Roberto G. Martínez Gamba
Departamento de Medicina y Zootecnia de Cerdos FMVZ-UNAM
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INTRODUCCIÓN

Para adquirir una alta productividad en la producción porcina, es necesaria la selección de reemplazos de alta calidad desde la visión que cada hembra en forma individual contribuye en la productividad general de una granja porcina. Diversos estudios revelan que primerizas y adultas con una historia de baja producción, como servicios repetidos, aumento del intervalo destete estro y aborto tienen un bajo rendimiento reproductivo y un periodo de producción más corto, lo que implica la disminución de la productividad del hato. En el caso de las primerizas o hembras de reemplazo esto es de vital importancia, ya que los reemplazos incorporados a las granjas, que substituyen a hembras que ya están en producción y son eliminadas alcanzan rangos de 40 a 50% anual.

En la última década dicha substitución se ha tornado substancialmente mayor debido a que la tasa de reemplazo (o índice de remoción) se ha incrementado en forma injustificada, desprorcionando la relación de hembras jóvenes (1 y 2 partos) que llegan a ser el 45% y de las de alta producción (3 a 5 partos) que son el 40%. Además se ha demostrado que 15 a 20% de las hembras removidas de la granja no han producido una sola camada y está documentado que el 450% de las hembras son removidas al 5 parto1. Estos datos indican que criar cerdas de reemplazo con mal rendimiento es propenso a tener las cerdas con baja productividad, contribuyendo a que sean eliminadas más rápido de lo esperado, lo que impacta considerablemente el costo de producción y la eficiencia de la piara.

Lo anterior refleja la importancia de seleccionar hembras de calidad para ser las futuras reproductoras de la granja y sobre todo que estas hembras tengan cuidados especiales durante su crianza. También resalta la necesidad de determinar los indicadores apropiados para la identificación de los riesgos en la elección de una futura hembra reproductora.

Lo anterior refleja la importancia de seleccionar hembras de calidad para ser las futuras reproductoras de la granja y sobre todo que estas hembras tengan cuidados especiales durante su crianza. También resalta la necesidad de determinar los indicadores apropia- dos para la identificación de los riesgos en la elección de una futura hembra reproductora.

VARIABLES A EVALUAR EN LA CRIANZA DE REEMPLAZOS

En el primer apareamiento, la edad a la pubertad, la edad a servicio, el peso corporal y la expresión del estro de las cerdas son los principales criterios a considerar, pero para tener éxito en dichas variables se deben considerar una serie de factores. La edad a la pubertad es un buen indicador para ver si el comportamiento reproductivo de la hembra candidato a reemplazo, ya que está en relación con la edad a primer servicio y la longevidad de la cerda. El comportamiento de la presentación del celo por semana de vida se presenta en la figura 1.

Se ha sugerido que las cerdas deben aparearse antes de 220 días de edad y algunos autores han encontrado que si la edad a primer servicio de las primerizas se retrasa por 10 días la cantidad de lechones aumentará 0.1 en el primer parto, pero disminuye en el cuarto y quinto parto y su longevidad decrece1.

Por otra parte, se conoce que la ganancia diaria de peso a los 100-110 kg influencia la vida reproductiva de las hembras; por ejemplo se ha demostrado que las hembras de reemplazo con una baja ganancia de peso diaria durante su crianza tienden a tener un bajo índice de concepción y a ser desechadas más frecuentemente por problemas reproductivos1. Se reporta que hembras primerizas alimentadas con una restricción que les hace tener una GDP de 550 g/día o menos son más ligeras y tienen menos grasa dorsal que aquellas que consiguieron una de 850 g/día, lo que ocasiona que pierdan condición durante el primer parto y se retrase su retorno a celo, lo que hace que su duración en la granja sea más corta y no se amortice2.

Se ha mostrado que la edad a primer estro, el peso corporal al ingresar a la unidad de producción y la GDP están significativamente asociadas al comportamiento reproductivo y a la longevidad de las hembras., si bien esos datos varían de un país a otro, retrasándose especialmente en países subtropicales. El comportamiento en relación a lechones nacidos vivos según su edad a pubertad, su momento de ingreso como hembra reproductora y su GDP en los tres primeros partos se presentan en la tabla 1.

De esta tabla destaca el concepto que hembras con menos de 550 g de GDP tienen menos lechones nacidos vivos en los dos primeros partos.

Algunos datos a manera de guía serían que primerizas que presentan su primer estro antes de 202 días y que ingresaron a la producción con un máximo de 230 días y 139 kg con GDP de 600 g/día deberían tener una producción adecuada, con una disminución en los días no productivos y una mayor longevidad adecuada1.

Hasta aquí se concluye que la edad a primer celo, el peso y la GDP en las hembras de reemplazo influencian la vida reproductiva subsecuente. Los datos anteriores permiten sugerir que las hembras de reemplazo con mayor GDP tienen el primer servicio antes de 220 días y el parto antes de los 365 días de vida.

Todo lo anterior recalca la importancia de criar a las futuras como reproductoras como eso mismo, y no como cerdos de engorda; las hembras que van a ser futuras reproductoras, están expuestas durante su proceso de crianza a una serie de condiciones que pueden ocasionar un retraso en la presentación de la pubertad, un menor crecimiento y una menor ganancia diaria de peso, lo que trae el subsecuente pobre rendimiento reproductivo y una mayor posibilidad de ser removida del hato a una paridad baja.

A continuación se presentan una serie de condiciones que pueden afectar el desarrollo y la capacidad de reproducción de la hembra de reemplazo.

CONDICIONES QUE AFECTAN A LA HEMBRA DE REEMPLAZO EN SU CRIANZA Y PRIMER APAREAMIENTO

Las estrategias de manejo para optimizar los programas de desarrollo de primerizas deben iniciar en edades tempranas, una lechoncita debe considerarse como futuro reemplazo desde que nace. Desde los años 70 del siglo pasado se conocen los efectos prenatales y natales en las hembras jóvenes y se definen como efectos maternos y consisten en aquellos factores ambientales que afectan a la hembra en etapas tempranas de su vida; ejemplo de lo anterior es el mayor número de lechones al parto de primerizas que fueron criadas en camadas con pocos lechones (<8 lechones lactando). Estudios más recientes respecto a los mismos confirman la importancia del ambiente durante la lactancia en la subsecuente reproducción, por ejemplo reemplazos criados en camadas de 7 o menos tuvieron mayor tasa de parición y tamaño de camada que aquellas criadas en camadas de 10 o más (89 contra 83 y 11 contra 10.05 respectivamente). Lo anterior se asocia a condiciones de desarrollo ovárico, ya que como en otros mamíferos, en los cerdos la ovogénesis no termina hasta los 35 días de vida y la nutrición temprana y la competencia entre hermanos pudieran influenciarla3.

Otro aspecto a considerar es la conformación genética de las cerdas, ya que si bien un porcentaje de primerizas que va de 6 a 29% no logran una gestación, pero ya que en ellas no se logran identificar alteraciones ováricas en análisis de rastro, las causas son difíciles de explicar, pero podrían estar asociados a su composición genética. Si bien no se han encontrados diferencias por línea genética en edad o peso a pubertad, se reportan diferencias en días a primer servicio, duración del estro, reflejo de inmovilización durante el estro, enrojecimiento vulvar y ancho de la vulva durante el celo entre líneas genéticas Large White (LW), Landrace y F13. Estas condiciones pueden estar originando que las hembras no queden gestantes y sean eliminadas sin tener una alteración ovárica; es importante identificar estas líneas ya que tal vez requieran un manejo más fino durante la detección del celo y la inseminación.

Por ejemplo, las hembras LW tienen una longitud de celo más corta y un reflejo de inmovilidad menor que hembras Landrace, mientras que las hembras F1 tuvieron más duración del celo e intensidad del reflejo, enrojecimiento vulvar y ancho vulvar que LW y Landrace. La presentación y duración del estro se asocia a la posibilidad que una primeriza logra tener un parto, el 80% de las primerizas que no se han inseminado a los 245 días tuvieron un pobre reflejo de celo y se asocia un retraso en la edad a la pubertad con un pobre reflejo de celo3.

La asociación entre variables como primer servicio, grasa dorsal y conformación también presentan diferencias entre líneas genéticas, por ejemplo las hembras LW presentan más días a primer servicio y menos grasa dorsal que hembras Landrace y F1; se menciona que hembras Landrace tienen más problemas estructurales o de conformación, que pueden afectar la duración de la hembra en la granja y la productividad global, de ahí que en algunas líneas genéticas de reemplazos se debe tener cuidado especial en la selección de las hembras3.

Quizá la selección para mejorar el reflejo y la duración del celo pudiera incrementar el porcentaje de primerizas que logran tener un parto y así reducir los costos del desarrollo de las primerizas y mejorar la eficiencia productiva de las granjas.

Por otra parte las decisiones nutricionales durante la etapa prepúber, como por ejemplo los niveles de energía y la ingesta de aminoácidos pueden influenciar presentación de la pubertad y el desarrollo gonadal. El desarrollo folicular en la etapa prepuberal determina la fertilidad de la cerda toda su vida y por tanto su duración como reproductora. Por ejemplo, se ha demostrado que la inclusión de fibra dietética antes de la monta modula el desarrollo folicular y mejora la maduración del ovocito, posiblemente por alterar los niveles de estradiol. También se reporta que suplementar con fibra soluble reduce la edad a la pubertad y el comportamiento de la primera camada. De igual forma se sugiere que el crecimiento de las primerizas y su composición corporal se pueden manipular alterando el suministro de aminoácidos, especialmente la concentración de lisina4.

En relación al consumo de alimento las hembras alimentadas ad libitum durante la etapa prepúber fueron más jóvenes a la pubertad, mientras que restricciones de 25% en las necesidades de energía retrasan la pubertad5.

Lo anterior hace pensar que cualquier problema en la calidad de las dietas, ingredientes y suministro de alimento afectará la reproducción de las futuras reproductoras. Como conclusión se debe prestar más atención a la alimentación de la hembra prepúber para alargar su vida reproductiva.

Otro aspecto que se deberá tener en cuenta en la crianza de reemplazos y que está relacionado con el alimento es la presencia de micotoxinas en la dieta. Varios investigadores consideran que un sistema digestivo sano es esencial para el bienestar de los animales y en animales prepúberes células y tejidos capaces de metabolizar proteína predominan en un intestino sano. Cuando una cerda en crecimiento ingiere Zearalanona en el alimento, la micotoxina entra en contacto con la mucosa intestinal reduce el índice de crecimiento. Además el suministro de alimento con Zearalanona 60 días antes del momento del servicio resulta en diversos efectos dependiendo de la dosis, entre ellos anestro, muerte embrionaria con repeticiones acíclicas y aborto6.

En otro ámbito de cosas, el establecimiento de prácticas de manejo de alta calidad en las hembras primerizas una vez llegado el momento del servicio permitirán llevar a cabo procedimientos operativos eficientes que lograrán obtener el mejor rendimiento de las hembras de reemplazo, reducir el riesgo de eliminación y aumentar la vida productiva de las reproductoras. Las mediciones en piaras de alto rendimiento, basadas en cerdos destetados por hembra por año, se han utilizado para determinar los objetivos en programas de mejores prácticas y de ahí se pueden identificar acciones específicas7.

Por ejemplo, el contacto de las hembras de reemplazo con sementales se recomienda para estimular la presentación de la pubertad y mejorar la calidad de la inseminación. La presencia del macho reduce la edad a primer servicio por medio de contacto indirecto y directo; probablemente el estímulo táctil complementa o tiene sinergia con los contactos visual y olfatorio. Hembras de reemplazo expuestas al semental entre los 156 a 170 días de vida tienen un mayor porcentaje de manifestación de estro en los próximos 20 días, que las expuestas en edades más tempranas8.

La respuesta al estímulo del semental varía entre las hembras con diferente GDP, por ejemplo hembras con GDP de 500-575 g tardan más tiempo en responder al estímulo del macho que hembras con más de 600 g. De ahí la necesidad de establecer la práctica de estimulación de primerizas con contacto directo del semental para optimizar el rendimiento de las hembras de reemplazo7.

Un factor que se considera importante en las granjas respecto a la reproducción de las hembras primerizas es en cuál celo realizar la inseminación; sin embargo no hay indicios que éste tenga un efecto en el desarrollo de las hembras durante su primera gestación, la cantidad de lechones, el consumo de alimento en lactancia, el número de destetados y el peso al destete9. De ahí que se asuma que inseminar a la edad de 220 días y con un peso de 140 kg asegura la condición corporal de la cerda y el número de celo no tiene la misma importancia.

Un aspecto importante es establecer un programa de inseminación específico para hembras primerizas, que debido a la menor duración del celo debe diferir del de las hembras adultas. Se recomienda como un buen procedimiento estándar realizar la primera inseminación «inmediatamente» de detectado el celo y realizar la segunda inseminación «6 a 12 h» después de la primera inseminación.

La duración del celo en el primer servicio de primerizas es típicamente de 19 a 52 h y de 12 a 82 h, respectivamente. Las ovulaciones generalmente ocurren aproximadamente tres cuartas partes del camino a través del período del celo7.

Otro manejo que se recomienda durante el momento de servicio es reducir el consumo de alimento, ya que un nivel energético alto en primerizas después del servicio se asocia con una disminución en la sobrevivencia embrionaria relacionada con bajos niveles de progesterona y por ende un menor número de lechones nacidos2.

Por último, es importante recordar que generalmente, los procesos de infertilidad relacionados a aspectos ambientales se expresan mucho más a menudo en las cerdas de reemplazo y en las cerdas primíparas que en las cerdas multíparas, probablemente porque estos animales más jóvenes tienen apetitos innatamente más pequeños y todavía están creciendo a su tamaño maduro y se están adaptando a nuevas condiciones de vida. Temperaturas superiores a los 27 grados son nocivas para su reproducción.

Durante el verano, el estrés térmico y el fotoperiodo pueden alterar el desarrollo de los folículos y la calidad de los cuerpos lúteos, los ovocitos y los embriones, con efectos nocivos sobre la reproducción. Esto resulta en una infertilidad estacional que incluye retraso de la pubertad, prolongado intervalo de destete a estro, una tasa de fertilidad reducida y menor tamaño de la camada. Las causas de la infertilidad estacional son varias, pero en latitudes meridionales, el factor principal es estrés térmico. El primer enfoque para contrarrestar la infertilidad del verano es el control de temperaturas y humedad10.

CONCLUSIONES

A manera de conclusiones se puede hacer una lista de puntos a checar en la crianza y apareamiento de hembras de reemplazo:

  • Que lacten en camadas reducidas.
  • Intensidad en la detección de celo dependiendo de la línea genética.
  • Hacer énfasis en la calidad de las dietas, la forma de suministro y la competencia por el alimento.
  • Evitar el consumo de micotoxinas.
  • Exposición al macho en la edad adecuada.
  • Emplear un programa de detección de celo e I.A. específico para primerizas.
  • Evitar la sobrealimentación después de la I.A.
  • Mantenerlas en una temperatura termo neutral durante su crianza.

Referencias

1. A. Roongsitthichai, P. Cheuchuchart, S. Chatwijitkul, O. Chantarothai, P. Tummaruk. Influence of age at first estrus, body weight, and average daily gain of replacement gilts on their subsequent reproductive performance as sows. Livestock Science 151 (2013) 238–245.

2. Signe Lovise Thingnes, Elin Hallenstvedt, Ellen Sandberg, Toreramstad. The effect of different dietary energy levels during rearing and mid-gestation on gilt performance and culling rate. Livestock Science172 (2015) 33–42.

3. M.T. Knauer, J.P. Cassady, D.W. Newcombe, M.T. See. Gilt development traits associated with genetic line, diet and fertility. Livestock Science 148 (2012) 159 –167.

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5. J.A. Calderón Díaz, J.L. Vallet, R.D. Boyd, C.A. Lents, T.J. Princed, A.E. DeDeckere, C.E. Phillipse, G. Foxcroftf, K.J. Stalder. Effect of feeding three lysine to energy diets on growth, body composition and age at puberty in replacement gilts. Animal Reproduction Science 184 (2017) 1–10.

6. Anna Rykaczewskaa, Magdalena Gajęckaa, Michał Dąbrowskia, Anita Wiśniewskab, Justyna Szcześniewskab, Maciej T. Gajęckia, Łukasz Zielonka. Growth performance, selected blood biochemical parameters and body weights of pre-pubertal gilts fed diets supplemented with different doses of zearalenone (ZEN). Toxicon 152 (2018) 84–94.

7. M. Kaneko, Y. Koketsu. Gilt development and mating in commercial swine herds with varying reproductive performance. Theriogenology 77 (2012) 840–846.

8. Magnabosco D, Cunha ECP, Bernardi ML, Wentz I., Bortolozzo FP. Effects of age and growth rate at onset of boar exposure on oestrus manifestation and first farrowing performance of Landrace x Large White gilts. Livestock Sciences 169 (2014) 180-184.

9. Cottney P.D., Magowan E., Ball M.E., Gordon A. Effect of oestrus number of nulliparus sows at firs service en first litter and lifetime performance. Livestock Science 146 (2012) 5-12.

10. Fabio De Rensis, Adam J. Ziecik, Roy N. Kirkwood. Seasonal infertility in gilts and sows: Aetiology, clinical implications and treatments. Theriogenology 96 (2017) 111-117.

Artículo publicado en Los Porcicultores y su Entorno Marzo-Abril 2019