Dr. Antonio Velarde.
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Introducción

La Directiva Europea 2008/120/CE del Consejo, de 18 de diciembre de 2008, relativa a las normas mínimas para la protección de cerdos obliga a alojar las cerdas adultas y jóvenes en grupos entre las 4 semanas después de la cubrición y los 7 días anteriores a la fecha prevista del parto. No obstante, en el Reino Unido la obligación de mantener las cerdas en grupo se extiende desde el día después de la cubrición y en los Países Bajos desde el cuarto día después.

Los principales requisitos de los sistemas de alojamiento de las cerdas gestantes en grupo son:

1. Superficie por animal: Las cerdas alojadas en grupo deberán disponer de una superficie libre por animal de al menos 1,64 m2 en el caso de las cerdas jóvenes y de al menos 2,25 m2 en el caso de las cerdas adultas. Cuando los animales se mantengan en grupos de menos de 6 animales, la superficie de suelo libre se incrementará en un 10%. Cuando los animales se mantengan en grupos de 40 individuos o más, la superficie de suelo libre se podrá reducir en un 10%.

2. Diseño de los corrales: Los lados de los corrales para cerdas gestantes deberán medir más de 2,8 m. Cuando las cerdas gestantes se mantengan en grupos de menos de 6 animales, los lados del corral deberán medir más de 2,4 m.

3. Tipo de suelo: Una parte de la superficie libre por animal especificada anteriormente deberá ser de suelo continuo. Concretamente, las cerdas jóvenes deberán disponer de 0,95 m2 y las cerdas adultas de 1,3 m2 de suelo continuo por animal. En ambos casos, se reservará como máximo un 15% del suelo continuo a las aberturas de evacuación. La legislación establece una anchura mínima de las viguetas del emparrillado de 80 mm y un espacio máximo entre dichas viguetas de 20 mm para cerdas.

4. Zona de descanso: La zona en la que se tumban los cerdos será confortable, estará seca y tendrá un buen sistema de desagüe.

Cerdas en jaulas

Las jaulas permiten una alimentación individualizada, facilitan la supervisión de los animales y evitan peleas. Paralelamente a estas ventajas, sin embargo, tienen también una serie de problemas importantes en relación con el bienestar de los animales. Probablemente el problema de bienestar que ha recibido más atención son las estereotipias. El término «estereotipia» hace referencia a cualquier secuencia de movimientos que sea repetitiva, invariable y sin función aparente. En las cerdas gestantes, las estereotipias más frecuentes consisten en morder las barras de la jaula, hacer movimientos de masticación con la boca vacía y manipular el bebedero, a veces ingiriendo grandes cantidades de agua. El porcentaje de cerdas que hace estereotipias en sistemas restrictivos (cerdas en jaulas o cerdas atadas) varía entre el 20 y el 100%. El porcentaje de tiempo empleado en hacer estereotipias oscila entre el 10 y el 25% del tiempo total; a menudo, los animales realizan las estereotipias inmediatamente después de comer.

Las estereotipias no suelen aparecer en sistemas menos restrictivos, tales como parques. Las estereotipias se consideran indicadores de un problema de bienestar, suponen un gasto de energía y pueden contribuir a empeorar la condición corporal de la cerda. Las estereotipias aparecen como consecuencia de la sensación de hambre crónica que experimentan las cerdas gestantes al ser alimentadas de forma restringida. Según parece, las estereotipias aparecen cuando el animal tiene hambre y al mismo tiempo el sistema de alojamiento impide la expresión de la conducta trófica normal. En efecto, cuando experimentalmente se aumenta el aporte de pienso, la incidencia de estereotipias y el tiempo dedicado a realizarlas disminuyen significativamente.

La alimentación, sin embargo, no es el único factor responsable de la aparición de estereotipias. Así, éstas no aparecen en cerdas hambrientas cuando se encuentran en un ambiente que les permite expresar la conducta exploratoria normal; esto indica que la restricción de conducta tiene un efecto importante en su aparición. Por lo tanto, parece ser que las estereotipias aparecerían como resultado de la interacción de dos factores: hambre y restricción de conducta.

Las estereotipias no son el único problema de bienestar de las cerdas gestantes en jaulas. Frecuentemente, dichas cerdas muestran una conducta apática, que algunos autores consideran también indicativa de una falta de bienestar. Además, la proximidad a otras cerdas da lugar a estrés social como consecuencia de interacciones agresivas no resueltas. El diseño de las jaulas es muy importante en este aspecto y se ha demostrado que las jaulas con barras verticales evitan en parte este problema. Finalmente, y dependiendo también del diseño y tamaño de la jaula, puede haber una incidencia alta de lesiones en las patas y en otras localizaciones así como de enfermedades urinarias. Estas últimas estarían causadas por el hecho de que las cerdas enjauladas producen una orina muy concentrada como resultado de su menor ingestión de agua, que a su vez es consecuencia de la falta de ejercicio. Además, al echarse los animales sobre sus propias heces, el riesgo de infecciones urinarias aumenta.

Cerdas en grupo

El riesgo de peleas entre los animales suele ser uno de los argumentos utilizados en contra de los sistemas de alojamiento en grupos. Según dicho argumento, las agresiones entre las hembras suponen una disminución del bienestar y un riesgo de repeticiones y/o abortos. Sin embargo, decirlo así no deja de ser una manera excesivamente simple de plantearlo. Es cierto que el alojamiento en grupos facilita la agresividad entre animales pero ésta no tiene porqué ser tan intensa como se suele plantear. En primer lugar, porque en el peor de los casos las interacciones agresivas duran pocos días, hasta que se establece la jerarquía entre los animales. En segundo lugar, porque el grado de agresividad dependerá de la disponibilidad de recursos, sobre todo de puntos de comedero y zonas de descanso. De hecho, la directiva europea determina que se tienen que utilizar sistemas de alimentación que minimicen dicha competitividad. No existen estudios concluyentes que demuestren un mayor número de repeticiones de celo/abortos en sistemas de alojamiento en grupos. En general, no suelen encontrarse diferencias en los aspectos productivos entre ambos sistemas de alojamiento.

Las peleas se producen por dos razones diferentes: introducción de nuevos animales (cuando se usan grupos dinámicos) y competencia por la comida y el espacio. Las peleas causadas por la introducción de animales podrían evitarse de varias maneras. En primer lugar, parece ser que cuando es necesario introducir varias cerdas en un grupo numeroso, es preferible introducir varios animales a la vez. En segundo lugar, puede ser útil exponer previamente a los animales a estímulos visuales, auditivos u olfativos procedentes de los individuos que van a ser introducidos. En tercer lugar, es conveniente colocar vallas o separaciones dentro del parque para que los animales puedan esconderse.

El diseño del corral tiene un efecto importante sobre la competencia por el espacio. Así, por ejemplo, varios estudios han demostrado que la existencia de particiones o barreras en el corral tiene efectos positivos al reducir la frecuencia e intensidad de las agresiones. Otro elemento a tener en cuenta es la condición corporal y tamaño de los animales. En efecto, en los sistemas de alojamiento de cerdas gestantes en grupo es importante que las cerdas se incorporen a los grupos de gestantes teniendo una buena condición corporal y un peso suficiente para evitar agresiones y desplazamientos por parte de los otros animales. Esto, que es bastante común en cerdas en su primera gestación, obliga, por una parte, a decidir muy cuidadosamente la edad a la primera cubrición, retrasándola en algunos casos si es necesario. Por otra parte, el éxito del sistema depende en buena medida del manejo en la fase de lactación, puesto que si las cerdas salen de la maternidad con una mala condición corporal, su adaptación a los grupos de gestación puede verse comprometida. Esto hace que los aspectos que influyen sobre el consumo de pienso en lactación tengan, si cabe, más importancia todavía que cuando se utilizan boxes individuales de gestación.

También se ha sugerido que el alojamiento en grupo durante la gestación dificultaría la adaptación a la jaula de parto, lo que tendría como resultado un enlentecimiento del parto y un aumento de la mortalidad neonatal. Sin embargo, la realidad demuestra que el alojamiento en grupo durante la gestación tiene justamente el efecto contrario, resultando en partos más rápidos que, al menos en teoría, deberían disminuir la mortalidad neonatal. La explicación más plausible es que las cerdas alojadas en grupo durante la gestación tienen un mejor tono muscular y una mejor aptitud cardiovascular.

En resumen, el cambio de alojamiento de las cerdas en grupo aumentó inicialmente la variabilidad entre explotaciones, porque puso de manifiesto la importancia de aspectos como el de manejo que en explotaciones en jaulas quedaban un tanto compensados por el propio sistema. Por lo tanto, en una primera fase de adaptación a los nuevos sistemas pueden surgir problemas tanto para las cerdas y los responsables de las explotaciones, como desde el punto de vista productivo. Sin embargo, los sistemas en grupo correctos en cuanto a instalaciones y manejo han dado unos resultados reproductivos comparables a los sistemas en jaula y aportan unos índices de bienestar adecuados para las cerdas.

A diferencia de otros países de la UE, en los Países Bajos, las hembras tienen que ser alojadas en grupo antes de los 4 días tras la cubrición. Para determinar si esta práctica podía empeorar los índices reproductivos, Wageningen UR (2009) investigó los factores para el éxito del alojamiento colectivo en los Países Bajos. Se entrevistaron telefónicamente 900 productores holandeses. Los resultaros revelaron grandes variaciones en el ratio de parto de 70% a 95%, la media en sistemas colectivos fue de 87% con el máximo de 10% de las granjas que consiguieron ratios de parto de 91%.

El trabajo mostró que el ratio de parto es independiente del tipo de instalaciones y del tiempo después de la cubrición que las cerdas se mueven al grupo, si bien en los Países Bajos no puede ser superior a 4 días. Los factores críticos identificados para una buena reproducción y bienestar en cerdas alojadas en grupo son manejo de los animales (buena empatía con los animales), buena gestión del productor y su personal, y buen sistema para producir cerdas jóvenes (gestión, alojamiento y nutrición). El tipo de gestación en grupo no se identificó como factor crítico. Eso significa que estos resultados se pueden conseguir con cualquier tipo de alojamiento siempre que se vigilen los 3 factores antes mencionados. Un estudio posterior en 70 granjas sugirió que el manejo de los animales (es decir, la atención de las necesidades individuales de los cerdo) y la atención a los problemas de gestión de la granja, juegan un papel más importante en relación con el bienestar y la productividad que el tipo de sistema utilizado en las hembras gestantes. Un mayor espacio y reducir el estrés, especialmente durante la segunda y tercera semana de gestación, también mejora la productividad.

El IRTA realizó un estudio para evaluar el impacto de la aplicación de la normativa comunitaria de bienestar en la eficiencia de las explotaciones porcinas españolas. Para ello, comparó los índices productivos y resultados técnicos entre los distintos sistemas de cría en grupo. Los resultados obtenidos indicaron que los mejores resultados técnicos se asocian con tamaños de grupos medianos y/o grandes, estáticos, creados a partir de la 4 semana de la cubrición, donde separan las cerdas jóvenes del resto de cerdas y en explotaciones que disponen de ventilación forzada y refrigeración.

El 62% de las granjas encuestadas consideraron que los parámetros productivos a partir del alojamiento de cerdas gestantes en grupos se habían mantenido estables, mientras que un 18,4% considera que habían mejorado y un 14,7% que habían empeorado. Un 57,1% de las granjas no han apreciado cambios en la incidencia de problemas patológicos o en el comportamiento de las reproductoras gestantes, mientras que un 33,7% sí que han apreciado cambios.

El problema más señalado entre los encuestados que apreciaron cambios fue la mayor suciedad de los corrales y el aumento de problemas locomotores, con el aumento de las cojeras. También varios señalaron el problema de la agresividad y las agresiones correspondientes, con jerarquías más evidenciadas al inicio de formación del grupo, mordeduras de vulvas; algunos indicaron la necesidad de separar cerdas problemáticas. En algunos (pocos) casos observan un aumento de abortos, disentería y leptospira.

En positivo, varios ganaderos señalaron el mejor control y ajuste de la alimentación (para los casos de adaptación con estaciones de alimentación), que las cerdas van más tranquilas a la hora del parto y éste se produce más rápido, mayor longevidad del animal. En algunos casos observaron un aumento de la productividad, disminución de la mortalidad de cerdas, y mejora del crecimiento y calidad del lechón.

Artículo publicado en Los Porcicultores y su Entorno