Andrés L. Martínez Marín
Veterinarios
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Medidas Nutricionales.

Los objetivos de las raciones utilizadas durante el periparto deben ser dos principalmente: mantener el consumo de materia seca y conseguir un balance energético lo más favorable posible. La duración del período de transición y el tipo de ración utilizada, su composición, presentación y concentración de nutrientes, se ha demostrado que tienen un marcado efecto sobre el metabolismo durante el periparto ofreciendo una vía susceptible de ser utilizada para reducir los riesgos de trastornos metabólicos. Además la incorporación de determinados aditivos puede tener un efecto beneficioso. Algunas de las actuaciones posibles son:

1) Aumento de la duración del período de transición.

La mayor duración del período de preparación al parto determina más posibilidades de una condición corporal adecuada en rebaños de alta producción donde la recuperación de las reservas durante la lactación es incompleta. Por otro lado, la estimulación del crecimiento de las papilas ruminales requiere de cuatro a cinco semanas de consumo de alimentos amiláceos. La extensión del período de transición mejora el balance energético tras el parto manifestado en menor concentración de AGNE y mayores niveles de insulina.

2) Aumento del aporte de carbohidratos no fibrosos.

El aumento de la concentración de carbohidratos no fibrosos en la ración de preparto puede realizarse de dos maneras, manteniendo la concentración energética o incrementando la misma. En el primer caso, se sustituye parte del ensilado por paja y cereal lo que favorece el consumo de materia seca, la producción de propionato y butirato en rumen, la liberación de insulina y la reducción de la lipolisis, a la par que mantiene el volumen ruminal y estimula el crecimiento de las papilas. Hay que tener en cuenta que la sustitución de parte del ensilado por paja reduce marcadamente el consumo total durante el preparto y el de forraje durante el posparto lo que requiere ajustar las concentraciones de nutrientes. En el segundo caso, se reduce la proporción de forraje en la ración (28% vs. 60%) por sustitución del mismo con cereales y/o subproductos fibrosos para aumentar la insulinemia. Un efecto contraproducente de la administración de raciones ricas en almidón es la estimulación de la liberación de insulina que a su vez inhibe la β-oxidación en los peroxisomas y la gluconeogénesis vía piruvato. Una alternativa al almidón para la estimulación del crecimiento papilar sin afectar a la producción de insulina es la incorporación de lactosa a la ración de secado.

3) Distribución restringida de alimentación frente a distribución ad libitum.

La disminución en el consumo debida al reparto de los alimentos en los pesebres en cantidades moderadas para evitar la selección y los rechazos no afecta a las concentraciones de glucosa, AGNE o insulina en plasma, ni perjudica la capacidad productiva tras el posparto en vacas con una condición corporal (1-5) de 3.5. La acumulación de TG hepáticos al día 1 posparto es menor y existe cierta tendencia a una mayor ingesta y producción de leche en caso de alimentación restringida durante el preparto aunque el porcentaje de grasa es menor. La restricción también puede ser energética (raciones diluidas en energía). Se ha comprobado que las vacas mantenidas en alimentación restringida durante el preparto tienen mayor tasa de lipolisis lo que estimula la β-oxidación de los AGNE y reduce el riesgo de lipidosis hepática.

Además el tejido adiposo de estas vacas es más sensible a la inhibición de la lipolisis por efecto del aumento de la glucosa y los cuerpos cetónicos en la sangre. Este hecho favorece que la movilización de grasas tras el parto no se prolongue.

5) Variación del aporte de proteína bruta y/o dela degradabilidad.

El consumo de proteína entre 1.5 y 2 kg/día durante el preparto determina un mayor consumo de materia seca y un balance nitrogenado positivo. Sin embargo, el efecto del nivel y calidad de la proteína consumida durante el preparto en la lactación siguiente es contradictorio, con la mayoría de las experiencias demostrando que no existe ninguna variación en la producción o composición de la leche. Igualmente no existe ningún efecto sobre el metabolismo lipídico durante el preparto. Variaciones en la degradabilidad de la proteína dentro de valores normales tampoco tienen ningún efecto antes o después del parto. No se conocen con exactitud las necesidades nitrogenadas de las vacas durante el preparto ni el perfil de aminoácidos óptimo. En cualquier caso, un consumo excesivo de proteína es perjudicial para el balance energético del animal (gastos de detoxificación del amoníaco a urea y de eliminación renal de la misma); además la inhibición de la ureagénesis debida a la lipidosis hepática puede ocasionar acumulación de amoníaco en sangre yalcalosis. Por otro lado, un déficit de proteína reduce la cantidad de
sustrato para la gluconeogénesis vía piruvato.

El ajuste del aporte de proteína degradable debe hacerse en base a la energía fermentescible de la ración. A menor energía fermentescible mayores necesidades de proteína no degradable digestible.

Esto es particularmente importante durante el final de la gestación y el comienzo de la lactación dada la reducción en el aporte de proteína microbiana debido al bajo consumo de energía. En estas circunstancias debe complementarse el aporte energético debido a la movilización de grasa corporal con una fuente de proteína indegradable digestible de perfil aminoacídico equilibrado.

6) Adición de grasas.

Recientemente se ha comprobado que la administración de raciones de preparto con un contenido graso mayor del 6% modifican el metabolismo lipídico de las vacas que las consumen, siempre que no ocurra incremento de la condición corporal. Al día 1 posparto, en comparación a raciones ricas en concentrados o en forrajes, la acumulación de TG en el hígado es menor, se reduce la concentración plasmática de AGNE y la tasa de esterificación hepática de palmitato, y aumenta la β-oxidación peroxisomal. Las diferencias entre los tres tipos de raciones persisten hasta veintiún días posparto. Estos efectos son similares a los observados en alimentación restringida y sugieren que existe una respuesta específica del organismo de la vaca durante el periparto ante un aumento de los ácidos grasos disponibles (endógenos o alimentarios).

El consumo de grasa inhibe la liberación de insulina, lo que suprime la inhibición de la β- oxidación peroxisomal, y estimula los mecanismos genéticos de proliferaciónde peroxisomas en los hepatocitos. El uso de raciones de preparto ricas en grasa dan lugar a una menor producción y porcentaje de grasa al comienzo de la lactación. No debe superponerse la alimentación restringida con una ración rica en grasa, pues tendría efectos contraproducentes.

Durante el posparto, la utilización de grasas no está recomendada hasta pasadas al menos cinco semanas, ya que su uso ocasiona disminución del consumo de materia seca y no reduce la movilización de las grasas de reserva. La principal consecuencia es un desequilibrio de las fuentes de energía metabolizable (reducción de precursores glucogénicos y aminogénicos, y exceso de AGCL disponibles). Este desequilibrio reduce la eficacia de utilización de las grasas extras más allá de cualquier ventaja en la concentración energética de la ración de posparto.

7) Uso de aminoácidos protegidos y análogos de aminoácidos.

Aunque las necesidades específicas de aminoácidos durante la gestación no están claramente definidas, particularmente debido a la intensa oxidación de aminoácidos para el metabolismo fetal, la utilización de lisina y metionina protegidas durante el preparto modifica los parámetros productivos tras el parto. El efecto es complejo y variable en función del consumo de proteína no degradable durante el preparto y del uso de los aminoácidos protegidos en la ración de lactación. El aporte de metionina protegida durante las últimas dos semanas de gestación (18 g/día; disponible en intestino) reduce la concentración arterial de urea y aumenta la metionina disponible a los tejidos periféricos.

El uso de metionina hidroxianáloga líquida en raciones de preparto (20 g/día) favorece el consumo de materia seca y el mantenimiento de la condición corporal durante la semana previa al parto. No se ha observado ningún efecto sobre el contenido graso del hígado a las dosis utilizadas en las pruebas experimentales (13 g/día).

8) Modificación del aporte mineral.

La reducción del aporte de sodio y potasio durante el secado previene la aparición de edema de ubre. Niveles excesivos de ambos minerales, particularmente potasio, en la ración de preparto aumentan marcadamente el riesgo de hipocalcemia.

En contra de lo habitualmente supuesto, se ha demostrado que la relación entre la hipocalcemia y el exceso de calcio dietético durante el período de secado, no es de causa y efecto. Los forrajes que por su elevada concentración de calcio se suponían eran hipocalcemiantes producen este efecto debido a su concomitante riqueza en potasio. Por ello, el uso de sales aniónicas en las raciones de preparto se acompaña de niveles de calcio muy superiores a necesidades sin ningún tipo de problema. Es más, estos elevados aportes aumentan la eficacia del tratamiento acidificante para prevenir la hipocalcemia.

Un aporte de calcio por debajo de las necesidades de mantenimiento y gestación (25-30 g/día) durante el preparto inmediato crea un balance negativo que activa y prepara los mecanismos de homeostasis (producción de PTH y 1,25-DHCC) para mantener la calcemia. Esta medida es inefectiva si predomina una situación de alcalosis metabólica o si los niveles de fósforo son elevados, porque en ambas circunstancias se bloquea la síntesis renal de 1,25-DHCC, y la reabsorción ósea es insuficiente para mantener la calcemia.

9) Utilización de acidificantes metabólicos: modificación de la DCAD.

La vía más eficaz para conseguir una diferencia catión-anión de la dieta (DCAD) [(sodio+potasio)- (cloro+azufre)] próxima a cero o negativa es la incorporación a la ración de preparto de sales de cloro o azufre no neutras (cloruros y sulfatos magnésico, cálcico o amónico). El desequilibrio electrolítico que su consumo ocasiona en el organismo crea un estado de acidosis metabólica moderada que activa mecanismos compensatorios con un efecto favorable sobre la calcemia. La “ración aniónica” debe incorporar calcio muy por encima de las necesidades de mantenimiento (>100 g/día), 45 a 50 g/día de fósforo y 35 a 40 g/día de magnesio. Un efecto contraproducente de las sales aniónicas y del elevado aporte de calcio es la baja palatabilidad de la ración, lo que requiere un control riguroso del consumo de materia seca y corregir la concentración energética y proteíca si fuese necesario. El seguimiento de la efectividad de la ración utilizada puede hacerse mediante controles periódicos del pH urinario. El uso de raciones aniónicas en novillas primíparas es contraproducente.

10) Administración de vitaminas y oligoelementos a dosis terapeúticas.

La administración de cantidades elevadas de vitaminas A y E, y de ciertos oligoelementos, puede tener un efecto beneficioso sobre la inmunidad y el metabolismo. La administración de 150,000 a 250,000 UI/día de vitamina A (necesidades normales = 66.000 UI/día) o de 300 a 600 mg/día de β-caroteno durante el preparto reduce la incidencia de mamitis y estimula la producción de leche tras el parto. Estos efectos se asocian con un estímulo de la inmunidad celular. El β-caroteno tiene además un efecto antioxidante específico que protege la actividad fagocitaria de los neutrófilo

Un consumo de vitamina E de 2,000 a 4,000 UI/día (la dosis mayor cuando el aporte de selenio es inadecuado) durante las 2 semanas previas al parto disminuye el número de casos de retención placentaria y de mamitis (necesidades normales = 1,000 UI/día). El efecto antioxidante de la vitamina E tiene un efecto protector marcado sobre los neutrófilos y los macrófagos. La deficiencia de selenio (<0.1 mg/kg) aumenta las necesidades de vitamina E. La dosis diaria máxima de selenio debe ser inferior a 6 mg.

El aporte de vitamina D por encima de necesidades (normal = 10,000 UI/día) no tiene ningún efecto positivo sobre el metabolismo del calcio y el fósforo, y puede ser perjudicial. La utilización en la ración de preparto de metabolitos de la vitamina D requiere más estudios para conocer las situaciones en que es favorable y la dosis óptima de incorporación. Experimentalmente puede utilizarse el 25-HCC.

Otros minerales que participan en sistemas enzimáticos antioxidantes y deben aportarse en cantidad conveniente son: cobre, zinc y manganeso. El aporte de hierro no debe ser excesivo.

El cromo participa en la molécula denominada “factor de tolerancia a la glucosa” y su ausencia la inactiva. Esta molécula potencia el efecto de la insulina sobre los tejidos. La administración de cromo (como cr-nicotinato, cr-picolinato o cr-metioninato) tras el parto aumenta el consumo y la producción de leche. En la ración de preparto estimula el consumo de materia seca y reduce la concentración plasmática de AGNE. La cantidad óptima de cromo en la ración no ha sido establecida.

Actualmente no se ha podido demostrar un efecto claramente beneficioso de otras vitaminas sobre el metabolismo y el balance energético durante el periparto. La síntesis ruminal de vitaminas B puede verse comprometida debido al bajo consumo de alimentos y a la menor fermentación ruminal. El efecto positivo que pueda tener sobre el metabolismo la administración de niacina, biotina o ácido fólico durante este período requiere más investigaciones.

11) Uso de aditivos.

La incorporación de levaduras vivas a la ración de transición aumenta el consumo de materia seca y la producción de leche durante el posparto. Sus efectos se relacionan con el mantenimiento de la anaerobiosis ruminal, la estimulación de la flora láctica reduciendo el riesgo de acidosis, y el aumento de la producción de AGV. Los complementos a base de lactobacilos pueden tener un efecto beneficioso para el control de la acidosis ruminal.

El propilenglicol administrado a razón de 300 gramos desde días antes del parto hasta 16 días después del mismo no afecta a las medidas del balance energético (AGNE, glucosa, β-hidroxibutirato), pero a 500 gramos durante veintiún días preparto, reduce la lipolisis y la cetogénesis aunque no disminuye la degradación de la proteína corporal. No obstante, en ambos tratamientos reduce la incidencia de cetosis, aumenta la producción de leche y disminuye el intervalo al primer celo, aunque las diferencias no son significativas frente al grupo de control. El efecto del propilenglicol se relaciona con su utilización como sustrato en la gluconeogénesis.

La adición de ionóforos (lasalocid y monensina) modifica la flora ruminal disminuyendo la proporción de bacterias gram+ frente a las bacterias gram-. En consecuencia se modifica el patrón de productos de fermentación ruminal, disminuye la proporción molar de acetato y butirato, y aumenta la de propionato. La producción de lactato se reduce. El resultado es una mejora del balance energético ya que aumenta el propionato disponible para la gluconeogénesis, ahorrando aminoácidos y reduciendo la lipolisis y la síntesis de cuerpos cetónicos. La menor producción ruminal de lactato reduce el riesgo de acidosis. Además se cree que la monensina podría favorecer la captación intestinal de calcio, selenio y cobre.

Existen insuficientes datos para apoyar la utilización en las raciones de rumiantes de los agentes lipotrópicos comúnmente utilizados en monogástricos (inositol, colina). El uso de la betaína (20 g/día) puede ser de utilidad en casos concretos.

CONCLUSION.

El comienzo de una lactación sin problemas es el primer paso hacia unos rendimientos lecheros óptimos. La adaptación del rumen a la ración de lactación, la prevención de la hipocalcemia, la mejora del balance energético y la estimulación del sistema inmune ayudarán en gran medida a la reducción de la incidencia de enfermedades durante el periparto en vacas lecheras. La utilización de raciones de transición, la incorporación de sales aniónicas y de cantidades adecuadas de macro y micronutrientes son los caminos para la consecución de los objetivos planteados. El mejor conocimiento de la fisiología del periparto determinará nuevos campos de actuación (hormonas, aditivos, etc.) que facilitarán estos fines.

Artículo publicado en Entorno Ganadero