Jorge Cruz
Técnico de Rumiantes
Alltech de México

Durante el período de transición (final de la gestación – principio de la lactancia) las vacas presentan un balance energético negativo (BEN) donde las demandas de la síntesis de leche no son alcanzadas por el consumo de alimento (Baird, 1982).

Para adaptarse a esta energía negativa, las vacas movilizan lípidos de las reservas corporales, que circulan en la sangre en forma de ácidos grasos no esterificados (AGNE’s). Los AGNE’s pueden ser utilizados directamente como fuente de energía, al ser metabolizados en el hígado a triglicéridos o cuerpos cetónicos. Sin embargo, cuando el hígado se satura por AGNE’s hay un exceso en la producción de cuerpos cetónicos, lo que conduce a cetosis (Herdt, 2000).

La cetosis incrementa el riesgo de trastornos como disminución del apetito, mayor pérdida de peso, desplazamiento de abomaso, metritis y disminución de la producción de leche (Ospina et al., 2010). Además, la cetosis es una de las enfermedades metabólicas considerada como problema de hato cuando rebasa una incidencia determinada (20% o más) dentro del período de alto riesgo (< 6 semanas de lactación). El Dr. Gary Oetzel y su equipo de colaboradores de la Universidad de Wisconsin, utilizan un nivel de alarma de 10% de cetosis clínica en hatos bien manejados.

Las pérdidas económicas debido a cetosis oscilan alrededor de 211 dlls por caso clínico y 78 dlls por caso subclínico (McArt et al., 2013), debido a costos de tratamiento, disminución de producción de leche, aumento de desecho de animales y disminución de la eficiencia reproductiva (Gröhn et al., 2003). Esto provoca que los ingresos sobre el costo de alimentación disminuyan en 0.015 dlls/vaca/día por cada punto porcentual de incremento en la incidencia de cetosis subclínica en un hato lechero (McLaren et al., 2006).

Aunque la causa de cetosis es multifactorial, se sabe que la condición corporal (CC) al momento del parto y la nutrición adecuada durante la transición afecta el BEN y por lo tanto, el desarrollo de cetosis. Al respecto, cabe mencionar que las vacas con una CC moderadamente más baja con un buen manejo durante el período de transición se adaptan y responden mejor a la lactancia que las vacas con mayor CC, posiblemente debido a su capacidad de incrementar el CMS durante el comienzo de la lactancia (Overton y Waldron, 2004). El manejo de la nutrición debe ser enfocado a no sobrealimentar a las vacas, ya que una sobrealimentación conduce a un incremento en los niveles de AGNE’s durante el periodo preparto, disminución en el CMS preparto e incremento de cuerpos cetónicos después del parto (Dann et al., 2006; Janovick et al., 2011).

En conclusión, a fin de prevenir la cetosis es necesario considerar: 1) El manejo de la condición corporal el cual debe llevarse a cabo antes del periodo seco, ya que no es adecuado que las vacas pierdan peso durante este periodo debido al incremento en el riesgo no sólo de cetosis, sino también de desplazamiento de abomaso, hipocalcemia y metritis; 2) ofrecer una ración adecuada para vacas en la etapa de transición, ajustando el aporte de proteína y balance de lisina – metionina, así como un aporte adecuado de minerales y 3) no descuidar el confort de la vaca, incluyendo espacio de comedero, área de descanso y ejercicio y sistema de enfriamiento durante la época de calor para estimular el CMS.

Artículo publicado en Entorno Ganadero Febrero-Marzo 2015

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