientes contenidos por caloría en un alimento.
La densidad nutricional es importante: estudios recientes evidencian que la producción de alimentos con altos niveles energéticos y menor densidad nutricional producen más emisiones de gases de efecto invernadero (es decir, son más contaminantes), que aquellos con mayor densidad nutricional y menores niveles energéticos, lo que nos sugiere observar la dieta humana en su conjunto, para optimizar el uso de recursos naturales, humanos, materiales y económicos. Se dice que, en la dieta humana, se debe dar preferencia a los alimentos con mayor densidad nutricional, sin embargo, muchas personas ingieren demasiadas calorías, pero insuficientes nutrientes, por lo que están sobrealimentadas pero desnutridas.
Una dieta de mayor densidad nutricional considera la carne, los productos lácteos, mariscos, nueces, semillas, frutas, verduras y legumbres, por el contrario, los productos de cereales, raíces y tubérculos tienden a ser altos en energía, pero pobres en su densidad nutricional (https://ourworldindata.org/ micronutrient-deficiency). Los alimentos de mayor densidad nutricional, además de su contenido de macronutrientes (proteínas, grasas y energía), contienen micronutrientes, que son vitaminas y minerales que se consumen en pequeñas cantidades, pero que son esenciales para el desarrollo físico y mental de los niños. Los micronutrientes esenciales incluyen (pero no se limitan a): hierro, zinc, calcio, yodo, vitamina A, vitaminas B y vitamina C (https://ourworldindata.org/micronutrient- deficiency).
A diferencia de la desnutrición energética y proteica, los impactos en la salud de la deficiencia de micronutrientes no siempre son claramente visibles; por lo tanto, a veces se denomina “hambre oculta”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de dos mil millones de personas (aproximadamente 15 veces la población de México) sufren deficiencia de micronutrientes en todo el mundo (https:// ourworldindata.org/micronutrient-deficiency).
La diversidad y las múltiples funciones de la ganadería
La producción ganadera se contempla habitualmente en un mismo saco sin reparar en sus diferentes sistemas productivos, con ello pareciera ser, que existe una simplificación en el debate sobre el sector ganadero y su impacto ambiental. Es importante mencionar que la mayor parte de la ganadería en el mundo es extensiva, se realiza en tierras marginales (no aptas para la agricultura), por lo que la actividad es clave para el mantenimiento de los montes y la prevención de incendios forestales, además, en este caso, el ganado consume recursos renovables (pastos) no aptos para la alimentación humana.
En el caso de la ganadería intensiva, también tiende a prevalecer un enfoque general y negativo sobre el consumo de granos, cuando lo que sucede es que una parte importante de la ración alimenticia en corral, proviene de subproductos que previamente se utilizaron para elaborar alimentos de consumo humano, como son los que se derivan de la soya, el maíz, girasol, algodón, trigo, palma o colza, entre otros, restos industriales o vegetales que si no se reciclaran, pudieran perderse o suponer problemas ambientales.
Respecto de la huella hídrica (indicador de la cantidad de agua dulce necesaria para producir un alimento), el diferenciar la procedencia del agua tambien es importante: la huella hídrica verde, es la que procede directamente del agua de lluvia o nieve y que propicia los pastos y montes; la huella hídrica azul, es el agua que procede de fuentes naturales o artificiales mediante infraestructuras, como son las presas o pozos; así, recordando que la cría de ganado es extensiva, es evidente que su huella hídrica es mayormente verde.
El impacto de la ganadería en el mundo es diverso y depende del sistema productivo bajo el cual se desarrolle la actividad, la paradoja es que la alimentación humana es un asunto ineludible, por lo que el manejo de la información, que es base para la toma de decisiones, debe contener filtros de conocimiento y ciencia, que ayuden a potenciar las vías para la sostenibilidad global, con un enfoque que vaya más allá de una sola actividad económica, ya que toda la actividad humana, en mayor o menor grado habrá de ver por una reducción significativa en el uso de fuentes de energía fósil, conjuntamente con otras acciones.
Artículo publicado en “Los Avicultores y su Entorno Octubre Noviembre 2025“












