Historia de la apicultura en México

En este artículo

Laura G. Espinosa Montaño

Describir los eventos históricos que caracterizaron el desarrollo de la apicultura en México merece iniciar considerando que desde épocas prehispánicas se desarrolló una actividad muy importante en la región mesoamericana por parte de pobladores mayas, quienes cultivaron diversas variedades de abejas nativas de los géneros Trigona y Melipona (conocidas genéricamente como meliponinos), dentro de las que destacó la especie Melipona beecheii Bennett (en maya llamada Xuna’an KabKolel’Kab o Po’ol Kab), la cual, al igual que otros meliponinos, presenta como característica física primordial el carecer de aguijón, condición que les diferencia de las abejas Apis mellifera, oriundas del viejo mundo.

Es así que la actividad que se desarrolló con los meliponinos (meliponicultura), a decir de los conquistadores españoles, presentaba gran semejanza con la apicultura que se realizaba con gran auge en la España de los siglos XVI al XVIII con abejas de la especie A. mellifera. Ya Fernández de Oviedo, en su obra “Historia General y Natural de las Indias”, describe las actividades y cuidados que los mayas daban a sus abejas, las cuales se criaban en colmenas rústicas conocidas como hobones (troncos huecos gruesos, con aberturas en los extremos cubiertas con discos de madera sellados con lodo), colocados sobre delgados troncos inclinados y protegidos dentro de chozas cubiertas de palmas de guano. Estas características, aunadas a los manejos que se les daba a estas abejas, dieron lugar a considerar que esta actividad estaba más extendida que la apicultura en cualquier otra parte de Europa.

La miel obtenida tuvo múltiples aplicaciones: como alimento, como remedio medicinal y hasta ritual, esto último quedando de manifiesto a través de su uso en festividades religiosas, como aquella que se celebraba en honor al Dios maya de las abejas “Ah-Muzen-cab”.

Las actividades que llevaban a cabo los mayas con estas abejas quedaron documentadas en el códice Troano, también conocido como el códice de Madrid, manuscrito maya que se cree que fue creado en el siglo XV. Igualmente, Fray Diego de Landa documentó las festividades religiosas en honor al Dios de las abejas que se celebraban durante los meses de noviembre (Tzec) y diciembre (Mol) para asegurar un buen flujo de néctar. La miel se comercializaba desde Tabasco, por mar, hacia Honduras y Nicaragua, mientras que la cera se comercializaba desde los puertos de Sisal, Yucatán y de la capital de Campeche (de ahí que a la cera se le conociera como “Cera de Campeche”) hacia el puerto de Veracruz y a otros puertos pertenecientes al Imperio Español. Probablemente, a cambio de la miel y cera, los mayas recibían cacao y piedras preciosas.

Se dice que la introducción de las abejas Apis mellifera a México, especialmente a la península de Yucatán, no ocurrió inmediatamente durante la conquista, ya que, por lo que respecta a esta región, los mayas mantenían el suministro de la miel y la cera, que obtenían de los meliponinos, como tributo a los españoles; sobre todo de este segundo producto, el cual se utilizaba de manera creciente en las actividades religiosas de los españoles, máxime porque los cargamentos de cera de España no cubrían esta clase de necesidad.

La primera referencia que se tiene de la introducción de abejas de la subespecie Apis mellifera a un territorio que, en aquel entonces, era de posesión española fue Florida; dado que, al parecer, se quería incrementar su contribución a la corona española; sin embargo, no se tuvo el éxito deseado, por lo que colonias de esa misma subespecie se introdujeron a Cuba en 1764, donde se expandió la apicultura, lo cual aparentemente influyó para que a partir de esta isla y a finales de la década de 1760 o principios de la década de 1770, se transportaran abejas al continente, teniendo como destino el centro de la Nueva España. Algunas referencias indirectas, además de citarse la presencia de estas abejas por F. J. Clavijero en su obra “Historia Antigua de México”, respaldan esta hipótesis.

Por lo que respecta a la península de Yucatán, se estima que las primeras abejas A. m. mellifera fueron introducidas al estado de Yucatán a finales del siglo XIX o principios del XX, empleándose las colmenas Dadant, lo que generó un gran auge de la apicultura en el poblado de Izamal y de ahí al resto del estado, iniciando así las exportaciones de miel a través del surgimiento de algunas sociedades apícolas.

Para el año 1911 se introduce la raza Apis mellifera ligústica, la cual, conjuntamente con el advenimiento de nuevas tecnologías, dentro de las que destaca la utilización de la colmena con marcos móviles, dio lugar a la expansión de una apicultura moderna a partir de 1920, determinándose un gran potencial de crecimiento futuro de las actividades apícolas en función de las características eco-geográficas que en aquel entonces se presentaban en el país, caracterizadas por la abundancia de recursos apibotánicos.

En la década de 1930, comenzaron a conformarse algunas organizaciones de apicultores, primordialmente en los estados de Yucatán, Jalisco, Michoacán, Puebla y Veracruz. Más tarde, al surgir la Ley de Asociaciones Ganaderas y su reglamento, en 1964 nace la Unión Nacional de Apicultores (UNAPI), constituyéndose legalmente en 1965 y formando parte de la Confederación Nacional Ganadera. Adosadas a esta agrupación se integraron 76 Asociaciones de apicultores en 25 estados de la república. Destaca que en el sur del país surge una importante organización denominada Consejo Apícola del Sureste, al cual se agruparon diversas sociedades de producción rural como, por ejemplo, Apícola Maya de Mérida Yucatán, Miel de Abeja de Campeche, Apícola de Tabasco, entre otras; algunas de ellas contando con alrededor de cinco mil apicultores y plantas para la recepción de miel para exportación. En 1977 se constituye el Comité Nacional de Planificación Apícola, que se integró por los representantes de la UNAPI, del Consejo Apícola del Sureste y representantes de dependencias oficiales como: la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), la Secretaría de la Reforma Agraria, Secretaría de Educación Pública, Instituto Nacional Indigenista y del Banco Nacional de Crédito Rural.

En el año de 2001, se publica el decreto de la Ley de Desarrollo Sustentable, de la cual emanaron: los Sistemas-Producto, que, para este caso, involucraría al Sistema Producto Apícola, constituido por el Comité Sistema Producto Apícola Nacional; el Comité Regional Sistema Producto Apícola y los Comités Estatales Sistema Producto Apícola, y dentro de los cuales participaron representantes de diversos sectores involucrados en el área.

En el año 2005, la UNAPI cambia su denominación a ONA (Organización Nacional de Apicultores), recibiendo la resolución de aceptación del cambio de nombre por parte del Registro Nacional Agropecuario en marzo de 2006. Dependiendo de la ONA, se crea la Asociación Nacional de Apicultores A.C. La ONA, a través de muchos años, organizó el Seminario Americano de Apicultura, foro en el cual se presentaban los avances tecnológicos y de investigación en el área.

Referente a organizaciones de especialistas, en el año 1993 se constituye la Asociación Nacional de Médicos Veterinarios Especialistas en Abejas A.C. (ANMVEA), con el fin básico de atender las necesidades y problemáticas del sector. Al igual que la ONA, año con año se organiza un evento de carácter científico y tecnológico denominado Congreso Internacional de Actualización Apícola, que al momento llega a su 29ª edición.

Destaca que estas agrupaciones, así como dependencias oficiales federales y estatales, han participado con gran esmero en la conformación de Normas Oficiales Mexicanas, Normas Mexicanas, publicaciones de manuales; además de que algunos agremiados forman parte de institutos de investigación, instituciones educativas y de investigación, organismos internacionales como el Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), así como en empresas privadas o en el ejercicio libre de la actividad.

Tal como se mencionó, la apicultura en México fue creciendo gracias a las cantidades importantes de producción y exportación de miel, lo que permitió que el país se ubicara en lugares preponderantes en ambos rubros a nivel mundial; no obstante, en el año de 1986 se registra oficialmente el ingreso de la “Abeja Africanizada” en Chiapas, híbrido específicamente derivado de la cruza de la subespecie Apis mellifera scutellata con abejas europeas locales que ocurrió durante su migración desde Brasil en 1957.

Esta situación dio pie a que, desde que se conocieron sus efectos negativos, la SARH creara el “Programa Nacional para el Control de la Abeja Africana”, que se publicó en el Diario Oficial de la Federación en diciembre de 1984 con el fin de implementar medidas de prevención y control de este insecto. En septiembre de 1987, la SARH y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de Norteamérica (USDA) formalizaron un convenio de colaboración con el objetivo de establecer un programa de manejo integrado para el control de la abeja africanizada (Programa Cooperativo SARH-USDA para el control de la Abeja Africanizada), mismo que tuvo como propósito retardar o frenar el avance de esta abeja hacia el norte del país y así ganar tiempo para que se desarrollara tecnología para su control, manteniendo la producción de miel en el nivel más alto posible y minimizar los problemas asociados a estas abejas. Dos fueron las unidades operativas establecidas para coadyuvar con sus fines: la del pacífico (Centro Operativo ubicado en Puerto Escondido, Oax.), y la del golfo (Centro Operativo ubicado en Jalapa, Ver.).

Años más tarde, otro problema afectó a la apicultura nacional: la llegada del ácaro ectoparásito de las abejas melíferas Varroa destructor (antes conocido como Varroa jacobsoni), oficialmente detectado en el estado de Veracruz en 1992, el cual igualmente traería repercusiones negativas como las que se presentaban en Europa y Estados Unidos. Esta situación motivó la creación de la Campaña Nacional Contra la Varroasis de las Abejas, dependiente del Programa Nacional para el Control de la Abeja Africanizada, oficializándose en 1992 en el Diario Oficial de la Federación.

Si bien, todo lo anterior se ha basado en la apicultura, es importante mencionar el gran esfuerzo que diversas instituciones, como El Colegio de la Frontera Sur, la Universidad Autónoma de Yucatán (Campus de Ciencias Biológicas y Agropecuarias), la Universidad de Guadalajara (Campus Centro Universitario de la Costa Sur), la Universidad Autónoma de Chiapas, el Colegio de Posgraduados, la ANMVEA y empresas o centros de capacitación como AIPROCOPA S.A., el Centro Integral de Servicios Educativos Ambientales y Tecnológicos (CISEAT), ubicado en Ciudad de México, Desarrollo y Consultoría Apícola de Quintana Roo S.C., entre otras, han realizado en pro de rescatar y fortalecer la meliponicultura del país. A este respecto sobresale la organización de Seminarios sobre Abejas sin Aguijón, que surgieron en el año 1999, derivado de la inquietud de notables académicos e investigadores, eventos que ya también se llevan a cabo en diferentes países de Centroamérica y que, al igual que en México, tienen como fin promover el desarrollo de las abejas nativas sin aguijón.

Referencias:

  • Cajero-Avelar, S. (1990). Avances en las acciones para el control de la abeja africana en México, antecedentes. Memorias del 3er Seminario Americano de Apicultura. Acapulco, Gro., septiembre-octubre. p.1-3.
  • González-Ruíz, J.J. (1990). Descripción del área de trabajo y acciones del Programa Cooperativo SARH-USDA para el control de la abeja africanizada, en la costa de Oaxaca. Memorias del 3er Seminario Americano de Apicultura. Acapulco, Gro., septiembre-octubre, p.33-38.
  • Labougle-Rentería, J.M. y Zozaya-Rubio, J.A. (1986). La Apicultura en México. Ciencia y Desarrollo. CONACyT., Num. 69, año XII. julio-agosto, p.17-36.
  • Martínez-López, J.F. (1963). Apicultura. 3ª. Ed. Consejo Apícola de Yucatán. Mérida, Yucatán.
  • Medina-Camacho M. (2013). Cómo nació el Congreso Mesoamericano de Abejas Nativas. Memorias del VIII Congreso Mesoamericano de Abejas Nativas. 26-31 agosto, Costa Rica. p.13-14.
  • ANMVEA A.C. (2018). Compendio Científico-Técnico Apícola 2018. 25o. Congreso Internacional de Actualización Apícola. 16-18 mayo, Querétaro.

Fuente: Sader

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