MVZ. EPA:A. Diego Rodríguez Saldaña
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Introducción

Las prácticas de manejo y alojamiento de la primera semana de vida del pollito, deben estar dirigidas a promover la madurez fisiológica de sus aparatos digestivo, termorregulador e inmune. La gallina, en condiciones naturales, a más de ofrecer calor a sus pollitos, inocula partes de sus excretas con la finalidad de colonizar su tracto gastrointestinal (TGI) y estimular su sistema inmune inespecífico.

En producción, a pesar de los constantes cambios sobre las estrategias de la crianza, se apunta a los mismos objetivos de las condiciones naturales, proporcionar al pollito una fuente de calor exógena estable, alimentos de alto valor biológico y estimular el sistema inmune, con la finalidad de alcanzar el mejor performance de las aves; esto significa, lograr mortalidades bajas, desarrollo esquelético en proporción al desarrollo muscular, eficiente índice de conversión, alta ganancia diaria de peso, óptimo rendimiento de canal y modestas utilidades al final de cada ciclo.

El pollo de carne del presente.

El pollo de “alta conformación” o de “alto rendimiento”, en relación a las líneas genéticas anteriores, presentan importantes cambios fisiológicos que han demandado el ajuste de nuevas prácticas de manejo sobre progenitoras y reproductoras hasta los pollitos de carne; sin duda este mejoramiento implicó sacrificar ciertas características de rusticidad o viabilidad, dando como resultado pollos con mayor susceptibilidad a ascitis u otros desafíos; pero a pesar de ello se han observado excelentes resultados productivos al nivel del mar, los cuales confirman que el máximo aprovechamiento de los pollos de alto rendimiento es a esta altura.

En parámetros, el peso promedio de un pollo mixto de alto rendimiento a los 42 días, al nivel del mar, es 2.62 kg, la ganancia diaria de peso 61.4 g y el incremento por hora 2.6 g; aunque Machado hace ocho años publicó datos muy similares y afirmó que el pollito de alto rendimiento tiene el suficiente potencial para obtener resultados mayores de los que se estaban logrando.

Sin duda, la crianza es una de las herramientas básicas para obtener resultados competitivos, aunque el hecho de tener una excelente crianza no es una certeza de lograr una parvada excelente, esto lo afirma Uribe (2010): “es necesario conocer los resultados de mortalidad y peso en la primer semana y poder desarrollar una estrategia de manejos especiales para obtener el máximo potencial genético de las parvadas”, independientemente de los resultados obtenidos en esta etapa; es decir que se requiere generar información propia para desarrollar estrategias oportunas y acordes a la situación del momento.

Estrategias de alimentación

Hoy en día, la producción de un pollo de 2.6 kg (42 días de edad) con 4,8 kg de alimento (índice de conversión 1.85) es posible en 63 días: 21 días de incubación (504 horas o 33%), 7 días la primera semana (168 horas o 11%) y 35 días de crecimiento y desarrollo (840 horas o 56%); esta transformación a proteína para el consumo humano no es igualada por otra especie; pero para lograrla se debe partir de una estrategia de alimentación temprana en complemento a prácticas acertadas y oportunas desde las reproductoras e incubación hasta la producción y procesamiento de los pollos.

Consideraciones fisiológicas de la Alimentación Temprana

La alimentación temprana es la estrategia nutricional clave en la primera semana de vida del pollito y se sustenta sobre los importantes cambios del TGI durante este periodo. Al final de la etapa de incubación, las reservas de nutrimentos del pollito neonato se localizan en la yema o vitelo, el cual luego del nacimiento toma el nombre de “vitelo residual” y puede mantener al neonato hasta 24 horas pos-eclosión. El tamaño de la yema residual es indicativo de la eficiencia de la incubación: un menor contenido de vitelo residual, es resultado de un mejor aprovechamiento de sus nutrientes en la incubación, en consecuencia la calidad del pollito será superior (Salazar, 2008).

La alimentación temprana, según Scovino (2002), está dirigida a regular el metabolismo energético negativo del recién nacido, dado por las nulas o deficientes reservas de glucógeno hepático (fuente de almacenamiento energético) al momento del nacimiento; ya que al acercarse la eclosión se registra una actividad elevada de glucogenólisis(1) Degradación del glucógeno para la formación de glucosa disponible para el organismo., que consume casi toda esta reserva energética para dar lugar al nacimiento, por ende la eclosión demanda de una gran cantidad de energía que consume las reservas energéticas del ave.

Este balance energético negativo puede ser regulado con alimento de alto valor biológico, (disponibilidad y digestibilidad) que provea energía en forma de carbohidratos simples y otros nutrimentos, como aminoácidos, vitaminas y minerales. Según López et al (2008), los objetivos de la alimentación temprana son: 1) promover absorción eficaz del contenido del saco vitelino al interior de la pared corporal, 2) estimular el peristaltismo intestinal, y 3) impulsar la madurez anatómica del TGI mediante la estimulación de la secreción enzimática; estos objetivos se plasman en la Figura No 1, en la que se observan diferencias notables cuando se utiliza agua y alimentación temprana en comparación a un ayuno de 36 horas post-nacimiento.

Para que esta práctica sea eficiente, el pollito debe ser atendido en sus primeras 12 horas, con agua de buena calidad (un factor que suele descuidarse), alimento balanceado “pre-iniciador” (Figura 2) de granulometría adecuada (migaja o micropelet de 550 micras promedio), iluminación, temperatura, espacio físico suficiente; es decir, todo el confort y atención necesarios; aunque en la realidad, un pollito para llegar a granja, padece un estrés de 30 horas promedio (mínimo 12 y máximo 48). Al respecto, varios profesionales han observado mejores resultados al suministrar alimento (3 – 5 g por ave) en la sala de espera de la incubadora para que los pollitos tengan oportunidad de ingerirlo a las pocas horas de haber nacido.

Cuando no se utiliza una alimentación temprana, los lípidos y proteínas del vitelo pueden ser utilizados por el neonato, pero Dibner e Ivey (2000) indican que el uso del vitelo es más eficiente para el desarrollo de estructuras de la membrana celular, del sistema nervioso central y como proveedor de la inmunidad materna; esta teoría concluye en que si un animal no es alimentado correctamente, usará su energía (vitelo) para sobrevivir y no para el desarrollo fisiológico normal (Halley, 2007).

Otro fenómeno importante, que tiene que ver con la alimentación temprana, es el desarrollo de las células satélite del tejido muscular, Halley (2007) explica, que los pollos, al igual que los humanos, nacen con un número determinado de células musculares y adipocitos; cada una de ellas aumenta o disminuye en tamaño, pero no en número. Por ejemplo, cuando la masa de la pechuga aumenta, es porque miles de células musculares individuales en la pechuga han aumentado su tamaño (hipertrofia), pero no se han creado más células musculares (hiperplasia); por lo tanto una dieta inicial adecuada y temprana puede promover un desarrollo óptimo de estas células.

Normalmente, en la primera semana de vida, el intestino del pollito crece más de dos veces en longitud (100 cm aproximadamente) y representa el 10% del peso vivo; después el crecimiento intestinal es más lento y al procesamiento representa apenas el 5% (Nilipour, 2009). Cuando la estrategia de alimentación es eficaz, según López et al (2005), el páncreas, duodeno y la parte distal del intestino crecen en igual proporción al peso corporal inicial durante los tres primeros días, es decir que éstos órganos y el peso inicial se duplican; aunque el máximo crecimiento de todo el TGI ocurre en los primeros 8 días, cuando la conversión alimenticia es 1:1. El intestino delgado es la sección que más se desarrolla en comparación al esófago, proventrículo, molleja, ciego-colon, corazón e hígado; mientras que el crecimiento de otros órganos como pechuga, alas, piernas y plumas es mucho menor.

La base de la alimentación temprana radica en la curva fisiológica del desarrollo de los pollos (Figura 2), la cual ubica a la primera semana como el periodo más crítico para el desarrollo y madurez del TGI, factores que de alguna manera marcan la reabsorción y el aprovechamiento óptimos del vitelo.

Dietas pre-iniciadoras

Etológicamente, los pollitos recién nacidos tienen una gran ventaja por ser neonatos o “bebés” totalmente autónomos, con sus sentidos ampliamente desarrollados (vista, oído y tacto) y una capacidad de alimentarse e hidratarse por sí solos; pero como se ha insistido, su viabilidad va a depender de las herramientas que los productores les faciliten para su correcto desarrollo.

Está bien documentado que el TGI, en la primera semana del pollo, no es capaz de aprovechar eficientemente las fuentes concentradas de energía (grasas, aceites y cebos) como el TGI de aves de más de 15 días de edad. De la misma forma, existen importantes diferencias de digestibilidad de los nutrimentos según el ingrediente y la edad de los pollos; en consecuencia, es recomendable considerar la digestibilidad de los nutrimentos del alimento pre-iniciador para que el pollo lo aproveche de la mejor manera. Por ejemplo: al agregar porcentajes relativamente altos de concentrados energéticos indirectamente se está desperdiciando esta energía (en forma de lípidos) que puede ser aprovechada eficientemente por aves de mayor edad; es decir que, durante los primeros días del ave, el uso de estas fuentes es más costoso que utilizar otros ingredientes que contengan carbohidratos.

La formulación de raciones en base a aminoácidos digestibles, según Khasksar y Golian (2009), mejoran la performance y la rentabilidad de las aves; pero se debe recordar que la digestibilidad de aminoácidos y proteína junto con la energía metabolizable, son diferentes para cada etapa de crecimiento de los pollos. Estas variaciones de digestibilidad de los aminoácidos según la edad, las evidenció Huang et al (2005) con cereales y leguminosas, entre ellos maíz, sorgo y pasta de soya; llegando a la conclusión de que existe una evidente diferencia en la digestibilidad ileal(2). Dibner e Ivey (2000) dedujeron las diferencias sobre la energía metabolizable por la inmadurez de los sistemas de síntesis y reabsorción de las sales biliares, mas no por la ausencia de enzimas, ya que antes del nacimiento hay secreción de lipasa, amilasa y tripsina (López et al, 2005).

Al analizar el beneficio costo de la alimentación temprana, Halley (2007) afirma: “Es verdad que esas dietas de inicio pueden ser muy caras, pero son consumidas cantidades relativamente pequeñas. Si se logra obtener esos aumentos en la ganancia — y mantenerlos con una buena nutrición durante el resto de la crianza es probable que se justifique el gasto”, una sugerencia similar indica Uribe (2010) cuando se administran micropelets en las cajas desde la sala de espera en incubadora.

Conclusión

La trascendencia de la primera semana del pollito radica en la secuencia de fenómenos bioquímicos y fisiológicos, especialmente de su TGI, lo que demanda por parte del productor el uso de estrategias ajustadas a los eventos internos del pollito en relación a las circunstancias de la granja avícola y optar una táctica de alimentación basa- da en una dieta pre-iniciadora desde la incubadora y que cumpla con las características básicas:

  • Formulación con el principio de proteína ideal en base a aminoácidos digestibles.
  • Aporte energético limitado (2,9 – 3,05 Mcal/kg).
  • Contenido lipídico bajo para promover la madurez enzimática del TGI.
  • Elaborada con ingredientes de alto valor biológico.
  • Considerar que la digestibilidad de la proteína y aminoácidos, con la energía metabolizable varían según la edad de las aves.

Finalmente, los resultados de una crianza eficiente no son proporcionales a una parvada excelente al final del ciclo, pues es muy sencillo echar a perder una buena crianza si se descuidan las siguientes etapas de producción, mientras que mantener los resultados exige de prácticas de manejo continuas y acertadas

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1 Degradación del glucógeno para la formación de glucosa disponible para el organismo.

2 Evalúa la digestibilidad de proteína y aminoácidos mediante ensayos invasivos (cánula ileal) o sacrificando al ave (Payne et al, 1968 citado por Bryden et al, 2009).

Artículo publicado en Los Avicultores y su Entorno Vol. no. 74