Enrique Domínguez.
Buscando ser PRO-ACTIVOS y no reactivos (sería preocupación por OPACIDAD o falta de información oportuna) y de quiénes llevan en sus espaldas el futuro de una rama de la producción nacional que ha sido desestimada como una fuente básica del desarrollo social y económico en el país: El Agro puede ser el mejor punto de partida para reconstruir una visión norteamericana, incluso en medio de las tensiones actuales del T-MEC.
La clave es no iniciar el esfuerzo hablando de “integración comercial”, porque hoy ese lenguaje activa resistencias inmediatas en Washington. Hay que iniciarlo hablando de Seguridad Alimentaria Regional.
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El cambio de narrativa: de “libre comercio” a “North American Food Security”
La posición negociadora actual de EE. UU. hacia México en el T-MEC está marcada por temas como:
- maíz transgénico;
- medidas sanitarias y fitosanitarias;
- etiquetado;
- energía;
- cumplimiento laboral;
- reglas de origen;
- y, más recientemente, seguridad económica.
Si el esfuerzo se presenta como “más integración comercial”, muchos actores estadounidenses lo verán como una agenda mexicana. En cambio, si se presenta como: “How can North America guarantee secure, affordable and sustainable food supplies for 500 million people under climate stress and geopolitical uncertainty”, el marco cambia completamente.
Ahí México deja de ser “el socio problemático” y pasa a ser parte de la solución regional.
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¿Por qué empezar por el agro?
Porque el agro tiene tres ventajas políticas que otros sectores no tienen.
Primera: el interés es compartido.
Productores de Iowa, Saskatchewan y Sinaloa enfrentan:
- sequías;
- volatilidad de fertilizantes;
- enfermedades animales;
- presión ambiental;
- escasez de agua;
- y competencia de terceros países.
Segunda: el agro conecta con seguridad nacional.
Después de la pandemia y de la guerra en Ucrania, la seguridad alimentaria volvió a considerarse un tema estratégico.
Tercera: el agro tiene redes institucionales ya existentes.
Conocemos y tenemos relaciones profesionales -quizás personales- con muchas de ellas:
- U.S. Farm Bureau Federation.
- National Corn Growers Association;
- American Soybean Association;
- Canadian Federation of Agriculture;
- Grain Growers of Canada;
- Consejo Nacional Agropecuario;
- organizaciones ganaderas;
- porcicultores;
- lechería;
- y redes internacionales como FIPA/WFO.
No hay que inventar una red desde cero.
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Mi propuesta concreta: crear primero un North American Food Security Roundtable.
No un consejo permanente todavía.
Un grupo pequeño, privado y técnico.
Objetivo inicial (12 meses).
Elaborar un documento de 20–25 páginas titulado:
North American Food Security 2040
Contenido:
- Riesgos comunes
- cambio climático;
- estrés hídrico;
- dependencia de fertilizantes;
- enfermedades transfronterizas;
- interrupciones logísticas;
- volatilidad de precios.
- Fortalezas regionales
- granos;
- proteína animal;
- frutas y hortalizas;
- energía;
- infraestructura;
- ciencia agrícola.
- Propuestas de cooperación
- sistema regional de alerta sanitaria;
- reservas estratégicas coordinadas;
- investigación conjunta;
- corredores logísticos agroalimentarios;
- armonización gradual de normas;
- gestión compartida de agua en cuencas fronterizas.
Observe que ninguna de estas propuestas exige modificar el T-MEC de inmediato.
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¿Con quién empezar en Estados Unidos?
Yo buscaría primero actores productivos, no negociadores.
Prioridad alta
- U.S. Farm Bureau Federation.
- National Corn Growers Association.
- American Soybean Association.
- National Cattlemen’s Beef Association.
- líderes de universidades “land-grant” (Texas A&M, Iowa State, Kansas State, Purdue).
¿Por qué ellos?
Porque tienen credibilidad ante el Congreso y ante USDA, y además entienden que México es un mercado esencial.
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¿Y Canadá?
- Canadian Federation of Agriculture.
- Grain Growers of Canada.
- Saskatchewan Wheat Development Commission.
- Alberta Beef Producers.
- University of Saskatchewan.
- University of Guelph.
Canadá suele ser el puente más fácil para construir consensos técnicos.
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¿Y México?
Aquí sería importante evitar que el esfuerzo parezca gubernamental.
Yo invitaría inicialmente:
- Consejo Nacional Agropecuario;
- Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas;
- Federación Mexicana de Lechería;
- organizaciones porcinas;
- universidades (Chapingo, Tec de Monterrey, ITESO, UAAAN);
- y algunos empresarios agroindustriales con visión internacional.
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¿Cómo manejar el tema del maíz transgénico?
No lo pondría al centro de la mesa.
Si el primer encuentro se convierte en un debate sobre OGM, el esfuerzo muere.
Lo presentaría así:
“Independientemente de las diferencias regulatorias, ¿qué mecanismos necesitamos para asegurar el abastecimiento regional de granos y alimentos bajo escenarios de crisis climática o geopolítica?”
Eso permite reconocer la diferencia sin bloquear la cooperación.









